Para los fascismos europeos del siglo XX la mujer fue vista como la matriz física de la nación y soporte de su continuidad. El útero femenino se convirtió en territorio político, espacio de intervención estatal donde se decidía el futuro de la comunidad nacional. La biopolítica fascista operó como una tecnología de poder para regular la vida desde su origen mismo. No se trataba únicamente de aumentar la natalidad. La mujer se la pensó no solo como madre en sentido biológico, sino como pieza de una ingeniería social que pretendía asegurar la continuidad no solo de la nación, sino de la raza o la comunidad moral imaginada. La biopolítica convirtió la natalidad, la familia y la sexualidad en materias de Estado.
La comparación entre el fascismo italiano, el nazismo y el franquismo permite ver con claridad que la obsesión demográfica no fue un rasgo accidental, sino un núcleo doctrinal de los fascismos. La maternidad dejaba de ser una experiencia privada para convertirse en un deber cívico.
En el programa de esta semana, José Antonio Naz y Ana Baragaña nos brindan la oportunidad de escuchar, de primera mano, las vivencias y las reflexiones de una mujer, Isabel Alonso Dávila, que sufrió en sus propias carnes la represión franquista, ya que fue encarcelada tres veces por su compromiso político con PCE (Partido Comunista de España). La tercera, estando incluso embarazada.
La lucha por la libertad y, más siendo mujer, suponía no solo un posicionamiento político, sino una ruptura con la moral y normas sociales establecidas por un régimen totalitario y misógino que limitaba el papel de la mujer al ámbito doméstico donde debía servicio y sumisión al hombre.
Las congregaciones religiosas responsables de la reclusión de niñas durante el franquismo y la democracia siguen guardando documentos bajo llave
Un grupo de niñas del centro provincial de Sevilla perteneciente al Patronato de Protección a la Mujer |Junta de Andalucía ___________________
Sabela Rodríguez Álvarez, InfoLibre, 2 de junio de 2026
En un documento escrito a mano, con tinta azul y letra menuda, las monjas Adoratrices decían de Pilar que era una «joven de familia normal y buena moralidad», que presentaba una «conducta irregular» sin ningún «desliz moral», pero moviéndose con «cierta independencia», regresando «tarde a casa» y tratando con «chicos melenudos». Ese fue el motivo por el que acabaría internada en el Patronato de Protección a la Mujer. Aquel escrito, fechado en octubre de 1970, es uno de los pocos que han llegado a manos de las supervivientes. Hoy, tanto ellas como las investigadoras que siguen el rastro de esta opaca institución piden que las congregaciones religiosas hagan públicos todos los archivos a su disposición. Es una cuestión de justicia, reclaman, pero también la única forma de que mujeres como Pilar puedan escribir su historia.
Podemos ha solicitado, con motivo de la visita del papa León XIV a España, la entrega de toda la documentación en poder de las congregaciones religiosas que gestionaron los centros del Patronato durante más de cuatro décadas, así como todos los archivos relacionados con el robo de recién nacidos.
La toma en consideración de la Proposición presentada en el Congreso por ERC que busca incluir a las mujeres que quedaron excluidas de la ley de memoria democrática en 2022, ha salido adelante por 176 votos a favor y 170 en contra |Vídeo de presentación y debate de la proposición en el Pleno.
La diputada de ERC Etna Estrems Fayos sería la encargada de presentar la PNL en el Pleno | Captura de pantalla __________________
El Pleno del Congreso de los Diputados abordó el martes 14 la toma en consideración de la proposición registrada por ERC en la que se insta al Gobierno a retocar la Ley de Memoria Democrática con el fin de incorporar a las víctimas del Patronato de Protección a la Mujer.
En su iniciativa, ERC reclama que se reconozca de forma oficial como “víctimas de la represión ejercida durante la dictadura franquista y sus estructuras institucionales”, a las mujeres internadas en centros dependientes del Patronato de Protección a la Mujer entre 1941 y 1985.
La proposición que busca el reconocimiento de las víctimas del Patronato de Protección a la Mujer que quedaron excluidas de la ley de memoria democrática en 2022, ha sido aprobada este miércoles sin el apoyo de PP y Vox que han votado en contra. La iniciativa ha salido adelante por 176 votos a favor y 170 en contra, tras el debate parlamentario.
La Prisión Central de Saturrarán se demolió en 1987. Fue una de las jaulas para mujeres más represiva del franquismo. Entre 1938 y 1944 más de un centenar de reclusas y no se sabe cuántas pequeñas criaturas desaparecieron en ella. En 2007, Gobierno Vasco inauguró un memorial para recordar (no olvidar)…
Memorial de la prisión de mujeres de Saturraran ________________
Cristina Gutiérrez Meurs, / GARA-NAIZ, 8 de abril de 2026
La Prisión Central de Saturrarán se demolió en 1987. Fue una de las jaulas para mujeres más represiva del franquismo. Entre 1938 y 1944 más de un centenar de reclusas y no se sabe cuántas pequeñas criaturas desaparecieron en ella.
En 2007, Gobierno Vasco inauguró un memorial para recordar (no olvidar) a las mujeres (¿más de 4000?) que sufrieron el horror de una arquitectura de piedra que, según cuando, también fue balneario, hotel, seminario o cuartel militar. Un díptico de hierro, obra del gran artista vasco Néstor Basterretxea.
Sobrevivientes, familiares y ciudadanía contemplaron esperanzadas cómo la memoria parecía abrirse camino. Un espejismo. En 2019 visité el memorial por primera vez. Me costó encontrarlo, descontextualizado, en una campa despeluchada y compartiendo espacio con un merendero cutre y degradado.
«Nos robaron diez años de democracia»: las supervivientes del Patronato de la Mujer logran que el Estado pida perdón. Medio centenar de mujeres que estuvieron encerradas en los centros del Patronato de Protección de la Mujer han recibido declaraciones de reparación con las que han sido acreditadas como víctimas de la dictadura en el primer acto oficial de reconocimiento público.
Supervivientes del Patronato de Protección de la Mujer (Paca Blanco y Paquita Beltrán) recogen el documento oficial que las reconoce como víctimas del franquismo | A. Pérez Meca / Europa Press ____________________
Fuentes: El Diario (Marta Borraz) / Público (Laura Prieto), 21 de marzo de 2026
Han pasado más de cuatro décadas desde que cerrara el último centro y medio siglo desde el fin de la dictadura que creó y mantuvo el Patronato de Protección de la Mujer, la institución represora más longeva del franquismo. Son los años que han tenido que esperar las mujeres que pasaron por estos reformatorios para chicas ‘inmorales’ para recibir una reparación pública oficial.
Este pasado viernes viernes el Gobierno ha celebrado por primera vez un acto en el que ha pedido perdón y ha reconocido la represión específica que sufrieron estas mujeres, encerradas en estos centros sin un juicio ni garantías, sometidas a duras condiciones de vida y aislamiento para intentar “reeducarlas” en línea con los mandatos del régimen.
Durante 40 años existió, bajo el mandato del Ministerio de Justicia, una institución que controló el adoctrinamiento moral de niñas y adolescentes en España, el Patronato de Protección a la Mujer. La existencia de reformatorios en nuestro país es de sobra conocida por todos, pero la realidad es que la mayoría de estos centros pertenecieron a un entramado religioso que trató de corregir el comportamiento de miles de niñas «desviadas», según la visión represiva del franquismo.
Una de las mujeres que pasó años en estos centros es Consuelo García del Cid: «Mi madre era castrante, yo tenía la sensación de que mis hermanos tenían unos espacios de libertades que a mí se me negaban», ha explicado en Hora 25. La familia de Consuelo era «tremendamente intelectual», pero con la «tendencia tremendamente a la derecha». Empezó sus estudios en una academia, donde conoció de todas clases sociales, y fue allí cuando descubrió su verdadera identidad e ideología: «Me entero de que vivo en un país con pena de muerte y de que van a ejecutar a Salvador Puig Antich, esa fue mi primera manifestación», ha relatado.
Andalucía Laica, grupo territorial de Europa Laica, organizó el sábado 14 de marzo, a las 12:00 horas, en el Centro Social Rey Heredia de Córdoba, una charla-coloquio bajo el título «La reeducación de las mujeres en el franquismo», con el objeto de arrojar luz sobre uno de los capítulos más oscuros de la dictadura: la represión sistemática y el control ideológico ejercido sobre las mujeres por parte del régimen franquista.
La charla contó con Matilde Cabello, periodista, poeta y escritora cordobesa, reconocida por su labor de recuperación de la memoria de mujeres silenciadas y por su profundo conocimiento del papel que el franquismo otorgó a la mujer en la sociedad española. Autora de El libro de las parturientas y especialista en la represión femenina bajo la dictadura, Cabello ha investigado en profundidad instituciones como el Patronato de Protección a la Mujer, organismo creado en 1941 bajo la presidencia de honor de Carmen Polo que confinaba a jóvenes bajo el pretexto de su «reeducación» moral y religiosa.
La historiadora Carmen Guillén, investigadora pionera del Patronato de Protección a la Mujer, publica un libro en el que analiza una de las instituciones represoras del franquismo menos conocidas, la que encerró en centros regentados por órdenes religiosas a adolescentes que no habían cometido ningún delito
Carmen Guillén, profesora de Historia de la Ciencia en la Universidad de Castilla-La Mancha. | Foto cedida _____________________
Cuando Carmen Guillén (Mazarrón, 1988) acabó la carrera y el máster de Historia no había oído hablar del Patronato de Protección de la Mujer. No había rastro en las aulas, artículos o manuales que había leído de la institución que desde 1941 encerró a las adolescentes que transgredían las normas morales del franquismo. Lo descubrió “casi por casualidad”, rastreando información en un archivo sobre la prostitución durante la dictadura. Este silencio en torno a una de las instituciones represivas más longevas del régimen, que incluso sobrevivió al propio dictador, ha empezado a romperse hace poco.
Las voces de las mujeres que pasaron por estos centros, regentados por monjas de órdenes religiosas, se suman a un interés creciente de la historiografía. Pero en 2021, cuando Guillén publicó la primera tesis doctoral[1]sobre el Patronato, apenas había referencias sobre el organismo, encargado de reeducar a la “mujer caída o en riesgo de caer” que no se adaptara al férreo molde de mujeres sumisas, esposas y madres abnegadas que la dictadura pensaba para ellas. Todo ello lo analiza la historiadora, profesora de Historia de la Ciencia en la Universidad de Castilla-La Mancha, en Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer, que publica con Crítica este miércoles.
Sobre las mujeres republicanas, las rojas, recayó una doble persecución por considerarlas culpables de una doble transgresión: la política, al igual que los hombres, y la de género, por desviarse del modelo de mujer sometida, religiosa y limitada al ámbito doméstico
Cuando pensamos en la represión especifica de las mujeres en la dictadura franquista, evocamos la “represión sexuada”[1]: la brutalidad de las violaciones y torturas sexuales documentada por forenses a partir del análisis de restos de mujeres asesinadas hallados en exhumaciones de fosas comunes; la humillación pública de las mujeres rapadas y sometidas al paseíllo tras la ingesta obligada de aceite de ricino; el sufrimiento de las madres en la primera gran masacre del siglo XX cometida sobre población civil durante la huida de Málaga a Almería en los primeros días de febrero de 1937; y el de tantas mujeres que encontraron dificultades adicionales por ser mujeres durante el exilio.
También evocamos a las mujeres encarceladas, cuya voz fue pionera en rescatar Tomasa Cuevas, los juicios militares y los fusilamientos, aunque mucho menos numerosos que los de los hombres, cuyo símbolo podrían ser las jóvenes conocidas como las Trece Rosas. Evocamos a las mujeres tiradas a las fosas en posiciones que pretendían añadir a la muerte la denigración sexual; o actos de crueldad similar como la exhibición del cadáver desnudo de Isabel Atencia Lucio, de 72 años, madre del líder comunista Saturnino Barneto, tras ser ocupada Sevilla por las fuerzas de Queipo de Llano. Evocamos a las represaliadas por su relación de parentesco con hombres perseguidos por el franquismo, que constituyeron más del ochenta por ciento de las personas represaliadas por este motivo; y a aquellas que sorteaban la precariedad, la vigilancia, el juicio social, y apoyaban a sus compañeros encarcelados, constituyendo la categoría de profundo significado político de mujer de preso.