La toma en consideración de la Proposición presentada en el Congreso por ERC que busca incluir a las mujeres que quedaron excluidas de la ley de memoria democrática en 2022, ha salido adelante por 176 votos a favor y 170 en contra |Vídeo de presentación y debate de la proposición en el Pleno.
La diputada de ERC Etna Estrems Fayos sería la encargada de presentar la PNL en el Pleno | Captura de pantalla __________________
El Pleno del Congreso de los Diputados abordó el martes 14 la toma en consideración de la proposición registrada por ERC en la que se insta al Gobierno a retocar la Ley de Memoria Democrática con el fin de incorporar a las víctimas del Patronato de Protección a la Mujer.
En su iniciativa, ERC reclama que se reconozca de forma oficial como “víctimas de la represión ejercida durante la dictadura franquista y sus estructuras institucionales”, a las mujeres internadas en centros dependientes del Patronato de Protección a la Mujer entre 1941 y 1985.
La proposición que busca el reconocimiento de las víctimas del Patronato de Protección a la Mujer que quedaron excluidas de la ley de memoria democrática en 2022, ha sido aprobada este miércoles sin el apoyo de PP y Vox que han votado en contra. La iniciativa ha salido adelante por 176 votos a favor y 170 en contra, tras el debate parlamentario.
Desde 1939, las procesiones convivieron con liturgias militaristas, fascistas falangistas y nacionalcatólicas. Muchas cofradías fueron fundadas o reactivadas por excombatientes y la Semana Santa sirvió para reproducir el imaginario “cruzadista” con apoyo de la Iglesia
El dictador Francisco Franco durante la Semana Santa ____________________
La Semana Santa española, lejos de constituir únicamente una manifestación religiosa o una expresión estética del barroco popular, ha desempeñado históricamente un papel político e ideológico de primer orden. Desde la consolidación del catolicismo como religión de Estado en la monarquía confesional de los Austrias, las procesiones y los rituales penitenciales fueron concebidos como pedagogías públicas de la fe y del orden social. A través de ellas se escenificaba la jerarquía, la obediencia y el ciclo del sufrimiento redentor como fundamentos simbólicos del cuerpo político.
Esta dimensión política del ritual adquirió una nueva intensidad durante el franquismo. El régimen entendió la Semana Santa como una de las matrices simbólicas de la “nacionalcatolicidad”: una síntesis entre religión y patria destinada a legitimar el nuevo Estado surgido de la guerra civil. A partir de 1939, numerosos organismos oficiales -desde las diputaciones provinciales hasta la Delegación Nacional de Propaganda- impulsaron la reorganización de hermandades y cofradías, integrándolas en el aparato ideológico del régimen. La religión popular, especialmente en Andalucía y Castilla, se revalorizó como expresión del alma nacional, mientras que los pasos procesionales se convirtieron en alegorías vivas del sacrificio, el heroísmo y la sumisión a la autoridad.
«El franquismo fue una pesada bota sobre el país. Negarlo es como negar que el agua es líquida o que el sol calienta…»
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Javier Sádaba Garay, Lo Que Somos, 21 de febrero de 2026
El franquismo se ha estudiado desde diversos ángulos históricos. Pero va pasando el tiempo, se le olvida, se le reforma y hasta se le salva.
Voy a decir qué fue el franquismo desde mi experiencia, desde los hechos y fuera de especulaciones. Dado que nací justo cuando acabó la Guerra Civil, puedo recordarlo en primera persona y con la máxima objetividad. El franquismo lo viví como una dictadura férrea y asfixiante. El nacionalcatolicismo lo dominaba todo, nada escapaba a su control. La Iglesia y la Falange eran los ejes de mi pueblo, Portugalete. La Iglesia era el centro del pueblo y sus tentáculos se extendían por todas partes. Y la Escuela, su fiel aliada. A ella venían los curas para extender el Catecismo mientras los maestros nos llevaban en fila todos los sábados a confesar. Los maestros habían venido de fuera de Euskadi, borrando la ilustrada huella de los maestros de la República. La mayor parte de aquellos, incluido mi padre, habían sido depurados.
Unos niños, vestidos de penitentes, representan una procesión en un colegio de Sevilla, poco antes del inicio de las vacaciones de Semana Santa | Marcelo del Pozo (REUTERS)-Fuente _____________________
Juan Antonio Aguilera, Público, 12 de febrero de 2026
1.- El olvido en la Ley de Memoria del papel criminal de la Iglesia durante el franquismo
«España en libertad. 50 años» es el lema principal de un proyecto que lanzó el Gobierno en 2025 con motivo del 50 aniversario de la muerte de Franco y que sigue en marcha en 2026. Desarrolla muchas actividades muy críticas con el franquismo, y por ello está estrechamente vinculado a la Ley de Memoria Democrática (LMD), de 2022. De hecho, ambas iniciativas comparten el marco institucional del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática.
La LMD satisface hasta cierto punto una deuda histórica y una importante demanda ciudadana en relación con el franquismo, y esto hay que celebrarlo con entusiasmo. Sin embargo, asombrosamente, ignora por completo –como ya lo hizo la Ley de Memoria Histórica de 2007– el papel que desempeñaron en la guerra civil y en la dictadura la Iglesia católica y el nacionalcatolicismo. No solo es asombroso, es inadmisible, dado que la ideología nacionalcatólica fue consustancial con esa dictadura, y la Iglesia, cómplice activa del golpe de Estado fascista y protagonista clave del control social y la criminal represión franquista. Qué mala memoria, o qué interesada amnesia selectiva tiene esa Memoria Democrática, por mucha mayúscula que se le ponga. Por fortuna, frente a esa sesgada Memoria, o Amnesia Democrática, está la Historia.
Sobre las mujeres republicanas, las rojas, recayó una doble persecución por considerarlas culpables de una doble transgresión: la política, al igual que los hombres, y la de género, por desviarse del modelo de mujer sometida, religiosa y limitada al ámbito doméstico
Cuando pensamos en la represión especifica de las mujeres en la dictadura franquista, evocamos la “represión sexuada”[1]: la brutalidad de las violaciones y torturas sexuales documentada por forenses a partir del análisis de restos de mujeres asesinadas hallados en exhumaciones de fosas comunes; la humillación pública de las mujeres rapadas y sometidas al paseíllo tras la ingesta obligada de aceite de ricino; el sufrimiento de las madres en la primera gran masacre del siglo XX cometida sobre población civil durante la huida de Málaga a Almería en los primeros días de febrero de 1937; y el de tantas mujeres que encontraron dificultades adicionales por ser mujeres durante el exilio.
También evocamos a las mujeres encarceladas, cuya voz fue pionera en rescatar Tomasa Cuevas, los juicios militares y los fusilamientos, aunque mucho menos numerosos que los de los hombres, cuyo símbolo podrían ser las jóvenes conocidas como las Trece Rosas. Evocamos a las mujeres tiradas a las fosas en posiciones que pretendían añadir a la muerte la denigración sexual; o actos de crueldad similar como la exhibición del cadáver desnudo de Isabel Atencia Lucio, de 72 años, madre del líder comunista Saturnino Barneto, tras ser ocupada Sevilla por las fuerzas de Queipo de Llano. Evocamos a las represaliadas por su relación de parentesco con hombres perseguidos por el franquismo, que constituyeron más del ochenta por ciento de las personas represaliadas por este motivo; y a aquellas que sorteaban la precariedad, la vigilancia, el juicio social, y apoyaban a sus compañeros encarcelados, constituyendo la categoría de profundo significado político de mujer de preso.
Bajo el régimen de Franco, la celebración del nacimiento de Cristo se convirtió en un símbolo del nacionalcatolicismo, donde la mujer, la familia y los medios de comunicación eran piezas clave para transmitir los valores del régimen y consolidar la identidad nacional
Francisco Franco con su familia durante las navidades de 1964 – Vídeo ‘Así será la exhumación de Franco’ del periódico ABC __________________
Lucía Parro Pantoja, Diario Red, 23 de diciembre de 2024
La Navidad en la España franquista no solo fue una festividad religiosa, sino que se convirtió en una herramienta política de control y propaganda. Bajo el régimen de Franco, la celebración del nacimiento de Cristo adquirió una dimensión ideológica que reforzaba los valores del nacionalcatolicismo, la unidad familiar y la identidad nacional. A través del belén, la radio y la figura de la mujer, la Navidad se convirtió en un vehículo para transmitir y consolidar la visión del régimen sobre lo que debía ser la sociedad española.
El belén: un símbolo nacionalcatólico
Durante el franquismo, el belén no fue solo un símbolo religioso, sino también un emblema de la identidad nacional. El régimen promovió activamente su instalación en todos los hogares españoles, sin importar su condición económica, como una forma de consolidar un modelo de familia patriótica y católica. La Sección Femenina, encabezada por Pilar Primo de Rivera, jugó un papel crucial en esta difusión, instruyendo a las mujeres sobre cómo preservar y transmitir esta tradición a las nuevas generaciones.
Todavía hay cosas anacrónicas en nuestro país que resultan intolerables conos la oferta del catecismo católico en todos los niveles de la educación obligatoria o el secuestro por parte de la iglesia católica de una gran parte de nuestro patrimonio histórico mediante el escándalo de las inmatriculaciones.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su encuentro con el secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolin. | @ Vatican Media. Vaticano – 11.10.2024 ____________________
Antonio Gómez Movellán, Nueva Revolución, 21 de noviembre de 2025
La conmemoración de los 50 años de la muerte de Franco nos ha servido para revisar históricamente la Transición y el estado de salud de nuestra democracia. No cabe duda que ese periodo fue uno de los de más movilizaciones sociales y huelgas de nuestra historia contemporánea y sin embargo esa fuerza social que expresaba unas aspiraciones democráticas radicales no conllevó una ruptura política histórica con el franquismo ya que se estableció un sistema político y constitucional con muchos déficits democráticos entre ellos la propia Constitución que no fue producto de ningún proceso constituyente ni de ninguna asamblea constituyente sino más bien de unos pactos de mesa camilla con un fondo de amplias movilizaciones sociales. La propia monarquía borbónica restaurada es un vestigio histórico del franquismo como ha señalado el mismísimo Rey Juan Carlos I en sus memorias.
El nacionalcatolicismo fue la ideología específica del fascismo español y eso dejo huella en la Constitución. En su artículo 16 la Constitución no hace una declaración de aconfesionalidad del Estado ni mucho menos de laicidad. En efecto, el articulo 16.3 reza lo siguiente: ”Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.
Basta revisar los Registros de la Propiedad para comprobar hasta qué punto la herencia del nacional-catolicismo sigue intacta. El caso de las inmatriculaciones de la Iglesia Católica es quizá el ejemplo más sangrante
El general Franco junto a su esposa y autoridades eclesiásticas saluda brazo en alto en la catedral de Santiago de Compostela en 1938 | Archivo EFE __________________
Se cumplen cincuenta años de la muerte de Franco. Medio siglo después, España se reivindica como un Estado social y democrático de Derecho. Pero basta mirar hacia los Registros de la Propiedad para comprobar hasta qué punto la herencia del nacional-catolicismo ha estado intacta.
El caso de las inmatriculaciones de la Iglesia Católica es quizá el ejemplo más sangrante. En 1975, cuando muere el dictador, el escándalo aún no es conocido. El mecanismo está oculto en la normativa hipotecaria: basta la “declaración” de un obispo para inscribir un bien a nombre de la Iglesia. Sin escritura, sin título de dominio, sin prueba alguna de su propiedad. La firma episcopal actúa como llave maestra del Registro.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha tenido una primera reunión con el Arzobispado para reformular la situación de la iglesia del Espíritu Santo en Madrid, un auditorio que Franco convirtió en templo y que sigue siendo de uso religioso a pesar de ser un espacio público por un convenio firmado con Rouco Varela
El Gobierno ha tomado cartas en el asunto de la iglesia que es de propiedad pública pero cuyo uso está cedido al Arzobispado de Madrid hasta 2069. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia y al que pertenece el espacio, ha iniciado conversaciones con las autoridades eclesiásticas para “actualizar el régimen de ocupación” del templo, que fue creado en la República como auditorio, pero que, después, Franco convirtió en iglesia. Entre las ideas que baraja el organismo está la de cobrar al Arzobispado por el uso del espacio, según ha podido saber elDiario.es y confirman fuentes del Ministerio de Ciencia.
Se trata de la iglesia del Espíritu Santo, situada en el número 125 de la calle Serrano, donde está situado el CSIC. El lugar, sin embargo, no fue siempre de uso religioso: fue construido en 1933 como auditorio de la Residencia de Estudiantes, convertido en epicentro del florecimiento científico y cultural que trajeron consigo aquellos años. Sin embargo, tras la sublevación de 1936 y el fin de la Guerra Civil, los franquistas lo transformaron en iglesia haciendo gala de la concepción nacionalcatólica de las ciencias que arrasó con la modernización republicana.
Esta docente ha recuperado los cuadernos escolares de su madre entre 1931 y 1941, un viaje desde el sueño educativo republicano al adoctrinamiento del nacionalcatolicismo que presenta en Santander
La escritora María Jesús Martín-Díaz en la librería La Vorágine de Santander _______________________
Paco Gómez Nadal, El Diario, 30 de octubre de 2025
El 15 de marzo de 1938 Aurora Díaz Blasco, con tan solo 11 años de edad, reproducía en un ejercicio de clase la instrucción del Jefe del Servicio Nacional de Primera Enseñanza de los golpistas que libraban aún una guerra brutal contra el gobierno democrático de la Segunda República: “La educación que se debe dar es: religiosa, patriótica y cívica (…) Cantos populares e himnos patrióticos han de ser entonados. El retrato de nuestro invicto caudillo tiene que estar en la escuela”. Y vaya si lo estuvo.
La madre de María Jesús Martín-Díaz, autora de ‘Franco en los pupitres’ —que se presentó este miércoles 29 de octubre a las 19.30 horas en la librería La Vorágine de Santander—, era de un pequeño pueblo abulense limítrofe con la provincia de Madrid. Cuando se produjo el golpe ese pueblo se llamaba Escarabajosa, aunque en 1955 pasó a llamarse Santa María de Tiétar; entonces rozaba los 800 habitantes, hoy son poco más de 500. Allí no llegaron las bombas ni los tiros, pero sí la Falange, los curas y toda la maquinaria adoctrinadora del régimen en ciernes.