En 2020[1], España tenía más ateos y agnósticos que musulmanes. Bastante más: el 26,4% de la población no se identificaba con ninguna religión, frente al 3,6% que era musulmán. Si hubiera que describir la transformación religiosa real de España en la última década, el protagonista no sería el islam. Sería la secularización.
Este dato procede del informeReligious Diversity Around the World, publicado en febrero de 2026 por el Pew Research Center, el centro de investigación demográfica más citado del mundo en materia de religión. El estudio analiza la composición religiosa de 201 países y territorios a partir de más de 2.700 censos y encuestas, y construye un índice que permite comparar el grado de pluralismo religioso entre naciones y regiones. Sus conclusiones sobre España no dejan mucho margen a la ambigüedad: este es un país con una minoría musulmana modesta, en retroceso cristiano acelerado y con un nivel de diversidad religiosa inferior al promedio europeo.
Teólogo, filósofo y escritor, Juan José Tamayo estará este lunes en Gijón para reunirse durante la mañana con los alumnos del Instituto Padre Feijoo de La Calzada y para ofrecer durante la tarde una conferencia en el salón de actos del Antiguo Instituto (19 horas) organizada por el Ateneo Republicano de Asturias, el Ateneo Obrero de Gijón y Asturias Laica.
–’Guerra y paz. ¿De qué lado están las religiones? es el título de su conferencia. ¡Vaya pregunta!
–Tiene su dificultad, no es fácil encontrar respuestas.
–Estas guerras que vivimos: EE UU, Irán, Israel, Líbano. ¿Qué tienen de religiosas o son solo económicas?
–Fundamentalmente son guerras económicas para ocupar nuevas tierras con grandes beneficios, y también para intentar demostrar quién tiene la hegemonía, no solo económica sino también política, pero en el trasfondo hay una motivación religiosa. En el caso de Israel contra el pueblo palestino y el sur del Líbano la motivación es religiosa. Netanyahu, que se mueve en un ámbito de judaísmo ultraortodoxo, sigue defendiendo los principios de Israel como tierra prometida y pueblo elegido, por lo tanto cualquier concesión a los palestinos supone un retroceso en la realización del reino de Dios.
El catolicismo “identitario” de Abascal dispara el protagonismo de la religión en la pugna derechista. Feijóo lidera las encuestas en un electorado que destaca por su alejamiento de la izquierda
Isabel Díaz Ayuso, el pasado jueves en Málaga.Daniel Pérez García-Santos / Diputación de Málaga (EFE) _________________
Cuatro movimientos políticos conectados con la religión. Uno: el PP y Vox comparten una iniciativa en defensa de los cristianos perseguidos en países como Nigeria. Dos: Isabel Díaz Ayuso proclama su fe, que antes decía no tener. Tres: Vox “es un partido anticatólico”, declara el diputado del PP Miguel Ángel Quintanilla. Cuatro: Pepa Millán, portavoz de Vox, lanza una proclama antiabortista en el Día de la Encarnación, que es el día —dice— “de la vida”.
Todo lo anterior ocurre en marzo. Y todo ilustra el recrudecimiento de la pugna entre los partidos de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal por el voto católico, que se ha prolongado durante la Semana Santa con ambas formaciones compitiendo por mostrarse como las más defensoras de una celebración de la que subrayan no solo su dimensión cultural y tradicional, sino también religiosa. Pero, ¿por qué tanto interés en este electorado? ¿Es que el avance de la secularización no ha mermado la importancia política de la religión? Las cosas no son tan simples.
El generar la falacia como argumento de fidelidad a los postulados católicos. Lo cual está, o ha estado siempre, muy alejado de lo que en realidad pregonan
Núñez Feijóo y Santiago Abascal en un acto institucional, 2023|Fuente foto ____________________
Ximo Estal Lizondo, Nueva Tribuna, 5 de abril de 2026
La verdad es que cuando uno analiza profundamente la actividad política en España, se observa como las falacias están en el argumentario de muchos de los partidos de nuestra escena política, sobre todo en los partidos conservadores y también en algunas instituciones que no tienen mucho que ver con la política pero que piensan y actúan como si pudieran utilizar sus medios institucionales para hacer política o condicionarla e incluso favorecer a determinados partidos o ideologías. Total, la falacia, es decir la mentira como norma política. Triste, pero bajo mi humilde opinión cierto.
Es triste ver como la Iglesia Católica en España, la cual debería ser garante de la libertad, el respeto y de poner en la sociedad la convivencia, se empeña una vez y otra en entrometerse en la política para llevar a sus seguidores a unos postulados que no van ni con el siglo donde nos encontramos, ni mucho menos con lo que se entiende que deberían pregonar en sus púlpitos y en sus mensajes. Se empeñan una vez y otra en abrir y generar en sus seguidores el odio y la crispación. El generar la falacia como argumento de fidelidad a los postulados católicos. Lo cual está, o ha estado siempre, muy alejado de lo que en realidad pregonan.
La Santa Sede ha ratificado la convención sobre la eliminación discriminación racial, la convención contra la tortura y la convención sobre los derechos del niño. No se ha sumado a los pactos de derechos civiles y políticos, ni a los relacionados con los derechos de la mujer. Tampoco a los que protegen a migrantes ni contra las desapariciones forzadas.
El papa León en la misa del jueves santo este 2 de abril de 2026 en Roma| Reuters/Vincenzo Livieri __________________
Hay, junto a la declaración universal de 1948, la piedra angular, nueve tratados fundamentales internacionales sobre Derechos Humanos, según la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas. La Santa Sede, que tiene un estatus particular en la ONU, de observador permanente, solo ha ratificado tres de ellos, la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial (1965), la convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (1984) y la convención sobre los derechos del niño (1989).
Así, la Santa Sede no ha expresado su consentimiento, según los datos publicados por la organización de Naciones Unidas (ONU), al pacto de Derechos Civiles y Políticos; el Comité de Derechos Humanos (1966); la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación sobre la mujer (1979); la convención sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares (1990); la convención para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas (2006), y la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (2006).
La izquierda española, al aceptar que la tribuna parlamentaria se convierta en un púlpito, ha abandonado definitivamente el laicismo como principio esencial de cualquier democracia
La anunciada visita del Papa a España no es un simple acto religioso. Es, sobre todo, una visita deseada por el Gobierno de España y, en parte, impulsada por el influyente lobby católico que existe dentro del PSOE bajo las siglas de “Cristianos Socialistas”. Este grupo está encabezado por la veterana política Rosa Aguilar, quien, desde sus distintas responsabilidades de gobierno -tanto en la alcaldía de Córdoba como en la Consejería de Cultura de Andalucía-, ha favorecido siempre los intereses de la Iglesia católica. Otro político alineado con estos intereses es el vicepresidente del Gobierno, Bolaños, que desde hace tiempo viene preparando este golpe de efecto: la visita del Papa, que ahora pretende presentar como un éxito político tanto ante su partido como ante el propio Gobierno.
En realidad, se trata de una operación de marketing político-electoral y de una clara traición al laicismo. El objetivo es proyectar la imagen de un gobierno moderado y centrado, ahora legitimado por la púrpura vaticana.
El 18 de marzo del año 2021 se aprobó en España la ley que regula la eutanasia. Ese día los poderes públicos soltaron todas las amarras que les ataban aún a la teología y la superstición religiosas y nos devolvieron el derecho a decidir sobre nuestra muerte, es decir, sobre nuestras vidas
Concentración de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) en la Puerta del Sol, a 25 de junio de 2021, en Madrid, (España) para celebrara la entrada en vigor de la ley de la eutanasia | Cézaro De Luca / Europa Press __________________
El día que murió mi abuelo Benigno yo tenía que preparar un examen de Historia. Mi hermana y yo sabíamos que nuestro abuelo estaba muy mal porque mis padres nos habían mandado a casa de mis tíos para poder estar todo el tiempo posible con él en el hospital, pero ninguna de las dos habíamos siquiera imaginado la posibilidad de que mi abuelo fuera a morirse. Hasta que llegamos de clase y mi tía nos contó con toda la delicadeza posible que mi abuelo había fallecido. Y para su sorpresa mi hermana y yo nos tomamos la noticia con calma y serenidad, y al rato las dos estábamos absortas en hacer los deberes y, en mi caso, preparar aquel examen de Historia que quería bordar.
Hasta que llegó la noche y a mi hermana y a mí se nos desbordó el dolor y, sobre todo, nos golpeó la certeza, aterradora, desgarradora, de saber que nunca más íbamos a volver a ver a mi abuelo Benigno. Porque Benigno ya no era. Y se desató el llanto y nos inundó una pena inconsolable pero también una desesperación animal de querer volver a verle, volver a oírle reír, escuchar su voz y sentir sus abrazos una última vez. Una desesperación irracional que coqueteaba también con la fantasía y el pensamiento mágico del «y si»: Y si no está muerto, y si en realidad se han confundido, y si y si…
En ‘La mala memoria’ da voz a las víctimas de la represión franquista en los centros educativos de la Iglesia y advierte de los riesgos de repetir la historia: “La Iglesia fue la gran beneficiada de la Transición”
Francisco Franco recibe en audiencia al cardenal Herrera Oria, en 1965 |EFE/Hermes Pato _____________________
Ha tardado años en ponerse a la tarea de recordar, de ponerse en la piel de otros que durante décadas sufrieron la represión por ser pobres o hijos de perdedores de la Guerra Civil a manos de colegios de la Iglesia católica. En ‘La mala memoria’ (El Mono Libre), Jesús Pozo traza una historia de poder, adoctrinamiento e injusticia, poniendo voz a los testimonios de personas silenciadas durante años.
Como Amelia, Nati o Ana, condenadas por el “pecado” de ser pobres. O Pino, o Juana, castigadas por ser “hijas de rojos”. O “el niño sin identificar, cuyos restos estaban al fondo de otra fosa en Víznar (Granada), con un tiro en la cabeza, junto a su lapicero y su goma de borrar”, al que este veterano periodista dedica su investigación. Con un prólogo (imprescindible) de Nieves Concostrina y un epílogo (no menos conseguido) de Carlos Santos.
RECUPERANDO se reúne con el Defensor del Pueblo, tras la falta de respuesta del Gobierno de España, para reclamar transparencia sobre las inmatriculaciones de la Iglesia
La coordinadora estatal RECUPERANDO ha mantenido, el pasado día 18 de marzo, una reunión con el Defensor del Pueblo en relación con la queja presentada por la falta de respuesta del Gobierno a la solicitud de información detallada sobre las inmatriculaciones de la Iglesia incluidas en el listado remitido al Parlamento en 2021.
La reunión se ha producido después de que RECUPERANDO denunciara ante la Defensoría que el Gobierno no había contestado a la petición registrada para obtener el expediente completo 161/001437 de la XII Legislatura, incluyendo la totalidad de las notas simples registrales que sirvieron de base para la elaboración del estudio sobre los bienes inmatriculados por la Iglesia católica entre 1998 y 2015.
Por parte de RECUPERANDO asistieron a la reunión Cristina Contreras López, Jesús Martín Correa y José María Rosell Tous. En representación de la Defensoría del Pueblo participaron Patricia Bárcena García, Adjunta Segunda, y Pedro Baena Pinedo, Director del Área de Economía y Hacienda.
Gregorio Morán era un fantástico narrador oral. De sus historias, contadas ante un mantel o en interminables conversaciones telefónicas, disfruté tanto que las echo en falta con la misma nostalgia que a sus artículos sabatinos. Una de las que mejor recuerdo evocaba sus años de adolescente en Oviedo en los años 50, cuando la Semana Santa, exaltación del nacional-catolicismo y de la represión franquista, era un espectáculo tenebroso que provocaba recelo y miedo en un chaval curioso como Gregorio. Nunca olvidó una ocasión en la que al cruzar una esquina de la ciudad se encontró con una procesión en la que iba su padre y de golpe se oyó el grito estremecedor de un varón con modos militares, dando una orden a la multitud que se agolpaba en la calle:
– !Al suelo!, !Al suelo!
Y la gente, creyentes, curiosos o paseantes como Gregorio, tenían que hincar las rodillas al suelo mientras pasaba lo que para aquel rapaz era una tétrica procesión con curas y militares ejerciendo la autoridad en los años más duros de la dictadura.