Calle de Oviedo/Uviéu en la que fue asesinado el transportista en huelga _______________
Fuente Diego Díaz Alonso, Nortes, 19 de junio de 2026
Una comisión impulsada por el Gobierno sobre vulneración de derechos humanos entre 1979 y 1983 ha identificado a 63 víctimas de la extrema derecha o de fuerzas de seguridad en el periodo inmediatamente posterior a la aprobación de la Constitución, dos de las cuales murieron en Oviedo/Uviéu y en Xixón por la actuación de la Guardia Civil y la Policía Nacional, respectivamente.
La primera de las víctimas registrada en Asturias es el transportista Valeriano Martínez Pérez, de 41 años, quien murió en Oviedo/Uviéu el 19 de septiembre de 1979 en el contexto de una huelga del ramo.
Casado y con tres hijos, Martínez Pérez formaba parte de un piquete y recibió un disparo de un cabo de la Guardia Civil en un forcejeo entre camioneros y la escolta de un convoy, en el barrio de La Tenderina, cuando los huelguistas trataban de bloquear los accesos a la capital asturiana.
“Había algo en aquella falta de información [sobre el Patronato de Protección a la Mujer] que parecía deliberado, una especie de borrado institucional que había conseguido dejar fuera de la narrativa oficial a miles de mujeres”.
He quedado verdaderamente impresionado tras la lectura del libro Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985), escrito por la historiadora española Carmen Guillén y publicado en 2026. Impresionado por su calidad historiográfica, por tanto, por su magnífica literatura (sin una correcta expresividad literaria la Historia no sirve para gran cosa), y por su valor, su indudable valía, social, civil. Estamos ante una obra perdurable, imprescindible para apuntalar cuanto sabemos sobre el franquismo y cuanto sabemos sobre el desprecio y maltrato con que se ha tratado en líneas generales a las mujeres que no cumplían los requisitos inmarcesibles marcados por el poder y las convenciones sociales dominadas por él.
El franquismo no inventó el control sobre las mujeres, pero sí “lo sistematizó y lo convirtió en política de Estado”.
Que hasta hace relativamente poco el Patronato de Protección a la Mujer estuviera fuera del foco de cuantos estudiábamos el franquismo es muy llamativo.
El Gobierno reconoce por primera vez 63 asesinatos franquistas a manos de la Policía y la extrema derecha entre 1979 y 1983. La comisión prevista en la Ley de Memoria para estudiar vulneraciones de derechos humanos entre 1978 y 1983 excluye a asesinados por los GAL. Según el PP, pretendía blanquear a ETA
Los padres de Juan Félix Domínguez, de dos años, muerto por disparos de la Guardia Civil en un control de carretera, velan el cadáver del niño en Getafe en febrero de 1983 | Ricardo Martín _____________________
Fuentes El País (Natalia Junquera) |El Diario, 18 de junio de 2026
El Ejecutivo publica los informes previstos por la Ley de Memoria Democrática, que analizan vulneraciones de derechos humanos desde la aprobación de la Constitución, la represión del pueblo gitano y el alcance de la reparación económica a los republicanos
El estudio responde así al mandato de la Ley de Memoria Democrática de 2022, que obligaba al Ejecutivo a impulsar tres comisiones en el plazo de un año: además de las vulneraciones de derechos, otra más para estudiar la represión al pueblo gitano y una tercera para evaluar las medidas económicas otorgadas hasta ahora a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. Las comisiones fueron creadas con retraso en abril de 2024 y los tres informes serán hechos públicos este jueves por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática.
Uno de ellos es el que ha estudiado las posibles “vulneraciones de derechos humanos a personas por su lucha por la consolidación de la democracia” hasta 1983, un margen temporal que queda fuera de la aplicación de la Ley de Memoria, que abarca hasta diciembre de 1978.
Ni verdad, ni justicia ni reparación | La muerte de Inmaculada y las grietas de la «modélica» Transición: Marta García Carbonell, María Palau Galdón y Esther López Barceló han investigado el fallecimiento de una adolescente en 1983 en un centro del Patronato de Protección a la Mujer.
Esther Barceló, María Palau, Marta García Carbonelly Clarisa González (Asfemas)| Museo Barjola, Gijón 12 de junio
Asturias Laica, 14 de junio de 2026
El viernes 12 tuvimos en Gijón la posibilidad de encontrarnos con las autoras del libro «Inmaculada. La muerte que precipitó el cierre del Patronato», Esther Barceló, María Palau, Marta García Carbonell en un espacio, «tan especial», como señalaría la conductora del acto, Clarisa González, como es el gijonés Museo Barjola.
El acto iniciaba en Gijón la «gira asturiana» que seguiría con las presentaciones en Oviedo y en Mieres -donde, además, presentaría el Informe | Patronato de Protección a la mujer, de Á Punt- y estuvo organizado por Asturias Laica, Asfemas, Tertulia Feminista Les Comadres y las librerías La Habitación Propia (Gijón) y La Llocura (Mieres).
El libro que se presentó es fruto de la investigación de las autoras sobre el fallecimiento en 1983 de una adolescente de 14 años, Inmaculada Valderrama, que murió al precipitarse desde el tercer piso de un centro del Patronato de Protección a la Mujer en San Fernando de Henares y que entonces regentaban las Cruzadas del Evangelio.
El derecho de acceso no puede aplicarse de forma restrictiva. En ese punto, el papel de los técnicos de archivo resulta decisivo: no se trata de aplicar reglas de forma mecánica, sino de ponderarlas para garantizar el acceso a nuestro Patrimonio Documental
Inmaculada Valderrama, la joven de 14 años que murió en el reformatorio Nuestra Señora del Pilar, en San Fernando de Henares, uno de los centros del Patronato de Protección a la Mujer| Cedida por la familia ____________
Sergio Gálvez Biesca, El Diario, 12 de junio de 2026
Tres historiadoras han sacado a la luz, en el Archivo Central del Ministerio de Trabajo, la documentación necesaria para entender cómo se ocultó la violencia del Patronato de Protección a la Mujer. Su libro, Inmaculada. La muerte que precipitó el final del Patronato, muestra las maniobras burocráticas con las que el Estado intentó tapar su propio pasado.
El 5 de agosto de 2025, Esther López Barceló lanzó un mensaje en un grupo de WhatsApp de historiadores y archiveros: no llegaban a tiempo con Inmaculada y se habían topado con un callejón sin salida. Junto a Marta García Carbonell y María Palau Galdón, buscaba documentación sobre la muerte de Inmaculada Valderrama en el reformatorio de San Fernando de Henares en Madrid.
A la desesperada, preguntaron dónde se custodiaba el fondo del Consejo Superior de Protección de Menores.
Las congregaciones religiosas responsables de la reclusión de niñas durante el franquismo y la democracia siguen guardando documentos bajo llave
Un grupo de niñas del centro provincial de Sevilla perteneciente al Patronato de Protección a la Mujer |Junta de Andalucía ___________________
Sabela Rodríguez Álvarez, InfoLibre, 2 de junio de 2026
En un documento escrito a mano, con tinta azul y letra menuda, las monjas Adoratrices decían de Pilar que era una «joven de familia normal y buena moralidad», que presentaba una «conducta irregular» sin ningún «desliz moral», pero moviéndose con «cierta independencia», regresando «tarde a casa» y tratando con «chicos melenudos». Ese fue el motivo por el que acabaría internada en el Patronato de Protección a la Mujer. Aquel escrito, fechado en octubre de 1970, es uno de los pocos que han llegado a manos de las supervivientes. Hoy, tanto ellas como las investigadoras que siguen el rastro de esta opaca institución piden que las congregaciones religiosas hagan públicos todos los archivos a su disposición. Es una cuestión de justicia, reclaman, pero también la única forma de que mujeres como Pilar puedan escribir su historia.
Podemos ha solicitado, con motivo de la visita del papa León XIV a España, la entrega de toda la documentación en poder de las congregaciones religiosas que gestionaron los centros del Patronato durante más de cuatro décadas, así como todos los archivos relacionados con el robo de recién nacidos.
El ensayo Inmaculada. La muerte que precipitó el final del Patronato (Libros del K.O.), de Esther López Barceló, Marta García Carbonell y María Palau Galdón, desenmascara la violencia y la explotación de miles de mujeres en España durante el Franquismo y la Transición
Marta García Carbonell, Esther López Barceló y María Palau Galdón | Cortesía de la editorial _____________
El 19 de septiembre de 1983, durante el primer año del primer gobierno de izquierdas de la democracia, Inmaculada Valderrama apareció muerta en el patio del reformatorio Nuestra Señora del Pilar, dependiente del Patronato de Protección de la Mujer, en San Fernando de Henares (Madrid). Tenía 14 años. El relato oficial se construyó alrededor de una caída accidental: la adolescente habría muerto al intentar huir del reformatorio descolgándose con unas sábanas desde un tercer piso. Pese a las negligencias y contradicciones en las declaraciones de los testigos, su historia -una alegoría del silenciamiento de la violencia sistemática contra las mujeres durante el franquismo y la Transición que se alarga hasta nuestros días- quedó archivada como un suceso más.
Cuatro décadas después, el libro Inmaculada. La muerte que precipitó el final del Patronato (Libros del K.O.), de Esther López Barceló, Marta García Carbonell y María Palau Galdón, con prólogo de Nerea Barjola, reconstruye y esclarece no solo el caso, sino el sistema que lo hizo posible. “Todas las investigadoras que trabajamos sobre el Patronato de Protección a la Mujer siempre hemos estado obsesionadas con la historia de Inmaculada. Conocíamos aquella pequeña noticia de EL PAÍS sobre la muerte de una joven al caer de un tercer piso en un reformatorio de San Fernando de Henares, pero nunca supimos quién era Inmaculada ni qué había pasado con ella”, explica Marta García Carbonell.
Tutelada por el Estado, su fallecimiento en 1983 aceleró el fin del Patronato de Protección a la Mujer
Inmaculada, fallecida en un reformatorio del Patronato de Protección a la Mujer | Archivo familiar _________________
Fuentes Público (Henrique Mariño) |El Diario (Laura Martínez) 19 de mayo de 2026
Inmaculada Valderrama Morato falleció el 19 de septiembre de 1983 tras precipitarse desde la ventana del tercer piso de un reformatorio de San Fernando de Henares (Madrid) gestionado por el instituto secular femenino Cruzada Evangélica. Tenía solo catorce años y la versión del centro de reeducación Nuestra Señora del Pilar, vinculado con el Patronato de Protección a la Mujer, una de las redes represivas más longevas y opacas de la dictadura franquista, fue que había muerto cuando intentaba fugarse descolgándose con unas sábanas. El juez concluyó que se había suicidado, aunque el escándalo que generó el caso aceleró el fin del Patronato, una institución franquista cuyo objetivo era controlar los cuerpos y las mentes de las mujeres.
El lunes de su muerte, a la hora del desayuno, de la ventana colgaba una cuerda con sábanas. Un intento de fuga. O tal vez un suicidio. Caso cerrado.
En ‘La mala memoria’ da voz a las víctimas de la represión franquista en los centros educativos de la Iglesia y advierte de los riesgos de repetir la historia: “La Iglesia fue la gran beneficiada de la Transición”
Francisco Franco recibe en audiencia al cardenal Herrera Oria, en 1965 |EFE/Hermes Pato _____________________
Ha tardado años en ponerse a la tarea de recordar, de ponerse en la piel de otros que durante décadas sufrieron la represión por ser pobres o hijos de perdedores de la Guerra Civil a manos de colegios de la Iglesia católica. En ‘La mala memoria’ (El Mono Libre), Jesús Pozo traza una historia de poder, adoctrinamiento e injusticia, poniendo voz a los testimonios de personas silenciadas durante años.
Como Amelia, Nati o Ana, condenadas por el “pecado” de ser pobres. O Pino, o Juana, castigadas por ser “hijas de rojos”. O “el niño sin identificar, cuyos restos estaban al fondo de otra fosa en Víznar (Granada), con un tiro en la cabeza, junto a su lapicero y su goma de borrar”, al que este veterano periodista dedica su investigación. Con un prólogo (imprescindible) de Nieves Concostrina y un epílogo (no menos conseguido) de Carlos Santos.
Desde 1939, las procesiones convivieron con liturgias militaristas, fascistas falangistas y nacionalcatólicas. Muchas cofradías fueron fundadas o reactivadas por excombatientes y la Semana Santa sirvió para reproducir el imaginario “cruzadista” con apoyo de la Iglesia
El dictador Francisco Franco durante la Semana Santa ____________________
La Semana Santa española, lejos de constituir únicamente una manifestación religiosa o una expresión estética del barroco popular, ha desempeñado históricamente un papel político e ideológico de primer orden. Desde la consolidación del catolicismo como religión de Estado en la monarquía confesional de los Austrias, las procesiones y los rituales penitenciales fueron concebidos como pedagogías públicas de la fe y del orden social. A través de ellas se escenificaba la jerarquía, la obediencia y el ciclo del sufrimiento redentor como fundamentos simbólicos del cuerpo político.
Esta dimensión política del ritual adquirió una nueva intensidad durante el franquismo. El régimen entendió la Semana Santa como una de las matrices simbólicas de la “nacionalcatolicidad”: una síntesis entre religión y patria destinada a legitimar el nuevo Estado surgido de la guerra civil. A partir de 1939, numerosos organismos oficiales -desde las diputaciones provinciales hasta la Delegación Nacional de Propaganda- impulsaron la reorganización de hermandades y cofradías, integrándolas en el aparato ideológico del régimen. La religión popular, especialmente en Andalucía y Castilla, se revalorizó como expresión del alma nacional, mientras que los pasos procesionales se convirtieron en alegorías vivas del sacrificio, el heroísmo y la sumisión a la autoridad.