En ‘La mala memoria’ da voz a las víctimas de la represión franquista en los centros educativos de la Iglesia y advierte de los riesgos de repetir la historia: “La Iglesia fue la gran beneficiada de la Transición”
Francisco Franco recibe en audiencia al cardenal Herrera Oria, en 1965 |EFE/Hermes Pato _____________________
Ha tardado años en ponerse a la tarea de recordar, de ponerse en la piel de otros que durante décadas sufrieron la represión por ser pobres o hijos de perdedores de la Guerra Civil a manos de colegios de la Iglesia católica. En ‘La mala memoria’ (El Mono Libre), Jesús Pozo traza una historia de poder, adoctrinamiento e injusticia, poniendo voz a los testimonios de personas silenciadas durante años.
Como Amelia, Nati o Ana, condenadas por el “pecado” de ser pobres. O Pino, o Juana, castigadas por ser “hijas de rojos”. O “el niño sin identificar, cuyos restos estaban al fondo de otra fosa en Víznar (Granada), con un tiro en la cabeza, junto a su lapicero y su goma de borrar”, al que este veterano periodista dedica su investigación. Con un prólogo (imprescindible) de Nieves Concostrina y un epílogo (no menos conseguido) de Carlos Santos.
Desde 1939, las procesiones convivieron con liturgias militaristas, fascistas falangistas y nacionalcatólicas. Muchas cofradías fueron fundadas o reactivadas por excombatientes y la Semana Santa sirvió para reproducir el imaginario “cruzadista” con apoyo de la Iglesia
El dictador Francisco Franco durante la Semana Santa ____________________
La Semana Santa española, lejos de constituir únicamente una manifestación religiosa o una expresión estética del barroco popular, ha desempeñado históricamente un papel político e ideológico de primer orden. Desde la consolidación del catolicismo como religión de Estado en la monarquía confesional de los Austrias, las procesiones y los rituales penitenciales fueron concebidos como pedagogías públicas de la fe y del orden social. A través de ellas se escenificaba la jerarquía, la obediencia y el ciclo del sufrimiento redentor como fundamentos simbólicos del cuerpo político.
Esta dimensión política del ritual adquirió una nueva intensidad durante el franquismo. El régimen entendió la Semana Santa como una de las matrices simbólicas de la “nacionalcatolicidad”: una síntesis entre religión y patria destinada a legitimar el nuevo Estado surgido de la guerra civil. A partir de 1939, numerosos organismos oficiales -desde las diputaciones provinciales hasta la Delegación Nacional de Propaganda- impulsaron la reorganización de hermandades y cofradías, integrándolas en el aparato ideológico del régimen. La religión popular, especialmente en Andalucía y Castilla, se revalorizó como expresión del alma nacional, mientras que los pasos procesionales se convirtieron en alegorías vivas del sacrificio, el heroísmo y la sumisión a la autoridad.
La investigación liderada desde Albacete vincula al Patronato franquista con posibles casos de bebés robados y reabre la lucha de las víctimas por la verdad
Carmen Guillén, doctora en Historia Contemporánea y profesora en el área de Historia de la Ciencia en la Facultad de Medicina de Albacete (círculo) __________________
Durante décadas, miles de historias quedaron enterradas en el silencio, atrapadas entre archivos desaparecidos, testimonios censurados y una memoria colectiva incompleta. Hoy, algunas de esas voces empiezan a emerger con fuerza desde un punto inesperado del mapa: Albacete. Lo que parecía un episodio olvidado del pasado reciente está volviendo al foco público con una dimensión que sacude conciencias y reabre heridas aún sin cerrar: la posible conexión entre una institución franquista y uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea, el robo de bebés.
Albacete destapa el silencio: una doctora lidera la investigación que reabre el caso del Patronato
«Nos robaron diez años de democracia»: las supervivientes del Patronato de la Mujer logran que el Estado pida perdón. Medio centenar de mujeres que estuvieron encerradas en los centros del Patronato de Protección de la Mujer han recibido declaraciones de reparación con las que han sido acreditadas como víctimas de la dictadura en el primer acto oficial de reconocimiento público.
Supervivientes del Patronato de Protección de la Mujer (Paca Blanco y Paquita Beltrán) recogen el documento oficial que las reconoce como víctimas del franquismo | A. Pérez Meca / Europa Press ____________________
Fuentes: El Diario (Marta Borraz) / Público (Laura Prieto), 21 de marzo de 2026
Han pasado más de cuatro décadas desde que cerrara el último centro y medio siglo desde el fin de la dictadura que creó y mantuvo el Patronato de Protección de la Mujer, la institución represora más longeva del franquismo. Son los años que han tenido que esperar las mujeres que pasaron por estos reformatorios para chicas ‘inmorales’ para recibir una reparación pública oficial.
Este pasado viernes viernes el Gobierno ha celebrado por primera vez un acto en el que ha pedido perdón y ha reconocido la represión específica que sufrieron estas mujeres, encerradas en estos centros sin un juicio ni garantías, sometidas a duras condiciones de vida y aislamiento para intentar “reeducarlas” en línea con los mandatos del régimen.
Durante 40 años existió, bajo el mandato del Ministerio de Justicia, una institución que controló el adoctrinamiento moral de niñas y adolescentes en España, el Patronato de Protección a la Mujer. La existencia de reformatorios en nuestro país es de sobra conocida por todos, pero la realidad es que la mayoría de estos centros pertenecieron a un entramado religioso que trató de corregir el comportamiento de miles de niñas «desviadas», según la visión represiva del franquismo.
Una de las mujeres que pasó años en estos centros es Consuelo García del Cid: «Mi madre era castrante, yo tenía la sensación de que mis hermanos tenían unos espacios de libertades que a mí se me negaban», ha explicado en Hora 25. La familia de Consuelo era «tremendamente intelectual», pero con la «tendencia tremendamente a la derecha». Empezó sus estudios en una academia, donde conoció de todas clases sociales, y fue allí cuando descubrió su verdadera identidad e ideología: «Me entero de que vivo en un país con pena de muerte y de que van a ejecutar a Salvador Puig Antich, esa fue mi primera manifestación», ha relatado.
La abogada y exalcaldesa de O Porriño Eva García de la Torre pasó dieciséis años internada en varios centros religiosos de reeducación dependientes del franquista Tribunal Tutelar de Menores y otros siete en reformatorios adscritos al Patronato de Protección a la Mujer. Esta es su historia. | Entrevista a su viuda
Eva García de la Torre, primera víctima del Patronato de Protección a la Mujer reconocida oficialmente por el Ministerio de Memoria Democrática | Cedida __________________
Inés García Rábade, Público, 24 de octubre de 2025
Mujer. Abogada. Política. Madre. Lesbiana. Eva García de la Torre (1962, Sevilla – 2022, O Porriño) fue un ejemplo de resistencia, de superación. Y, sobre todo, de dignidad. Así la describe la que fue su pareja durante dos décadas, la también abogada Silvia Fernández Quinteiro. Eva vivió media vida internada en centros de reeducación de diferentes congregaciones religiosos. Dieciséis años en reformatorios dependientes del franquista Tribunal Tutelar de Menores y otros siete en centros adscritos al Patronato de Protección a la Mujer. Entre Sevilla, Jaén y Vigo. Una infancia, adolescencia y juventud en cautividad que marcaron su vida posterior, pero que no le impidieron sacarse la carrera de Derecho y llegar a ejercer como alcaldesa del municipio de O Porriño, en Pontevedra.
Tres años después de su fallecimiento, el pasado 16 de octubre, el Ministerio de Memoria Democrática expedía un documento oficial que la reconoce, por fin, como lo que fue: una víctima de la dictadura. La primera víctima oficial del Patronato de Protección a la Mujer.
«El Caso Rocío» es la historia de una película secuestrada en la Transición’, el documental de Fernando Ruiz de Vergara, ‘Rocío’, que «el caso Rocío» recupera y analiza
Ermita del Rocío |Captura de pantalla del documental «El caso Rocío» ____________________
«Rocío»(1) ha pasado a la historia como la primera película secuestrada judicialmente en el Estado español tras la derogación de la censura cinematográfica en 1977. Dirigida por Fernando Ruiz Vergara y estrenada en 1980, a día de hoy continúa censurada por la sentencia del Tribunal Supremo en 1984, que condenaba a su autor por delitos de injurias a quien la película apuntaba como cabecilla de la brutal represión en el pueblo de Almonte, cuna de la romería del Rocío, durante el golpe militar de 1936. La persecución judicial de la película supuso el final de la trayectoria del director, que se auto-exilió en Portugal, lugar en el que vivió hasta su fallecimiento en 2011. De una calidad cinematográfica extraordinaria, Rocío es un referente en la historia del cine documental en el Estado español.
“Pregunta hoy en Almonte por Rocío y te dirán que ni se te ocurra ver eso”, decía en una entrevista de 2014 José Luis Tirado, pese a que ya han pasado más de 35 años desde que un equipo encabezado por Fernando Ruiz Vergara rodara este documental sobre la romería del Rocío. Las presiones por silenciar esta cinta no han cesado desde su estreno en 1980. Tirado reconoce incluso que presionaron al Festival de Cine Europeo de Sevilla de 2013 para que El Caso Rocío se incluyera junto a una programación rociera. El Festival no cedió y la cinta se estrenó en solitario.
Entre 1955 y 1984, cientos de mujeres pasaron por este centro dependiente del franquista Patronato para la Protección de la Mujer. Bajo la excusa de proteger a madres jóvenes, esta institución las sometió a abusos que incluyeron adopciones ilegales e incluso denuncias de robos de bebés. Hoy, parte de las instalaciones están ocupadas por un instituto público, y solo en los últimos años ha salido a la luz esta historia.
El actual IES Isaac Newton ocupa parte de lo que fue la Maternidad de Peñagrande / SOMOS ___________________
Es la última semana del curso y unos pocos alumnos buscan la sombra en el patio del Instituto de secundaria y formación profesional Isaac Newton, en el barrio de Peñagrande. El complejo es lo más antiguo del entorno y enfrente, en el larguirucho parque del Arroyo de los Pinos, una placa da pista de las vidas pasadas del centro: “En recuerdo y homenaje a las mujeres que vieron privados sus derechos en la maternidad de Peñagrande. Para que su resistencia no caiga en el olvido”.
Fue colocada en diciembre de 2018 por el Ayuntamiento de Madrid en recuerdo a las mujeres internas entre las décadas de los cincuenta y ochenta en Nuestra Señora de la Almudena, un centro para jóvenes embarazadas dependiente del Patronato de la Mujer que se conocía popularmente como Maternidad de Peñagrande.
También ha recibido en los últimos años el sobrenombre de Maternidad de los Horrores, después de que salieran a la luz números testimonios que hablan de bebés robados, de malos tratos y de trata de mujeres.
Pabellón de mujeres del hospital psiquiátrico de Ciempozuelos _______________________
Fuente: Mar Sifre Rigol, Orgull, 28 de junio de 2025
«Conductas irregulares especialmente por sus tendencias homosexuales». «La joven presenta graves trastornos de conducta con tendencias homosexuales». «Sostiene relaciones ‘demasiado afectivas’ con otras compañeras». «Considero necesario que la joven sea reconocida por un psiquiatra, por presentar síntomas de tipo homosexual». «Debido a la intensificación de estas tendencias, se aconseja el traslado a un centro psiquiátrico para su mejor estudio psicopatológico y tratamiento». «Opinamos que debe ser trasladada a un Centro Psiquiátrico para su estudio y rehabilitación». Todas las frases han sido extraídas de informes del Patronato de Protección a la Mujer de entre 1965 y 1973, aunque la institución también ejerció violencia contra las mujeres durante la transición y los primeros años de democracia. Consuelo García del Cid, ex interna de centros del Patronato, ha cedido la documentación[1] a Orgull para poder realizar este reportaje.
El reconocimiento tardío de las víctimas del Patronato de Protección a la Mujer -al menos 25 años de retraso- evidencia un profundo déficit de cultura política democrática en España
Muy a principios de los años 70 algunas voces dentro de la dictadura, incluso dentro del propio Patronato, empezaron a reconocer que la institución estaba un “poco desfasada”, decían. La idea de que el “negocio” empezaba a estar en peligro lógicamente llegó rápidamente a conocimiento de las órdenes religiosas. Terminada la dictadura y comenzada la transición resultaba inevitable reconocer que el Patronato era un vestigio del régimen franquista que deslucía la nueva realidad democrática.
Todo el mundo sabe que en la democracia el Patronato tendrá que desaparecer, pero antes de que eso sucediera en 1977 las órdenes religiosas quieren y consiguen, que el propio Patronato les pague la transformación de sus centros de reclusión para seguir funcionando en la nueva etapa como residencias femeninas, ya absolutamente desligadas de su sombrío pasado. Para esta nueva fase había que borrar la apariencia de lúgubres espacio de pseudo reclusión, una apariencia ligada a las prácticas totalitarias de la peor etapa de la dictadura.