Quinta sesión del IX ciclo de conferencias, de título global «Laicismo y memoria», que organizan el Seminario Galileo Galilei de la UGR, Granada Laica y UNI Laica
El pasado jueves 9 de abril en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada tuvo lugar la conferencia de Miguel Ángel del Arco Blanco, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada, «Cruces de Memoria y Olvido. Los monumentos a los caídos de la guerra civil española (1936-2026)». La conferencia se enmarca dentro del IX ciclo de conferencias, de título global «Laicismo y memoria», que organizan el Seminario Galileo Galilei de la UGR, Granada Laica y UNI Laica.
En la conferencia se ha analizado el origen, evolución y significado de los monumentos dedicados a los caídos de la Guerra Civil española desde 1936 hasta la actualidad, interpretándolos como instrumentos fundamentales en la construcción de la memoria política durante el franquismo y en los debates contemporáneos sobre el pasado.
La Prisión Central de Saturrarán se demolió en 1987. Fue una de las jaulas para mujeres más represiva del franquismo. Entre 1938 y 1944 más de un centenar de reclusas y no se sabe cuántas pequeñas criaturas desaparecieron en ella. En 2007, Gobierno Vasco inauguró un memorial para recordar (no olvidar)…
Memorial de la prisión de mujeres de Saturraran ________________
Cristina Gutiérrez Meurs, / GARA-NAIZ, 8 de abril de 2026
La Prisión Central de Saturrarán se demolió en 1987. Fue una de las jaulas para mujeres más represiva del franquismo. Entre 1938 y 1944 más de un centenar de reclusas y no se sabe cuántas pequeñas criaturas desaparecieron en ella.
En 2007, Gobierno Vasco inauguró un memorial para recordar (no olvidar) a las mujeres (¿más de 4000?) que sufrieron el horror de una arquitectura de piedra que, según cuando, también fue balneario, hotel, seminario o cuartel militar. Un díptico de hierro, obra del gran artista vasco Néstor Basterretxea.
Sobrevivientes, familiares y ciudadanía contemplaron esperanzadas cómo la memoria parecía abrirse camino. Un espejismo. En 2019 visité el memorial por primera vez. Me costó encontrarlo, descontextualizado, en una campa despeluchada y compartiendo espacio con un merendero cutre y degradado.
En ‘La mala memoria’ da voz a las víctimas de la represión franquista en los centros educativos de la Iglesia y advierte de los riesgos de repetir la historia: “La Iglesia fue la gran beneficiada de la Transición”
Francisco Franco recibe en audiencia al cardenal Herrera Oria, en 1965 |EFE/Hermes Pato _____________________
Ha tardado años en ponerse a la tarea de recordar, de ponerse en la piel de otros que durante décadas sufrieron la represión por ser pobres o hijos de perdedores de la Guerra Civil a manos de colegios de la Iglesia católica. En ‘La mala memoria’ (El Mono Libre), Jesús Pozo traza una historia de poder, adoctrinamiento e injusticia, poniendo voz a los testimonios de personas silenciadas durante años.
Como Amelia, Nati o Ana, condenadas por el “pecado” de ser pobres. O Pino, o Juana, castigadas por ser “hijas de rojos”. O “el niño sin identificar, cuyos restos estaban al fondo de otra fosa en Víznar (Granada), con un tiro en la cabeza, junto a su lapicero y su goma de borrar”, al que este veterano periodista dedica su investigación. Con un prólogo (imprescindible) de Nieves Concostrina y un epílogo (no menos conseguido) de Carlos Santos.
Durante 40 años existió, bajo el mandato del Ministerio de Justicia, una institución que controló el adoctrinamiento moral de niñas y adolescentes en España, el Patronato de Protección a la Mujer. La existencia de reformatorios en nuestro país es de sobra conocida por todos, pero la realidad es que la mayoría de estos centros pertenecieron a un entramado religioso que trató de corregir el comportamiento de miles de niñas «desviadas», según la visión represiva del franquismo.
Una de las mujeres que pasó años en estos centros es Consuelo García del Cid: «Mi madre era castrante, yo tenía la sensación de que mis hermanos tenían unos espacios de libertades que a mí se me negaban», ha explicado en Hora 25. La familia de Consuelo era «tremendamente intelectual», pero con la «tendencia tremendamente a la derecha». Empezó sus estudios en una academia, donde conoció de todas clases sociales, y fue allí cuando descubrió su verdadera identidad e ideología: «Me entero de que vivo en un país con pena de muerte y de que van a ejecutar a Salvador Puig Antich, esa fue mi primera manifestación», ha relatado.
Santiago Abascal aprovechó el pasado 8M para reivindicar a Isabel I como ejemplo a seguir para las mujeres, algo que hacía de forma sistemática la dictadura y en especial la Sección Femenina de Falange con el objetivo de promover un modelo de género y legitimar la ‘Nueva España’. Sin olvidar que la Causa de Beatificación de Isabel la Católica, está abierta…
Casi no habían pasado ni dos meses desde el final de la Guerra Civil cuando las falangistas convirtieron la explanada del histórico Castillo de la Mota, en Medina del Campo (Valladolid), en un masivo homenaje a Franco. Miles de militantes de la Sección Femenina de Falange rendían tributo al dictador y a su Ejército con la solemnidad y el fervor de quienes se sentían protagonistas de una Nueva España naciente. En aquella jornada, plagada de discursos y arengas, Franco, vestido de militar y con camisa azul, impuso a la delegada nacional del partido, Pilar Primo de Rivera, la Y de oro de Ysabel la Católica –según el castellano de la época–, una distinción que ya no dejaría de ser habitual en su vestimenta.
Ni la condecoración ni el escenario elegido, una de las fortalezas clave de los Reyes Católicos, fue una casualidad ni excepción: Isabel I de Castilla fue durante aquellos años uno de los mitos más extendidos, una figura usada y reivindicada hasta la saciedad por el régimen y especialmente por las falangistas, a las que el dictador llegó a ceder el Castillo de la Mota para que establecieran su escuela de formación de mandos. Pero esta instrumentalización política del personaje no se quedó en el siglo pasado: es referencia habitual de la extrema derecha y a ella recurrió el líder de Vox, Santiago Abascal, el pasado 8M, Día Internacional de las Mujeres.
Viñeta de Goval para el programa __________________
Fuente: Domingos Laicos-Paradigma Radio, 16 de febrero de 2026
90 años después del levantamiento golpista de militares con el apoyo de terratenientes y de la Iglesia Católica, que trajo consigo una cruenta guerra y 40 años de dictadura franquista con un Estado Nacionalcatólico; 50 años después de la muerte del dictador y 48 de la nueva Constitución, decenas de miles de cadáveres de republicanos asesinados permanecen en las cunetas y la tímida ley de memoria democrática apenas se desarrolla.
Ni en esa ley, ni en la mayoría de los manifiestos de los cada vez más numerosos colectivos memorialistas, aparece con claridad el papel de la Iglesia en el golpe a la República y en la represión. Por el contrario, en los últimos años están apareciendo corrientes preocupantes de reivindicación de la dictadura franquista, con tintes ultracatólicos.
El autor ha usado como fuente de gran parte de la información la recogida en los dos tomos del libro “Crónica, la voz del clero vasco en defensa de su pueblo (1939-1975)” editorial EKIN, 1990, del claretiano Josu María Alday. E indica que «sirva esta serie de artículos como homenaje a su memoria por mi parte»
Estamos a punto de recordar los 50 años de la matanza que se produjo el 3 de marzo de 1976 en Vitoria debido a la actuación policial para el desalojo de los trabajadores reunidos en asamblea en la iglesia parroquial de San Francisco de Asís.
El hecho es sobradamente conocido y a lo largo de estos 50 años el pueblo de Vitoria, con los familiares de las víctimas a la cabeza y el arropo de agrupaciones sindicales, ha recordado, con sus matices, ausencias, derivas y sesgos ideológicos, cada 3 de marzo estos hechos y la necesidad de justicia que determine las responsabilidades penales y políticas de las personas implicadas en aquellos hechos. Memoria, Justicia y Reparación siempre han estado presentes, pero también otras reivindicaciones que poco o nada tenían que ver con los hechos del 3 de marzo.
La historiadora Carmen Guillén, investigadora pionera del Patronato de Protección a la Mujer, publica un libro en el que analiza una de las instituciones represoras del franquismo menos conocidas, la que encerró en centros regentados por órdenes religiosas a adolescentes que no habían cometido ningún delito
Carmen Guillén, profesora de Historia de la Ciencia en la Universidad de Castilla-La Mancha. | Foto cedida _____________________
Cuando Carmen Guillén (Mazarrón, 1988) acabó la carrera y el máster de Historia no había oído hablar del Patronato de Protección de la Mujer. No había rastro en las aulas, artículos o manuales que había leído de la institución que desde 1941 encerró a las adolescentes que transgredían las normas morales del franquismo. Lo descubrió “casi por casualidad”, rastreando información en un archivo sobre la prostitución durante la dictadura. Este silencio en torno a una de las instituciones represivas más longevas del régimen, que incluso sobrevivió al propio dictador, ha empezado a romperse hace poco.
Las voces de las mujeres que pasaron por estos centros, regentados por monjas de órdenes religiosas, se suman a un interés creciente de la historiografía. Pero en 2021, cuando Guillén publicó la primera tesis doctoral[1]sobre el Patronato, apenas había referencias sobre el organismo, encargado de reeducar a la “mujer caída o en riesgo de caer” que no se adaptara al férreo molde de mujeres sumisas, esposas y madres abnegadas que la dictadura pensaba para ellas. Todo ello lo analiza la historiadora, profesora de Historia de la Ciencia en la Universidad de Castilla-La Mancha, en Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer, que publica con Crítica este miércoles.
Paco Robles, referencia en Memoria Democrática, nos ofrece un certero retrato de la simbiosis entre la dictadura y la Iglesia Católica, que amparó y legitimó el franquismo
El dictador Francisco Franco, bajo palio, junto al obispo Eijo Garay | Fuente foto ________________
La relación entre la dictadura franquista y la Iglesia católica en España es uno de los capítulos más significativos de la historia contemporánea del país. A lo largo de casi cuatro décadas, la Iglesia no solo respaldó ideológicamente al régimen, sino que también se convirtió en su principal fuente de legitimación tras la caída de los regímenes fascistas europeos al final de la Segunda Guerra Mundial. Esta alianza permitió que el franquismo se presentara ante el mundo como el baluarte del catolicismo frente al comunismo, mientras en el interior del país la represión seguía su curso. La imagen de Francisco Franco paseado bajo palio es quizá la más representativa de esta fusión entre el poder político y religioso, una simbiosis en la que la tragedia y la comedia parecían entrelazarse en una España marcada por la represión y la imposición de una moral única.
Cada 20 de noviembre salta la polémica con las misas en honor al dictador Franco.
A mí no me extraña que se hagan, porque viendo la trayectoria histórica de la Iglesia Católica, es comprensible que vean como normal, ensalzar a un dictador sanguinario. Es bueno saber hasta dónde llega la laxitud moral y de qué lado de la historia parece que a algunos les gustaría estar.
Desde que el cristianismo se convirtió en Religión de Estado con Constantino I, año 313, toda la maquinaria eclesial se ha volcado en falsificar, ocultar o inventar miles de documentos (vidas, milagros, dogmas, bulas,…), durante siglos han sido señores feudales y por tanto, dueños de tierras y vidas, han hecho uso de excomuniones para salvaguardar su doctrina, crearon la criminal Inquisición para eliminar a quienes no aceptaban sus postulados, quemaron mujeres y científicos, persiguieron la ciencia, censuraron libros, acapararon propiedades, abusaron de las personas con privilegios como el diezmo y la pernada, han participado en todas las guerras europeas bendiciendo las armas de todos los bandos, y ya en tiempos más cercanos, la Iglesia ha apoyado o convivido sin problema con dictaduras varias (Franco, Trujillo, Videla,….), eso sí, en todos los casos, distanciándose oportunamente cuando se atisbaba el final del régimen (acuérdense del cardenal Tarancón).