Que las sociedades cristianas se hayan vuelto progresivamente más laicas no es mérito del cristianismo, sino de los agentes sociales que han limitado la injerencia de la religión en los asuntos públicos.

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Xandru Fernández, Nortes, 21 de julio de 2026
Me gustó Águilas de El Cairo, la película de Tarik Saleh que seleccionó Suecia para competir en la última edición de los Oscar. Una historia de intrigas palaciegas en Egipto, con el mundo del cine como escenario. Soy lo que antaño se llamaba un completista, así que busqué otros títulos del director (aunque, a qué engañarnos, buena parte del mérito de Águilas de El Cairo es de su protagonista, Fares Fares) y di con Conspiración en El Cairo, premiada en Cannes, que también va de intrigas y tensiones entre poderes, en este caso el del gobierno egipcio y el de la Universidad Al-Azhar.
La cosa iba bien, pero echaba algo en falta. No sabía decir qué era hasta que, transcurrida más de media hora de película, caí en la cuenta de que aún no había salido una sola mujer. Lo cual no es de extrañar, siendo el escenario una universidad islámica. Pero que el director de la película no hiciera el menor subrayado al respecto sí me pareció chocante. Era como ver una película protagonizada exclusivamente por niños. Como Bugsy Malone o El señor de las moscas. Solo que en estas hay niños haciendo de adultos, mientras que en Conspiración en El Cairo son adultos portándose como niños. Y me vino a la memoria la novela Sumisión, del pérfido Houellebecq, que imagina un futuro en el que un partido islamista gana las elecciones presidenciales francesas y legaliza la poligamia, derogando la igualdad entre hombres y mujeres.
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Posted by asturiaslaica 

















