El sustrato sobre el que descansan la mayoría de las falsas tradiciones es la religión, el sentimiento religioso popular
La Legión en la Semana Santa de Málaga, Plaza de Santo Domingo |Fuente ________________
Pedro Luis Angosto, Nueva Tribuna, 9 de mayo de 2026
Decía Eugenio D’Ors, padre del fascismo español y nacionalista catalán en su primera juventud, que “todo lo que no es tradición es plagio”. Pretendía explicar de esa manera que nadie podía llegar a pintar como Pablo Picasso si antes no había intentado hacerlo como los grandes maestros clásicos.
La ciencia, el arte, el conocimiento no brotan de la nada, sino que lo hacen del tiempo, de lo que otros seres humanos hicieron en otra época, en un contexto diferente, buscando la belleza, la expresión y la mejora de la vida de sus semejantes. Si no se conoce el pasado, la posibilidad de estar plagiando la obra realizada por otro aumenta considerablemente, también la posibilidad de errar, de obrar fuera del tiempo, en un mundo que ya existió y dejó de ser.
Gregorio Morán era un fantástico narrador oral. De sus historias, contadas ante un mantel o en interminables conversaciones telefónicas, disfruté tanto que las echo en falta con la misma nostalgia que a sus artículos sabatinos. Una de las que mejor recuerdo evocaba sus años de adolescente en Oviedo en los años 50, cuando la Semana Santa, exaltación del nacional-catolicismo y de la represión franquista, era un espectáculo tenebroso que provocaba recelo y miedo en un chaval curioso como Gregorio. Nunca olvidó una ocasión en la que al cruzar una esquina de la ciudad se encontró con una procesión en la que iba su padre y de golpe se oyó el grito estremecedor de un varón con modos militares, dando una orden a la multitud que se agolpaba en la calle:
– !Al suelo!, !Al suelo!
Y la gente, creyentes, curiosos o paseantes como Gregorio, tenían que hincar las rodillas al suelo mientras pasaba lo que para aquel rapaz era una tétrica procesión con curas y militares ejerciendo la autoridad en los años más duros de la dictadura.
Doce chavales posan a las puertas de una iglesia en Sagunto (Valencia). Son noticia y no por ir a misa –todas las modas acaban volviendo–, sino por haber protagonizado una de las imágenes del fin de semana. Periodistas de toda España se han desplazado hasta este pueblo valenciano expectantes por una votación que debía acabar con una anomalía histórica: las mujeres del pueblo tienen prohibido salir en procesión durante la Semana Santa en la Cofradía de la Purísima Sangre. Para arreglarlo solo había que cambiar en los estatutos una palabra. “Personas” en lugar de “varones”.
Pero los votantes, varones todos, decidieron no caer en la trampa woke de ser considerados personas. La respuesta, chicas, es que no. Con 267 votos en contra de la igualdad y 114 a favor, los vencedores de la votación posan eufóricos en las escalinatas de la iglesia apoyando su decisión en argumentos sólidos. “La tradición es la tradición”. “Las tradiciones hay que respetarlas”. “No se pueden romper las tradiciones”. “El fútbol son once contra once”. Somos los guardianes de una herencia que se remonta al 1496, explican estos chicos uniformados con pantalón chino beige y chaqueta azul marino del Zara, telas típicas de aquella época.
Vox y el PP han elegido las únicas tradiciones e identidades que violan los derechos humanos. Son también, por desgracia, tradiciones e identidades muy “españolas”: las expulsiones, los autos de fe, la pureza de sangre, la Inquisición
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el de Vox, Santiago Abascal, en una imagen de archivo / Kiko Huesca/EFE _____________
Santiago Alba Rico, El Diario, 15 de agosto de 2025
La reciente moción del ayuntamiento de Jumilla, presentada por Vox y revisada y apoyada por el PP, no busca defender nuestras “tradiciones” y nuestra “identidad”; constituye en sí misma el ejercicio de una antigua e inquietante “tradición” española y de una de las más ancestrales y peligrosas “identidades” nacionales. No pretende preservar “nuestro país” de influencias extranjeras; es ya la manifestación en acto de uno de los países “auténticos” que este país lleva dentro, un país que creíamos haber dejado atrás para siempre y que vuelve ahora, fúnebre y seco, para meternos el miedo en el alma.
En 1566, una cédula real –o “pragmática”– prohibió las expresiones culturales de los moriscos españoles. Ya en 1499, incumpliendo el compromiso de las Capitulaciones de Granada, Cisneros había impuesto la conversión forzosa de los musulmanes del reino nazarí y quemado sus bibliotecas. Luego, durante décadas, la Corona y la Inquisición presionaron sin cesar a los cristianos nuevos, identificando sus prácticas culturales con la traición religiosa y la felonía anticastiza. La cédula de 1566 fue el colofón de una política mutiladora orientada a defender la “tradición” y la “identidad” católicas, horma de la Castilla imperial que aspiraba a construir una España pura y sin arrugas.
La Junta de Andalucía parece empeñada en recuperar este principio fundamental de la legislación franquista. Hace varios días la Consejería de Educación ha remitido una circular a todos los centros escolares proponiendo-demandando la realización de actividades en relación con “la música de Semana Santa”, especificando que se pueden realizar “visitas a capillas”, u organizar “museos cofrades”. Hay que aclarar que todas las músicas tienen cabida en las escuelas en la materia específica de formación musical, aunque es muy difícil de conocerlas en los 45 minutos semanales a que ha quedado reducida esta materia, para permitir los 90 o 120 que se dedican a Religión.
La circular no especifica que se puedan realizar procesiones por el centro o por los alrededores con los niños vestiditos de legionarios y las niñas de mantilla mientras se cantan canciones como “Soy el novio de la muerte”, aunque se permite sin problema semejante representación de necrofilia (término cogido prestado a una chirigota de Cádiz) con actores de 4 o 5 años de edad; como está programado en algunos colegios de Málaga y Sevilla y denunciado en la Delegación de la Consejería de Educación por el grupo territorial de Málaga de Andalucía Laica.
La Consejería de Educación, o como se llame ahora, va y saca una circular -11 de marzo- para promocionar la música de Semana Santa en los colegios de Andalucía. Así, a la chita callando, suavecito, van metiendo la religión en las aulas. Como quien no quiere la cosa.
Esta es una nueva vía de penetración del confesionalismo, otra intromisión de las creencias religiosas en el ámbito de lo civil, en un país que se dice aconfesional.
La Circular se adorna de bellos floripondios, que si referentes creativos, que si elemento singular, que si patrimonio cultural, que si esto, que si lo otro. Total, la música atronadora, que acompaña la estampida de vírgenes llorosas y cristos sanguinolentos por nuestras calles y plazas, hace su parada estacional en los colegios. Por si los niños y niñas todavía no se habían dado cuenta de nada.
«Creo que es oportuno girar la perspectiva analítica y razonar exclusivamente desde la dimensión religiosa porque entiendo que desde la visión de un creyente queda mejor expuesto el cinismo político». Un análisis de lo sucedido en Covadonga desde la visión de un creyente
El arzobispo de Oviedo / Eloy Alonso | EF _________________
Adquirí mi formación más importante, la esencial que es la que sustenta la propia conciencia, en el colegio Ursulinas de Gijón, a mediados de los 80. Fui un pésimo estudiante que logró consolidar para sí valores que aquellos profesores y monjas se esforzaron en enseñarnos. De mi vida es de lo poco que no cambiaría, esos son los pilares construidos sobre los cimientos de unos valores familiares religiosos y democráticos. Fue en una sala de estudios de ese centro religioso dónde me afilié al Partido Comunista de España. «Mi militancia política está impulsada por mi creencia católica y en Jesús de Nazaret, eso precede a todo lo demás». Esa frase se la escuché a mi profesor de filosofía y director del cole -«Falo», aún en activo- y fue decisiva para mi compromiso militante. Sin duda la figura determinante fue García Valledor, un referente cristiano en la izquierda asturiana y mi tutor en aquel periodo. Ha habido muchísimos cristianos y cristianas, y de enorme peso político, que han sostenido este proyecto comunista y de IU en el plano político, sindical e intelectual.
Por mi parte, nunca me vi en la necesidad de expresar públicamente que soy un cargo público católico. Creo que una profesión de fe -no que se sepa que eres creyente que es distinto- es innecesaria e impertinente cuando se está ejerciendo la responsabilidad pública, creo que resulta incómoda para quienes no comparten tus creencias y siempre la he considerado una actitud casi indecorosa. Sin embargo, he decidido escribir este artículo como desahogo de un miembro de la iglesia harto de ver cómo se utiliza el sentimiento religioso y no hacerlo desde la posición de un responsable político ejerciente de Izquierda Unida.
Cada una de las grandes religiones se organiza alrededor de su libro. Nace el dogma como elaboración mental destinada a dar base y condicionar la forma de la conducta social prescrita
Santiago Abascal en Covadonga / Foto: Vox _________________
En términos muy amplios una Cultura es la forma de actuar, de interaccionar con el contexto socio natural, de un colectivo. En cuanto adquieren una estabilidad las Culturas disponen de un entramado argumental (un mito, una forma de narrar su historia, etc.) que las tiende a justificar. Paradójicamente el esfuerzo por organizar ese entramado (mejorar su coherencia) lleva a revisarlo permanentemente y consecuentemente a modificarlo, lo que conduce irremisiblemente al bucle:
“Cultura es lo que creamos mientras somos modificados por la Cultura”
Esa permanente movilidad lleva aparejados muchos conflictos. Cuando la humanidad empezó a percibir su inmensa soledad en el mundo que le rodeaba (es decir, empezó a percibirse) comenzó a construir explicaciones que la arropasen. Cuando esas explicaciones se convirtieron en columna vertebral de sociedades complejas (inicialmente los sistemas agrícolas) necesitaron un soporte para estabilizar su entramado argumental. Aparecen dos vías.