Estamos asistiendo a la creación de una nueva religión monoteísta internacional que se caracteriza por los discursos de odio
Rezo en la parroquia del Inmaculado Corazón de María, esquina con la calle Ferraz, donde se concentran para protestar contra Pedro Sánchez, 2024 | Claudio Álvarez – Fuente _________________
Juan José Tamayo, InfoLibre, 26 de octubre de 2026
Estamos asistiendo a una ola neofascista que está cambiando la relación entre política y religión. En concreto, las tres religiones monoteístas –judaísmo, cristianismo e islam– están siendo sometidas hoy al secuestro de los diferentes sistemas de dominación y de sus líderes:
Del necrocapitalismo neoliberal, que ejerce la violencia económica estructural contra las mayorías populares por todo el planeta, siembra el mundo de cadáveres por la voraz acumulación de riqueza en manos de unos pocos y busca la legitimación en las religiones.
Del cristoneofascismo de Trump, que ha creado la Oficina de la Fe para defender las creencias religiosas, cuenta con el apoyo de los movimientos cristianos fundamentalistas para legitimar sus políticas belicistas, xenófobas, racistas, supremacistas, homófobas, transgresoras del Derecho Internacional y de los Derechos humanos.
Las iglesias evangélicas amplían su presencia en España y reúnen a miles de fieles, impulsadas en parte por la inmigración latinoamericana. Ante este alza, crece el interés por su posible influencia política tras el apoyo de este sector religioso a candidaturas conservadoras en países como Brasil y Costa Rica.
Múltiples personas asisten a una iglesia pentecostal en una imagen de archivo ________________
Más de 10.000 personas se congregaron el pasado mayo en el Palacio Vistalegre de Madrid para escuchar al predicador estadounidense Franklin Graham, vinculado a Donald Trump, que aprovechó su intervención para, entre otras cosas, condenar el aborto y las relaciones homosexuales. En marzo de 2024, el mismo recinto había reunido a otras 10.000 personas en un acto encabezado por el pastor brasileño Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios.
Ambos encuentros muestran la capacidad de convocatoria de estas iglesias en España, mientras algunas de las organizaciones y dirigentes que los promueven mantienen una estrecha relación con la política en sus países de origen, lo cual hace pensar, inevitablemente, en una posible incidencia en el voto de sus fieles en la cita con las urnas del 29N.
“La revolución conservadora” de las iglesias protestantes coloniza las estructuras de poder en la región: Bukele, Milei, Kast, De la Espriella, Bolsonaro… los líderes de la ultraderecha latinoamericana tienen muy en cuenta el ‘factor religioso’, especialmente los grupos evangélicos, para su ascenso al poder.
El crecimiento de los evangélicos ha dejado de ser un fenómeno religioso para convertirse en una fuerza política con capacidad de movilizar votos y ganar espacio en los Gobiernos latinoamericanos, con Brasil como uno de los casos más visibles, aunque su influencia varía de un país a otro y aún no configura un bloque electoral homogéneo.
De Centroamérica a Colombia y Argentina, el avance de estas comunidades se ha traducido en candidaturas, bancadas parlamentarias, alianzas con Gobiernos y presión sobre asuntos como la familia, el aborto o la educación, mientras este domingo las elecciones presidenciales brasileñas vuelven a poner el foco electoral en los evangélicos.
Jair Bolsonaro, presidente de Brasil entre 2019 y 2023, está en prisión domiciliaria por su intento de golpe de Estado. Ungió como candidato a su hijo Flávio, una copia devaluada y sin carisma que, aun así, empata con Lula en las encuestas de las elecciones del 4 de octubre. El bolsonarismo resiste, entre otros factores, porque mantiene en el centro de su discurso las cuestiones morales y demoniza a la izquierda, presentándola como una amenaza a la fe y la familia
Una partidaria del Partido Liberal se fotografía con imágenes de Flávio Bolsonaro (izquierda) y su padre Jair Bolsonaro en un acto de campaña en Río de Janeiro, este mes de agosto | Mauro Pimentel (AFP / Getty images) _________________
Naiara Galarraga Cortázar, El País, 29 de septiembre de 2026
Brasilia. 2016. El diputado raso Jair Messias Bolsonaro dedica su voto a favor del impeachment de la presidenta, la izquierdista Dilma Rousseff, al militar que la torturó durante la dictadura, cuando era guerrillera. Aquel gesto generó repulsa… y notoriedad. A los dos años, el militar al que el Ejército invitó a irse por indisciplinado y parlamentario mediocre durante tres décadas consiguió un rotundo triunfo en las presidenciales de Brasil. Capitalizó la frustración y la rabia hasta convencer a sus compatriotas de que él encabezaría la batalla para enterrar los modos tradicionales de hacer política y acabaría con la corrupción que corroe el sistema desde los tiempos de la colonia. Se erigió en el paladín de guerras culturales contra el feminismo, las minorías y el medio ambiente. El camino a la victoria quedó allanado con el encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva a las puertas de los comicios.
Dos mandatos después, los papeles se han intercambiado. Bolsonaro, de 71 años, está preso, y Lula, de 80 años, en la presidencia, ahora entregado a la batalla para coronar su carrera con un cuarto mandato. Frente a él, el hijo de su gran rival, Flávio Bolsonaro, de 45 años, copia devaluada del patriarca y sin el carisma paterno. Brasil celebra elecciones el domingo próximo. Si nadie supera el 50% de los votos válidos, habrá segunda vuelta el próximo 25 de octubre.
El Supremo Hacedor, en este artículo de Malgara García Díaz, se desvela como un «básico» que combina con la guerra, la patria, la economía, el poder y el supremacismo
Detalle (Dios) de La creación de Adán, de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina ______________
Sí, ya sé que este magazine no se ocupa de trapos, maquillajes, ni de complementos y que yo, específicamente, tampoco soy un buen ejemplo para hablar de imagen, ni de moda. No obstante, siempre me mantengo alerta para informar de aquello que, aunque parezca una fantasía, tiene su fundamento.
No voy a descubrir nada si digo que Dios es tendencia, porque en el Mundo hay varios miles de millones de personas que lo han elegido como guía y maestro en sus vidas. Así que digamos que Dios es un básico que combina con todo: guerra, patria, economía, poder, supremacismo… Pero, ¿qué digo? Si es que incluso funciona como un fondo de armario, ese al que puedes recurrir cuando no sabes muy bien qué ponerte.
Ya lo vimos en una imagen estremecedora de la Corte Imperial -siempre marcando estilo-, con una veintena de pastores y pastoras bendiciendo a Donal Trump desde todas las modalidades que el evangelismo acoge. Una para cada clase de oveja. Eso sí, todas de pura lana virgen.
La defensa de la familia patriarcal y del rol tradicional de la esposa-madre es una piedra angular y definitoria de las derechas
Trump escucha el discurso de Dean Fondulin junto a la familia de este en un acto político en la Wheeler High School, en Georgia | Erik S. Lesser (AP Photo) __________________
María Eugenia Rodríguez Palop, El País, 9 de agosto de 2026
La propuesta “una familia, un voto” ha vuelto a irrumpir con fuerza en EE UU y ha abierto las puertas al enésimo debate reaccionario. Desde la constelación ideológica del supremacismo blanco, el masculinismo y la machosfera de MAGA se apuesta ahora por el eliminar el voto de las mujeres y se defiende su sometimiento al esposo como forma de garantizar la estabilidad del orden familiar tradicional. Parece increíble pero la mera circulación pública de esta propuesta sirve ya para desplazar el umbral de lo aceptable.
La unidad familiar como sujeto de derechos políticos hunde sus raíces en la coverture, una doctrina propia del common law anglosajón según la cual una mujer casada quedaba jurídicamente sometida a los intereses de su marido que a cambio se comprometía a otorgarle protección. El hogar debía concebirse como una célula indisoluble dirigida por el varón y, en esa lógica, el voto no se entendía como un derecho individual sino como parte de la estructura familiar jerárquica que representaba el esposo.
La propuesta, marginal hasta hace poco, gana visibilidad en la América de Trump gracias a defensores como el pastor del secretario de Defensa, ‘influencers’ ultraconservadoras y líderes de la ‘machosfera’
El pastor Douglas Wilson en la Conferencia Nacional Conservadora en Washington, en julio de 2024 | ZUMA Press, Inc. / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo) ____________________
El teólogo y pastor Doug Wilson lleva desde los años 70 predicando desde su rincón, literal y metafórico, de Estados Unidos. Es cofundador de su propia denominación cristiana, que lleva el nombre de Comunión de Iglesias Reformistas Evangélicas y cuenta con unas 170 congregaciones por todo el país. También es líder de un emporio de ideas ultraconservadoras que cuenta con una pequeña universidad y una escuela de primaria y secundaria, un servicio de streaming y una editorial. Todo ello lo maneja desde la localidad de Moscow, en Idaho, uno de los Estados más conservadores de la Unión.
Hay muchos predicadores como él en un país en el que la religión es también un suculento negocio, pero no todos cuentan entre sus feligreses con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, que ha llegado a invitar a Wilson al Pentágono para que dé un sermón.
La miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso
Unas 35.000 personas asistieron al evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa | Foto: TheChange _________________
La imagen de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de pastores evangélicos dio la vuelta al mundo. “Oramos para que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente (…) Padre, te rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita”. Mientras recitaban estas palabras, los pastores evangélicos posaban sus manos sobre el presidente para darle fuerza en su guerra —ilegal— destinada, supuestamente, a liberar al pueblo iraní de la terrible teocracia de los ayatolás. La imagen no podía ser más icónica del momento histórico en el que nos encontramos, donde el resurgir de los neofundamentalismos religiosos se está convirtiendo en un rasgo común de la ola reaccionaria global.
Un mes después de esta icónica fotografía de los pastores evangélicos arropando a Trump en el Despacho Oval, unas 35.000 personas abarrotaban el estadio Metropolitano durante el evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa. Uno de los momentos más virales fue la aparición del exfutbolista Dani Alves que, tras haber sido condenado por agresión sexual a una mujer en una discoteca y posteriormente absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, se ha convertido en un conocido telepredicador evangélico. Un estadio abarrotado de vibrantes feligreses resumía bien un fenómeno que lleva años creciendo y que ahora empieza a hacerse visible a gran escala: el auge del evangelismo en Madrid.
El trumpismo agita el espantajo del demonio para estigmatizar a sus oponentes. En España, Vox juega a vincular a Sánchez con el diablo. Los discursos apocalípticos ganan fuerza en el debate público
Una mujer, en una manifestación a favor de Donald Trump en Washington en 2020 |Caroline Brehman ( CQ-Roll Call, Inc / Getty Images) _______________
Mi oponente no solo está equivocado, ni es solo un enemigo. Ni siquiera es únicamente malo. Es algo más, algo peor. ¿Un traidor? Peor. Es un siervo del Anticristo, que lo guía desde las tinieblas. Lo anterior no es palabrería esotérica. Ni fanatismo religioso. Es la síntesis de una narración política en auge dentro del sector más exaltado del republicanismo trumpista que domina Estados Unidos y extiende su influencia por todo el mundo. También por España, donde el líder de Vox, Santiago Abascal, afirma que tendrá que hacer un “exorcismo” en La Moncloa.
Son ecos locales —aún lejanos— de una retórica del cristianismo ultraconservador norteamericano que vislumbra la presencia de Satanás en cada adversario. Y no de un Satán simbólico, sino de un Satán de carne roja y ardiente. “En EE UU, para millones de cristianos, el diablo no es una abstracción. Es un ser con rabo y cuernos, una amenaza real. Su uso para infundir miedo por parte del trumpismo, mezclado con teorías de la conspiración y alimentado por la polarización, está en auge”, señala Javier Cavanilles, autor de Satanismo. Historia del culto al mal (Almuzara, 2024).
Ronald Reagan fue una mala escolopendra inteligentísima que entendió antes de su primer mandato, allá por 1981, que podía instrumentalizar la fe para doblar la rodilla del pueblo a favor del único dios del que realmente era siervo y esclavo: el dinero.
El también actor y artista de variedades –a mi abuelo le gustaban sus pelis de vaqueros– se sirvió de lo que había aprendido en la farándula y el espectáculo, en la televisión y el choubiznes, para apuntalar su carrera política gracias al camino neopentecostal ochentero, una corriente religiosa e ideológica – muy importante esto último: hacen proselitismo infame de las injerencias políticas –que extraía del imaginario cristiano sus discursos más masculinos y reaccionarios– o sea, veterotestamentarios –para fusionarlos con lo que sus séquitos denominan teoría de la prosperidad, una antítesis de la revolucionaria teología de la liberación que convierte lo espiritual en un acto individual y atomizado con una recompensa material en lugar de espiritual: la fe, según esta charlotada yanki, será recompensada por Dios y el Espíritu Santo con riquezas materiales en esta vida sin que importe que seas o no buena persona, que seas justo con el prójimo o que siembres tu existencia de malas obras; resulta que Cristo prometió anillacos de oro y residencias palaciegas a cambio de idolatrarlo y no nos habíamos enterado.