Gregorio Morán era un fantástico narrador oral. De sus historias, contadas ante un mantel o en interminables conversaciones telefónicas, disfruté tanto que las echo en falta con la misma nostalgia que a sus artículos sabatinos. Una de las que mejor recuerdo evocaba sus años de adolescente en Oviedo en los años 50, cuando la Semana Santa, exaltación del nacional-catolicismo y de la represión franquista, era un espectáculo tenebroso que provocaba recelo y miedo en un chaval curioso como Gregorio. Nunca olvidó una ocasión en la que al cruzar una esquina de la ciudad se encontró con una procesión en la que iba su padre y de golpe se oyó el grito estremecedor de un varón con modos militares, dando una orden a la multitud que se agolpaba en la calle:
– !Al suelo!, !Al suelo!
Y la gente, creyentes, curiosos o paseantes como Gregorio, tenían que hincar las rodillas al suelo mientras pasaba lo que para aquel rapaz era una tétrica procesión con curas y militares ejerciendo la autoridad en los años más duros de la dictadura.
Esta mañana hemos podido confirmar a través de la prensa lo que ya nos había llegado en forma de preocupación de varias familias del centro: la escuela pública Villafría de Otero de Uviéu celebrará hoy miércoles una procesión. Así se anuncia que a media mañana, en plena jornada escolar, “sesenta niños” que cursan la materia de Religión Católica portarán “vestidos de nazarenos y con capirotes” dos pasos: un Cristo Crucificado y una Virgen de la Esperanza.
Se confirma también que la agrupación musical Sagrado Corazón de Jesús, habitual de celebraciones religiosas en distintas localidades asturianas, proporcionará el acompañamiento musical al acto. Lo que no se explica en la noticia es quien orienta a los y las menores en la forma de portar las imágenes, ya que hasta el día de hoy las familias del alumnado que no cursa religión no han recibido información sobre la actividad que se realizará, si la meteorología impide procesionar por las calles del barrio, dentro de las instalaciones de este centro público.
Procesión infantil organizada por el colegio público de Villafría con alumnos de infantil a primaria en el barrio de Otero: Sesenta escolares, vestidos de nazarenos y con capirotes, llevarán un paso de un Cristo crucificado y de la Virgen de la Esperanza
C.P. de Villafría | Foto Piña/Fuente __________________
Este miércoles 25 de marzo, el barrio de Otero acoge una iniciativa organizada por el colegio público de Villafría. Se trata de una procesión infantil en la que participan sesenta niños y que recorre parte del entorno del centro educativo, integrando a los alumnos de las clases de religión, desde infantil hasta sexto de primaria. Esta actividad forma parte del currículo del centro y cuenta con la aprobación del consejo escolar, planteada como una forma de acercar esta tradición a los más pequeños. La propuesta, que da cobertura a los barrios de San Lázaro y Otero, permite a las familias y vecinos seguir de cerca el trabajo realizado por los alumnos y el profesorado en esta jornada.
La procesión contará con dos pasos: uno dedicado a un Cristo crucificado y otro a la Virgen de la Esperanza, que lucirá su manto verde. En total, sesenta niños participarán en el recorrido vestidos de nazarenos con sus respectivos capirotes. Para acompañar el desfile, se contará con la presencia de la agrupación musical Sagrado Corazón de Oviedo, que pondrá el acompañamiento sonoro durante el trayecto. La organización ha previsto que el inicio sea a las doce y media de la mañana, momento en el que los alumnos comenzarán su recorrido por las calles del barrio.
Decenas de niños de entre 7 y 12 años participaron este viernes en el cuarto vía crucis infantil, una actividad que acogió la iglesia de San José y que fue impulsada por la coordinadora de catequistas del arciprestazgo de Gijón. Además, la cita contó con la participación de la banda de tambores de la Hermandad de la Vera Cruz.
Con el párroco de San José, Fernando Llenín, presidiendo el acto y luciendo el «lignum crucis», los niños recorrieron las catorce estaciones del vía crucis con dos pasos que se habían preparado para el vía crucis infantil. En uno llevaban la imagen de Cristo y, en otra, la de la Dolorosa.
Los niños que protagonizaron el recorrido participan en las parroquias de Somió, San José, Fátima y Jove. La mayoría de ellos, de entre 7 y 9 años, están realizando la catequesis.
El renacer del espíritu religioso no se aprecia en las aulas españolas. Más bien al contrario. El declive de la asignatura de Religión se ha acelerado en los últimos años tras la aprobación de la actual ley educativa, la Lomloe. La clase ha perdido 369.807 alumnos en un lustro en las etapas donde se imparte -Primaria, ESO y Bachillerato-, 10 veces más de lo que ha caído el número total de estudiantes en el mismo periodo por la evolución demográfica, según refleja la estadística oficial en el documento Las cifras de la educación en España 2026.
El bajón de alumnado y la reducción de horas semanales que se imparte de la materia en buena parte de España desde la entrada en vigor de la Lomloe, al tiempo que el número de profesores de Religión se ha mantenido prácticamente igual (12.554, según el último dato oficial) hace que muchos docentes tengan más horas de contrato que clases que dar.
La Iglesia es una institución profundamente misógina y homófoba que ha marcado de forma grosera los modos de vida. El auge del imaginario católico no es inocente ni decorativo: es política cultural. Mística, cine y pop como blanqueamiento de una institución misógina y homófoba.
Imagen promocional de la película Los domingos (Ruiz de Azúa, 2025) | David Herranz _____________________
En el último curso de la licenciatura, especialmente en los meses finales, tuve la sensación de haber aprendido a estudiar de veras, aunque para entonces parecía un superpoder un poco inútil. Era gratificante salir de algunas de las clases tan fascinada por lo que se había contado que, con un esquema y sin mayor esfuerzo, seguiría mantener aquello en mi memoria no solo para los exámenes, también mirar incluso para tratar de y pensar mejor a partir de ese momento.
Me ocurría sobre todo con una asignatura en la que el profesor hablaba sobre la estética de ciertas creaciones literarias y cinematográficas, también de lo social. Entre las cosas más impactantes –por darnos cuenta de cómo habían sido normalizadas hasta la indiferencia– analizamos, por ejemplo, por qué por aquel entonces un porcentaje nada desdeñable de gente se manifestaba contra la guerra ataviada con prendas de mimético militar.
Identificamos el casi risible retrofuturo en los libros de William Gibson y vimos, por supuesto, El triunfo de la voluntad , de Leni Riefenstahl, la potencia y armonía de aquellos cuerpos sobre el fondo de esvásticas y demás parafernalia nazi. La frase que resume todo aquello es lapidaria: “Las palabras se discuten, los símbolos se siguen”.
Javier Sádaba, El Obrero (Vía Observatorio del Laicismo)
Desde una perspectiva que arranca del comienzo del franquismo una vez finalizada la Guerra Civil con la derrota de la República, se ofrecen diferentes etapas. Etapas que van en tobogán, suben y bajan al unísono de lo que pasa en España y en los países que la rodean. En el franquismo surge un potente nacionalcatolicismo. España es un país teocrático en donde el Estado y la Religión van en pareja. Bien estudiado por el jesuita Álvarez Bolado[1], la Religión todo lo domina. La Iglesia es todopoderosa y se incrusta en cualquier rincón de la sociedad.
La religiosidad es fuertemente eclesial. Se teme más a la Iglesia que a Dios. Se llenan los seminarios y los Obispos, políticos también franquistas, se enorgullecen de ello. Los curas ocupan las calles y es muy difícil escudarse contra esta marea ultracatólica.
Por mucho que Rosalía se vista de monja, el giro secular que empezó hace 200 años se ha hecho tan fuerte como para reducir la religión a un objeto de debate.
Una antigua iglesia, reconvertida en un café en Utrecht (Países Bajos) __________________
Sergio del Molino, El País, 2 de noviembre de 2025
Por Rosalía y otros cantares se nos ha contagiado el estribillo de que el catolicismo está de moda. De “giro católico” hablaba Diego S. Garrocho en estas páginas, recogiendo con datos y alguna intuición fina que los vientos del mundo están cambiando a un ambiente más espiritual y religioso.
Mal puede regresar lo que nunca se fue. Aunque los católicos se pinten como una fe asediada en un mar laico, con las iglesias vacías y los conventos en ruinas, mantienen un poder formidable en España y en el resto de países no por casualidad llamados católicos.
La Iglesia controla directa o indirectamente grandes grupos de comunicación y conglomerados de empresas y universidades de élite donde se forma la clase dirigente. Mantiene también una red de enseñanza densísima desde la que imparte doctrina. Este poder económico y social le otorga una gran influencia política en los partidos y en los votantes. Aunque su dominio se sostiene también en lo intangible: por ejemplo, el calendario sigue siendo litúrgico. Nadie cruza el país para celebrar el día de la Constitución en una cena familiar. Se esperan a la Nochebuena.
Vivimos tiempos oscuros. Cuando creíamos que la luz de la razón iluminaría el porvenir y el progreso sería irreversible, el mundo se nos volvió un desquiciadero de chamanes, tarambanas y vendedores de crecepelo. En la pantalla de nuestro teléfono, el expresidente de Brasil se pega un lingotazo homeopático en medio de una pandemia. En una emisora de radio, el presentador cede el micrófono a un julái que escupe sobre la tumba de Ptolomeo y jura por todos sus muertos que la Tierra es plana. En las redes sociales, una lunática con diploma anuncia que destapará a los perpetradores del experimento climático que desató la DANA en València.
Una vez descartada la ciencia, nada escapa al regreso de lo religioso, a veces con nostalgias de la España cañí y muchas otras veces en forma de cultos nuevos. Hay sectas del burpee, gurúes, conversos y estafadores piramidales que prometen un cielo de lamborghinis y piscinas. Una devota llama «satanista» a Pedro Sánchez frente a los juzgados de Plaza de Castilla. Un influencer con ínfulas apostólicas recorre las universidades pastoreando rebaños cayetanos que lo vitorean como feligreses en el sermón de la montaña. «¿Atisbamos un momento católico?», se pregunta el ABC al tiempo que interpone sus propias conclusiones demoscópicas: los jóvenes están regresando a la religión.
Un amigo me pasó un artículo sobre la elección del nuevo jefe del Vaticano y de la Iglesia católica. El artículo era diferente a la media de los miles que se han publicado estas semanas. Diferente por al menos un motivo: por tener sentido común. En él se decían cosas que se apartaban del tono habitual laudatorio. Resumidamente se afirmaba en el artículo: sea conservador o no, el Papa es por definición anacrónico; la Iglesia tiene un Estado que choca con los valores democráticos más tradicionales, pongamos como ejemplos, la infalibilidad del Papa, la inferioridad de las mujeres, la pederastia como constante sin muchas evidencias de voluntad de acabar con ella, la homofobia.
El Estado Vaticano, este recordatorio lo añado yo, fue concesión de la Italia fascista de Musolini en 1929. Digamos que el origen de la cosa ya marcaba lo suyo, como, por poner un ejemplo desgraciadamente muy cercano, el origen franquista de la restauración de la monarquía borbónica española actual también marca, sin duda. Que en honor del XIII haya elegido el nuevo jefe católico el nombre de León XIV dice también mucho. León XIII es conocido por su encíclica Rerum novarum promulgada ahora hace exactamente 134 años, el 15 de mayo de 1891, monumento al pensamiento reaccionario y estamentalista de gran influencia política en los años posteriores.