Un 31 de julio de 1826, el maestro Gaietà Ripoll era ahorcado en la plaza del Mercado de València por orden de la Junta de la Fe, órgano continuador del Santo Oficio. Tenemos el dudoso honor de ser la ciudad donde la Inquisición ajustició a la última víctima en el mundo. Sin embargo, la mayoría de ‘patriotas’ valencianos no sabe quién fue Ripoll
Fue hace doscientos años, un 31 de julio de 1826, el maestro Gaietà Ripoll era ahorcado en la plaza del Mercado de València por orden de la Junta de la Fe, órgano continuador del Tribunal del Santo Oficio. Tenemos el dudoso honor de ser la ciudad donde la Inquisición ajustició a la última víctima en el mundo. Pero también ostentamos el triste récord, no ya de haber olvidado, sino que tan siquiera la mayoría de patriotas valencianos sabe quién fue Gaietà, cuyo proceso, constituye uno de los episodios más nefastos de represión ideológica y religiosa en nuestra historia contemporánea.
Por supuesto que antes de Gaietà Ripoll hubo muchísimas más víctimas, y algunas siguen presentes en la memoria.
Un prior de la orden le pidió al denunciante, un antiguo colaborador de la residencia, retirar la demanda: “¿Me meto yo si en tu casa se hacen lentejas o garbanzos?»
Martín Alexis González y su mano derecha, Luis Carlos Rodríguez, en una imagen cedida de archivo _________________________
Lo que hacía Fray Martin Alexis González, acusado de apropiarse indebidamente de más de 260.000 euros de los religiosos con demencia y problemas mentales a los que cuidaba, no era un secreto. Lo hablaban entre las trabajadoras de la residencia de los Dominicos El Vedat de Torrent (Valencia), donde viven frailes de edad avanzada que requieren atención específica o que no pueden cuidarse por sí mismos. Además, el denunciante, un antiguo colaborador en ese centro, lo puso en conocimiento del antiguo prior del convento, Juan Mengual, que restó importancia a los hechos y le llegó a pedir que retirase la denuncia.
La persona que dio origen a la investigación policial asegura que también reveló lo sucedido a Jesús Díaz Sariego, entonces prior provincial y actual presidente de la Conferencia Española de Religiosos. Díaz Sariego ha declinado hacer ningún comentario a este periódico, mientras que Juan Mengual está recluido en el convento en el que se produjeron los hechos. Consultada por este periódico por los audios, la orden se remite a un comunicado que emitieron hace ocho meses, en el que dicen que están cooperando “plenamente con el juzgado”.
Doce chavales posan a las puertas de una iglesia en Sagunto (Valencia). Son noticia y no por ir a misa –todas las modas acaban volviendo–, sino por haber protagonizado una de las imágenes del fin de semana. Periodistas de toda España se han desplazado hasta este pueblo valenciano expectantes por una votación que debía acabar con una anomalía histórica: las mujeres del pueblo tienen prohibido salir en procesión durante la Semana Santa en la Cofradía de la Purísima Sangre. Para arreglarlo solo había que cambiar en los estatutos una palabra. “Personas” en lugar de “varones”.
Pero los votantes, varones todos, decidieron no caer en la trampa woke de ser considerados personas. La respuesta, chicas, es que no. Con 267 votos en contra de la igualdad y 114 a favor, los vencedores de la votación posan eufóricos en las escalinatas de la iglesia apoyando su decisión en argumentos sólidos. “La tradición es la tradición”. “Las tradiciones hay que respetarlas”. “No se pueden romper las tradiciones”. “El fútbol son once contra once”. Somos los guardianes de una herencia que se remonta al 1496, explican estos chicos uniformados con pantalón chino beige y chaqueta azul marino del Zara, telas típicas de aquella época.
Sobre las subvenciones que la Conselleria de Educación y cultura (y más cosas) y la Diputación de Valencia han concedido a la Iglesia Católica.
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Eugenio Piñero Almendros, Nueva Tribuna, 22 de diciembre de 2025
Aún no se han apagado en mi cabeza los rescoldos de la indignación provocada por los más de 429 millones de euros de dinero público que recibieron los obispos por la declaración de la renta de 2024, cuando me salta en el móvil una noticia sobre las subvenciones que la Conselleria de Educación y cultura (y más cosas) y la Diputación de Valencia han concedido a la Iglesia Católica.
En una de las noticias del menú informativo que me ofrece diariamente el buscador que tengo instalado, leo que la Diputación valenciana ha concedido, entre 2024 y 2025 más de 1,2 millones de euros para reparaciones varias de edificios parroquiales propiedad de la Iglesia. Y que la Conselleria de Educación, cultura… ha adjudicado 1,8 millones para lo mismo, en el mismo periodo de tiempo. En total, 3 millones de euros para adecentar edificios eclesiásticos. Desde sustituciones de cubiertas hasta la reparación de fachadas, pasando por la restauración de la pintura o la recolocación de azulejos. Dinero de todos y de todas para la Iglesia, en un momento en el que los obispos declaran que las diócesis españolas tuvieron el año pasado un superávit de más de 133 millones de euros.
El pasado 9 de junio, en la sede de la Fundación Pablo VI, religiosas de las Adoratrices, las Oblatas y de las Terciarias Capuchinas de Nazaret pidieron perdón por su implicación en el Patronato de Protección a la Mujer, una institución represora y censora contra las mujeres disidentes del franquismo. Sin embargo, estas órdenes siguen recibiendo dinero público para tratar a jóvenes vulnerables. EL TEMPS radiografía los negocios con las administraciones de estas entidades católicas.
Sólo tenía ocho años, pero su lengua durante muchos días terminaba áspera como un papel de lija. Las cruces dibujadas en el suelo con su saliva habían sido un viaje al infierno dentro de unas cuatro paredes rodeadas de crucifijos y rosarios . Las manos aún olían por los inodoros limpiados sin guantes y las noches estaban gobernadas por el temor a soltar una gota de pis. El miedo al castigo, a restregarte ortigas por tu vulva, se entremezclaba con una barriga hambrienta, cansada de una dieta cocinada por la representación de Satanás.
Las muñecas estaban cansadas de coser y la boca ansiaba quitarse aquel esparadrapo simbólico, aquella prohibición de habla con el resto de internas. Las directrices marcadas por las adoradoras del santísimo no admitían ninguna interpretación: callar, rezar y trabajar como si se trataran de esclavas era la rutina inalterable de las niñas y chavalas internadas en los centros del Patronato de Protección a la Mujer, una institución represora engordada durante el franquismo (véase el artículo «L’ull franquista contra les dones dissidents» en el nº 2060 de esta revista) y superviviente durante los primeros años de la reanudación democrática.
PP y Vox evitan que se reconozca en varios ayuntamientos a las mujeres que sufrieron los encierros de la institución más longeva del franquismo
El edificio Villa Teresita en Godella es uno de los centros utilizados por el Patronato de la Mujer. / Levante-EMV _____________________
Diego Aitor San José, Levante (Vía Observatorio del Laicismo), 23 de mayo de 2025
Dudar de la investigación realizada, negar el testimonio de las víctimas, equipararlas con las sufridas durante la guerra, escudarse en la ley de Concordia o hasta pedir colocar carteles en las sedes del PSOE donde se lea «200 años de asesinos, corruptos y puteros». Son algunos de los argumentos que se han escuchado en los plenos de varios ayuntamientos ante una misma proposición: que se instalen placas conmemorativas para identificar los edificios donde tuvo sede el Patronato de la Mujer, petición que ha terminado en todos los casos con veto de PP y Vox.
Los obispos de la Iglesia Católica organizaron una eucaristía en Madrid que fue, en palabras de la Conferencia episcopal: “lo más radical que puede ofrecer la Iglesia, que es la esperanza en Jesucristo resucitado”.
Foto Miguel Ángel Polo-EFE _____________________
Eugenio Piñero, Nueva Tribuna, 7 de diciembre de 2024
La DANA del 29 de octubre ha dejado en muchas poblaciones valencianas (y en otros lugares) un reguero de muertes y de pérdidas materiales de proporciones catastróficas. La gestión del antes, del durante y del después del desbordamiento de los barrancos ha obligado a todos los actores sociales a posicionarse, a actuar tal y como piensan (y como son). Los responsables políticos, las organizaciones sociales y el conjunto de la ciudadanía se han mostrado al desnudo ante la sociedad.
Lamentablemente ha tenido que ser una tragedia de esta magnitud la que nos haya mostrado, con absoluta evidencia, la indiscutible ineptitud de Mazón y su equipo de gobierno. Esta ha sido la primera enseñanza que hemos aprendido. Y, por supuesto, que “dignidad” no rima con Mazón, aunque sí “dimisión”. Pero sin la primera rima, la segunda no puede tener efecto.
El Ayuntamiento de Xàtiva realizó numerosas obras de acondicionamiento en el entorno de la ermita de Sant Josep y le compró al clero local en 1986 parte de los terrenos que ahora son del Arzobispado de Valencia
Obras del ayuntamiento en 1981 sobre la terraza ahora alquilada a un restaurante __________________
Según avanzan las pesquisas sobre la inmatriculación de 8.000 metros cuadrados de suelo en los alrededores de la ermita de Sant Josep de Xàtiva por parte de la Iglesia católica más en evidencia queda que la operación fue un robo a los ciudadanos de la capital de la Costera. Según la fotos históricas a las que ha tenido acceso elDiario.es, el Ayuntamiento de Xàtiva realizó constantes obras de mantenimiento y acondicionamiento de la zona que ahora se alquila a un restaurante y por la que la Seu -Iglesia local- cobra un alquiler. Además, en 1986, el municipio compró a la Seu parte de los terrenos para poder realizar unas catas arqueológicas, puesto que en esa zona se encuentra la muralla romana. En 2004, el exbad de Xàtiva Arturo Climent Bonafé se apropió de todos los terrenos gracias a una ley del Gobierno de José María Aznar.
La primeras obras de acondicionamiento de la zona ahora propiedad de la Iglesia fueron en 1980 y las realizó el ayuntamiento con una subvención de 90.000 pesetas del Gobierno Civil. Un año después y ante el gran uso que se daba a la ermita de Sant Josep, el consistorio consideró hacer obras de pavimentación y arreglo de los muros de contención. En el 1982, el ayuntamiento llegó pagar hasta la restauración de la cruz gremial de Sant Josep que preside la zona y que realizó una empresa especializada.
El alcalde del municipio, Roger Cerdà, intentará negociar con el Arzobispado y la iglesia local “dentro de las buenas relaciones que mantenemos” para evitar llegar a los tribunales
El alcalde de Xàtiva, Roger Cerdà, en una reunión de trabajo / Ajuntament de Xàtiva ___________________________
Sergi Pitartch, El Diario, 23 de septiembre de 2024
El Ayuntamiento de Xàtiva ha iniciado los trámites para demandar a la Iglesia y recuperar los 8.000 metros cuadrados de suelo público en los alrededores de la ermita de Sant Josep y el conocido mirador Bellveret. Según han confirmado fuentes del Consistorio a elDiario.es, la intención es llegar a un acuerdo “amistoso” con la iglesia local y el Arzobispado “dentro de las buenas relaciones que mantenemos”, aunque se ha activado el protocolo para empezar a redactar la demanda de rescate del suelo, que también ocupa viales públicos. Se considera que la actuación del abad de Xàtiva en 2004, Arturo Climent Bonafé, no fue acorde a la legalidad y los terrenos eran del pueblo y no de la congregación.
Tal y como reveló en exclusiva elDiario.es, en el año 2004 el exabad de Xàtiva puso a nombre del Arzobispado los terrenos públicos aprovechando un privilegio que proviene del franquismo y que equiparaba a la Iglesia católica con la administración, y a los obispos con notarios. Una ley del Gobierno de José María Aznar validó esta prerrogativa en democracia. Gracias a esa usurpación de la propiedad del suelo, la iglesia ha tenido más fácil comercializar un local anejo a la ermita de Sant Josep que ahora es un gran restaurante. Parte de la terraza del mismo ocupa ahora suelo que debería ser público, pero que alquila la Seu de Xàtiva. Una importante fuente de ingresos para la iglesia local.
El Ayuntamiento de Xàtiva lleva años acondicionando los alrededores de la ermita de Sant Josep, donde se encuentran restos de la muralla romana de la ciudad que ahora reportan beneficios económicos a la Iglesia
Arturo Climent Bonafé, el que fuera abad de Xàtiva que inmatriculó los terrenos junto a la ermita de Sant Josep ____________________
Sergi Pitarch, El Diario, 22 de septiembre de 2024
El vecino o visitante que llega a la ermita de Sant Josep de Xàtiva puede disfrutar de un entorno envidiable, de lo mejor que ofrece la ciudad. El Bellveret (bella vista), un mirador natural que ofrece espectaculares vistas de la ciudad y de gran parte de la Costera, una estatua de Manuel Boix sobre la pilota valenciana y parte de la antigua muralla romana. En una dependencia aneja a la ermita, se instaló desde hace años un conocido restaurante que ha ocupado también parte del entorno que fuera público en su día. Pero lo que los ciudadanos setabenses creían suyo es desde 2004 propiedad de la Iglesia católica que, además, bien ha sabido comercializar el espacio. Según ha podido confirmar elDiario.es, el abad de Xàtiva de la época, Arturo Climent Bonafé, inmatriculó a nombre del Arzobispado de Valencia 8.000 metros cuadrados que siempre fueron considerados como públicos. Es más, ocupa también viales públicos.
Según fuentes que han conocido el proceso de inmatriculación y que ha confirmado el Ayuntamiento de Xàtiva, el otrora abad Climent Bonafé puso a nombre del Arzobispado los terrenos públicos aprovechando un privilegio que proviene del franquismo y que equiparaba a la Iglesia católica con la administración, y a los obispos con notarios.