La laicidad, “religión de la libertad”

enero 12, 2021

El secretario ejecutivo de Laicidad del PSOE envía una carta a las agrupaciones provinciales del partido presentando el proyecto puesto en marcha por el Ejecutivo de Sánchez

El ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes / EP

Vida Nueva, 12 de enero de 2021

“La política de laicidad es indispensable para la democracia, porque es el antídoto frente al monismo de valores, la pretensión de verdad única o la superioridad moral, que inevitablemente devienen en fanatismo, dogmatismo y ausencia de libertad”. Es el recordatorio que con el comienzo de este 2021 ha hecho José Manuel Rodríguez Uribes, ministro de Cultura, como secretario ejecutivo de Laicidad del PSOE a las agrupaciones provinciales del partido. Una amplia misiva en el que repasa en la historia de la ideas como “la laicidad es, en efecto, la ‘religión de la libertad’”.

Uribe apuesta por una “neutralidad institucional” entre Estado e Iglesias que, “paradójicamente, no es pasiva ni equidistante, sino activa y comprometida con la libertad, incluida, claro está, la libertad de conciencia, religiosa y de cultos” potenciando todo lo relacionado con la “autonomía moral de todas las personas”. Fuente de tolerancia, “igualdad, respeto mutuo y dignidad humana”, el ministro defiende que esta libertad “no admite injerencias injustificadas del Estado ni de las distintas confesiones religiosas” en sintonía con el humanismo y la Modernidad.

Para Uribe, “la laicidad moderna en la que creemos los socialistas” es aquella en la que “no hay creencias, ideologías o comprensiones del bien o de la salvación por  encima de la conciencia individual, de la autonomía moral de cada hombre y de cada mujer”. Por lo tanto, “la laicidad representa así la negación del imperialismo moral o cultural, también del machismo y de cualquier forma de dominación o de abuso incluido el de origen patriarcal. El feminismo encuentra en la laicidad su mejor aliado para favorecer el dominio propio, individual o colectivo, de todas las mujeres y la universalidad de los derechos humanos, por consiguiente, también”, razona.

Desde este marco teórico, señala que los socialistas están trabajando en cuestiones como “avanzar en un mapa de inmatriculaciones de la Iglesia Católica”, ha alabado el hecho de que no hubiera símbolos religiosos cuando Pedro Sánchez ha prometido el cargo, el “acto de civil” en homenaje a las víctimas del COVID o las reuniones con las confesiones minoritarias; así como el impulso de la reciente ley de la eutanasia.

“La autonomía moral de todas las personas en una sociedad laica y respetuosa con la conciencia individual alcanza también al momento final de la vida”, defiende el ministro. “No hay vida digna sin muerte digna”, sentencia subrayando que la nueva ley respalda este “derecho fundamental”. Lee el resto de esta entrada »


La nueva vida de las iglesias en Londres

enero 2, 2021

El declive de feligreses y la caída de la fe han generado un sobrante de templos que se están convirtiendo en edificios de nuevos usos. La capital británica ofrece un catálogo de este cisma arquitectónico que va de lo sublime a lo brutal.

Iglesia en Hampstead (Londres) al atardecer, convertida en estudio de grabación musical donde Queen registró 'Bohemian Rhapsody'.

Iglesia en Hampstead (Londres) al atardecer, convertida en estudio de grabación musical donde Queen registró ‘Bohemian Rhapsody’.

Conxa Rodríguez, Público, 2 de enero de 2021

La entrada en un templo casi siempre produce sosiego y tranquilidad por ser un amplio espacio en silencio que invita a la paz, la reflexión y la búsqueda del significado de la vida incluso cuando se hace una visita turística. Por más pequeño que sea un pueblo, puede carecer de escuela, pero la iglesia está siempre allí; palacios y castillos tienen hasta capilla propia. Iglesias, templos, santuarios, ermitas, catedrales, rectorías, oratorios y basílicas convertidas en estudios de grabación, gimnasios, restaurantes, centros culturales o cívicos, pubs, escuelas, auditorios o pisos. De todo hay en la viña del Señor.

Las últimas cifras del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) apuntan a que con la pandemia los españoles se han hecho más laicos. De febrero a noviembre de 2020 los católicos creyentes y/o practicantes han caído siete puntos; los practicantes han pasado del 20.4% al 18.8% y los creyentes han bajado del 46.6% al 41%; unos 3,3 millones de españoles de los 47,43 millones de empadronados han dejado de creer en Dios. Una tendencia que no es nueva; lleva décadas en la misma dirección; como en el resto de Europa.

A Antonio Gaudí le llamaron el arquitecto de Dios; a Steve Tompkins, de 61 años, le podrían llamar el arquitecto del espíritu por los atributos espirituales que percibe y mima en los edificios que restaura; ello se agrava cuando se trata de reconvertir una iglesia en un espacio de nuevo uso. “Los edificios tienen una historia invisible de personas que han pasado por ellos y que no se han conocido, pero lo han compartido, y esa historia se concentra en la arquitectura; las iglesias son un buen ejemplo de estas capas de historia que hay que respetar”, explica el arquitecto, sentado en un banco de un parque en el norte de Londres cuando la ciudad vive en estado de alarma por la nueva cepa de coronavirus que ha brotado en el sur de Inglaterra. Solo pueden quedar al aire libre dos personas de hogares distintos. Lee el resto de esta entrada »


Política de laicidad e imposición de valores

diciembre 17, 2020

… ¿Qué valores, qué principios hay que enseñar en la escuela pública como vía para crear vínculo social, ciudadanos? Mi respuesta es que, en sociedades abiertas, democráticas, hay que optar por lo que llamamos política de laicidad, es decir, el proyecto de construcción de una democracia laica …

Javier de Lucas, InfoLibre, 17 de diciembre de 2020

Aunque silenciado en buena medida, como todo, por la urgencia de la pandemia, vuelve el debate sobre cómo combatir las ideologías del odio, de la exclusión del diferente, si no simplemente del otro. Y claro, el terreno de juego preferente es la educación, por más que haya que subrayar también el papel de los medios de comunicación y de las redes sociales.

Se diría que hemos aprendido muy poco sobre los desafíos que comporta la gestión de la convivencia en sociedades abiertas, es decir, plurales y libres. Quizá porque el modelo más profundo de sociedad abierta, el que explicó Bergson, ha recibido menos atención que el más prágmático –y a mi juicio, limitado– propuesto por Popper, o incluso el articulado por Rawls. Ambos, encajados en el molde –noble, pero estrecho– de la democracia liberal, postulan una ‘neutralidad ante las diferentes ideas de bien’que se resuelve en el mejor de los casos en un ‘consenso por superposición’ entre los universos de valores concurrentes.

Sucede que, como se ha advertido por los críticos de ese modelo ideal, tal neutralidad es un postulado tan redondo desde el punto de vista abstracto como de imposible cumplimiento en el mundo prosaico de los hechos. Son bien conocidas las tesis que, desde muy diferentes perspectivas (pongo por caso las sostenidas por Benhabib o Young, pasando por Fraser y Honneth), subrayan el déficit que aqueja a las manifestaciones de ese ‘universalismo abstracto’, al que apelaría la tradición de la democracia liberal, muy atenta a la libre expresión de la pluralidad, pero mucho menos, si no apenas nada, a la inclusión, a la igualdad de trato de los diferentes. El precio de esa neutralidad, a fin de cuentas, ha sido sacrificar la necesidad del reconocimiento igualitario, inclusivo, de los agentes de la diversidad, desde la primacía de un consenso o acuerdo general que, en realidad, ocultaba en tantos casos un proyecto de homogeneidad impuesta, al servicio de un grupo dominante que proyecta sus propios valores e intereses como universales, al tiempo que se sirve de ellos para maquillar la desigualdad real y los procesos de exclusión e invisibilización de los otros. Lee el resto de esta entrada »


¿Qué es el laicismo?

diciembre 8, 2020

Una explicación sencilla, razonada e independiente del laicismo y la laicidad

Observatorio del laicismo _ Europa Laica, 8 de diciembre de 2020

La laicidad del Estado y de sus instituciones es ante todo un principio de concordia de todos los seres humanos fundado sobre lo que los une, y no sobre lo que los separa. Este principio se realiza a través de los dispositivos jurídicos de la separación del Estado y las distintas instituciones religiosas, agnósticas o ateas y la neutralidad del Estado con respecto a las diferentes opciones de conciencia particulares.

Puede definirse la laicidad como un régimen social de convivencia, cuyas instituciones políticas están legitimadas por la soberanía popular y no por elementos religiosos o convicciones particulares.

Si la laicidad designa el estado ideal de emancipación mutua de las instituciones religiosas y el Estado, el laicismo evoca el movimiento histórico de reivindicación de esta emancipación laica. La laicidad pretende un orden político al servicio de los ciudadanos, en su condición de tales y no de sus identidades étnicas, nacionales, religiosas,…

El término laicidad viene del vocablo griego laos, que designa al pueblo entendido como unidad indivisible, referencia última de todas las decisiones que se tomaban por el bien común. El laicismo recoge ese ideal universalista de organización de la ciudad y el dispositivo jurídico que se funda y se realiza sobre su base.

El laicismo como afirma Henri Peña-Ruiz:

«Es la palabra para referirse al ideal de emancipación de la esfera pública con respecto a cualquier poder religioso o, en un sentido más amplio de toda tutela del Estado que, siendo democrático, ha de ser de todos y no sólo de unos algunos

La laicidad descansa en tres pilares: Lee el resto de esta entrada »


Las leyes laicas de Macron

octubre 8, 2020

Macrón presentará a finales de año un Proyecto de Ley en el que ya no se habla de luchar contra el separatismo islamista como hacía en su presentación e incluye el término “laicidad”

Macron

Macron, al presentar el proyecto. (Ludovic MARIN | AFP)

Fuentes:
Naiz,
Esther Miguel Trula, Magnet, 7 de octubre de 2020

El francés es un pueblo que siempre estará contra el separatismo. Así justificaba Emmanuel Macron uno de sus últimos planes políticos que, bajo el argumento de reforzar la laicidad, incluía una batería de medidas legales confeccionadas casi exclusivamente contra el “separatismo islámico”.

El país lleva años dándole vueltas a la ley de 1905 que establece la laicidad como principio de la República y a la que, desde que el culto musulmán entró a ser uno de los mayoritarios y más influyentes del país, se ha buscado la manera de retorcerla para provocar una represión de su avance, lo que lleva a continuas reyertas dialécticas con los religiosos. Por ejemplo, esta ley establece la neutralidad del Estado ante las distintas religiones, de ahí que la famosa “ley burka” no se refiera al pañuelo como tal sino a una “ley contra el disimulo del rostro en el espacio público”

El Ministro del Interior Francés ha explicado este martes en Radio Classique que «la idea es luchar contra el separatismo principal que es el islam radical», pero acto seguido ha matizado que «no es el único objeto del texto». Ha adelantado que habrá algunas modificaciones «al margen de la ley de 1905» que establece la separación entre Iglesia y Estado en el Estado francés, de tal forma que la prohibición que ya contempla dicha normativa de hacer proselitismo político en lugares de culto vaya acompañada de permisos para imponer sanciones. Ha anunciado también que el término «separatismo» ya no formará parte del nombre del proyecto de ley presentado la semana pasada por el presidente, Emmanuel Macron, «para combatir el islamismo radical», y que, en cambio, se incluirá el término «laicidad».

Así, para ampliar su alcance semántico, pasará a ser el «proyecto de ley de refuerzo de la laicidad y los principios republicanos».

Bajo el argumento de reforzar la laicidad, la nueva ley permitirá al Gobierno disolver asociaciones, prohibir vestimentas y conductas que cuestionen la neutralidad de la administración, en el caso de funcionarios o empleados de servicios, y hasta cerrar centros escolares «en los que no sea visible la República y se obvien sus leyes y valores». Lee el resto de esta entrada »


Laicidad: la asignatura suspensa de la educación

octubre 6, 2020

“En un Estado aconfesional, con respeto a la libertad de conciencia y libertad de culto, se debe impulsar y fortalecer una escuela laica”

Enrique Javier Díez, Público, 6 de octubre de 2020

En diciembre de 2019 el Consejero de Educación catalán, Josep Bargalló, anunció que en la escuela se impartirían más religiones: islam, evangelismo y judaísmo. Este curso 2020-2021 se ha comenzado a impartir islam para los 2.000 alumnos y alumnas catalanes que lo han demandado, de los más de 80.000 que profesan la religión musulmana.

Bargalló se escuda para ello en que el PSOE sigue sin derogar los acuerdos tardofranquistas con el Vaticano. Algo a lo que se ha comprometido reiteradamente. Este “acuerdo”, impuesto en las postrimerías de la dictadura, impone impartir religión católica en la escuela. No solo no lo ha derogado, sino que mantiene los acuerdos firmados en 1992 con las comunidades evangélicas, israelíes e islámicas. De ahí que se esté impartiendo religión musulmana en las escuelas también en Andalucía, Madrid, Valencia, Aragón o Euskadi.

Hasta cuándo seguiremos arrastrando esta “anomalía española” en el panorama de la Unión Europea y del “mundo civilizado”. Hasta cuándo seguiremos consintiendo, en pleno siglo XXI, que se utilice la escuela de todos y de todas para que las jerarquías religiosas difundan sus creencias y sus dogmas, su catequesis, buscando prosélitos y adeptos a su ideología en las aulas.

Es hora de que la nueva Ley Educativa que está en trámite parlamentario, la LOMLOE, establezca de una forma definitiva una educación laica que respete la libertad de conciencia en todos los centros educativos, que eduque sin dogmas y que elimine toda forma de adoctrinamiento del currículo escolar. Y esto exige que el gobierno derogue inmediatamente, de forma exprés, ese acuerdo de privilegios con la jerarquía católica, herencia del nacionalcatolicismo de la dictadura. Lee el resto de esta entrada »


IU apuesta por una ley educativa que impida que la escuela sea un negocio para la Iglesia Católica

septiembre 25, 2020

A través del grupo confederal Unidas Podemos, IU registra enmiendas en defensa de una educación pública “laica, democrática e inclusiva”.

La ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá. (Foto: La Moncloa)

La ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá. (Foto: La Moncloa)

Nueva Tribuna, 25 de septiembre de 2020

Para Izquierda Unida, la nueva ley educativa diseñada por el PSOE es “insuficiente” porque se aleja de los estándares de un sistema público y lacio que esta formación viene defendiendo desde hace años.

Por ello, a través del grupo confederal de Unidas Podemos, IU ha presentado una serie de enmiendas a la LOMLOE que se encuentra en estos momentos en trámite parlamentario en el Congreso de los Diputados.

IU defiende una educación pública “laica, democrática e inclusiva”. Entre sus propuestas, que la formación espera puedan seguir negociándose con el PSOE desde Unidas Podemos, destaca poner coto a la enseñanza privada concertada que sigue siendo -a su juicio- “un negocio educativo mayoritariamente en manos de la jerarquía católica”.

Estas son las principales propuestas que hace IU para enmendar el articulado de la ley presentada por el PSOE.

1.  Eliminar las referencias a libre elección de centro como supuesto ‘derecho’ y/o como criterio para la escolarización y planificación de la red de centros. No cabe aceptar, ni está constitucionalmente recogida, la equiparación del derecho universal a la educación en condiciones de igualdad con la manifestación de una preferencia particular, que solo debería ser atendida si no atenta contra los criterios prioritarios que deben presidir la planificación educativa y la escolarización. Lee el resto de esta entrada »


Adiós a la cristiandad

agosto 21, 2020

Es hora de reubicar la religión en el espacio público: derogar los Acuerdos con la santa Sede, devolver los bienes inmatriculados por la jerarquía católica y eliminar la enseñanza de la religión confesional en la escuela

Adiós a la cristiandad

Interior de la catedral de la Almudena durante una misa retransmitida por Internet en marzo / David Expósito

Juan José Tamayo, El País, 21 de agosto de 2020

Cuatro décadas después, la religión, y más concretamente la Iglesia católica, no ha encontrado su lugar en la sociedad española ni su encaje en la estructura del Estado. La razón de tal situación hay que buscarla, en mi opinión, en el propio texto constitucional, que incurre en una crasa contradicción en el mismo artículo, el 16. Por una parte, reconoce el derecho a la libertad religiosa a nivel individual y comunitario y la no confesionalidad del Estado: “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Por otra, no respeta los principios de laicidad, neutralidad del Estado y de igualdad de todas las religiones ante la ley al colocar a la Iglesia católica en una situación de precedencia: “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones religiosas”.

En julio de 1980 se aprobó la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (LOLR), que hoy resulta a todas luces anacrónica en una sociedad secularizada, con un amplio pluriverso de religiones y espiritualidades y en un clima generalizado y creciente de increencia en sus diferentes manifestaciones: ateísmo, agnosticismo e indiferencia religiosa. En enero de 1979 se habían firmado los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede —Concordato encubierto—, que mantenían buena parte de los privilegios educativos, económicos, fiscales, culturales, sociales e incluso militares concedidos a la Iglesia católica en el Concordato franquista y nacionalcatólico de 1953, sin contrapartida alguna de la Iglesia católica. No pocos juristas consideran dichos acuerdos anticonstitucionales. Lee el resto de esta entrada »


El Gobierno quiere dejar atrás la primacía de la iglesia católica y abordará una ley de libertad de conciencia

julio 18, 2020

“El Gobierno avanza hacia la neutralidad religiosa del Estado: tras el homenaje laico a las víctimas, recibirá a representantes de todas las confesiones”

VIDEO: Reunión entre el cardenal Omella y Carmen Calvo para trabajar en una agenda conjunta de colaboración - Iglesia en España - COPE

Reunión entre el cardenal Omella y Carmen Calvo

En su artículo Jesús Bastante entiende que tras el acto del día 16 no hay “marcha atrás”, que el Gobierno, en aras de la neutralidad y de quitar peso a la iglesia católica, avanza hacia el multiconfesionalismo y hacia un Estado laico. Pero la laicidad ha de ir más allá de la formalidad de regular funerales civiles, presencia de simbología religiosa o asistencia a actos de confesiones religiosas… Poco puede avanzarse sin tocar los Acuerdos con el Vaticano
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Jesús Bastante, elDiario.es, 18 de julio de 2020

No hay marcha atrás. La Iglesia católica ha dejado de ser “interlocutor principal” del Gobierno, pero, sobre todo, abandonará el papel que ha jugado en el Estado durante cuatro décadas y que no le corresponde según la Constitución. Después de que este jueves se celebrara el primer homenaje de Estado totalmente laico en más de 40 años de democracia por las víctimas de la Covid-19, el Ejecutivo socialista se ha marcado como objetivo avanzar decididamente en la plena laicidad del Estado. Y eso implica, al menos en lo formal, que la Conferencia Episcopal pase a ser ‘uno más’ dentro de la interlocución del Gobierno con las distintas confesiones religiosas.

El Gobierno de coalición va dando pasos para garantizar la neutralidad religiosa de las instituciones del Estado, que llevan décadas sometidas a la primacía de la Iglesia católica. El plan del Ejecutivo de Pedro Sánchez, que delegó esa tarea en la vicepresidenta Carmen Calvo ya en la anterior legislatura, va más allá de gestos como la retirada de la simbología católica en la ceremonia de acceso al cargo del presidente y los ministros o la ceremonia civil en homenaje a las víctimas de la pandemia. La pretensión es eliminar algunos privilegios de la Conferencia Episcopal –como la exención del pago de impuestos como el IBI– e intentar equiparar a todas las religiones, además de impulsar una ley de libertad de conciencia, algo que figura en el acuerdo suscrito por PSOE y Unidas Podemos.

España rindió esta semana el primer homenaje de Estado, semejante a un funeral, sin rito católico para recordar a los fallecidos por la COVID-19. No hay marcha atrás en el camino a la laicidad del país, señalan en el Gobierno. Aún así, esa decisión provocó que la Conferencia Episcopal convocara una misa diez días antes a la que asistieron los reyes y Calvo en representación del Ejecutivo, además de numerosos representantes de los poderes civiles y militares. El funeral celebrado en la catedral de la Almudena, en el centro de Madrid, el pasado 6 de julio, ya no fue de Estado. Y no habrá más, al menos mientras gobierne Pedro Sánchez. Lee el resto de esta entrada »


Objetivo ‘Laicidad republicana’

enero 15, 2020

Es necesario abordar lo religioso como un hecho que ha de ser regulado sin privilegios para nadie en cuanto a su presencia en el espacio social

José Antonio Pérez Tapias, CTXT, 15 de enero de 2020

El Estado español no es laico; debiera serlo. Y como allá por 1931 decía don Manuel Azaña, ahora tan citado, en uno de sus más brillantes discursos en las Cortes Constituyentes de la II República –aquel en el que sentenció que “España ha dejado de ser católica”, lo que no significaba que hubiera dejado de haber católicos en España–, la cuestión de la laicidad no es meramente religiosa, sino “un problema político, de constitución del Estado”. Por desgracia, tal clarividencia es la que no ha llegado a ser compartida en grado suficiente entre quienes representan a la ciudadanía española en las instituciones del Estado desde la transición de la dictadura a la democracia, mediando aprobación de la Constitución en 1978, hasta ahora. Si así hubiera sido, la aconfesionalidad recogida en el artículo 16 de dicha Constitución habría dado paso a un avance hacia un Estado laico en una democracia coherente y consecuente.

La Constitución vigente, en el citado artículo, reconoce la “libertad ideológica, religiosa y de culto” como afirmación de los derechos civiles que a ello corresponde, declarando a la vez que en el Estado español ninguna confesión tiene “carácter estatal”. El Estado, no obstante, establece para sí la obligación de mantener “relaciones de cooperación” con las confesiones religiosas con presencia en la sociedad española, con el añadido clave que supone enfatizar que dichas relaciones se tendrán con la Iglesia Católica. La sola explícita mención de esta última ha sido y es de hecho la apoyatura en derecho para el trato de privilegio que la Iglesia Católica recibe por parte del Estado español, que sigue respecto a ella pautas que no se guardan en las relaciones con ninguna otra comunidad de creyentes. Tales pautas responden a lo codificado en los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede de 1979, firmados de inmediato tras ser refrendada la Constitución el 6 de diciembre de 1978, como adaptación al nuevo contexto político de los términos del Concordato de 1953 –el que suscribió el Vaticano con la dictadura franquista, a la vez que ésta firmaba los tratados con EE.UU. y entraba en la ONU, todo ello como bendiciones de este mundo y del otro para legitimar el régimen surgido de la Guerra Civil, declarada en su día “cruzada” por parte de la Iglesia Católica–.

Una historia malamente inconclusa: de la Constitución a los Acuerdos con la Santa Sede

A los Acuerdos de 1979 se remite la especial relación del Estado con la Iglesia Católica en muy diversos terrenos, desde el campo educativo hasta los aspectos fiscales, o desde las contribuciones para sostenimiento del clero hasta los capellanes militares con rango de oficiales…, dando lugar a privilegios en el sentido más literal del término. Tales Acuerdos, en relación a los cuales no faltan argumentos para considerarlos contrarios a la misma Constitución de los que se hacen depender, tienen el efecto, más allá de lo estrictamente normativo, de prolongar unas determinadas posiciones de poder social e ideológico de la Iglesia Católica en la sociedad española como prórroga del nacional-catolicismo que tanto ha marcado nuestra historia en tiempos precedentes, con singular fuerza durante el régimen de Franco, en el que el catolicismo era religión oficial. A la vez, tal consideración constitucional de la religión católica refuerza un orden simbólico poco menos que intangible, con función de normalización cultural garante de continuidad gatopardista en medio de los cambios.

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