Cuesta imaginarse el santuario de Covadonga de otro modo que como es. Para casi todos los asturianos, es una geografía profundamente memorizada, asimilada: la cueva, la basílica, la explanada, el torrente; y la impresión de todo ello. De la cueva y de la capilla en ella colgada como milagrosamente, de la basílica y sus agujas estilizadas apuntando al cielo de los Picos de Europa, de un espacio natural «donde con igual fiereza y vigor crecen los castaños y las hayas que se derrumban las cascadas y torrentes», como escribía un viajero decimonónico.
Covadonga, piensa uno inconscientemente, es como es y no podría ser de otro modo, aunque, por supuesto, bien podría serlo. A punto estuvo de serlo en muchas ocasiones. Son muchos los proyectos que se idearon y no se hicieron para este santuario mariano y nacionalista. Alguno hoy nos parece disparatado, pero contó con autoridades que lo apoyaron en su momento y que cabildearon para que se realizara: tapar la cueva con un templo elefantiásico, cerrar todo su frente con una vidriera abatible de colores y edificar en alguna cima una estatua ciclópea de Pelayo fueron solo tres de ellos.
Cartes de Cuturrasu, blog de Miguel Ángel Fernández, 17 de septiembre de 2024
No podía faltar. Fiesta del día 8 de septiembre, periodistas, cámaras, el señor arzobispo no quiere dejar pasar una nueva ocasión de que se hable de él. Claro que hay otros que le dan oportunidades indebidamente; me explico: desde el inicio del periodo autonómico mezclaron sin venir a cuento la festividad religiosa y la política.
¿Quieren los cristianos ir a rezar a una muñeca en Covadonga? Háganlo. Ahora bien, ¿qué se puede celebrar políticamente en ese día? Como mucho un mito guerrero sobre una batalla que no existió. Puestos a buscar singularidades asturianas igual se podría hablar de mayo 1808, cuando la Junta General del Principado en alarde de soberanía declaró la guerra a Francia, o bien octubre 1934, en que el proletariado asturiano se levantó en armas contra el fascismo. Estos sí son hechos históricamente documentados.
Aprovechando la actual mezcolanza, lanza Jesús Sanz, convenientemente disfrazado con sayas, báculo y mitra, sus arengas de extrema derecha, ante la cara impasible del presidente del Principado, socialista de carné y católico de comunión. Todos los años excepto éste, en que se impuso la razón constitucional; la Iglesia para creyentes, los políticos con la ciudadanía.
Sanz Montes / Religión Digital ___________________
Enrique del Teso, Nortes, 14 de septiembre de 2024
Al arzobispo señor Sanz Montes le pasa con las ideologías lo que nos pasa a todos con el olor de las casas. Todas las tienen un olor peculiar menos la propia. Al señor Montes todo le parece ideología menos sus soflamas. Es ideología, dice, que las mujeres quieran vivir como la otra mitad de la población. No es ideología, dice, sino moralidad fundamentada en la fe, mezclar en la misma frase inmigrantes con terrorismo, drogas, armamento y tráfico de blancas (en mayo de este año). Y no tiene siglas, dice, la etiqueta buenismo para referirse a la actitud de encarar la inmigración sin mentiras ni prejuicios racistas.
Decir que algo es ideológico es decir que es interesado y que no es un hecho verdadero, sino un punto de vista discutible.
Decir que una democracia es aconfesional o laica (me aburren los matices) es una redundancia. Si es democracia, es laica. Es reconocer la obviedad de que las leyes las hace el parlamento elegido y no tienen que acomodarse a preceptos religiosos dictados por obispos a los que no elige nadie. Si llamamos ideología laicista a este rasgo de las democracias, pues eso de que la Constitución esté por encima de la Biblia y el Gobierno por encima los obispos es solo un punto de vista interesado. Además, una vez que nos inventamos una ideología laicista, ya podemos llamarla radical y así será laicismo radical todo lo que a los obispos no les guste. Parece lógica la exigencia de igualdad de las mujeres. La manera de oponerse a semejante obviedad es, de nuevo, llamarla ideología, en este caso de género.
La Cadena SER en Asturias dedicó ayer, tras la misa oficiada en Covadonga con motivo de la fiesta de la «Santina» y a la que por primera vez no asistió ni el gobierno de Asturias ni la delegada del Gobierno, Adriana Lastra, breves espacios de reflexión sobre la presencia de autoridades en ceremonias religiosas y al caso concreto de Covadonga.
Por la mañana, en el Hoy por Hoy en ser Gijón, Paloma Llanos entrevistaba a Luis Fernández, presidente de Asturias Laica, acerca de la «constitucionalidad» de la presencia institucional de autoridades en actos confesionales. Por la tarde, el tema se trasladó al programa de Nacho Poncela, La Ventana de Asturias, en el que, haciéndose eco de la entrevista de la mañana, charlaba con Enrique González lo que dio entrada, también, a comentar las palabras de Sanz Montes.
Hoy por Hoy Gijón, con Paloma Llanos (fragmento) Entrevista a Luis Fernández
Cosme Cuenca, El Comercio, 7 de septiembre de 2024
Quien se toma en serio una ceremonia religiosa la vive como un acto de comunicación, de la especie e intensidad que al antedicho se le alcance, entre su ser más íntimo y personal y lo trascendente. Quien no se toma en serio una ceremonia religiosa, misa, bautizo o funeral, acude a ella como a un acto social, en el mejor de los casos. Creo, además, que quienes no participamos de la creencia deberíamos estar especialmente comprometidos en el respeto a la creencia ajena. Que sean, si acaso, los propios creyentes quienes frivolicen, allá ellos, con su creencia, no los ajenos a la misma.
Viene esto a cuento de la misa de Covadonga a la que don Adrián va o no va según circunstancias ajenas al propio hecho religioso. Si yo fuera don Adrián no tendría la menor dificultad para explicarle al arzobispo mi ausencia de la solemne celebración covadonguiana: «Mire, eminencia, respeto demasiado su creencia como para asumir su ceremonial como un acto meramente social». Y digo yo que su eminencia debería comprender la explicación desde la mera profesionalidad, incluso complacida quiero imaginar. Desde persona cercana se me hace la razonable objeción de que si don Adrián va a Covadonga no lo hace con su personal equipaje espiritual, sino con la representación de los asturianos, un abanico tan variado como inabarcable.
La delegada del Gobierno en Asturias, Adriana Lastra, no asistirá a la misa de Covadonga del próximo domingo.
La política ovetense ha explicado, según recoge MiGijón, que su decisión busca evitar que su presencia sea utilizada como «una excusa para lanzar soflamas» y ha querido dejar claro que el Día de Asturias debe ser «un día de unión y concordia». «Soy creyente, nunca lo digo, pero lo soy. Y el año pasado en la homilía se criticó a las mujeres que sufren violencia de género, algo que es intolerable», ha declarado, quien ha recordado que nunca hubo problemas con la homilía «hasta hace unos años, justo coincidiendo con la llegada de Pedro Sánchez a la Presidencia».
En cuanto al Consejo de Gobierno, queda a criterio personal de cada consejero acudir o no, aunque todo apunta a que no habrá ninguna representación del Ejecutivo autonómico.
El presidente del Principado, Adrián Barbón[1]y el de la Junta General, Juan Cofiño[2], ya habían anunciado que no asistirían por discrepancias con el contenido de las homilías del arzobispo y para evitar cualquier elemento de crispación.
Juan Cofiño, preresidente de la Junta General del Principado de Asturias, tampoco acudirá a Covadonga el 8 de septiembre en el Día de Asturias a la misa en el Real Sito. Cofiño, exvicepresidente del Gobierno, ha trasladado su negativa en una carta abierta al arzobispo de Oviedo en la que recalca su «protesta en nombre de todos quienes se han visto señalados peyorativamente por sus intervenciones pretéritas en el Dia de Asturias». La baja de Cofiño se produce un día después de que Adrián Barbón, presidente del Principado, comunicase su decisión de no ir a Covadonga, rompiendo así una tradición de más de 40 años, a raíz del enfrentamiento con Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, que acostumbra a hacer discursos con contenidos políticos que irritan a la izquierda.
Juan Cofiño comunicó al arzobispo su ausencia el próximo 8 de septiembre en Covadonga a través de una carta, también remitida a los medios de comunicación. En ella declina la invitación del Arzobispado a participar en los actos religiosos afirmando que «nada me desagrada más que las polémicas estériles» y mostrando su «enorme preocupación por la polarización extrema que se está adueñando del discurso público…y no seré yo quien contribuya a avivar la hoguera.». «No obstante, me veo obligado a argumentar mi ausencia en Covadonga en esta ocasión, dada la notoriedad que ha adquirido la hipotética presencia o, en su caso, ausencia, de los representantes públicos en los actos religiosos». Por todo ello, prosigue, «me veo obligado a argumentar mi ausencia en Covadonga».
El Presidente recibe duras críticas de la derecha por su «sectarismo». Adriana Lastra deja entrever que tampoco irá y Saz Montes guarda silencio, aunque comparte un mensaje del líder del PP
Adrián Barbón y Jesús Sanz / Carolina Díaz ________________________
Xuan Fernández, Juan A. Ardura, La Nueva España, 31 de agosto de 2024
Barbón, presidente del Principado, no acudirá a Covadonga el próximo domingo 8 de septiembre a la tradicional misa en honor a la Santina durante el Día de Asturias. El jefe del Ejecutivo autonómico comunicó ayer su decisión en una rueda de prensa en Martimporra (Bimenes), donde se celebró el consejo de Gobierno: «No quiero ser la excusa perfecta para generar crispación y tensión».
«La ausencia de Barbón, católico declarado que había acudido al Real Sito cada 8 de septiembre desde que es presidente, se producirá en medio del enconado enfrentamiento que parte de su partido y otros sectores de la izquierda mantienen desde hace años con Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, al que acusan de «ultraderechista» por sus homilías, que suelen tener trasfondo político. «Voy a ser muy claro: creo que nadie duda de mis convicciones y creencias, porque todo el mundo las conoce. Para mí Covadonga es un espacio esencial, no solo por la perspectiva religiosa, sino también de asturianía. Es un lugar al que tengo profundo respeto y no estoy a gusto con lo que está pasando en los últimos años en un día tan importante», destacó ayer el Presidente. «El año pasado me hice la siguiente pregunta: ‘¿Lo que se quiere es que yo no vaya?’. No quiero ser la excusa para generar crispación y tensión: lo rechazo de plano. A Covadonga voy a seguir yendo durante el año, pero mi presencia (el 8 de septiembre) genera polémica y no quiero contribuir. Tomo esta decisión después de meditarlo durante mucho tiempo, pensando en que contribuyo a rebajar la polarización», recalcó Barbón, que añadió que su equipo había informado de su ausencia al Arzobispado.»
Barbón anuncia que no acudirá a la misa el 8 de septiembre tras las sucesivas diatribas de Sanz Montes y el presidente del PP, Álvaro Queipo, remarca que sí acudirá
Un grupo de monjas del Santuario del Real Sitio de Covadonga / Alberto Morante ________________
El Día de Asturias[1]se celebra el 8 de septiembre, efeméride que antes de la democracia estaba dedicada a la Virgen de Covadonga, como un gesto de reconciliación del primer ‘presidente’ de la Asturias contemporánea, Rafael Fernández, último miembro del Consejo Soberano de Asturias y León, regresado del exilio, que ejerció como autoridad preautonómica en la Transición hasta los primeros comicios verdaderamente democráticos. Fue una decisión fruto de su tiempo en el que las generaciones que habían vivido y protagonizado la Guerra Civil quería dejar atrás a toda costa (a veces a costa de la memoria) el conflicto para iniciar una nueva etapa.
Y fue así durante mucho tiempo, con una amplia mayoría de presidentes socialistas -Asturias sólo ha tenido dos dirigentes que no militaran en el PSOE, Sergio Marqués y, brevemente Francisco Álvarez-Cascos– uno a uno todos ellos acudieron a la misa de la basílica en Covadonga, en paz y concordia hasta que algo cambió. Y no fue ningún presidente del Principado. Lo que cambió fue el arzobispo.
«Barbón estudiará si su presencia en la misa de Covadonga puede generar «discordia» / Fuente TPA ______________________
Luis Fernández González (publicado en El Comercio, «Cartas al director»), 10 de agosto de 2024
Estimado presidente del Principado de Asturias, escucho con atención sus declaraciones a la televisión asturiana realizadas este pasado viernes 2 de agosto.
No puedo estar de acuerdo con usted en que una representación católica “en activo”, como es la identificada como virgen de Covadonga que ingresa en la historia de sus creyentes por haber propiciado una derrota “del infiel” (es decir del enemigo económico que se identificaba por creer en un dios distinto), sea un símbolo que trasciende lo religioso.
El mito de la batalla de Covadonga sigue vivo en la mente de muchos de sus compañeros creyentes que reclaman la intervención de su “Santina” en la supuesta victoria que identifican como fundadora de Asturias.
Para hacer trascender un icono religioso a símbolo general de toda una comunidad sería necesario desacralizarlo, vaciarlo de su significación religiosa, convertirlo en una referencia puramente formal, asignarlo a personaje de leyenda, de narración sabidamente imaginaria asumible por toda la ciudadanía.