La reciente visita del Papa a España ha vuelto a poner sobre la mesa un debate que, lejos de ser anecdótico, afecta directamente a la relación entre religión, política y uso de recursos públicos en nuestro país. Las imágenes difundidas por los medios mostraron multitudes, aplausos y una gran movilización ciudadana en torno al líder de la Iglesia católica. Miles de personas acudieron a verlo, a escucharlo y a rendirle homenaje, siendo recibido no solo como líder religioso, sino también con honores propios de un jefe de Estado.
Sin embargo, hay otra realidad que apenas apareció en las cámaras: la de una mayoría silenciosa de ciudadanos/as que no estuvo en ninguno de los actos, que no participó de esa exaltación y que contempla con preocupación el enorme despliegue institucional y económico que ha acompañado esta visita.
Asturias arrastra desde hace tiempo una anomalía democrática que se ha normalizado de forma preocupante: un arzobispo que actúa como agitador político y un Gobierno autonómico que prefiere el gesto simbólico antes que la defensa firme de los intereses de su ciudadanía.
Jesús Sanz Montes no es solo un representante de la Iglesia católica en Asturias. Es, desde hace años, un personaje que utiliza su púlpito para atacar derechos civiles, cuestionar avances sociales y despreciar de forma reiterada a una sociedad que no se ajusta a su visión ideológica del mundo. Cada intervención pública suya es un nuevo episodio de confrontación, siempre dirigido contra los más vulnerables y siempre en contra del sentir mayoritario de la ciudadanía asturiana.
Su oposición al acuerdo para indemnizar a las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia no es una opinión más: es una falta de respeto intolerable. No se trata de un debate jurídico ni de una discrepancia técnica. Se trata de personas que fueron dañadas, silenciadas y abandonadas durante décadas, y que hoy reclaman algo tan básico como reconocimiento y reparación. Posicionarse contra eso no es valentía ni coherencia doctrinal; es negacionismo moral.
Artículo sobre el libro «Octubre del 34: Verdugos de Asturias» (Ediciones Trea, 2029), de Pablo Gil Vico, historiador especializado en el estudio de la violencia durante la Segunda República y el franquismo, autor de “La noche de los generales” y coautor de “Violencia roja y azul”, que recoge también la entrevista a su autor publicada en La Voz de Asturias.
Conducción de detenidos en la calle Jovellanos de Gijón | Foto: palencia.cnt.es ______________________
Entre pretensiones de exactitud, versiones definitivas y temas que se dicen agotados, nuestra historia reciente parece condenada a vagar por un mundo sin debate, repetitivo, plagado de referencias circulares y testimonios de valor cuando menos discutible. Y puede ser peor si lo que se escribe no trasciende la visión de los líderes o los límites de la política partidista, o permanece en el reducido cerco del texto doctrinario o militante. Salvo pocas excepciones, hoy es esta la carta de presentación del relato disponible sobre la insurrección asturiana de 1934.
Pero el libro que aquí se ofrece no cree en datos exactos y definitivos y sí en que, a pesar de las dificultades heurísticas, de Asturias queda mucho por decir, sobre todo si acomodamos a cierta distancia el testimonio de los más insignes protagonistas y nos atrevemos a transitar por el terreno de las gentes que murieron, mataron y vivieron en sus carnes y sobre el terreno los avatares de un hecho tan trágico, traumático y con tintes a veces heroicos como fue ese octubre de 1934 en tierras asturianas.
En la plataforma HBO MAX está disponible la serie «Marcial Maciel, el lobo de Dios». Aunque conocía más o menos el tema, abruma verlo expuesto en una serie documental bien hecha.
Creo que la mayoría de la población desconoce quienes son los legionarios de Cristo, su enorme poder y los horribles abusos. Es algo muy relevante porque los legionarios de Cristo tienen 7 colegios en España y es una organización que de forma estructurada y organizada violaba a menores en sus instalaciones. Su fundador tenía una familia secreta en Madrid costeada a todo lujo por dinero opaco de la organización y muchos de los abusos se produjeron en el seminario menor de Cantabria, en Ontaneda.
El domingo 25 de julio de 2022, a las siete y media de la mañana, el sonido amplificado de una misa en latín me despertó en mi casa, a dos kilómetros y medio de la iglesia del Remediu. Durante una hora, los altavoces atronaron el valle con cantos religiosos. Pensé que algún vecino había puesto la misa de la televisión a todo volumen, pero pronto me di cuenta de la realidad: los grupos de extrema derecha habían llegado a nuestro pueblo.
Tres años después, el sábado 26 de julio de 2025, esa realidad se ha vuelto aún más siniestra. Ya no se contentan con despertar a los vecinos con misas amplificadas: ahora han dado el siguiente paso. Grupos organizados con chalecos azules que rezan «Seguridad» paran a los vecinos en las carreteras, los interrogan sobre si «son del pueblo» y deciden quién puede circular por nuestras calles.
Muy lejos de las peticiones de la reverenda Marian Budde, al frente de la Diócesis Episcopal de Washington, que implora piedad para las víctimas de la política de Trump; o de las palabras de Mark Seitz, obispo católico de El Paso (Texas), que clama contra las consecuencias en la vida de los más desfavorecidos de la guerra trumpiana contra la inmigración y contra los pobres, el arzobispo de Oviedo saluda las políticas del mandatario norteamericano «por poner a la cultura woke en su sitio».
Sanz Montes, que no tiene en sus discursos un gramo de compasión, ni siquiera de condescendiente lástima, utiliza también la piedra woke filosofal, como el resto de líderes nacional-populistas. Basta con tildar cualquier cosa que desagrade de woke para descalificarla, como hacen Trump y Milei con soltura. Su caricatura es burda, total, y multiusos: ¿preocupación por el medio ambiente (como la del Papa en «Laudato si – Sobre el cuidado de la casa común», por cierto) ¡Woke! ¿Inquietud por la integración social de las minorías?
Javier Amaro, presidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente Asturias, afirma que la norma y su aplicación en la región «está funcionando razonablemente bien» aunque deben mejorarse los plazos de las resoluciones
La Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia ha cumplido cuatro años. La norma reconoce el derecho de los ciudadanos de solicitar ayuda médica para poner fin a su vida en casos de sufrimiento grave, crónico e insoportable derivado de enfermedades graves o incurables. Aunque para muchos colectivos se trata de un importante hito en cuanto a derechos individuales de los pacientes, la aplicación de la ley sigue generando controversia.
Asturias registró 33 peticiones de eutanasia en el año 2023, de las cuales se ejecutaron 9. De acuerdo al «Informe de Evaluación Anual 2023 sobre la prestación de ayuda para morir en España» del Ministerio de Sanidad, desde la aprobación de la ley en marzo de 2021 se produjeron un total de 1.515 solicitudes en el conjunto del país, siendo 697 las practicadas. Asimismo, los datos reflejan que hasta una cuarta parte de los demandantes fallecen antes de que se resuelva su demanda.
Barbón anuncia que no acudirá a la misa el 8 de septiembre tras las sucesivas diatribas de Sanz Montes y el presidente del PP, Álvaro Queipo, remarca que sí acudirá
Un grupo de monjas del Santuario del Real Sitio de Covadonga / Alberto Morante ________________
El Día de Asturias[1]se celebra el 8 de septiembre, efeméride que antes de la democracia estaba dedicada a la Virgen de Covadonga, como un gesto de reconciliación del primer ‘presidente’ de la Asturias contemporánea, Rafael Fernández, último miembro del Consejo Soberano de Asturias y León, regresado del exilio, que ejerció como autoridad preautonómica en la Transición hasta los primeros comicios verdaderamente democráticos. Fue una decisión fruto de su tiempo en el que las generaciones que habían vivido y protagonizado la Guerra Civil quería dejar atrás a toda costa (a veces a costa de la memoria) el conflicto para iniciar una nueva etapa.
Y fue así durante mucho tiempo, con una amplia mayoría de presidentes socialistas -Asturias sólo ha tenido dos dirigentes que no militaran en el PSOE, Sergio Marqués y, brevemente Francisco Álvarez-Cascos– uno a uno todos ellos acudieron a la misa de la basílica en Covadonga, en paz y concordia hasta que algo cambió. Y no fue ningún presidente del Principado. Lo que cambió fue el arzobispo.
El presidente del Principado, Adrián Barbón, afirmó que no acudirá a los actos religiosos de la basílica de Covadonga el próximo 8 de septiembre. Hizo este anuncio en Martinporra, capital del concejo de Bimenes, donde esta mañana se ha celebrado la reunión del Consejo de Gobierno, en respuesta a las preguntas de los periodistas en la rueda de prensa ofrecida tras la reunión.
Una decisión, la de dar plantón a Sanz Montes el próximo 8 de septiembre, tomada tras meses «meditándolo» y como una forma de protesta a los mensajes políticos que lanza el arzobispo aprovechando la celebración del Día de Covadonga, que coincide con la fiesta de la comunidad autónoma. «Lo llevo reflexionando tiempo y ya dije el año pasado que si se pretende expulsarnos de allí…», recalcó Barbón, que en una intervención posterior destacó al Papa Francisco.
El presidente del Principado, católico, justificó la decisión de esta manera: «No quiero ser la excusa perfecta para generar crispación». En los últimos años, últimos años, desde la llegada al Arzobispado de Oviedo de Jesús Sanz Montes, el prelado aprovechó el altavoz de la conmemoración institucional para difundir varios mensajes ultras contra el feminismo o la «agenda 2030». Adriana Lastra, delegada del Gobierno, tuvo un fuerte enfrentamiento con el Arzobispo recién nombrada, tildándole de «ultraderechista», a la que respondería Jesús Sanz en X
Según los datos del reciente estudio ‘Matrimonios en España’, realizado por la escuela de negocios TBS Education-Barcelona, España tiene una de las ratios de casamientos más bajas de toda la Unión Europea: los últimos datos demuestran que, en la última década, en España ha habido un promedio de 3,3 bodas por cada mil habitantes, mientras que la media europea se ha situado en los 4,1. Por contra, países como Alemania siempre han mantenido una ratio superior a la media, llegando incluso a los 5,4 casamientos por cada mil habitantes, tal y como pasó en el año 2018. Según explica el Dr. Edgar Sánchez, profesor colaborador de TBS Education-Barcelona y experto en el Comportamiento del Consumidor y Neuromarketing, “aunque los matrimonios están en auge, las ratios son bajas debido al descenso de la población”.
Esta investigación, que fue asistida de Inteligencia Artificial supervisada, ha recogido y comparado los datos de 6 países -Alemania, España, Francia, Grecia, Italia y Portugal- durante el periodo comprendido entre el 2013 y el 2022.