Javier Sádaba, El Obrero (Vía Observatorio del Laicismo)
Desde una perspectiva que arranca del comienzo del franquismo una vez finalizada la Guerra Civil con la derrota de la República, se ofrecen diferentes etapas. Etapas que van en tobogán, suben y bajan al unísono de lo que pasa en España y en los países que la rodean. En el franquismo surge un potente nacionalcatolicismo. España es un país teocrático en donde el Estado y la Religión van en pareja. Bien estudiado por el jesuita Álvarez Bolado[1], la Religión todo lo domina. La Iglesia es todopoderosa y se incrusta en cualquier rincón de la sociedad.
La religiosidad es fuertemente eclesial. Se teme más a la Iglesia que a Dios. Se llenan los seminarios y los Obispos, políticos también franquistas, se enorgullecen de ello. Los curas ocupan las calles y es muy difícil escudarse contra esta marea ultracatólica.
Los recientes acontecimientos ponen de manifiesto la dificultad de convivencia que a veces surgen entre las distintas creencias o culturas. El laicismo puede ser la solución
Hombres judíos religiosos rezan en el Muro de las Lamentaciones en 2005 en Jerusalén, Israel / Foto de Peter Macdiarmid/Getty Images _____________________
Lo que escribo lo hago inspirado en el muy didáctico artículo de Waleed Saleh en Público, titulado¿Unión árabe o unión islámica?, y desde mi condición de miembro de Europa Laica, un grupo que aboga por la separación entre Iglesia y Estado, buscando una convivencia radicalmente democrática. Dejaré de lado posturas como la de Oriana Fallaci, advirtiendo del peligro de una invasión islamista que acabaría con los valores occidentales. O con la idea de Huntington de que estaríamos ante una destructiva guerra entre culturas. Por no hablar de un multiculturalismo que se ha evidenciado ineficaz e ingenuo. Hay temas complejos que exigen huir del simplismo y ser lo más analíticos posible. Es lo que sucede en nuestros días con las religiones.
Comencemos por el cristianismo que en su versión católica nos envuelve culturalmente. Podríamos distinguir tres capas. Una la forman las fuentes que son los libros sagrados y que fundamentan las creencias. Otra consiste en un corpus organizado en una jerarquía sacerdotal que manda sobre unos fieles que obedecen. Y una tercera, en la que destacan algunas normas que atañen a la conducta concreta y cotidiana. Piénsese en el aborto o la eutanasia. Por no hablar de la enseñanza o en una política teñida y regida por la religión. Las Democracias Cristianas son un ejemplo de esto último.
En Kuwait, los influyentes líderes religiosos expresan sin complejos la opinión dominante sobre los combustibles fósiles en toda la región del Golfo, que este año acoge por primera vez una Cumbre del Clima, la COP28 de Dubái
Khaled Al Rashid es uno de los cinco imanes de la Mezquita Nacional de Kuwait, un país donde, a diferencia de otros lugares del Golfo, los líderes religiosos pueden expresarse libremente / Sebastian Castelier _________________
Sebastián Castelier, El Diario, 4 de diciembre de 2023
En Kuwait, una isla semidemocrática de una región en manos del autoritarismo, donde la opinión de la población está oculta bajo el discurso del Estado, los líderes religiosos asumen sin complejos su negativa a abandonar un modo de vida que depende de los combustibles fósiles. Prefieren calificar el petróleo como un “tesoro natural” que Dios ha regalado a la humanidad.
A diferencia de los Emiratos Árabes Unidos o de Arabia Saudí, donde la palabra de los líderes religiosos está controlada por las autoridades, Kuwait ofrece un inusual espacio donde estos pueden expresarse libremente, como si fueran portavoces de la opinión dominante en la región del Golfo.
“Solo Dios puede juzgarme”, cantaba el rapero estadounidense 2pac antes de su muerte en 1996. En Kuwait, esta máxima está plenamente vigente. A pesar de la acumulación de pruebas científicas sobre el papel clave del uso de combustibles fósiles en el cambio climático, los miembros del stablishment islámico se niegan a hacer del petróleo un asunto terrenal. “El petróleo es un regalo de Dios, nosotros lo hemos descubierto, así que es lógico que lo usemos”, resume Khaled Al Rashid, uno de los cinco imanes de la Mezquita Nacional de Kuwait.
El periodista ha publicado recientemente ‘Dios, marca registrada’, un demoledor alegato en favor del laicismo frente a la tutela y financiación de las confesiones religiosas por el Estado
Una de las ideas centrales de Dios, marca registrada (Hoja de Lata), el nuevo libro del periodista Ilya U. Topper, es que las distintas religiones no se repelen, sino que se apoyan mutuamente para conquistar cuotas de poder. “En España venimos de un Estado que ha dado enorme presencia a la Iglesia católica como poder político y financiero; este poder se ha reducido muchísimo desde el fin de la dictadura nacionalcatólica de Franco, pero lo que se ha hecho después es intentar contrarrestar la influencia que aún tiene entregando cuotas de poder a otras religiones, especialmente el islam. Y dar poder a varias religiones distintas no reduce la influencia del clero, sino que lo multiplica: Dios más dios son cuatro”, afirma.
Topper (Almería, 1972), corresponsal de la agencia Efe en Estambul, defiende en su ensayo un laicismo que es “todo lo contrario: es separar la cosa pública, ya sean fondos o influencia legislativa, de la fe, que debe ser privada”. Su mensaje de fondo es claro: “la Iglesia católica debe dejar de ser tutelada y financiada por el Estado. Este es el planteamiento del laicismo. Una injusticia histórica, como es imponer a toda la ciudadanía las normas de un colectivo concreto de fieles, no se repara multiplicando esta injusticia e imponiendo más normas a toda la ciudadanía. ¿O cree usted que las normas del islam son menos odiosas para las personas nacidas como musulmanas que las normas del clero católico han sido para una ciudadanía obligada a ser católica?”
Waleed Saleh (Mandali (Diyala) Iraq, 1951) es doctor en Estudios Árabes e Islámicos por la Universidad Autónoma de Madrid, institución en la que es profesor titular. Hasta allí lo ha llevado un largo periplo de exilios: tras estudiar en Bagdad, donde se licenció en 1972, tuvo que abandonar el país y en 1978 se instaló en Marruecos como profesor de Magisterio. Seis años más tarde se trasladó a España, donde primero trabajaba como corresponsal para prensa árabe, hasta licenciarse en Hispánicas en Valencia y más tarde doctorarse en Madrid.
Conocido también por ser traductor de Gabriel García Márquez al árabe y como autor de manuales de aprendizaje del árabe para hispanoparlantes, Saleh ha destacado en los últimos años por sus análisis del islam político. En su última obra, Feminismo e islam. Una ecuación imposible (El Paseo Ed.), impugna el llamado feminismo islámico como un oxímoron: a lo largo de 170 páginas, Saleh pone de manifiesto el modo en que la influencia del Corán en las leyes aleja la posibilidad de alcanzar sociedades igualitarias, revela la misoginia de algunas fetuas y advierte de los peligros que entraña el relativismo cultural.
En los últimos años se han alzado muchas voces de mujeres contra el patriarcado islámico, como Najat El Hachmi o Mimunt Hamidoen España. ¿Por qué no hay tantos hombres que se hayan sumado a esa denuncia?
Marcha coránica en el campo de refugiados de Al Buraj en el centro de Gaza de niños palestinos que han terminado de memorizar el Corán a 8 de octubre de 2021 / Mahmoud Khattab / Europa Press ____________
El investigador francés Oliver Roy publicó a comienzos de los noventa un libro con el título de El fracaso del islam político, dando por hecho que el proyecto del islamismo es utópico por sus ideales anacrónicos y por cometer los mismos errores que los regímenes dictatoriales cuando alcanza el poder.
El mundo árabe e islámico ha experimentado graves desafíos desde finales de los setenta que han condicionado la vida social, económica, política y religiosa de muchos países. La vida de los ciudadanos se ha visto afectada por acontecimientos como la Revolución Islámica de Irán en 1979, así como la llegada de los talibán al poder en Afganistán primero en 1996 y después en 2021, el auge de los grupos islamistas radicales en países como Argelia, Sudán y Egipto, los acontecimientos del 11S y la primavera árabe que permitió la llegada al poder de partidos del islam político.
Una mujer usa pintura roja en una bandera iraní durante una protestan frente a la sede local de las Naciones Unidas en solidaridad con el pueblo iraní, en Santiago, Chile, a 11 de noviembre de 2022 / -Reuters / Ivan Alvarado ___________
Nazarín Armanian, Público, 28 de noviembre de 2022
«El régimen de Irán está agrediendo sexualmente a mujeres y hombres arrestados durante las protestas con el objetivo de acallar las voces que piden cambios«, afirma, en resumen, la CNN, en un reportaje, que incluye el testimonio de varias supervivientes de las agresiones sexuales en las mazmorras del régimen islámico.
Pero,
1. El jomeinismo (una versión del franquismo) desde el minuto uno de su instalación en 1978 ha violado a mujeres y hombres iraníes en sus cárceles, y la CNN lo sabe, pero que lo diga ahora, recuerda su relato sobre el secuestro de las «niñas nigerianas«. Hay decenas de libros sobre dichas agresiones, entre ellos y en castellano La mujer en el país de los ayatolás (Flor del viento, 1997), escrito por Martha Zein y la autora de esta columna, en el que analizamos los mecanismos usados por el totalitarismo religioso para instalar una verdadera Inquisición Islámica con su «caza de brujas» incluidas, en el Irán del siglo XX .
2. Las violaciones en el jomeinismo no tienen el objetivo de aterrorizar a los opositores. La pedagogía del terror (como las hogueras o las lapidaciones) debe ser pública para cumplir con su función ejemplarizante, mientras estas violaciones suceden tras los muros de los calabozos.
Estos días me parece estar viviendo en Sumisión de Michel Houellebecq, solo que sin el consuelo que da saber que todo es ficción. Los petroislamistas no han comprado la Sorbona, como sucede en la novela del autor francés, pero sí parece que se han hecho con la FIFA, algo que a nivel mediático resulta infinitamente más rentable que una universidad de prestigio. Y al ser el fútbol un espacio de entretenimiento parece incluso inofensivo que interese a una monarquía absoluta como Qatar. En el libro El círculo cerrado de los Hermanos Musulmanes, Lorenzo Vidino recoge varios testimonios de antiguos miembros de la organización. Uno de ellos, Ahmed Akkari, da en el clavo al analizar por qué a este movimiento político-religioso de tintes reaccionarios le cuesta tan poco penetrar en países democráticos: “Los Hermanos perciben que el verdadero talón de Aquiles de Occidente, la debilidad que a la postre precipitará su caída, es su naturaleza materialista, su disposición a negociar cualquier cosa, incluso sus valores fundamentales.” Algo de sobra sabido por quienes hemos tenido que soportar algún que otro sermón islamista o hemos echado un vistazo a las cuentas de sus jóvenes influencers. En esta parte del mundo, repiten a menudo, la moral brilla por su ausencia y ese es un motivo más que suficiente para legitimar el ambicioso proyecto de acabar islamizando Occidente tarde o temprano. Lo que no nos hubiéramos imaginado cuando soportábamos pacientemente a los predicadores de largas barbas, es que la penetración islamista sería por vía futbolística.
Hija de musulmán argelino y de una francesa con orígenes católicos y judío, Kahina Bahloul (París, 43 años) nada a contracorriente. Es la primera mujer imán en Francia. Pero el suyo es un islam liberal, alejado del islamismo predominante y marcado por la tradición de la mística de Ibn Arabí y por el sufismo. Acaba de publicar en castellano el ensayo Mi islam, mi libertad (ediciones La Llave).
PREGUNTA. ¿Cómo descubrió a dios?
RESPUESTA. Para mí fue natural. Crecí en Argelia con mis abuelos, que eran creyentes. Su práctica religiosa de islam no es como la que nos imaginamos hoy. Era una fe en harmonía con la naturaleza y la sociedad, simple y cercana de lo humano.
P. No tenía que ver con el islam hoy.
R. No. Era el islam tradicional. Yo veía a mi abuelo rezando bajo un árbol. Tenía un lado místico, romántico. Las fiestas eran un momento de alegría y convivencia. Era muy distinto. Presencié el giro que ocurrió con el auge del integrismo islamista.
«¿Qué podemos hacer para que a los súbditos ni se les ocurra rebelarse contra el sistema, mientras nos hacemos con la fortuna del país?, preguntó el Caudillo, muy preocupado, a su visir, un veterano canalla. «Señor, confíe en mí», le calmó su cómplice, el visir, y propuso las siguientes medidas:
– Prohibir partidos políticos, sindicatos obreros, asociaciones feministas, prensa libre, huelga, y manifestaciones.
– Nada de pedir elecciones libres, que es una mala influencia extranjera.
– Quintuplicar los impuestos, para que estén ocupados las 24 horas para pagar sus facturas.
– Entregar a sus hijas a los hombres de Dios por tener el derecho de pernada….
«Pero, eso ya lo hacemos, y aun así llaman a la «desobediencia civil» y cosas así, le cortó El Jefe. «¡Paciencia Señor! Ahora viene lo mejor», retomó la palabra el visir:
– Queda tajantemente prohibido ir al baño más de dos veces al día. Los infractores recibirán 75 latigazos y los reincidentes la pena de muerte por apedreamiento.
– No lo pillo, confesó el Caudillo.
– Pues, con esto último se olvidarán de todos aquellos derechos que les quitamos en los artículos anteriores: estarán todo el día pensando en cómo esquivar la orden, formando grupos partisanos para asaltar los baños públicos (en los que pondremos vigilantes armados), y pedirán en sus panfletos nocturnos la libertad de hacer las necesidades; organizarán reuniones clandestinas en sus casas para atiborrarse de comida y desahogarse en el lavabo, como acto de disidencia; pedirán a la ONU que nos presione para levantar la prohibición, etc., etc., y mientras nosotros un día aflojamos la orden y otro día ejecutaremos a unos cuantos en público haciendo pedagogía del terror, para que nadie piense que es un «ciudadano» exigiendo derechos: seguirán tratándoles como rebaños sin que se den cuenta», sentenció el gánster convertido en político. (Readaptación de un viejo relato persa).