La creencia no ha vuelto en su función estructuradora de la sociedad, con la pretensión de recuperar la antigua función de regular el espacio social en su totalidad
Circulan últimamente canciones, películas, videojuegos, eventos musicales de temática religiosa que son interpretados como la vuelta de algo que había desaparecido. Por supuesto que nada de ello tiene la densidad y coherencia de una cosmovisión religiosa completa, pero suscita diversos interrogantes en cuanto a su sentido y, sobre todo, acerca de nuestra condición humana. En el fondo se trata de símbolos descontextualizados que hoy sirven más de adorno que para simbolizar aquella totalidad que significaban en otros momentos de religiones omniabarcantes.
Con la religión desprovista de su antiguo simbolismo totalizador, como alusión u ornamento, ¿vuelve la religión en su tradicional formato? Mi tesis es que no nos encontramos ante un retorno de la creencia en su función estructuradora de la sociedad; no vuelven las religiones con la pretensión de recuperar la antigua función de regular el espacio social en su totalidad.
En su 25 aniversario, el presidente de la entidad repasa la actualidad política, social y cultural de España: desde la gestión de Pedro Sánchez de la laicidad hasta los conciertos para miles de personas del grupo católico Hakuna
España es un Estado aconfesional. Así lo dice la Constitución aprobada en 1978. Sin embargo, la religión continúa teniendo un gran peso en los grupos de decisión política y económicos del país, sobre todo la Iglesia católica. Para luchar por la laicidad del Estado nació en 2001 Europa Laica, desde donde un cuarto de siglo después continúan observando cómo hay aspectos que no responden a esa presumible aconfesionalidad.
En su 25 aniversario, el presidente de la entidad, José Antonio Naz (Almodóvar del Río, Córdoba, 1954), repasa la actualidad política, social y cultural del país. La conversación pivota desde los avances tenues por parte de los gobiernos de Pedro Sánchez en torno a la laicidad a los conciertos de Hakuna o el último disco de Rosalía, pasando por el concordato con el Vaticano, los casos de abusos sexuales a menores en la Iglesia, la red “cristoneofascista” mundial y la espiritualidad en los jóvenes.
Los datos del Barómetro sobre Religión y Creencias en España de 2025 confirman que no estamos ante un retorno del catolicismo, sino ante una reconfiguración profunda del campo religioso
Un grupo de religiosas durante el concierto de la banda de pop cristiano Hakuna, en La Puerta del Sol el 28 de diciembre | Santi Burgos _________________
Juan José Tamayo, José Antonio Vázquez, El País, 6 de enero de 2025
En los últimos tiempos se ha instalado en ciertos discursos mediáticos, eclesiásticos y políticos la idea de que estaríamos asistiendo a un “renacer católico”, especialmente entre la juventud.
El éxito de figuras culturales como Rosalía o la película Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa, 2025) por un lado, y el auge de movimientos como Hakuna, Emmanuel o Effetá, por otro, han sido utilizados como pruebas de una supuesta reconfiguración religiosa que devolvería la centralidad al catolicismo en una sociedad secularizada. Sin embargo, esta lectura resulta profundamente engañosa. Lo que muestran los datos sociológicos es que la secularización no ha desaparecido; se ha transformado.
La sociología de la religión describe la secularización como el proceso mediante el cual amplios sectores de la vida social se emancipan del control religioso. Este proceso no implica simplemente la pérdida de creencias, sino la afirmación de la autonomía humana.
Los jóvenes son los más descarriados: solo un 29% se declara católico, según los datos de una encuesta oficial todavía inédita que evidencian que no es real el supuesto retorno de la fe
Si en la Conferencia Episcopal ha cundido el optimismo por el aluvión de especulaciones sobre el rebrote católico que estaría evidenciando el interés de la cultura popular por la religión, bien harían los obispos en contener su entusiasmo. Más allá de los hábitos de monja de Rosalía y de los nuevos influencers que predican la castidad, la imagen que devuelve el espejo a España es la de un país que sigue alejándose de Dios.
El catolicismo no solo mengua su dimensión, sino que la que todavía conserva se entremezcla con un espiritualismo rampante, el horror para cualquier guardián del dogma. “Siempre hemos pensado que la secularización disminuiría los católicos y aumentaría los ateos, pero es más complejo. Está todo lleno de grises”, afirma Mar Griera, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, en una llamada a la cautela en el análisis que no altera la premisa: “No podemos hablar de un rebrote católico. La tendencia a la secularización sigue”.
Por mucho que Rosalía se vista de monja, el giro secular que empezó hace 200 años se ha hecho tan fuerte como para reducir la religión a un objeto de debate.
Una antigua iglesia, reconvertida en un café en Utrecht (Países Bajos) __________________
Sergio del Molino, El País, 2 de noviembre de 2025
Por Rosalía y otros cantares se nos ha contagiado el estribillo de que el catolicismo está de moda. De “giro católico” hablaba Diego S. Garrocho en estas páginas, recogiendo con datos y alguna intuición fina que los vientos del mundo están cambiando a un ambiente más espiritual y religioso.
Mal puede regresar lo que nunca se fue. Aunque los católicos se pinten como una fe asediada en un mar laico, con las iglesias vacías y los conventos en ruinas, mantienen un poder formidable en España y en el resto de países no por casualidad llamados católicos.
La Iglesia controla directa o indirectamente grandes grupos de comunicación y conglomerados de empresas y universidades de élite donde se forma la clase dirigente. Mantiene también una red de enseñanza densísima desde la que imparte doctrina. Este poder económico y social le otorga una gran influencia política en los partidos y en los votantes. Aunque su dominio se sostiene también en lo intangible: por ejemplo, el calendario sigue siendo litúrgico. Nadie cruza el país para celebrar el día de la Constitución en una cena familiar. Se esperan a la Nochebuena.
Los recientes acontecimientos ponen de manifiesto la dificultad de convivencia que a veces surgen entre las distintas creencias o culturas. El laicismo puede ser la solución
Hombres judíos religiosos rezan en el Muro de las Lamentaciones en 2005 en Jerusalén, Israel / Foto de Peter Macdiarmid/Getty Images _____________________
Lo que escribo lo hago inspirado en el muy didáctico artículo de Waleed Saleh en Público, titulado¿Unión árabe o unión islámica?, y desde mi condición de miembro de Europa Laica, un grupo que aboga por la separación entre Iglesia y Estado, buscando una convivencia radicalmente democrática. Dejaré de lado posturas como la de Oriana Fallaci, advirtiendo del peligro de una invasión islamista que acabaría con los valores occidentales. O con la idea de Huntington de que estaríamos ante una destructiva guerra entre culturas. Por no hablar de un multiculturalismo que se ha evidenciado ineficaz e ingenuo. Hay temas complejos que exigen huir del simplismo y ser lo más analíticos posible. Es lo que sucede en nuestros días con las religiones.
Comencemos por el cristianismo que en su versión católica nos envuelve culturalmente. Podríamos distinguir tres capas. Una la forman las fuentes que son los libros sagrados y que fundamentan las creencias. Otra consiste en un corpus organizado en una jerarquía sacerdotal que manda sobre unos fieles que obedecen. Y una tercera, en la que destacan algunas normas que atañen a la conducta concreta y cotidiana. Piénsese en el aborto o la eutanasia. Por no hablar de la enseñanza o en una política teñida y regida por la religión. Las Democracias Cristianas son un ejemplo de esto último.
Hubo un tiempo en el que en España los niños llegaban con algo más que un pan bajo el brazo. Lo hacían con una invitación (casi obligatoria) al bautizo. Fuesen sus padres más o menos creyentes, más o menos practicantes, la mayoría de los bebés pasaban por la pía bautismal. Hoy no. Igual que no todas las parejas que se casan lo hacen ante un sacerdote católico. A medida que la sociedad se seculariza ganan fuerza nuevos rituales, como las bodas civiles o los «bautizos laicos», que dos décadas después de su estreno en España siguen expandiéndose.
Quizás no sean una opción mayoritaria ni hayan alcanzado el nivel de popularidad de los enlaces civiles (que sí tienen un carácter legal), pero los bautizos laicos y simbólicos han ido abriéndose camino poco a poco en la geografía española.
Frente al racionalismo secular y la apertura cosmopolita de toda sociedad democrática que se precie, nos inclinamos hacia lo opuesto
Del Hambre _______________________
Máriam Martínez-Bascuñán, El País, 29 de diciembre de 2024
Estas fiestas tuvieron el preludio de un atropello masivo en un mercado navideño. Tampoco es que nos haya importado mucho, admitámoslo, aunque en Alemania los buitres se apresuren a aprovechar la hiperemocionalidad navideña para propagar odio contra los migrantes, su chivo expiatorio favorito. Poco importa que lo más reseñable del terrorista sea, precisamente, su proximidad a esa misma ultraderecha que ha recibido el atentado como un maravilloso regalo. La emoción (el odio, en este caso) se impone a los hechos con soltura abrumadora. Pero es Navidad, señoras y señores. Y aquí lo que importa es el turrón
Y es que un mundo desfactualizado se consigue, entre otras cosas, con esa hiperemocionalidad del espacio público tan típica de la Navidad. Es curioso cómo, a pesar de la secularización rampante, esa emotividad hiperventilada se impone con tanta facilidad. Por doquier aparecen cursis odas a la Navidad y a sus belenes, al misterio de la Santísima Trinidad y otras abstracciones. Como ese intenso amor hacia el niño Jesús que Georgia Meloni ha sabido aprovechar para promocionar la natalidad de las familias como Dios manda: blancas, católicas y sin peligrosas desviaciones que perviertan la moral de los pobres italianos, abrumados al parecer por las muchas perversiones de la modernidad. Mientras, por supuesto, sus políticas migratorias juegan a hundir barcos en el Mediterráneo.
Los nombres de las calles no son aleatorios y en gran parte conmemoran personalidades y eventos históricos o de importancia social; son el reflejo de la evolución de los valores culturales de la población, como se ha demostrado en trabajo previos para el caso de la religiosidad y la identidad nacional, que con el paso del tiempo se ha plasmado en más mujeres, menos santos, menos militares y más alcaldes.
Miguel de Cervantes es el personaje no religioso más conmemorado en el callejero español, con 1.943 calles, seguido de Santiago Ramón y Cajal (1.387) y Antonio Machado (895), mientras que en las denominaciones religiosas San Juan es la figura más repetida en el callejero (2.443).
Así se desprende de un análisis realizado por profesores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, que han comprobado que también ha habido un aumento progresivo de las calles con nombres de mujeres, aunque el sesgo siga siendo muy acusado, y solo ocupan un 12% del callejero.
-La Conferencia Episcopal ultima la preparación de un congreso para reivindicar y «renovar» el papel de la Iglesia en la educación, su bastión de influencia ante el avance de la secularización.
-El 94,7% de los centros religiosos católicos son concertados, cuya financiación ha marcado un nuevo récord anual superando los 7.400 millones, un 28,5% más que hace una década. ____________________________________
En la mesa (de izda. a dcha.), cardenales Aquilino Bocos, Carlos Osoro, Juan José Omella, Antonio María Rouco y Antonio Cañizares / EP _________________
La educación es un ámbito «nuclear» para la Iglesia. Y un pilar «histórico». Y principalmente, señala también la Conferencia Episcopal Española, «por responsabilidad eclesial»: «Porque es una misión del propio Evangelio». Por eso la institución quiere ahora fortalecer su papel en este terreno, en el que además la mayor parte de su presencia está sostenida por fondos públicos. Del total de centros católicos que hay actualmente en España, el 94,7% son concertados, según sus propios datos. En paralelo, las personas que acuden regularmente a misa han descendido, en tan sólo un año, un 2,5%. El número de sacerdotes, un 2,8%. Y el de seminaristas, un 5,2%. Es decir, la espiritualidad pierde terreno, pero la Iglesia lo compensa ganando parte de él en la educación.