Los «rituales de sanación» en la iglesia de Algímia d’Alfara se han hecho en el templo una docena de vecesantes de que el Arzobispado pusiera fin a estas prácticas este jueves, después de que un vídeo difundido por redes sociales levantara un gran revuelo en el pueblo del que se hizo eco Levante-EMV: Se trata de una grabación de tres segundos en la quese ve a tres personas en el suelo, una de ellas con los ropajes propios de los monaguillos y otras dos con ropa de calle. Tras esta primera toma, aparece una cuarta persona que se desploma en el suelo de manera repentina cuando le acercan la Custodia.
Estas prácticas, al parecer, ya vienen realizándose desde hace años en la iglesia. Algunos feligreses incluso hablaban de una primera vez hace 15 años. No obstante, el titular de la parroquia de Algímia d’Alfara en esa época, Miguel Carot, ha querido desmarcarse totalmente de ellas, asegura que durante su estancia en Algímia como sacerdote, periodo que va desde 2002 a 2016, «nadie hacía nada de esto», al menos en la iglesia, decía.
La tarde del 19 de julio de 1936 el coronel Antonio Pinilla, al mando del Regimiento de Infantería de Montaña «Simancas» n.º 40, se sublevaba en Gijón junto con 350 hombres. Asimismo, el cercano cuartel de Zapadores, en el barrio de El Coto, con unos 180 soldados, se unía a la sublevación, que ya había triunfado en Oviedo. Un día más tarde, el 20 de julio, las tropas salían de los cuarteles para tomar los puntos neurálgicos de la ciudad: estación de tren, Telefónica, Ayuntamiento, Casa del Pueblo, Correos y Fábrica de Gas. Sin embargo, los militantes del movimiento obrero gijonés, ya organizados y armados, no se lo pondrían fácil a los sublevados. Se iniciaba así una sangrienta batalla por el control de la ciudad que acabaría con la derrota de los golpistas, reconvertidos en la posguerra en “Héroes del Simancas” por el bando franquista. Su dramática resistencia sería inmortalizada en 1958 con una escultura de Manuel Álvarez Laviada que permanece hasta hoy, a pesar de las críticas de las izquierdas y asociaciones memorialistas, que el pasado viernes presentaron, sin éxito, una moción en el Ayuntamiento para retirarla.
Carmen Barrero, Martina Barroso, Blanca Brisac, Pilar Bueno, Julia Conesa, Adelina García, Elena Gil, Virtudes González, Ana López, Joaquina López, Dionisia Manzanero, Victoria Muñoz y Luisa Rodríguez. Recordamos a las Trece Rosas, vilmente asesinadas tal día como hoy hace ochenta y cinco años por los franquistas. Tenían entre 18 y 29 años. ¿Su delito? Algunas pocas pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU); otras, ni eso. Simplemente eran unas vitales activistas de izquierdas que, una vez acabada la guerra, resultaban incómodas para el régimen, y por eso la madrugada del 5 de agosto de 1939 fueron fusiladas en la tapia del cementerio de La Almudena, a 500 m de la prisión de Las Ventas, acusadas falsamente por un tribunal militar de haber participado en el atentado contra un comandante de la Guardia Civil y de adhesión a la rebelión.
Quien quiera saber más sobre la captura, el encarcelamiento y la ejecución de estas inocentes chavalas, le recomiendo la lectura del libro del periodista Carlos López Fonseca, Trece rosas rojas (2004), en el cual se basa la película Las 13 rosas (2007), dirigida por el cineasta Emilio Martínez Lázaro, que obtuvo cuatro premios Goya y fue la preseleccionada por la Academia del Cine Español como posible candidata a los premios Oscar de aquel año, a pesar de que finalmente nos representó El orfanato de Juan Antonio Bayona. Tanto el ensayo como el largometraje son de lo más interesante y tienen un extraordinario valor historiográfico.
Satélites de Vox y grupos católicos, ultraliberales y contra la “corrección política” progresista importan los temas y estrategias que dominan la política de EE UU
Un autobús utilizado en una campaña contra las «leyes de género» realizada por Hazte Oír, una de las organizaciones que presumen de librar en España la «batalla cultural» / Albert García ____________________
Un thinktank —gabinete de estudios— aliado de Viktor Orbán. Una escuela amadrinada por la sobrina de Marine Le Pen. Un avispero de entidades antiabortistas. Una asociación católica con más de un siglo de historia que combate ahora la “corrección política”. El instituto que ha premiado a Javier Milei por su “ejemplar defensa” de la libertad. Un grupo contra la izquierda woke que reúne a exdirigentes de Ciudadanos, clásicos del PP y algún fichaje de Vox. El partido de Santiago Abascal y un puñado de satélites.
He aquí un muestrario de las fuerzas que libran en España la “guerra cultural”, o “batalla cultural”, una forma de entender la política que se ha adueñado ya del Partido Republicano de Estados Unidos, como ha demostrado la rendición al trumpismo en su convención de julio. Y que en España “gana cada vez más protagonismo, aunque sin llegar a la obsesión de EE UU”, analiza Felipe González Santos, investigador en la Universidad Babeș-Bolyai, en Rumanía, donde estudia la ultraderecha en el ámbito global. De este “protagonismo”, y también de cómo la derecha tradicional muerde el anzuelo de los guerreros culturales, da idea que Isabel Díaz Ayuso y Borja Sémper difundieran esta semana mensajes —aunque el portavoz del PP los borró— que alimentaban la polémica sobre la boxeadora argelina Imane Khelif, convertida en supuesto ejemplo de los excesos woke en base al bulo de que compite con ventaja contra mujeres siendo trans (en realidad, no lo es: siempre ha sido mujer).
Los historiadores debaten en varios ensayos recientes sobre los hitos fundacionales del nacionalismo español, bandera tradicional de los políticos conservadores, en torno a la lucha por al-Ándalus
Muhammad XII, conocido por los cristianos como Boabdil el Chico, entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos, en ‘La rendición de Granada’ (1882), obra de Francisco Pradilla y Ortiz expuesta en el Palacio del Senado de España / Pictures from History (Getty Images) _________________________
Táriq ibn Ziyad, al mando de las tropas del Califato Omeya de Damasco, llegó a las costas de Hispania en el año 711. El reino visigodo estaba dividido y, tras una victoria contundente ante las fuerzas de Rodrigo en la batalla de Guadalete (de discutida ubicación), avanzaron en apenas una década por casi toda la Península Ibérica. Pese a la escasez de fuentes históricas contemporáneas y aparte de alguna teoría conspirativa (como que el conquistador sería visigodo y se llamaría Taric), la invasión se consumó en aquellas fechas y en estos hechos coinciden los expertos: es Historia.
En torno a 718 o 722, supuestamente se produjo la batalla de Covadonga (Asturias). Una refriega en la que el legendariodon Pelayo, considerado el primer monarca del reino de Asturias, habría frenado a los musulmanes en la cornisa cantábrica. Lo cuentan los cronistas de Alfonso III siglo y medio después y, sobre este evento, muchos historiadores no dejan lugar a dudas: es un mito.
Casi ocho siglos más tarde, en 1492, Muhammad XII, conocido por los cristianos como Boabdil el Chico, entregó a los Reyes Católicos la ciudad de Granada (fundada por los musulmanes). En esto también coinciden los expertos: es Historia.
Las intervenciones públicas del arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, en los últimos tiempos han provocado un serio malestar en el Gobierno del Principado, en gran parte de la sociedad asturiana e incluso en un grupo amplio de cristianos que no compartimos la deriva autoritaria, inadecuada, impropia y antidemocrática del arzobispo.
Más aún, su utilización abusiva de la coincidencia de la fiesta de Covadonga con el día de Asturias cada 8 de septiembre implica un gesto de agresión a la autoridad civil democrática, claramente hostil para unas relaciones saludables. Pero además es antipastoral, pues induce a los fieles a una confrontación política basada en una ideología concreta, nada respetuosa con la convivencia democrática ni tampoco con la voluntad pacífica de los cristianos de a pie ni con la postura dialogante de la Conferencia Episcopal, sin irnos más allá del ámbito español.
Nadie puede dudar de la libertad de la Iglesia para anunciar el mensaje cristiano en una sociedad democrática. Muchas veces ese ejercicio debe comportar críticas abiertas a los poderes públicos, especialmente cuando se conculcan los derechos humanos o la protección social de las personas más vulnerables, materias que nunca son el objeto de interés de monseñor Sanz Montes. Pero justamente esa labor profética es la que más sufre esa perversión del proceder episcopal.
En el Pleno del Ayuntamiento de Gijón celebrado el 1 de agosto en el que IU y Podemos presentaban una moción para que desde el ayuntamiento se iniciare el procedimiento para que «se proceda a la retirada del monumento fascista a los denominados Héroes del Simancas», en representación de las distintas entidades memorialistas que la apoyaban intervino Rafael Velasco, FAMYR.
«Caídos por Dios y por la Patria», texto en el monumento franquista a los «Héroes del Simancas» _____________________________
Proposición conjuntamente presentada por los grupos municipales IU-MP-IAS y Podemos Xixón sobre la retirada del monumento fascista a los denominados “Héroes de Simancas”. (94278R/2024) _______________
Señora Alcaldesa, Señores concejales y concejalas
Agradecerles la oportunidad de intervenir en este pleno, en nombre de la asociación que presido y de otras 7 organizaciones, del ámbito de la lucha por la memoria democrática y del reconocimiento de los derechos de las víctimas del franquismo, ejercitando el derecho de participación ciudadana, en un debate como el de este punto del orden del día, que algunos y algunas pueden considerar trasnochado, pero que viendo los tiempos que corren en Europa cobra trascendental importancia.
Es la primera vez que el presidente asturiano se pronuncia en estos términos respecto a lo que considera una “muestra de respeto a un símbolo de Asturias”
El presidente del Principado, Adrián Barbón, junto al arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, en la festividad del Día de Asturias en la Basílica de Covadonga en 2022 / Archivo/ EFE _________________
Leticia Quintanal, El Diario / TPA (vídeo), 2 de agosto de 2024
No tiene la decisión tomada, pero sí se abre a analizar la conveniencia o no de su asistencia a la misa que cada 8 de septiembre se celebra en la Basílica de Covadonga y que su oficiante, el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha logrado convertir estos últimos años en un verdadero mitin político.
El presidente del Principado no quiere que la misa de Covadonga se convierta en un “elemento de discordia” y si su presencia en esta celebración religiosa sirve para generar “discordia” tomará la decisión que corresponda.
Así de contundente se ha manifestado el presidente del Principado, Adrián Barbón, al ser preguntado esta mañana por la polémica desatada, de nuevo, tras la petición realizada por la nueva delegada del Gobierno en Asturias, Adriana Lastra, a Jesús Sanz Montes,instándole a abandonar su discurso ultraderechista el Día de Asturias y anunciando que ella no acudirá ese día a Covadonga.
Cuando Sanz Montes se dirige a Adriana Lastra como «La seño» está más cerca del patio de colegio que de la «alta dignidad» que dice representar. Cuando añade que ama la libertad que se deriva de la verdad, presume de lo que carece. Iglesia, verdad y libertad no caben en la misma frase sino es para negar las dos últimas. La verdad y la libertad de la iglesia, de cualquier iglesia, de cualquier religión, huelen a humo, a carne sabia abrasada, a libros ardiendo. La verdad de la iglesia, que comenzó contando la creación sin base alguna y siguió con historias increíbles hasta nuestros días, se opuso una y otra vez a cualquier avance de la ciencia y no dudó en acudir a la tortura, o a la muerte en la hoguera, para «demostrar» que su mentira era verdad y la verdad científica mentira.
Las iglesias de todas las religiones, han sido y son un freno para el progreso de la humanidad, y a sus representantes en la tierra, es más fácil encontrarles llevando a dictadores bajo palio, que defendiendo a quienes luchan por los derechos humanos. Hay, excepciones, curas y seglares creyentes que siempre estuvieron al lado de los obreros, de la gente necesitada, pero hay otros que los desprecian, desprecian hasta al Papa por decir cuatro obviedades.
Decenas de ex miembros del Opus Dei han acusado al grupo de reclutar a niños en los últimos años, desafiando las afirmaciones de la organización de que no tiene como objetivo a menores, según informaba este pasado miércoles el Financial Times
El Financial Times recuerda que, desde 1982, los estatutos del Opus Dei, aprobados por el Vaticano, prohíben a los menores de 18 años unirse formalmente, aunque a partir de los 14 años y medio pueden convertirse en aspirantes si lo requieren en una carta a la Prelatura.
Estas personas han declarado al periódico británico que ellas mismas fueron captadas cuando tenían menos de 18 años o fueron testigos de intentos organizados por alistar a otros, señala el rotativo. Algunas de estas fuentes, que pidieron mantenerse en el anonimato, afirmaron además que se animaba a los candidatos a adoptar prácticas de castigo corporal.