Antes de que se me cascara la tele, mi placer culpable era hacer maratones de Mujeres asesinas, una serie de true crime que en su inglés original se titula Snapped –que yo hubiera traducido como Hasta las narices-, y que en su versión en castellano se optó por un título que iba directo al spoiler. Y digo que era un placer culpable porque la serie era -y sigue siendo- un despropósito amarillista y morboso que recurría a reconstrucciones cutres y que exageraba y distorsionaba el papel de las mujeres en estas lides de asesinar, cuando en realidad el noventa por cierto de los asesinatos son cometidos por hombres. Pero nadie se puede resistir a una femme fatale, aunque esta sea una señora de mediana edad del Medio Oeste que hace la compra en Wallmart con mallas negras y camiseta XL.
Así que es entendible que cayera rendida a sus pies, aunque lo que más me atraía era el hecho de que desde el principio me pareció un ensayo sociológico valiosísimo con el que poder trazar con precisión casi milimétrica la involución de una parte de la sociedad norteamericana en su lento pero imparable camino hacia los brazos del trumpismo y el movimiento-secta MAGA.
Como todo sistema político y social basado en una única idea, en este caso un culto monoteísta, el cristianismo llevaba desde su nacimiento la semilla de la intolerancia
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, durante una misa / Jorge Peteiro / Europa Press _________________
Santi Fernández Patón, El Diario, 22 de agosto de 2025
En sus Crónicas del alba, Ramón J. Sender recuerda las celebraciones con las que en el internado católico de su infancia se conmemoraba el inicio de la cristiandad. La historiografía tradicional lo sitúa a principios del siglo IV, con el famoso Edicto de Milán. El emperador Constantino establecía el fin de las persecuciones religiosas, la libertad de culto y, por tanto, la plena tolerancia con los cristianos. A partir de ese momento la cristiandad comenzó a reescribir su propia historia.
Inventó un pasado de crudelísima represión, en la que los creyentes habrían sido perseguidos en todos los confines por despiadados gobernadores al servicio de Roma. Hoy ese relato está ampliamente desmentido, por exagerado. Los martirologios se asumen como meras ficciones y, de hecho, ni siquiera se admite que los mártires de los primeros tiempos alcanzaran los diez casos. Las persecuciones, mucho menores que las que sufrieron otras comunidades, en buena medida estaban causadas por la obsesión de los fieles en alcanzar el martirio, vía igualitaria por la que se les prometía el acceso al cielo, a una vida mejor.
Los recientes acontecimientos ponen de manifiesto la dificultad de convivencia que a veces surgen entre las distintas creencias o culturas. El laicismo puede ser la solución
Hombres judíos religiosos rezan en el Muro de las Lamentaciones en 2005 en Jerusalén, Israel / Foto de Peter Macdiarmid/Getty Images _____________________
Lo que escribo lo hago inspirado en el muy didáctico artículo de Waleed Saleh en Público, titulado¿Unión árabe o unión islámica?, y desde mi condición de miembro de Europa Laica, un grupo que aboga por la separación entre Iglesia y Estado, buscando una convivencia radicalmente democrática. Dejaré de lado posturas como la de Oriana Fallaci, advirtiendo del peligro de una invasión islamista que acabaría con los valores occidentales. O con la idea de Huntington de que estaríamos ante una destructiva guerra entre culturas. Por no hablar de un multiculturalismo que se ha evidenciado ineficaz e ingenuo. Hay temas complejos que exigen huir del simplismo y ser lo más analíticos posible. Es lo que sucede en nuestros días con las religiones.
Comencemos por el cristianismo que en su versión católica nos envuelve culturalmente. Podríamos distinguir tres capas. Una la forman las fuentes que son los libros sagrados y que fundamentan las creencias. Otra consiste en un corpus organizado en una jerarquía sacerdotal que manda sobre unos fieles que obedecen. Y una tercera, en la que destacan algunas normas que atañen a la conducta concreta y cotidiana. Piénsese en el aborto o la eutanasia. Por no hablar de la enseñanza o en una política teñida y regida por la religión. Las Democracias Cristianas son un ejemplo de esto último.
Dicen que el cristianismo es nuestra tradición: también lo era la esclavitud o las monarquías absolutas
Fieles en la plaza de San Pedro de Roma mientras asisten a la oración del Regina Caeli dirigida por el Papa León el 11 de mayo de 2025 / Dimitar Dilkoff (AFP vía Getty Images) ______________________
La palabra sindiós me sorprendió. Cuando la oí por primera vez -siglo pasado, un pueblo segoviano- creí que era un invento de aquel criador de cerdos. Pero don Luis me miró raro y me dijo que no, que cómo se me ocurría, que era de toda la vida. Entonces le pregunté por su significado y don Luis me miró más extrañado aún: pues hombre, ya se sabe, un follón tremendo, algo sin Dios.
El cristianismo vive días de gloria: el papa peronista no consiguió terminar de rescatarlo en vida pero ya muerto está teniendo un éxito fantástico. El coro de supuestos ateos que se unen a su alabanza desafina, por supuesto, mucho: hablan de un “hombre bueno” como si olvidaran que hablan de ese hombre porque fue el jefe de la organización más conservadora, más machista, más autoritaria de nuestra historia, una monarquía absoluta de derecho divino. Y se niegan a pensar -ellos, los pensadores- en lo que dicen cuando hablan. Pierden todo espíritu crítico -como cuadra a cualquier creyente- y hablan por ejemplo del “don de la fe”, como si la fe cristiana no fuera la renuncia al pensamiento propio, al espíritu crítico, sino un regalo de no se sabe quién que algunos privilegiados reciben y otros, pobrecitos, no.
La forma de vivir la religión más allá de las normas de la institucionalidad eclesiástica, la mezcla del fervor y la fe con el consumo de todo tipo de sustancias, me ha hecho valorar el folclore andaluz desde otro punto de vista
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Carlos Sánchez Gómez, El Diario, 16 de junio de 2025
Cuando me preguntan por la visión que tengo del folclore andaluz me invade una inseguridad paralizante que, como con tantos otros temas, combato adoptando momentáneamente un personaje bastante naïve e inocente. Supongo que todo este debate sobre si el folclore debe ser esto o aquello, con opiniones absurdamente tajantes, paraliza a cualquiera que se sienta más cómodo entre los grises que supone la vida.
Mi interés e inmersión en el folclore de Andalucía llegó hace relativamente poco, algo menos de cinco años. De pequeño, tuve poca relación con este tipo de expresiones, más allá del mínimo, casi inevitable, que cualquier andaluz puede experimentar. La posición de la que vengo hizo de barrera para gran parte de ese mundo: nací y crecí en Málaga, una ciudad relativamente grande en la que el folclore se vive de forma muy distinta a como se hace en los pueblos. No estoy bautizado, nunca fui hermano de ninguna cofradía y mi madre apostató en cuanto pudo. Partiendo de ese lugar tan concreto, mi contacto con este universo hasta no hace mucho se limitaba a ver alguna procesión en Semana Santa. Es por ello que, hasta cierto punto, mi acercamiento nace desde una visión externa, casi voyeur.
Entrevista / La historiadora y periodista profundiza tanto en los profetas que convivieron con Jesús y clamaban ser el único hijo de Dios como en la persecución del cristianismo primigenio al resto de comunidades cristianas
Catherine Nixey, periodista y divulgadora, autora del libro ‘Herejía’ / EFE/ Penguin Random House _____________________
Ángeles Castellano, Levante, 3 de diciembre de 2024
La cultura popular en torno a la religión católica está plagada de iconos que nunca estuvieron en los textos oficiales: el buey y la mula del Nacimiento -o Belén- con el que se adornan las casas en Navidad no aparecen en los Evangelios. Tampoco el famoso burrito sabanero del villancico, que no es más que la representación de una Virgen María embarazada viajando en burro para buscar posada. No se sabe mucho de cómo fue la infancia de Jesús e incluso hay una gran cantidad de obras de arte que representan la concepción de María a través de los ojos o en formas que nunca formaron parte del Nuevo Testamento. Al principio, Jesús era uno más. Se le atribuían poderes mágicos e incluso se le ha representado con una varita. Todo eso fue borrado de la historia por una persecución sistematizada de la religión oficial. Pero las narraciones estuvieron ahí.
Es la tesis que sostiene Catherine Nixey, licenciada en Historia Clásica en Cambridge y periodista -en la actualidad, a tiempo completo en The Economist, y con anterioridad, en medios como The Times, The Financial Times y The New York Times- en su último libro, Herejía. Las vidas de Jesucristo y otros salvadores del mundo antiguo, publicado recientemente en español por la editorial Taurus. Con motivo de esta publicación, ha visitado España en un viaje relámpago y atiende a El Periódico de España.
Los destruidos Budas en Afganistán por la milicia ultraortodoxa islámica afgana en 2001 / Fuente foto ______________________________
Marcelo Noboa Fiallo, La Nueva España (Cartas de los lectores), 9 de septiembre de 2024
En el año 2001, un acontecimiento de barbarie histórica dejó estupefacto al mundo entero: la destrucción de los dos colosos de Buda en la provincia de Bamiyán (Afganistán) por la milicia ultraortodoxa islámica afgana. Los colosos permanecían ahí desde el siglo III (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco).
La destrucción de monumentos y edificios de gran valor histórico y artístico ha sido y es una de las consecuencias inevitables (¿?) de las guerras, pero si el fundamentalismo religioso/ideológico está presente en las mismas, la barbarie adquiere otra dimensión, porque se trataría de borrar de la faz de la tierra la herencia cultural de los pueblos, bajo la premisa de acabar con la idolatría. Es lo que han hecho, a lo largo de la historia, las religiones monoteístas para imponer su ideología (lo llaman fe).
En los últimos años, Siria, Irak, Afganistán, Mali han sido las más perjudicadas por el terror yihadista, especialmente las ciudades históricas de Palmira y Hatra. La condena de Occidente y de la Comunidad Internacional siempre ha sido unánime. No obstante, la mayor destrucción cultural, científica y artística sufrida por el hombre no se ha producido en los últimos tiempos por parte del terror yihadista. Hay que remontarse a los orígenes del cristianismo y, en especial a los siglos III, IV y V d. C. para conocer la magnitud histórica de la destrucción ejercida por unos fanáticos contra la cultura, la ciencia y el arte griego y romano.
Espadaler fue uno de los dirigentes de Unió que en 2008 defendió una moción en su partido para realzar los “valores cristianos” y señalar que “la familia integrada por un padre y una madre abiertos a la procreación requiere un apoyo explícito por parte de los poderes públicos”
Nuevo Govern de la Generalitat de Catalunya / Foto: Andreu Dalmau – EFE _______________________
Illa ha diseñado un gobierno para Cataluña en el que las apariencias no engañan si analizamos algunos de sus nombramientos y las denominaciones de consejerías clave con el filtro de los derechos humanos. Hay detalles que nos muestran a un Illa más conservador que progresista, a pesar de que el nuevo President dice defender los espacios compartidos, la plurinacionalidad y el horizonte federal. Por eso llaman la atención aspectos que delatan que Illa quiere atraer el apoyo de quienes piensan en clave tradicionalista (a derecha y a izquierda) y, por ejemplo, ha decidido dar la espalda a los feminismos para retomar lo de que feminismo solo hay uno, el socialista.
De esta forma la Consejería de Igualdad y Feminismos, se pasa a llamar de Igualdad y Feminismo, sin s. Una omisión que es toda una declaración de intenciones… reaccionarias a la mirada interseccional que tanto sarpullido produce al feminismo transexcluyente. Desde esa lógica de derechos humanos tan necesaria en estos tiempos, donde cada supresión en el nombramiento de la diversidad a través del lenguaje inclusivo es una victoria para los postulados de los movimientos reaccionarios, Illa da un paso atrás al no querer conservar esa s, aunque él crea que lo está dando hacia delante y pueda parecer que qué más da una s más o menos. Sí, que importa Sí, y lo sabe.
“Arquímedes –dice Nixey– descubrió el cálculo newtoniano 2.000 años antes que Newton… Pero un monje cristiano en el desierto egipcio destruyó su tratado para escribir sobre él un conjuro contra los demonios: ¿cree que el cristianismo supuso algún progreso respecto al politeísmo? helénico o romano?”. Tras negar también que el cristianismo anticipara la causa de los derechos humanos (“prolongó la esclavitud y se impuso tan pena de muerte”), tiene una explicación para su éxito como la religión de Occidente: “Europa se adelantó al mundo con la revolución industrial”. y era monoteísta, pero antes de serlo ya había descubierto las matemáticas, la democracia, la astronomía, la filosofía o el teatro: ¿quién era más progresista, san Agustín llamando a destruir templos o Plutarco hablando de la inteligencia de los animales?”.
¿Los cristianos fueron mártires de la intolerancia pagana?
Todo lo contrario: fueron los primeros cristianos quienes empezaron a dividir a los ciudadanos entre cristianos y paganos . Hasta la adopción del cristianismo como único culto oficial nadie identificaba a los demás por su religión…
El periodista ha publicado recientemente ‘Dios, marca registrada’, un demoledor alegato en favor del laicismo frente a la tutela y financiación de las confesiones religiosas por el Estado
Una de las ideas centrales de Dios, marca registrada (Hoja de Lata), el nuevo libro del periodista Ilya U. Topper, es que las distintas religiones no se repelen, sino que se apoyan mutuamente para conquistar cuotas de poder. “En España venimos de un Estado que ha dado enorme presencia a la Iglesia católica como poder político y financiero; este poder se ha reducido muchísimo desde el fin de la dictadura nacionalcatólica de Franco, pero lo que se ha hecho después es intentar contrarrestar la influencia que aún tiene entregando cuotas de poder a otras religiones, especialmente el islam. Y dar poder a varias religiones distintas no reduce la influencia del clero, sino que lo multiplica: Dios más dios son cuatro”, afirma.
Topper (Almería, 1972), corresponsal de la agencia Efe en Estambul, defiende en su ensayo un laicismo que es “todo lo contrario: es separar la cosa pública, ya sean fondos o influencia legislativa, de la fe, que debe ser privada”. Su mensaje de fondo es claro: “la Iglesia católica debe dejar de ser tutelada y financiada por el Estado. Este es el planteamiento del laicismo. Una injusticia histórica, como es imponer a toda la ciudadanía las normas de un colectivo concreto de fieles, no se repara multiplicando esta injusticia e imponiendo más normas a toda la ciudadanía. ¿O cree usted que las normas del islam son menos odiosas para las personas nacidas como musulmanas que las normas del clero católico han sido para una ciudadanía obligada a ser católica?”