El lobby ultracatólico español se expande y coloca a sus líderes en cargos de peso de una creciente red internacional

noviembre 8, 2021

Citizen Go empuja la internacionalización de un movimiento que ha situado a Mayor Oreja como líder de la red europea One of Us y presidente de honor de Political Network for Values

Thierry de la Villejégu, vicepresidente de One Of Us Federation, Jaime Mayor Oreja, presidente de la Plataforma cultural One Of US, Rémi Brague, profesor emérito Universidad de la Sorbonne, Pierre Manet, profesor Ecole des Hautes Etudes en Sciences Humaines, Olivier Rey, matemático y filósofo / J. P. Quiñonero

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Ángel Munárriz, Infolibre, 7 de noviembre de 2021

El catolicismo español más militante se extiende a nivel mundial y sus referentes, como Ignacio Arsuaga, Jaime Mayor Oreja o Leonor Tamayo, ganan posiciones dentro de una trama organizativa internacional en permanente agitación. Hazte Oír y su brazo exterior Citizen Go se sitúan en la vanguardia de la ofensiva «provida» y contraria los principios feministas en la UE, con conexiones en Italia, Alemania y Hungría, y aceleran la expansión de sus redes por América, en paralelo a Vox, según acreditan diversas investigaciones. Las campañas de Citizen Go llegan ya a medio centenar de países. «Su fuerza es innegable y y tiene conexiones tanto en Europa como en América Latina y Estados Unidos», señala el investigador Juan Francisco Albert. Junto a Citizen Go, el ultracatolicismo español es prominente en redes internacionales como One of Us –que este fin de semana ha celebrado un encuentro en Lisboa–, Political Network of Values –valedor del modelo de Viktor Orbán– y la internacional antifemnista Women of the World. 

Una campaña mundial permanente

Hazte Oír ejerce el papel de principal baluarte de la internacionalización. El informe Restaurar el orden natural, elaborado por el Foro Europeo sobre Población y Desarrollo, una red de parlamentarios de la UE contra la intolerancia religiosa, ya puso en 2018 en el punto de mira a la organización fundada en 2001 y presidida por Ignacio Arsuaga por su contribución al despliegue a nivel continental de la agenda antiabortista, antifeminista y contraria a los derechos Lgtbi. El estudio situaba a Hazte Oír al nivel de otras tres organizaciones punteras: La Manif pour Tous –nacida en Francia por oposición a «le mariage por tous», o el matrimonio para todos–, In the Name of the Family (Croacia) y Ordo Iuris (Polonia). Además, integraba a Arsuaga –próximo a Santiago Abascal y a otros referentes de Vox como Rocío Monasterio– en el ramillete de figuras destacadas de la llamada Agenda Europa, un entramado «informal» de asociaciones, iglesias, académicos y políticos que «trabajan en red, debaten y elaboran estrategias sobre cómo hacer avanzar la cosmovisión religiosa dentro de Europa», en palabras de Neil Datta, secretario del Foro Europeo sobre Población y Desarrollo.

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¿Derecho a la creencia?

septiembre 13, 2021

Debemos establecer una jerarquía entre los Derechos Humanos: la religión no puede ser igual de importante que la vida y la libertad

Enrique Flores

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Rosa Rabani / Arash Arjomandi, El País, 13 de septiembre de 2021

La que se les avecina a las mujeres afganas con el restablecimiento del régimen talibán es estremecedor. Toda persona bienqueriente que esté observando, desde cualquier lugar del globo, esta calamitosa catástrofe experimenta empáticamente consternación y aflicción por lo que les va a suceder a nuestras indefensas congéneres que han nacido o viven en ese entrañable lugar del planeta, otrora parte de la mayor civilización del mundo: Afganistán, literalmente, tierra de jinetes y caballos veloces.

En el mundo libre, el clamor contra una previsible barbarie está llegando estos días al cielo, por cuanto todos presagiamos el peor augurio: que se ultrajen crímenes contra la humanidad sobre la mitad femenina de la población de ese país. Las noticias y tribunas de los medios se hacen eco cada día de este lamentable escándalo. En estas líneas queremos formular, sin embargo, una pregunta más fundacional, previa a la obvia reivindicación de la dignidad de las mujeres en cualquier lugar del mundo. Creemos que la reflexión a efectuar por la comunidad internacional debe ser, en estos momentos, la siguiente: ¿se hubiera llegado a tener que aducir —como ahora se están viendo obligados a ello— que los afganos deben luchar ellos mismos por su país si, desde hace mucho tiempo, Naciones Unidas hubiera asumido sin ambages que la Declaración Universal de los Derechos Humanos se halla jerarquizada en su articulado? ¿Estaríamos ahora en esta trágica situación si la comunidad internacional hubiera hecho valer la prohibición (de esa misma declaración) de equiparar los preceptos de una religión —por mayoritaria que esta sea en un lugar— a la seguridad y libertad de todos los humanos?

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