La financiación de la Iglesia en un mundo menos creyente

octubre 18, 2021

Aunque los datos muestran la tendencia a la baja de la fe religiosa, la Iglesia se mantiene en pie de guerra y con sus privilegios intacto

Foto: Iglesia en Valladolid

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Tania Lezcano, Contrainformación.es, 18 de octubre de 2021

11.000 millones de euros. Es la cantidad que cada año se destina a la Iglesia Católica directamente desde las arcas públicas, es decir, de los bolsillos de la ciudadanía española, aunque hay que añadir más beneficios, como veremos. Sea uno creyente o no, parte de sus impuestos financian a la Iglesia. La casilla de la declaración de la renta es solo un paripé más que sí se deja a gusto de cada individuo.

Precisamente, Unidas Podemos ha registrado en el Congreso una iniciativa para pedir la anulación del Concordato con la Santa Sede, firmado en 1953 con el fin de consolidar los lazos entre la institución y la dictadura. Tras la Transición no se derogó. De hecho, en 1979 se firmaron los Acuerdos entre el Estado y la Santa Sede para adaptar sus privilegios a la nueva situación. Todo esto a pesar de que la Constitución establece la aconfesionalidad del Estado en su artículo 16: «Ninguna confesión tendrá carácter estatal».

En el artículo se añade que «los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones». Aunque cooperación no significa necesariamente financiación y los acuerdos firmados en 1979 animan a la Iglesia a conseguir su propia autonomía financiera, también comprometen al Estado a garantizar el «adecuado sostenimiento de la Iglesia». El resultado es que, a día de hoy, esa autonomía no existe.

El número de creyentes cae sin parar

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Beatificación versus República

octubre 18, 2021

Por Miguel Santiago

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Miguel Santiago, El Portal de Andalucía, 18 de octubre de 2021

El Vaticano ha beatificado, ayer 16 de octubre, a 127 sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos asesinados durante la “persecución religiosa en España”, como aparece en los carteles editados por el obispado de Córdoba, entre 1936 y 1939. Una lápida en el trascoro de la catedral cordobesa recuerda a los sacerdotes “ejecutados” en 1936.  El acto, presidido por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, fue en la Mezquita-Catedral de Córdoba. La apertura de esta causa de beatificación tuvo lugar en 2010 presidida por Juan José Asenjo, anterior obispo de la diócesis cordobesa. En palabras de Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, estos mártires suponen el “amor a Jesucristo hasta la muerte y perdón a los enemigos. De los verdugos no nos acordamos nada más que para perdonarlos. Fueron sus mejores hijos y ejemplo de vida cristiana para el mundo entero” (25-11-2020).

Como ciudadano y cristiano, me generó un gran malestar este acto organizado por la jerarquía católica que, sin pedir perdón por la complicidad manifiesta con el Golpe de Estado militar y la dictadura franquista sufrida durante cuarenta años, pretende lavarse la cara beatificando a 127 personas, asesinadas por la situación tan desgarradora ocasionada por la “guerra civil”, poniendo el acento en la persecución religiosa sufrida entre 1936-39.

He planteado una serie de preguntas-respuestas para mitigar el desasosiego y la indignación que dicho acto me provoca:

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La secta de la censura

octubre 18, 2021

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Manifestantes durante la concentración convocada por diferentes asociaciones LGTBI+ para denunciar la pasividad de las instituciones madrileñas ante la ola de agresiones que sufren, este sábado en la Puerta del Sol de Madrid / EFE – Víctor Lerena

Ana Pardo de Vera, Público, 18 de octubre de 2021

Cuando los nazis, los fascistas, los franquistas o la Inquisición la tomaban, por ejemplo, contra los judíos, los comunistas o socialistas, los homosexuales o las ‘brujas’2356 (mujeres fuera de la norma católica), respectivamente, no era porque esa realidad fuera anormal o excepcionalmente maligna, sino porque su totalitarismo e intolerancia les hacía temer una realidad diversa que ellos no pudieran controlar. El miedo a lo desconocido, y por ello incontrolable, muchas veces es la antesala del odio.

La semana pasada conocíamos con lógica sorpresa (al menos algunas) que el juzgado de lo contencioso número 1 de Castellón retiraba de los institutos «32 libros sobre temática LGTBQIA+, géneros y orientaciones disidentes, relaciones sexo y/o afectivas fuera de la norma atendiendo a la solicitud de Fundación de Abogados Cristianos«.

La negación violenta de la diversidad que atraviesa al mundo es un síntoma de la enfermedad de la intolerancia, agravada en este siglo por el surgimiento de grupos y políticos de ultraderecha amparados y financiados (siempre) por movimientos ultrarreligiosos, que aspiran al poder absoluto. Vean la serie El Reino (Netflix) y me cuentan.

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