En el programa de hoy, que hace la edición 123, Ana Baragaña y José Antonio Naz entrevistan a Jordi Lozano González, conocido como Jordi Petit, una persona referente de la lucha por los derechos a la libertad sexual. Una lucha que, ligada a la general por la democracia, le supuso conocer la cárcel franquista en varias ocasiones en los años 70.
Jordi ha trabajado y representado a organismos y asociaciones LGTBI de España e internacionales, como el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya, o la International Lesbian and Gay Association (ILGA), que tiene el status de ONG consultiva del consejo de Europa, el programa antidiscriminatorio de ONUSIDA. Ha recibido reconocimientos de todo tipo, entre ellos la Medalla de Honor del Ayuntamiento de Barcelona y la Creu de Sant Jordi de la Generalitat. Y entre otras militancias, forma parte de la Asociación Catalana de Personas Ex presas políticas del franquismo.
Vox y otras fuerzas extremistas refuerzan su ofensiva contra “el ‘lobby’ gay” y la “ideología de género” con una obsesiva alerta de pedofilia
Un manifestantes portando la Biblia protesta en contra de la marcha del Orgullo de Budapest, el sábado 28 de junio / ZUMA vía Europa Press ___________________
¡Los niños están en peligro! ¡Les roban su inocencia! El grito se repite en la extrema derecha española. Es el grito de Vox, cuya portavoz adjunta en el Ayuntamiento de Madrid, Carla Toscano, proclamaba la semana pasada: “El adoctrinamiento LGBTI de los niños es corrupción de menores y lleva a la pederastia”. También es la alarma que pulsa la presidenta de Abogados Cristianos, Polonia Castellanos, que aseguraba en una reciente entrevista en OKdiario que en Castellón han enseñado a críos de 11 años a “cocinar con semen”. “Absolutas barbaridades”, se escandalizaba.
Este discurso no es nuevo, pero este año viene con fuerza porque la Hungría de Viktor Orbán, inspiración de Santiago Abascal, prohibió la marcha del Orgullo invocando la protección de los menores, una medida que agitó el debate en España y lo llevó al Congreso. Allí Vox respaldó el mes pasado el veto a la manifestación. Orbán, solemnizó la diputada Rocío de Meer, cumple con su “deber” de “proteger a los niños”.
A la Iglesia no le gusta que la comunidad LGTBI utilice como bandera la bóveda de siete colores, porque la considera el símbolo bíblico de un nuevo comienzo. No hay renacimiento alguno en la involución que vivimos
Algunos no necesitan el «gran vuelco» conservador que se avista para soltarse la melena. El obispo de Orihuela, Alicante, el donostiarra José Ignacio Munilla, reclama para su credo nada menos que la propiedad intelectual del arcoíris. Eso es una inmatriculación a lo grande, y no que la Iglesia inscribiera en el registro a su nombre y de extranjis la plaza mayor del pueblo. Sostiene Munilla que la cúpula de colores ha sido expoliada por el colectivo LGTBI que este mes celebra el Orgullo, y se lamenta de que su vistosa bandera ondee a lo largo y ancho del mundo, incluso en la fachada de la mismísima embajada de Estados Unidos en el Vaticano.
Puñetero junio, lleno de gente que se ama sin pedir permiso ni perdón. Condena el prohombre en su programa de una radio católica que la ideología de género y LGTBI hayan «desfigurado» el «significado bíblico» del arcoíris que no es otro que la unidad con Dios, y avisa de que se ha levantado otra «torre de Babel» sobre preceptos «con los pies de barro» porque «después del orgullo viene la caída».
Álvaro, de 19 años: «Los maricones sustentamos la Iglesia». Bruno, de 23: «Si no hubiera maricones esa cofradía no se movía, ni salía a la calle, ni había flores». Antonio, de 25: «En la cofradía encajo de verdad»
Una imagen del documental ‘¡Dolores guapa!’. Sala 46 Films __________
El intelectual Antonio Núñez de Herrera, autor de Sevilla: Teoría y realidad de la Semana Santa (1934), dejó dicho que, en la capital andaluza, «más que confiar en los Dioses, la gente lo que tiene es confianza con ellos». La frase capta la idiosincrasia de la Semana Santa de Sevilla, tan poco dogmática. La heterodoxia, de hecho, está en su historia y su naturaleza, que es cultura, familia y barrio tanto como fe. ¿La religión? Sí, es una parte importante, sin duda. Pero de una manera que no siempre –y no del todo– agrada a la jerarquía religiosa.
Aunque a veces estas dimensiones sorprenden a los recién llegados, en realidad son cosa sabida. Trabajos como El mito de la tierra de María Santísima, del historiador César Rina (Centro de Estudios Andaluces, 2021), o Semana Santa insólita (Almuzara, 2014), de los periodistas Eva Díaz Pérez y José María Rondón, ya han asomado al lector a una fiesta con vetas populares, profanas y hasta rebeldes. La disidencia –no sólo el alejamiento del dogma, sino un componente contracultural– forma ya parte del relato reconocible de la Semana Santa y de hecho es parte de su gracia.
Las asociaciones contrarias al derecho al aborto están en permanente pelea para tumbarlo en España, comparten espacios, estrategias y miembros, entre los que destaca el exministro Jaime Mayor Oreja o el presidente de HazteOir, Ignacio Arsuaga.
Concentración frente a la sede del PSOE en la calle Ferraz, a 17 de junio de 2021 / Alejandro Martínez Vélez / Europa Press _________
El plan anunciado por Vox para frenar los abortos en Castilla y León, que aún no ha logrado aclarar la Junta, ha sido ampliamente celebrado por las asociaciones antiaborto que libran una cruzada contra este derecho. Llevan años activas, en permanente pelea con el único objetivo de dar marcha atrás y restringir su acceso. Alimentado por sus logros en países como Hungría o EEUU, el movimiento antiaborto conforma un complejo entramado de organizaciones que comparten discurso, ideas y también nombres, entre los que figuran varios vinculados a la derecha más reaccionaria, algunos en activo y varios de ellos ya retirados.
Aunque fueron especialmente beligerantes durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, los ‘lobbies’ antiaborto se han rearmado ahora contra las políticas del Gobierno y en particular la nueva Ley del Aborto o la reforma legal contra el acoso ultra en las clínicas. Las organizaciones están aglutinadas en distintas iniciativas y plataformas, que aunque con distintos nombres, replican discurso y miembros. Asimismo, en el universo antiaborto, es común que los integrantes de los colectivos formen parte de más de uno al mismo tiempo.
One of Us, Women of the World, Profesionales por la Ética y Enraizados, ‘lobbies’ con sede o líderes españoles, despliegan en Europa su lucha contra el aborto, la «ideología de género» y los derechos Lgtbi
Manifestación contra el aborto convocada en Madrid en abril por la asociación Enraizados, que desarrolla actividad como lobby en la UE. / Europa Press ______________
Una federación europea de organizaciones «provida». Una plataforma internacional contra el feminismo y por la mujer-madre. Una organización obsesionada con meter en las aulas el «pin parental». Otra inspirada por el ejemplo Isabel la Católica. One of Us, Women of the World, Profesionales por la Ética y Enraizados tienen mucho en común: su defensa de la llamada «familia natural» –es decir, del matrimonio heterosexual con hijos, lo «tradicional»–, su lucha por la financiación pública de la educación concertada católica –lo que llaman «libertad de educación«–, su reivindicación antifeminista del rol tradicional de la mujer, su beligerancia contra la izquierda…
Y dos rasgos más: uno, que son entidades registradas como lobbies en la UE, donde tratan de impulsar políticas en línea con su ideario ultracatólico; dos, que las organizaciones o bien son españolas o bien tienen como máximos responsables a figuras españolas del movimiento integrista.
El programa que realizan José Antonio Naz y Ana Baragaña aborda el tema de las terapias de conversión.
Desde 2016, la práctica generalizada e impune de ECOSIEG (Esfuerzos de Cambio de Orientación Sexual e Identidad y Expresión de Género) o las mal llamadas «terapias de conversión» se ha convertido en uno de los principales temas de preocupación y denuncia en la defensa de los derechos humanos del colectivo LGTBIQ+.
Sin embargo, a nivel político y legal, todavía estamos muy lejos de que exista un consenso sobre qué son, en qué consisten y cómo deberían atajarse.
Desde hace poco más de un lustro, la práctica generalizada e impune de las mal llamadas ‘terapias de conversión’ se ha convertido en uno de los principales temas de preocupación y denuncia dentro del activismo LGTBIQ+ español. Sin embargo, a nivel político y legal, España está todavía muy lejos de que exista un consenso sobre qué son, en qué consisten y cómo deberían atajarse estas pseudoterapias –también conocidas como ECOSIEG (Esfuerzos de Cambio de Orientación Sexual, Identidad o Expresión de Género)– desde un prisma normativo y sociopolítico. Esta problemática ha absorbido gran parte del trabajo que Saúl Castro, abogado y fundador de la Asociación Española Contra Las Terapias de Conversión, ha realizado en los últimos tres años y que ahora plasma en su libro ‘Ni enfermos ni pecadores’. Hablamos con el autor sobre lo que supone un fenómeno tan escandaloso como arraigado en nuestro país.
¿En qué consisten realmente esas prácticas pseudocientíficas de las que hablas en tu libro?
En España, las terapias de conversión se practican, principalmente, siguiendo los llamados ‘enfoques psicoterapéuticos y enfoques de fe’. Estos enfoques se basan en la idea de que la diversidad sexual y de género es inherentemente mala, pecado o contraria a la moral, o bien en la idea de que la diversidad LGTBIQ+ deriva en heridas emocionales o eventos traumáticos que han ocasionado una falta de maduración de la identidad que se entiende como normal (la cis heterosexual). Partiendo de estas premisas, absolutamente desacreditadas por los estándares y consensos científicos, los promotores y perpetradores de terapias de conversión hacen distintas prácticas y ejercicios, entre los que se incluyen la obligación de mantener periodos de abstinencia sexual y castidad (entre 270 días y un año), el control masturbatorio, ejercicios de diario (donde se tienen que ir escribiendo todos los eventos que activan el deseo sexual, el número de veces que uno se masturba), etc…
Asegura Paternotte que se trata de un movimiento internacional, una “constelación” de diversos actores, entre ellos, asociaciones, partidos y miembros de la Iglesia cuyo objetivo es “frenar lo que se ha conseguido en materia de derechos de las mujeres y LGTBI”
David Patternote / Jochern Brouwer Amsterdam
Marta Borraz, El Diario, (publicado en agosto de 2019), 12 de agosto de 2022
Lo usan los sectores más conservadores, algunos obispos de la Iglesia Católica, Vox o colectivos como HazteOír. El término ‘ideología de género’ ha arreciado con fuerza en los últimos años para hacer referencia al feminismo y a los derechos LGTBI con el objetivo de desacreditarlos. Sin embargo, no es solo una palabra. Se trata de un discurso y una estrategia enarbolada internacionalmente para imponer una agenda política ultraconservadora. Así lo explica el investigador David Paternotte, profesor de Sociología y Estudios de Género en la Universidad Libre de Bruselas (ULB). Autor de varias publicaciones sobre el tema, Patternote lleva años analizando “el entramado internacional” que hay tras esta retórica, que, asegura, “no debemos minusvalorar”.
¿De dónde sale este discurso?
Tiene su origen en el Vaticano, en época de Juan Pablo II y tras las conferencias internacionales de Naciones Unidas en El Cairo sobre población y desarrollo (1994) y Beijing sobre mujeres (1995). En la primera se reconocieron los derechos sexuales y reproductivos y en el 95 se introdujo la palabra género. La Iglesia Católica se había opuesto mucho a estas reuniones, pero perdió, así que comenzó a construir este discurso achacando los avances de las mujeres a una supuesta radicalización. Lo que vienen a decir es que tras el discurso de igualdad y de no discriminación habría una peligrosa conspiración a manos de gente que querría tomar el poder.
Su éxito más reciente se ha producido en EEUU, pero los lobbies ‘antigénero’ llevan décadas tratando de imponer su agenda en Europa; un estudio cifra en 707 millones de dólares el poder económico detrás de este grupo en el que destacan como referentes los españoles Ignacio Arsuaga y Jaime Mayor Oreja
Su éxito más reciente se ha producido en Estados Unidos, pero los lobbies ultracatólicos llevan décadas tratando de influir en la agenda para limitar los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI. La decisión del Tribunal Supremo norteamericano de revocar la sentencia que garantizaba el derecho al aborto ha sido asumida como un espaldarazo para la actividad que realizan en Europa más de un centenar de fundaciones y ONG que buscan tumbar los derechos sexuales y reproductivos y que cuentan con un gran apoyo económico.
Los expertos consultados reconocen la dificultad de seguir el dinero que financia a estos colectivos. Una de las últimas aproximaciones realizadas ha sido liderada por el Foro Parlamentario Europeo sobre Derechos Sexuales y Reproductivos (EPF), que ha concluido que entre 2009 y 2018 estas plataformas ultracatólicas han manejado “al menos” 707,2 millones de dólares para influir en las políticas sociales europeas.
La financiación para mermar los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI ha ido en aumento en los últimos años, pasando de 22,2 millones en 2009 a 96 millones en 2018, según la investigación realizada por Neil Datta, director ejecutivo de EPF, que considera que la sentencia norteamericana “es una gran victoria para estos colectivos”.