Sexo, mentiras y olvidos capitales de la Iglesia católica, ¿es posible pensar en un devenir laico del Estado?

febrero 8, 2022

Como habitante atea en un Estado aconfesional solo aspiro a que este derive, más pronto que tarde, hacia un laicismo (no fundamentalista) que no se inmiscuya en la multiplicidad de prácticas religiosas existentes entre la población, pero tampoco privilegie (legal, fiscal, judicial o financieramente) a ninguna de ellas.

Pablo Santiago

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Marisa Pérez Colina, El Salto, 8 de febrero de 2022

Cantabria, a finales de la década de 1970. Entre los 8 y los 10 años solía acompañar a mi abuela a rezar el rosario en la ermita de su pueblo, mi pueblo en vacaciones. Me gustaba ver a las mujeres acariciando una a una las cuentas de sus rosarios, escucharlas cantar, enredar mi mirada en los encajes de los pañuelos que cubrían sus cabellos. Un día que llevaba puesto un vestido de tirantes, mi abuela me dijo que para subir al rosario tendría que cubrirme con una rebequita. El vestido me gustaba mucho pero la rebeca picaba. Así que esa tarde no la acompañé a la iglesia. No volví más. Le cogí miedo a la cosa desconocida que quería verme los hombros. Las intuiciones infantiles son muchas veces asombrosas y qué duda cabe de que esa animadversión de las religiones en general y de la católica en particular por todo lo relativo a “la carne”, despierta, como poco, una desazonante inquietud. 

Me he acordado muchas veces de este episodio. La última vez, cuando leí las conclusiones del informe de la comisión independiente que, en Francia, ha investigado los casos de pederastia en el seno de la Iglesia entre los años 1950 y 2020: al menos 216.000 menores fueron víctimas de pederastia en el seno de la Iglesia católica francesa en los últimos 70 años.

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Monoteísmo y misoginia

febrero 11, 2021

#DiaInternacionaldelaMujerylaNiñaenlaCiencia

Las 10 mujeres cient%C3%ADficas m%C3%A1s importantes de la historia

Fuente imagen

Mètode, 11 de febrero de 2021
Josep Lluís Barona, Mujeres y Ciencia. Genealogía de una exclusión (fragmento)

Monoteismo y misoginia

La inferioridad biológica y social de la mujer fue definitivamente reforzada en nuestra tradición cultural por la inferioridad espiritual. La transición del politeísmo, más o menos compatible con las filosofías naturales, hacia un «monoteísmo patriarcal» aún reforzó más la subordinación de la hembra al macho. Cristianismo, judaísmo e islam comparten las raíces de esta religiosidad profundamente misógina, parte esencial de su dogma. La antropología cristiana –reivindicada por algunos como verdadera señal de identidad occidental y europea– no solo estableció desde los primeros concilios que iluminaron la «patrística», y también con las ideas de Pablo de Tarso y Agustín de Hipona, la inferioridad espiritual de la mujer, sino que también la privaron de alma, elemento esencial de la condición humana, poniendo en cuestión su identidad espiritual y la capacidad de salvación. Tuvieron que transcurrir muchos debates teológicos que llegaron hasta los primeros siglos de la modernidad para que la mujer –siempre humana y espiritualmente inferior– recibiese por lo menos el reconocimiento de una espiritualidad humana gracias a María, la madre de Cristo. No es casual que en todas las mitologías patriarcales la mujer, llámese Eva o Pandora, estuviese estigmatizada como origen del mal, de la enfermedad, del dolor y de la muerte. La mujer curiosa e inconstante, sensible y de inteligencia escasa. La mujer culpable de romper el orden sagrado instaurado por el Dios Padre, pecadora, seductora, personificación del mal. El poder patriarcal en las sociedades clásicas se fundamentaba en una sólida concepción de la condición humana legitimada por elementos religiosos, filosóficos y biológicos que contribuyeron a dar coherencia a la inferioridad fisiológica, social y espiritual de la mujer con respecto al hombre.

Degradada a una condición de inferioridad, el contacto con la mujer siempre rebajará y pondrá en peligro la perfección del macho, sea en la dimensión espiritual, sea en la física, y por eso algunos médicos veían en la mujer un agente transmisor de enfermedades (venéreas), un riesgo, y los sacerdotes, una amenaza para la perfección espiritual, una justificación para el celibato. Las religiones monoteístas patriarcales han mirado a la mujer con miedo, como si fuera un peligro. Lee el resto de esta entrada »


Religiosos y filósofos, disparen, es una mujer

noviembre 29, 2020

Fragmento de Victoria de Santo Tomás de Aquino sobre Averroes, de Benozzo Gozzoli, 1468-1484 / Santo Tomás flanqueado por Aristóteles y Platón

Víctor Salmerón, Nueva Tribuna, 29 de noviembre de 2020

Platón, a quien comúnmente se le alaba por ser el filósofo griego que más dignificó a la mujer por lo que expresó de ella en su República, en esa obra de capital importancia para el ámbito filosófico, sostuvo que la mujer es perfectamente capaz de ejecutar las mismas actividades físicas e intelectuales que los hombres realizan; eso, en todo caso, no lo redime de haber sido lo que fue: un machista y un misógino. Pues la mujer, a su juicio, tenía que adecuarse a las exigencias del hombre, debía ser como él, pero no aquel como ella.

Aristóteles, el gran fundador de la lógica formal y dotado de las más eminentes virtudes intelectuales, cuando tuvo que opinar sobre las mujeres nos salió con esta joya de juicio: “parecen hombres -sostiene-, son casi hombres, pero son tan inferiores que ni siquiera son capaces de reproducir a la especie, quienes engendran los hijos son los varones”, (…). “son meras vasijas vacías del recipiente del semen creador”; y, para encriptar su sabiduría sobre esta cuestión, continúa: “el esclavo está absolutamente privado de voluntad; la mujer la tiene, pero subordinada; el niño sólo la tiene incompleta”; los bárbaros y la mujer son el no ser, los exteriores, no son considerados en su sistema. Pero no para allí, luego se jacta diciendo que “el macho es por naturaleza superior y la hembra inferior; uno gobierna y la otra es gobernada; este principio de necesidad se extiende a toda la humanidad” (Política (1254 b 13-15) La mujer, por naturaleza, es inmensamente inferior al hombre, según los criterios básicos de Aristóteles. Hegel, como sabemos, en su sistema no contempló como necesaria la existencia de los morenos, las mujeres y las colonias dominadas por los europeos.

¿Y en el terreno de Dios?

Antiguo Testamento, me parece que nuestra suerte cayó en tierra movediza: porque uno de los sectores más damnificados, producto de los perjuicios y prejuicios de los creadores de la Biblia es, para el que lo quiera saber y el que no, el femenino. La Biblia de cuyo contenido se deriva la moral y la teología cristianas es, por lo que allí se expone, furibundamente machista. El antiguo testamento demuestra, de manera irrefutable, lo que digo. No caería mal una lectura bien concienzuda sobre estos versículos: GÉNESIS 3:16, donde se narra el castigo de Dios a la mujer; LEVÍTICO 12: 1, 2 & 5 y JUECES 21:10-12 etc. Todos esos versículos comparten algo en común: su frenético y virulento odio contra las mujeres. Para los autores de la Biblia, la culpable de toda la desdicha e infortunio de los hombres fue la mujer; asimismo fue la responsable directa de la enemistad de éste con aquellos. Mas esa negativa no se superó en el nuevo testamento. Lee el resto de esta entrada »