La miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso
Unas 35.000 personas asistieron al evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa | Foto: TheChange _________________
La imagen de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de pastores evangélicos dio la vuelta al mundo. “Oramos para que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente (…) Padre, te rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita”. Mientras recitaban estas palabras, los pastores evangélicos posaban sus manos sobre el presidente para darle fuerza en su guerra —ilegal— destinada, supuestamente, a liberar al pueblo iraní de la terrible teocracia de los ayatolás. La imagen no podía ser más icónica del momento histórico en el que nos encontramos, donde el resurgir de los neofundamentalismos religiosos se está convirtiendo en un rasgo común de la ola reaccionaria global.
Un mes después de esta icónica fotografía de los pastores evangélicos arropando a Trump en el Despacho Oval, unas 35.000 personas abarrotaban el estadio Metropolitano durante el evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa. Uno de los momentos más virales fue la aparición del exfutbolista Dani Alves que, tras haber sido condenado por agresión sexual a una mujer en una discoteca y posteriormente absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, se ha convertido en un conocido telepredicador evangélico. Un estadio abarrotado de vibrantes feligreses resumía bien un fenómeno que lleva años creciendo y que ahora empieza a hacerse visible a gran escala: el auge del evangelismo en Madrid.
El discurso fundamentalista cala en una parte de esta rama del cristianismo a través de las iglesias neopentecostales, cercanas a la ultraderecha
Captura de pantalla _______________
Antonio Nieto | Luis Almodóvar, El País, 23 de junio de 2026
Este documental aborda el crecimiento de la comunidad evangélica en España y también la presencia, cada vez más visible, de su corriente más radical y extrema, que algunos vinculan con el movimiento neopentecosal: iglesias que basan su culto en curaciones milagrosas en contra de la ciencia y en lo que los expertos llaman la teología de la prosperidad: cuanto más dinero des a Dios, Dios más te dará.
Se calcula que ya hay en España 1,5 millones de fieles evangélicos, la mayoría atraídos por las iglesias pentecostales, la denominación más numerosa de la fragmentada familia protestante. Este documental explora las diferencias dentro de esta corriente del cristianismo y aborda el crecimiento del movimiento neopentecostal, un tipo de populismo religioso que ha establecido vínculos con el poder en todo el mundo, de Bolsonaro a Trump.
Ronald Reagan fue una mala escolopendra inteligentísima que entendió antes de su primer mandato, allá por 1981, que podía instrumentalizar la fe para doblar la rodilla del pueblo a favor del único dios del que realmente era siervo y esclavo: el dinero.
El también actor y artista de variedades –a mi abuelo le gustaban sus pelis de vaqueros– se sirvió de lo que había aprendido en la farándula y el espectáculo, en la televisión y el choubiznes, para apuntalar su carrera política gracias al camino neopentecostal ochentero, una corriente religiosa e ideológica – muy importante esto último: hacen proselitismo infame de las injerencias políticas –que extraía del imaginario cristiano sus discursos más masculinos y reaccionarios– o sea, veterotestamentarios –para fusionarlos con lo que sus séquitos denominan teoría de la prosperidad, una antítesis de la revolucionaria teología de la liberación que convierte lo espiritual en un acto individual y atomizado con una recompensa material en lugar de espiritual: la fe, según esta charlotada yanki, será recompensada por Dios y el Espíritu Santo con riquezas materiales en esta vida sin que importe que seas o no buena persona, que seas justo con el prójimo o que siembres tu existencia de malas obras; resulta que Cristo prometió anillacos de oro y residencias palaciegas a cambio de idolatrarlo y no nos habíamos enterado.
El pasado fin de semana, el Estadio Metropolitano de Madrid se llenó de decenas de miles de personas convocadas por un macroevento evangelista. No fue un concierto ni un partido de fútbol: fue una concentración religiosa que transformó el templo del Atlético en un altar colectivo. Imágenes de fieles alzando las manos, coros de alabanza y predicadores prometiendo salvación resonaron en las gradas. Lo que a primera vista podría parecer un acto de fe inofensivo es, en realidad, una señal de alarma roja para la sociedad española. Este tipo de eventos masivos no son anécdotas; son el síntoma visible de una deriva reaccionaria que avanza a pasos agigantados en nuestro país y de un crecimiento alarmante de la influencia religiosa en la esfera pública.
Con la caída del campo socialista en Europa, hemos presenciado durante las últimas décadas una desaparición casi total de fuerzas transformadoras. Los partidos socialdemócratas y de izquierda han perdido peso y han abrazado el liberalismo o han sido desplazados por opciones populistas. En ese vacío ideológico, la religión —en todas sus formas— ha avanzado de manera notable. La ciudadanía, desorientada ante las crisis económicas del capitalismo, la precariedad laboral y la gradual desaparición del tejido asociativo, se ha refugiado en ella buscando una brújula ideológica y moral que la política secular ya no le ofrece.
Fuente: Carlos de Vega, Luis Almodóvar, El País 31 de marzo de 2026
La historiadora Kristin Kobes Du Mez, autora del libro Jesus and John Wayne, que investiga la relación entre el poder y la religión, explica cómo, en nombre de Dios, se justifica la violencia y la guerra en Estados Unidos.
* En el blog de Asturias Laica sobre Kristin Kobes Du Mez y su libro:
Con el derecho de voto reconocido a ciudadanos de países con convenio de reciprocidad, fundamentalmente latinos, este electorado se ha convertido en objeto de deseo de los partidos políticos, pese a la contradicción que supone para algunos casarlo con su agenda antiinmigración
Celebración ecuménica de la comunidad Camino de Vida. En la Región de Murcia ya existen oficialmente 110 iglesias evangélicas | Ángel Cantero ______________________
En un templo discreto del barrio murciano de El Carmen, un pastor de origen hondureño levanta la voz mientras decenas de fieles cierran los ojos y levantan las manos hacia el cielo. Afuera, la tarde otoñal cae sobre una ciudad que, como toda la región, ha cambiado silenciosamente en la última década: hoy, uno de cada cinco habitantes de origen extranjero en la Región de Murcia procede de América Latina, y una parte creciente de ellos se define como evangélica. Según el Registro de entidades religiosas del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, en esta comunidad autónoma ya hay registradas 110 iglesias evangélicas.
Así que, lo que antes era solo un fenómeno espiritual, empieza a tener una traducción política. Y los partidos lo saben. En España, solo una parte de la población extranjera puede votar en las elecciones municipales. Lo permite la Constitución, pero lo concreta un sistema de convenios de reciprocidad con países que garantizan el mismo derecho a los españoles. En la práctica, eso incluye a Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Trinidad y Tobago y Cabo Verde, además de los países de la Unión Europea.
Antes de que se me cascara la tele, mi placer culpable era hacer maratones de Mujeres asesinas, una serie de true crime que en su inglés original se titula Snapped –que yo hubiera traducido como Hasta las narices-, y que en su versión en castellano se optó por un título que iba directo al spoiler. Y digo que era un placer culpable porque la serie era -y sigue siendo- un despropósito amarillista y morboso que recurría a reconstrucciones cutres y que exageraba y distorsionaba el papel de las mujeres en estas lides de asesinar, cuando en realidad el noventa por cierto de los asesinatos son cometidos por hombres. Pero nadie se puede resistir a una femme fatale, aunque esta sea una señora de mediana edad del Medio Oeste que hace la compra en Wallmart con mallas negras y camiseta XL.
Así que es entendible que cayera rendida a sus pies, aunque lo que más me atraía era el hecho de que desde el principio me pareció un ensayo sociológico valiosísimo con el que poder trazar con precisión casi milimétrica la involución de una parte de la sociedad norteamericana en su lento pero imparable camino hacia los brazos del trumpismo y el movimiento-secta MAGA.
Llamar ideología de género a la lucha por la igualdad es como llamar ideología de raza al rechazo del racismo
Yadira Maestre, durante su intervención en un acto del PP | Fuente (foto cedida) ______________________
Enrique del Teso, Nortes, 27 de septiembre de 2025
Cuando se juntan, dan lo peor de sí mismos. Ninguna versión de Dios es buena cuando se enreda con la patria. Ninguna versión de la patria es buena cuando va envuelta en Dios. Lo de Dios y la cruz depende siempre del contexto. Los boomers nos criamos en el nacional catolicismo y había una cruz en las aulas y muchos otros sitios. Era un telón de fondo, un ruido ambiental que llega a no oírse de tan persistente. La infancia de cada uno es de cada uno, es su territorio de inocencia, juegos y asombro. Es difícil que no tenga algo de entrañable todo lo que agite los hilos de la memoria de la infancia. Hasta las fotos de los setenta de las calles insalubres llenas de charcos en los que chapoteábamos nos ponen una sonrisa dulce. También la cruz y las peroratas sobre Dios. Y los que nos criamos en barrios obreros con parroquias con fuerte acento social vimos muchas veces la cruz en espacios y actos muy sentidos. Todo es cosa de contexto.
La misma cruz, cuando la usaba la niña de El exorcista para masturbarse, mientras daba a vuelta a su cabeza demacrada y hablaba con aquella voz cavernosa y antinatural («¿has visto lo que hace la cerda de tu hija?») era literalmente un instrumento del infierno evocador de pesadillas. La cruz que vemos en las recreaciones cinematográficas del Ku Klux Klan era la señal del odio racial descerebrado. Lo de Dios y la cruz siempre es cosa del contexto. Cuando Trump dice que tenemos que devolver a Dios a EEUU, Dios vuelve a ser el mismísimo diablo.
La fe evangélica mueve montañas en Madrid. Al menos, esto es lo que revelan los últimos datos. En la región se abre un templo cada cuatro días desde hace cinco años, según el Directorio del Observatorio del Pluralismo Religioso.
Todos los lunes, a las nueve de la noche, 25 evangélicos latinoamericanos se conectan por videollamada en un grupo de WhatsApp para rezar pasajes de la Biblia. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar y limpiarnos de toda maldad. Juan 1:9”, se lee en el chat apenas acaba la hora de oración. El organizador es el pastor Freddy junto a su esposa, Julia Esparza. Ambos han preparado un evento llamado Sanidad y Milagros que se ha celebrado este sábado, organizado por su iglesia Destellos de Gloria Global, con la presencia del apóstol Jorge Díaz, llegado desde Colombia supuestamente para curar a los fieles. Freddy comparte solo la ubicación del templo, en el barrio del Pilar, y avisa de que alguien saldrá a recibir a los recién llegados. “Si tiene alguien enfermo, tráigalo también”, dice por teléfono.
Nos adentramos en la organización religiosa más influyente de Washington con Jeff Sharlet autor de ‘La Familia’
_____________________
Pablo_Morán-L. Riera, Cadena SER, 21 de agosto de 2025
Se ven a sí mismos como los elegidos de Dios en el mundo para librar una guerra espiritual y mueven millones de dólares a través de corporaciones libres de impuestos. ‘The Fellowship’, también conocidos como ‘La Familia’, son la organización cristiana más antigua, influyente y políticamente comprometida de Estados Unidos. Hay congresistas de ambos partidos que están bajo su paraguas, pero sus tentáculos son globales porque su objetivo último es imponer un capitalismo bíblico en el planeta.
Su equivalente español podría ser el Opus Dei en una versión evangélica protestante. El paralelismo lo pone Jeff Sharlet, autor del libro ‘La Familia. Las raíces invisibles del fundamentalismo en Estados Unidos’ que inspiró la serie de Netflix. “Lo que la diferencia del resto de grandes organizaciones cristianas de derechas es que no buscan publicidad. No tratan de salvar a las masas. Tienen una idea teológica particular que busca convertir a quienes llaman hombres clave, a la élite, a personas que ellos creen que pueden desarrollar la sociedad que tienen como ideal. Y el resto, nosotros, podremos vivir en ella sin más”, añade.