El Supremo Hacedor, en este artículo de Malgara García Díaz, se desvela como un «básico» que combina con la guerra, la patria, la economía, el poder y el supremacismo

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Malgara García Díaz, Campo de Gibraltar Siglo XXI, 23 de agosto de 2026
Sí, ya sé que este magazine no se ocupa de trapos, maquillajes, ni de complementos y que yo, específicamente, tampoco soy un buen ejemplo para hablar de imagen, ni de moda. No obstante, siempre me mantengo alerta para informar de aquello que, aunque parezca una fantasía, tiene su fundamento.
No voy a descubrir nada si digo que Dios es tendencia, porque en el Mundo hay varios miles de millones de personas que lo han elegido como guía y maestro en sus vidas. Así que digamos que Dios es un básico que combina con todo: guerra, patria, economía, poder, supremacismo… Pero, ¿qué digo? Si es que incluso funciona como un fondo de armario, ese al que puedes recurrir cuando no sabes muy bien qué ponerte.
Ya lo vimos en una imagen estremecedora de la Corte Imperial -siempre marcando estilo-, con una veintena de pastores y pastoras bendiciendo a Donal Trump desde todas las modalidades que el evangelismo acoge. Una para cada clase de oveja. Eso sí, todas de pura lana virgen.
Tampoco olvidemos que, quien es ahora su principal enemigo, Irán, también tiene un aliado en su Dios y por eso, sabiamente, protege a su pueblo de los temibles efectos que pueden ocasionar ver a las mujeres con el pelo al aire o, ¡alabado sea Dios! enseñando un talón, un tobillo, una mano, un derecho… Aunque aquí, hablar de tendencia, es quedarse muy corta. Dios es un absoluto y el país, empezando por los imanes, luce un total look que esconde muchas victim, incluidas las fashion.
El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, en su discurso de toma de posesión, esgrimió la Biblia y la espada, porque ha sabido actualizar una propuesta que parece no perder su vigencia. Y es que así iban las órdenes militares religiosas, con idénticos objetos, invadiendo el sur peninsular en el siglo XIII. Claro, seguían a Fernando III “El Santo”. Como hombre de Dios, Abelardo inició su mandato con un retiro espiritual de su gabinete al completo y vimos imágenes de un rezo colectivo del rosario. Él, que quiere “poner a Dios en el centro de cada decisión”, ha aprovechado los balones que le sobraron de la campaña electoral para que los niños que han perdido sus casas y hasta a sus familias con el terremoto, puedan entretenerse entre los escombros. ¿Quién dijo miedo a las combinaciones arriesgadas?
Y si nos vamos a los territorios de Gaza y Cisjordania comprobamos cómo Dios quiere que su pueblo elegido -¡ojo, que no hablamos de creyentes sino, justamente de lo contrario, que es la propia divinidad quien ha escogido a su rebaño!- aniquile a toda la población del lugar. Esto, a mi entender, ya quizá hasta podría calificarse de divino intervencionismo. Aunque, en realidad no les hace falta, ellos solos se bastan. Ben Gvir, el ministro de Seguridad de Isarel, el de los 30/40 asesinatos diarios porque yo lo valgo, está preparando una performance, una especie de pasarela, desde la que ver, como si de un espectáculo se tratara, los ahorcamientos de palestinos que han sido condenados a este tipo de ejecución. Lo mismo digo, original, original, no lo es. ¿Qué me dicen de los autos de fe? Pero es que, aunque parezca un oxímoron, lo vintage siempre está a la última. Por eso, tiene el aplauso de su pueblo asegurado y un lugar en el seno de Abraham.
Pero lleguemos a nuestras propias tierras, más concretamente, a la de María Santísima, también conocida como Andalucía. Siempre ultrimísimo, nuestro recién inaugurado gobierno ha firmado un convenio con los obispos para garantizar la asistencia religiosa a los enfermos. Lo que no queda claro es si los curas lo harán como personal sanitario -especialistas en extrema unción-, porque, al fin y al cabo, ellos salvan el alma. Ya han saltado las alarmas en el Cielo porque esperan una avalancha de ánimas andaluzas. Incluso hay quien dice que igual se produce un efecto llamada y que se inicie un turismo del último suspiro hacia la beatitud, entrando por urgencias en los hospitales andaluces. Estos próximos espíritus, abandonados por la sanidad, pero reconfortados por los auxilios de un sacerdote, van con San Pedro del tirón a la eternidad. Y es que este impulso hacia la santidad va a ser un plus en los historiales de los pacientes, que en gloria estén. Por resumir, es algo así como un prêt-à-porter para la visión beatífica.
En fin, que yo, como siempre, me hallo incrédula, porque pensaba que esto de las creencias pertenecía al mundo privado, incluso íntimo de las personas y resulta que es un pilar básico de la política de los Estados y, sobre todo, que hacer gala de ello lo peta. Así que, si les cuesta decidirse por el estilismo, no lo duden, el outfit, hoy, se llama Dios.
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Malgara García Díaz, historiadora, presidenta de 2020 a 2023 de la Asociación Casa de la Memoria, es escritora y profesora (ha sido directora del Enclave Arqueológico de Carteia, asesora del CEP del Campo de Gibraltar, columnista en el diario Europa Sur y profesora hasta su jubilación en el IES José Cadalso)


















