«Feminismo y coeducación» | Octavio Salazar en Domingos Laicos

mayo 11, 2026

Programa 137, emitido, el domingo a las 12’00 del mediodía en el 90.2 de la FM

Viñeta de Goval para el programa
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Fuente Domingos Laicos – Paradigma Radio, 11 de mayo de 2026

Nuestros jóvenes se enfrentan a un futuro incierto en el que van a tener que competir con IAs y robots por la obtención de un puesto de trabajo, con la movilización social en horas bajas; ya que las redes sociales fomentan actitudes individualistas y narcisistas, y están plagadas de bulos y desinformación. Por eso no es de extrañar que hayan calado en ellos discursos populistas neoliberales que alimentan su resentimiento contra chivos expiatorios como las mujeres o los inmigrantes. Es decir, se sienten damnificados por la cultura woke y añoran recuperar los privilegios perdidos.

En el programa de hoy, José Antonio Naz y Ana Baragaña reflexionan con Octavio Salazar, autor del libro «La masculinidad como dispositivo de poder. Entre la manoesfera y los hombres nuevos«, sobre los errores del feminismo y de la coeducación; ya que para alcanzar una auténtica igualdad, hemos de abordar una reforma estructural de un sistema productivo masculinizado centrado en el trabajo y en la competitividad, que minusvalora los cuidados, la estabilidad emocional, lo común y el medio ambiente.

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Pederastia: El poder fálico-sagrado sobre los cuerpos

febrero 28, 2024

Octavio Salazar escribe a propósito del último libro de Juan José Tamayo, Pederastia. ¿Perdón sin penitencia?

Fragmento de la portada del libro de Juan José Tamayo
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Octavio Salazar, Público, 28 de febrero de 2024

En estos años de debates en torno a la mejor manera de acabar con las violencias machistas parece estar cobrando cada vez más fuerza la lógica que traslada al Derecho Penal la responsabilidad de zanjarlas. Una opción que parece olvidar que dichas violencias son el resultado de una estructura de poder y de un orden cultural, y que por lo tanto difícilmente serán combatidas con éxito si les aplicamos casi de manera exclusiva una respuesta, la penal, que se basa, al menos en democracia, en las responsabilidades individuales.

No estoy diciendo que nuestro Estado de Derecho no deba prever las debidas consecuencias para quienes violenten nuestro pacto de convivencia, y muy singularmente para quienes al hacerlo lesionen la integridad física y moral de otros y otras, pero continuaremos equivocándonos si pensamos que castigando al machismo vamos a acabar con él. Hasta que no incorporemos, también a lo jurídico, que la desigualdad de mujeres y hombres es una desigualdad de estatus, y por lo tanto de poder, y que ello se traduce no solo en unas estructuras – sociales, políticas, económicas -, sino también en un orden cultural y simbólico, me temo que nos vamos a salir del terrible círculo vicioso. El que para atajar la violencia genera más violencia. Solo empezaremos a romper ese círculo si empezamos a romper los pactos de varones que sustentan las asimetrías de poder y si, en paralelo, desmontamos una masculinidad que, en cuanto megaestructura de pensamiento, no solo nos define a los hombres sino que también marca las pautas del prestigio y la autoridad en términos colectivos.

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