Henri Peña-Ruiz, filósofo: «Es un error creer que la laicidad significa hostilidad a la religión»

El pensador francés, autor de varios trabajos señeros sobre la laicidad y sus componentes, sostiene que la Iglesia católica lo que quiere es mantener sus «privilegios».

El filósofo Henri Peña Ruiz | Público
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Raúl Bocanegra, Público, 26 de abril de 2026

Henri Peña-Ruiz es hijo de emigrantes españoles. Catedrático de Filosofía en la Escuela de Estudios Políticos de París, en su obra destacan libros como La laicidad y La emancipación laica (1). Acudió hace unos días al congreso de la asociación Europa Laica, que cumplía 25 años, en Almagro (Castilla La Mancha). En esta entrevista con PúblicoPeña-Ruiz clarifica los componentes de la laicidad en un momento crítico. «Es de interés general el hecho de tratar igualmente las opciones espirituales. Y esto en naciones que van a evolucionar hacia un mundo multicultural [es relevante]. La única solución para el multiculturalismo es la neutralidad del poder. Es la igualdad de trato de todas las opciones espirituales», afirma.

«España -considera el pensador- está acogiendo muchos extranjeros. Es evidente que si un extranjero es musulmán o es de otra religión o es ateo, para integrarse en España, como en Francia, [debería] obtener los tres principios: libertad de conciencia, igualdad de derecho, y el interés general como el papel, el deber del Estado. He leído la Constitución española de 1978. Dice: Ninguna religión tendrá carácter estatal. Eso significa que ya no hay privilegio para una religión».

«La laicidad no es antirreligiosa, el primer error es creer que la laicidad significa hostilidad a la religión», explica. «No es esto. No tiene nada que ver con esto. La laicidad lo que pretende es tratar igualmente todas las opciones. En nuestras sociedades hay tres opciones espirituales: humanismo ateo, humanismo agnóstico y humanismo religioso creyente. ¿Cómo hacer convivir a estas personas de la manera más pacífica y más justa? Tal es la pregunta a la cual la laicidad contesta. ¿Cómo contesta? A mi parecer, la respuesta se arraiga en los derechos del ser humano. Por ejemplo, la Francia anterior a 1789 era llamada por los papas hija mayor de la Iglesia. Con la revolución francesa cambió la idea de nación», reflexiona Peña Ruiz.

«Ya la nación -prosigue- no se fundaba sobre particularismos de costumbres y de religión, sino que con la emergencia de los derechos humanos la nación cambió de sentido. Justo lo dice el contrato social: la nación está formada por todas las personas que viven en ella y que se dan a sí mismo su propia ley. La nación después de la revolución francesa ya es una nación de tipo ético-jurídico, fundada sobre derechos humanos. Y fundándose sobre los derechos humanos, la nación cambia de esencia. Ya no es Francia la hija de la Iglesia. Es una nación que se da a sí misma su propia ley».

Peña Ruiz profundiza en su reflexión: «¿Cuál es la ley que permite unir sin problema a los creyentes, los ateos y los agnósticos? Son tres los principios que definen la laicidad. El primer principio es la libertad de concienciaEl segundo es la igualdad de trato y de derecho de las opciones espirituales, lo que excluye claramente los privilegios de las religiones, [y tampoco] establece, por tanto, privilegios del ateísmo. O sea, en una nación democrática hay libertad de conciencia. Cada uno elige su opción espiritual. Los derechos son los mismos para los creyentes, los ateos y los agnósticos.».

«Y el tercer principio -añade Peña Ruiz- es el carácter universal de la ley común. La ley común es común a todos. Es el bien común. Es el interés general. No es de interés general construir iglesias, sinagogas o mezquitas. Sí es de interés general construir hospitales y escuelas. Una escuela laica no significa atea y no significa tampoco religiosa. [Son] escuelas que dan clase siendo neutrales hacia las opciones espirituales. El corazón de la laicidad es la distinción entre la esfera privada y la esfera pública. Que crea en Dios o que no crea, eso es mi asunto personal. Es un problema privado. Pero un hospital es común».

El ideal laico y la escuela concertada

La laicidad, a juicio del pensador francés, «afirma la importancia central de los servicios públicos comunes a todos y quita los privilegios». Eso, agrega, «es el ideal tipo para hablar como Max Weber». «Eso es el ideal laico«, resume.

A partir de aquí, expresa Peña Ruiz, «hay rupturas con estos ideales, excepciones». Por ejemplo, expone: «En Francia el ideal laico no es respetado. Existe financiación pública de escuelas religiosas. La ley de diciembre de 1959 del general De Gaulle permite la financiación pública de escuelas concertadas. El mismo sistema existe en España».

«Este [es un] ejemplo de negación de la ley», afirma el filósofo. «Hay escuelas concertadas, financiadas por dinero público en España como en Francia. Y eso es lo contrario de la laicidad. ¿Por qué? Porque el dinero que sale de los impuestos pagados por todos los ciudadanos tiene un único destino legítimo, que es el interés común. Financiar la religión no es de interés común y tampoco sería de interés común financiar el humanismo ateo», analiza.

«O sea, con el impuesto pagado [también] por los ateos o por los agnósticos, con el dinero público, se financian escuelas privadas. No hay ninguna razón para hacer esto. Hay que respetar la libertad de enseñanzas, evidente, pero al costo de los creyentes. Si los ateos quieren hacer escuelas privadas donde enseñan el humanismo ateo, tipo Jean Paul Sartre, Albert Camus, que lo hagan, pero con su dinero, no pidiendo el dinero público». 

«En la idea laica está eliminar todo tipo de privilegio y de afirmar lo que es común a todos y promover estos tres principios, libertad de conciencia, igualdad de derechos y de trato y prioridad del interés general», insiste.

«Ese para mí -plantea- es el concepto: el poder público promueve instantáneamente la libertad de conciencia, la igualdad de trato y de derecho de las diferentes opciones espirituales. Cuando digo opción, quiero subrayar el hecho de que es libre. Tenemos que ser libres de creer en Dios y de practicar un culto, ser libres de no creer en Dios y de practicar únicamente un humanismo ateo racionalista sin culto, pero con otras marcas. Y tenemos que gozar de servicios públicos que están hechos no para algunos, sino para todos. Un hospital, tomando este ejemplo, está hecho para todos, sea, católico, musulmán, ateo, agnóstico».

‘Chez lui, chez elle’

A la pregunta de si la Iglesia católica comprende esta dimensión de la laicidad, Ruiz Peña responde: «La Iglesia católica española, como la Iglesia católica francesa, quiere guardar sus privilegios. ¿Y qué es un privilegio? Es una ruptura de igualdad en una democracia».

«La desigualdad [existe] en muchos campos, por ejemplo, en el campo social, en el campo de del capitalismo. Pero claro, cuando me dice desde qué punto de vista se puede admitir el laicismo, tengo la tentación de contestar: desde el punto de vista de los oprimidos. La tolerancia horizontal entre seres iguales sustituye a la tolerancia vertical desde un poder que impone algo o que prohíbe algo», expone el filósofo.

¿Hay algún Estado que cumpla con el principio de laicidad al completo? «Voy a contestarte utilizando el concepto de Max Weber, el ideal tipo. Cuando se estudia la realidad, se puede juzgar la realidad a partir de un ideal tipo. A mi parecer, aunque sea un pensador de la laicidad, no existe en el mundo ningún país que realice todos los rasgos del ideal. Un país enteramente laico no existe. En Francia hay dos excepciones al laicismo que son antilaicas».

Por un lado, está esa ley que organiza la financiación de escuelas privadas con el dinero público. Y el otro hecho que contradice el laicismo es el concordato que permanece en tres departamentos de Francia, que pertenecieron a Alemania. Estos tres departamentos no tuvieron la suerte de tener la ley de 1905 [de separación de Iglesia y Estado]». 

«Hay privilegios -añade- en estos tres departamentos [hacia] las religiones. Cuando la Unión Soviética proclamó el ateísmo como opción obligada, era [una decisión] antilaica porque no respetaba la libertad de conciencia. La libertad de conciencia es buena para todos, para los creyentes y para los ateos».

Así que en un país laico, concluye Peña Ruiz, «no ha de promoverse una opción espiritual particular». «Marianne es la alegoría francesa de la República y ha de ser neutral. No es ni creyente ni atea, pero defiende la libertad de conciencia y la igualdad de derechos», expone.

El filósofo remacha con esta reflexión: «Para que lo que es privado sea realmente libre, el Estado ha de callarse. Se dicen cosas falsas, por ejemplo, que la laicidad ataca a la religión. No es verdad. Por ejemplo, hemos tenido en Francia un gran poeta, como Víctor Hugo. Víctor Hugo era creyente, pero muy laico. Decía: L’état chez lui et l’église chez elle. La separación fue admitida por Víctor Hugo a pesar del hecho de que era creyente. Lo que podemos decir es que la laicidad permite a la espiritualidad religiosa afirmarse completamente. Le quita los privilegios y permite una práctica desinteresada de la religión. Los católicos españoles que se agarran a sus privilegios no quieren ver eso».

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Nota Asturias Laica

(1) La emancipación laica: principios y valores, un artículo de Henri Ruiz Peña en Eikasía, revista de Filosofía

En el blog de Asturias Laica:

Entrevista a Henri Peña-Ruiz. “La bandera actual de España es anticonstitucional. Tiene una cruz” (2022)

Amanecer en París: laicidad. Entrevista a Henri Peña-Ruiz (podcast) (2023)

Henri Peña-Ruiz: «No entiendo por qué el Gobierno de Sánchez no se ha atrevido a profundizar en la agenda laica de España» (2023)

Día Internacional del Laicismo · Domingos Laicos (2023)

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