¿Derecho a la creencia?

septiembre 13, 2021

Debemos establecer una jerarquía entre los Derechos Humanos: la religión no puede ser igual de importante que la vida y la libertad

Enrique Flores

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Rosa Rabani / Arash Arjomandi, El País, 13 de septiembre de 2021

La que se les avecina a las mujeres afganas con el restablecimiento del régimen talibán es estremecedor. Toda persona bienqueriente que esté observando, desde cualquier lugar del globo, esta calamitosa catástrofe experimenta empáticamente consternación y aflicción por lo que les va a suceder a nuestras indefensas congéneres que han nacido o viven en ese entrañable lugar del planeta, otrora parte de la mayor civilización del mundo: Afganistán, literalmente, tierra de jinetes y caballos veloces.

En el mundo libre, el clamor contra una previsible barbarie está llegando estos días al cielo, por cuanto todos presagiamos el peor augurio: que se ultrajen crímenes contra la humanidad sobre la mitad femenina de la población de ese país. Las noticias y tribunas de los medios se hacen eco cada día de este lamentable escándalo. En estas líneas queremos formular, sin embargo, una pregunta más fundacional, previa a la obvia reivindicación de la dignidad de las mujeres en cualquier lugar del mundo. Creemos que la reflexión a efectuar por la comunidad internacional debe ser, en estos momentos, la siguiente: ¿se hubiera llegado a tener que aducir —como ahora se están viendo obligados a ello— que los afganos deben luchar ellos mismos por su país si, desde hace mucho tiempo, Naciones Unidas hubiera asumido sin ambages que la Declaración Universal de los Derechos Humanos se halla jerarquizada en su articulado? ¿Estaríamos ahora en esta trágica situación si la comunidad internacional hubiera hecho valer la prohibición (de esa misma declaración) de equiparar los preceptos de una religión —por mayoritaria que esta sea en un lugar— a la seguridad y libertad de todos los humanos?

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Los talibanes recuperan la práctica de matrimonios forzosos para mujeres que permanezcan solteras

septiembre 8, 2021

Los nuevos amos del país consideran “altamente inmoral” ser mayor de 20 años y no tener marido. Los matrimonios forzosos son, al menos en algunas provincias, una obligación religiosa

Protesta de mujeres en Kabul para exigir sus derechos / Fuente foto

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Jean-Pierre Perrin, (Mediapart) InfoLibre, 8 de septiembre de 2021

Casada a la fuerza con un taleb. Ese es el miedo que invade a muchas jóvenes afganas solteras y que les lleva a no salir de sus casas o de las de sus padres. El temor suele ser aún mayor en el caso de las mujeres residentes en ciudades, mayores de 20 años y sin marido, lo que, según las normas de los “estudiantes de teología”, se considera altamente inmoral.

La exdiputada Fawzia Koofi, que fue la primera mujer vicepresidenta del Parlamento, sometió a votación una ley pionera contra la violencia cometida contra las mujeres afganas y fue una de las cuatro mujeres de la delegación gubernamental que habló con los insurgentes en Doha; a menudo ha advertido contra estos matrimonios forzosos. “Recibo informes de mujeres y niñas obligadas a casarse con combatientes talibanes que, a diferencia de sus responsables políticos, actúan de la misma manera que cuando estaban en el poder”, señalaba a Mediapart (socio editorial de infoLibre) en noviembre de 2020.

En la actualidad, estos matrimonios forzosos son, al menos en algunas provincias, una obligación religiosa, como demuestra un reciente decreto, fechado el 10 de julio de 2021, de la Comisión Cultural del Emirato Islámico, al que Mediapart ha tenido acceso.

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Afganistán

septiembre 3, 2021

El terror del fundamentalismo planea sobre todo un país en el que todos serán víctimas de la locura de la religión

Mujeres afganas cubiertas con un burka junto a sus hijos / EP

Coral Bravo, El Plural (Vía El Observatorio del Laicismo), 3 de septiembre de 2021

Leía hace unos días un estupendo artículo para El País, de Noelia Rodríguez, titulado Las fotos nostálgicas de las afganas en minifalda siempre vuelven, en el que reflexiona sobre cómo la vestimenta femenina se puede convertir en baremo político que deja en evidencia la situación social, política y cultural de las mujeres de las sociedades en su transcurrir. Ilustra el artículo con varias fotos de mujeres afganas en los años 60 y 70 con atuendos absolutamente occidentales, no sólo sin burkas ni velos, sino con minifaldas y ropa informal, en situaciones cotidianas entonces, como un paseo por la calle en Kabul, o en una clase de ciencias en la Universidad de la capital afgana.

Estas fotos impactan realmente porque reflejan a la perfección la involución de este país desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. Y pueden considerarse una medida fiable de la situación aterradora de los derechos humanos en Afganistán. Y estas fotos cuentan muchas cosas también sobre el impacto intenso y el daño profundo que las religiones, y sus fundamentalismos políticos y religiosos, pueden provocar y provocan en las sociedades y en las personas.

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El fundamentalismo islámico: la extrema derecha de Oriente Medio

agosto 25, 2021

Antisemitismo, conspiraciones, fundamentalismo religioso, uso de la violencia como arma política, defensa de la familia y la tradición, ultranacionalismo, antifeminismo, antimarxismo… ¿hablamos de extrema derecha occidental o fundamentalismo islámico? 

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Ronald Reagan reunido en la Casa Blanca con líderes muyahidines afganos, febrero de 1983 / Michael Evans

Álvaro Soler,  Al Descubierto, 25 de agosto de 2021

La civilización occidental (o cristiana occidental) y la civilización musulmana han sido históricamente mostradas como bloques antagónicos y enfrentados, sobre todo para las posturas políticas más conservadoras pero también a otro niveles. Dicha cosmovisión está volviendo a ser espolvoreada estos días a través de las ideologías más reaccionarías, las cuales se apoyan en los acontecimientos recientes protagonizados por los Talibán y la toma del poder político en Afganistán para generalizar, desinformar o incluso estigmatizar a la totalidad de la comunidad musulmana mundial, extendiendo el fundamentalismo islámico, una forma ortodoxa y extremista de entender los preceptos de la religión musulmana, a toda una sociedad y una cultura que en absoluto tiene por qué compartir esos valores, del mismo modo que las sociedades occidentales no comparten el ultracatolicismo.

Paradójicamente, la extrema derecha occidental es la principal fuerza política que instrumentaliza los actos violentos de grupos fundamentalistas islámicos como el DAESH, Al Qaeda o los propios Talibán para enarbolar sus discursos islamófobos. Lo paradójico es que las posturas de la ultraderecha occidental y del fundamentalismo islámico se asemejan mucho en las maneras que tienen de entender la realidad social y política.

De esta manera, como otros científicos sociales han defendido, es bastante acertado por sus paralelismos comprender a parte del fundamentalismo islámico como una reacción política catalogable dentro de la extrema derecha, si bien, con las características históricas y culturales de Oriente Medio, que la hace diferente en muchos aspectos a la ultraderecha de occidente.

El fundamentalismo islámico y sus semejanzas con el neofascismo

La extrema derecha se presenta en la mayoría de ocasiones como una opción contraria al yihadismo y al fundamentalismo islámico de cualquier tipo, señalando continuamente sus peores facetas e incluso agitando la bandera de la igualdad, la democracia y la libertad. Sin embargo, aunque la extrema derecha se presenta como la salvadora frente el radicalismo islamista, lo cierto es que se asemejan en muchos aspectos, siendo estos dos movimientos políticos síntoma inequívoco de la oleada reaccionaria que, en general, se está viviendo de manera social y política en todo el mundo.

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