Aniversario de la II República | Ofrenda floral en la fosa común del cementerio gijonés de «El Sucu»
Actos ayer en el cementerio gijonesa de El Sucu| Foto Marcos León ______________
Asturias Laica, 15 de abril de 2026
Como todos los años, en este 2026, -95 aniversario de la II República-, Ateneo Obrero y Sociedad Cultural Gijonesa organizaron el acto que reivindica la República para rendir homenaje a quienes dieron la vida en su defensa con un acto que finalizaría con ofrenda floral en una de las fosas comunes del cementerio gijonés de El Sucu.
Al acto que, «desde un punto cívico y cultural«, como recordaría Luis Pascual, presidente del Ateneo Obrero, organiza junto a la Cultural Gijonesa se han sumado más de un centenar de personas, asociaciones como Asturias Laica o el Ateneo Republicano de Asturias, además de grupos políticos como IU y Podemos, y sindicatos como CC.OO.
Se abriría con el himno de Riego a la gaita, seguido por unas breves palabras del presidente del Ateneo, Luis Pascual, y de la Cultural Gijonesa, Pedro Roldan.
Charla organizada por el Grupo de Trabajo Mesas para el Diálogo Social del Ateneo Obrero de Gijón
Presentación: En el centro Enrique del Teso y AitanaCastaña | Asturias Laica _________________________
Asturias Laica, 6 de noviembre de 2025
Ayer, en el local social del Ateneo Obrero de Gijón, tuvo lugar la primera charla de un nuevo proyecto del Ateneo Obrero de Gijón, un ciclo de conferencias y debates, organizado por el Grupo de Trabajo Mesas para el Diálogo Social, orientado a fortalecer la didáctica, la reflexión crítica y la participación ciudadana frente a los grandes desafíos contemporáneos, como señalan los organizadores.
Esta primera charla, como se diría también en la presentación, abordaría «un eje esencial de nuestro tiempo: cómo el relato reescribe la realidad, reinventa la historia e influye en el rumbo de la sociedad. Los discursos políticos mediáticos y culturales no sólo describen el mundo: lo transforman, modelan percepciones colectivas y condicionan decisiones que afectan directamente a la vida democrática. Los relatos son la columna vertebral del poder simbólico. A través de ellos se justifican guerras, se construyen identidades, se legitiman privilegios o se cuestionas injusticias. Entender cómo operan los relatos es un paso fundamental para liberarnos de la manipulación, recuperar la voz propia y construir narrativas emancipadoras. Este ciclo no es sólo un foro de ideas: es una invitación a disputar el sentido común desde la conciencia crítica y colectiva»
Llamar ideología de género a la lucha por la igualdad es como llamar ideología de raza al rechazo del racismo
Yadira Maestre, durante su intervención en un acto del PP | Fuente (foto cedida) ______________________
Enrique del Teso, Nortes, 27 de septiembre de 2025
Cuando se juntan, dan lo peor de sí mismos. Ninguna versión de Dios es buena cuando se enreda con la patria. Ninguna versión de la patria es buena cuando va envuelta en Dios. Lo de Dios y la cruz depende siempre del contexto. Los boomers nos criamos en el nacional catolicismo y había una cruz en las aulas y muchos otros sitios. Era un telón de fondo, un ruido ambiental que llega a no oírse de tan persistente. La infancia de cada uno es de cada uno, es su territorio de inocencia, juegos y asombro. Es difícil que no tenga algo de entrañable todo lo que agite los hilos de la memoria de la infancia. Hasta las fotos de los setenta de las calles insalubres llenas de charcos en los que chapoteábamos nos ponen una sonrisa dulce. También la cruz y las peroratas sobre Dios. Y los que nos criamos en barrios obreros con parroquias con fuerte acento social vimos muchas veces la cruz en espacios y actos muy sentidos. Todo es cosa de contexto.
La misma cruz, cuando la usaba la niña de El exorcista para masturbarse, mientras daba a vuelta a su cabeza demacrada y hablaba con aquella voz cavernosa y antinatural («¿has visto lo que hace la cerda de tu hija?») era literalmente un instrumento del infierno evocador de pesadillas. La cruz que vemos en las recreaciones cinematográficas del Ku Klux Klan era la señal del odio racial descerebrado. Lo de Dios y la cruz siempre es cosa del contexto. Cuando Trump dice que tenemos que devolver a Dios a EEUU, Dios vuelve a ser el mismísimo diablo.
«Bienvenido Trump para poner la cultura woke en su sitio», dijo el arzobispo Montes, en calidad de católico y arzobispo. A mí me parece un escarnio a los sentimientos religiosos. «Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón / y no pido perdón. / Grande España, a Dios le doy gracias por nacer aquí», cantaba transida de fe Marta Sánchez. A mí me parece una injuria a la bandera y los símbolos nacionales. Es cuestión de sensibilidades.
Trump es la brutalidad, la violencia y la injusticia. Se rodeó de ricos, quitó protección a los débiles, amenazó con su fuerza militar y mostró que los fuertes no tienen amigos, sino criados. Y también mostró con jactancia fotografías de la infamia de los presos enviados a El Salvador, cuyo delito en EEUU fue … ¿cómo lo diría Marta Sánchez? …, «no haber nacido aquí». Para respaldar lo repugnante, se finge que no se respalda la parte infame, sino esta otra parte en la que el infame sí tiene razón.
Europa se va a rearmar gastando mucho dinero. El Papa Francisco puede morir pronto y habrá un cónclave de cardenales para elegir un nuevo Papa. Rusia y EEUU no quieren que haya UE. Quieren tratar con estados sueltos y débiles de uno en uno, no con toda Europa hecha un enjambre unitario. Estas son las piezas. La razón de la unión de países en la UE es la necesidad, pero EEUU sabe que la argamasa, el pegamento que la mantiene unida, es la creencia, la identificación emocional simbólica. Trump no humilla a la UE solo por matonismo. La golpea como se varean los olivos para que caiga la aceituna, la golpea para que el zarandeo haga caer a cachos el relato mental y emocional que la mantiene unida. De eso va el rearme de Ursula von der Leyen y de eso irá el próximo cónclave.
«La movilización eficaz de toda acción humana colectiva depende de la aceptación de credos y doctrinas psicológicamente compulsivas», había dicho como de pasada Marvin Harris. El individuo piensa, pero la masa no. Todos somos una cosa y la otra y el equilibrio entre las dos es resbaladizo. Si tomamos decisiones como masa, en ese estado en que estamos en un concierto de rock, en un estadio de fútbol o en un incendio, tenderemos a la brutalidad. Las redes sociales nos quieren en ese estado, porque en ese estado estamos más tiempo en ellas, que es lo que da beneficio. Los ultras nos quieren también masificados porque en ese estado se propagan fácil odios y prejuicios por la reverberación emocional.
De pequeños nos entretenían con dibujos de cosas que, al juntarlas, formaban una distinta que no tenía nada que ver con los dibujos de partida. En política lo vemos a diario. Cada uno coge trozos de la actualidad y compone y recompone con ellos el relato que le da la gana. Ayuso cogió el poco ruido con el que nos fuimos deslizando hacia este 8M y lo juntó con Errejón, la acusación a Monedero y otras hojarascas, para componer el dibujo de una izquierda desenmascarada, que se calla avergonzada por no tener nada que decir. Y, apoyándose sobre las hojas de ese rábano, se anima con lo de cuándo se hace el día del hombre, que también mueren en las guerras, si de víctimas va la cosa. Y cuando tiene razón tiene razón.
No la tiene en que la izquierda se calla porque está para callarse. Si hay caso Errejón, es por las políticas de la izquierda en las que fueron permeando las luchas feministas, con la feroz oposición de las derechas. Y si Errejón sintió insostenible su situación, es porque militaba en un partido de izquierdas. En los primeros dos mil, todavía uno podía cometer abusos sexuales sin dejar de pavonearse por la vida pública, como bien sabe Nevenka. Y ahora en un partido de ultraderecha todavía se puede llegar a cargos públicos con abusos a cuestas y pactar gobiernos con el PP. Es la izquierda la que hizo inadmisible el abuso y es la izquierda quien no lo digiere en su interior, siempre al calor de la caldera feminista. La izquierda está para hablar, y fuerte, el 8M.
No quiero dar ideas, pero, según parece, un holocausto nuclear no sería el fin de la vida. La mosca de la fruta y las hormigas, entre otros, soportarían el chaparrón radiactivo. Y también las plantas. Parece ser que las que sobrevivieron en Chernóbil se adaptaron a la radiactividad en tres años. Si nos asomamos por las grietas de la democracia, veremos fuera un paisaje tóxico de impiedad y autoritarismo cada vez más extenso. V-Dem utiliza 400 indicadores de democracia para describir el estado de todos los países del mundo. Su informe de 2022 señala que el 72% de la población mundial vive en un sistema autoritario. Esa era la cifra aproximada en 1986. La democracia es una rareza en el planeta que se va encogiendo. Pero, como pasa con el holocausto nuclear, y sigo sin querer dar ideas, parece que el infierno autoritario no sería el fin de la felicidad. Hay instituciones, grupos e individuos que se adaptarían bien a tal ecosistema. Los síntomas están a la vista.
El autoritarismo solo puede avanzar con apoyo social. Eso no lo hace bueno ni justo. Solo por si ayuda a entendernos, el terrorismo necesita siempre tres patas: financiación, apoyo social e ideología compulsiva. Que tenga apoyo social no hace bonito un tiro en la nuca o un camión atropellando gente. Siempre hay valores compartidos que pueden ser muy movilizadores. El apoyo social se logra anclando la dictadura en esos valores compartidos. Para la mayoría son vicios la cobardía, la hipocresía, la pereza, la indignidad, el servilismo, el despilfarro o el parasitismo. Y son virtudes sus opuestos, la valentía, la franqueza, el esfuerzo, la dignidad, la rebeldía, el ahorro o la laboriosidad. Que la segunda lista se asocie con el autoritarismo y la primera con la democracia será señal de que el fascismo arraiga.
Enrique del Teso, Nortes, 28 de septiembre de 2024
Una vez confesé que los líos por el supuesto adoctrinamiento en la enseñanza me producían un cosquilleo como de burbujas y casi picorcillos. Solo al principio. La cosa en sí no tiene gracia, pero uno de sus preámbulos sí. Las fuerzas de la oscuridad tienen los puños y los dientes apretados y se conjuran contra el adoctrinamiento en las aulas por esos vestiglos y endriagos que son los profesores. Me dedico a materias humanísticas. A materias sobrantes y sin utilidad, según les gusta perorar a algunos. Pero estas batallas no son por las matemáticas o la física. Son las materias inútiles las que levantan rugidos, como si realmente tuvieran mucho que ver con la textura de la convivencia y afectaran mucho a la conducta colectiva. Si tanto pelean por ellas, acabarán convenciéndome de que son materias útiles.
La Iglesia lleva tiempo bramando por el adoctrinamiento ideológico de la escuela pública. Dicen que la escuela pública predica ideología y, a la vez, exigen que el estado les pague sus centros privados religiosos respetando su orientación doctrinal. En los centros religiosos no hay ideología, hay «ideario». En realidad, es a los centros privados a quien se reconoce el derecho de tener ideario y son los centros públicos los que tienen obligación de neutralidad, dentro de la Constitución y los derechos humanos. Y son los profesores y profesoras de los centros públicos los que tienen una situación laboral lo bastante robusta como para que no se les pueda presionar ni intimidar con peroratas morales o ideológicas.
Sanz Montes / Religión Digital ___________________
Enrique del Teso, Nortes, 14 de septiembre de 2024
Al arzobispo señor Sanz Montes le pasa con las ideologías lo que nos pasa a todos con el olor de las casas. Todas las tienen un olor peculiar menos la propia. Al señor Montes todo le parece ideología menos sus soflamas. Es ideología, dice, que las mujeres quieran vivir como la otra mitad de la población. No es ideología, dice, sino moralidad fundamentada en la fe, mezclar en la misma frase inmigrantes con terrorismo, drogas, armamento y tráfico de blancas (en mayo de este año). Y no tiene siglas, dice, la etiqueta buenismo para referirse a la actitud de encarar la inmigración sin mentiras ni prejuicios racistas.
Decir que algo es ideológico es decir que es interesado y que no es un hecho verdadero, sino un punto de vista discutible.
Decir que una democracia es aconfesional o laica (me aburren los matices) es una redundancia. Si es democracia, es laica. Es reconocer la obviedad de que las leyes las hace el parlamento elegido y no tienen que acomodarse a preceptos religiosos dictados por obispos a los que no elige nadie. Si llamamos ideología laicista a este rasgo de las democracias, pues eso de que la Constitución esté por encima de la Biblia y el Gobierno por encima los obispos es solo un punto de vista interesado. Además, una vez que nos inventamos una ideología laicista, ya podemos llamarla radical y así será laicismo radical todo lo que a los obispos no les guste. Parece lógica la exigencia de igualdad de las mujeres. La manera de oponerse a semejante obviedad es, de nuevo, llamarla ideología, en este caso de género.
El arzobispo Sanz Montes azuza esa bicha escondiéndose en la obviedad: no caben todos los inmigrantes aquí. Quién va a negar esa evidencia… Se parapeta en lo obvio para decir barbaridades, para ayudar a la ultraderecha a cizañar grupos humanos y erizar odios, miedos y prejuicios contra los inmigrantes….
Algunas obviedades las carga el diablo. Las carga el diablo porque, siendo verdaderas (si son obviedades, no pueden ser falsas), muchas veces son el refugio desde el que se pueden predicar horrores sin dar la cara. En no sé qué canal británico le preguntaron a Aznar en su día si era partidario de bombardear otra vez Irak. Dijo que, si era necesario, sí. La condicional convierte la frase en una obviedad. Es raro decir que, si es necesario hacer tal cosa, entonces no hay que hacerla. Decir que haríamos algo si es necesario, es el tipo de obviedad con el que el Gato orientaba a Alicia: todos los caminos llevan a alguna parte si caminas lo suficiente. Desde una obviedad siempre puedes esconder la mano después de tirar la piedra. Arrecia el discurso del odio racial ante las elecciones europeas.
El arzobispo Sanz Montes azuza esa bicha escondiéndose en la obviedad: no caben todos los inmigrantes aquí. Quién va a negar esa evidencia. Pero no se habla para Infovaticana para decir lo obvio. Se parapeta en lo obvio para decir barbaridades, para ayudar a la ultraderecha a cizañar grupos humanos y erizar odios, miedos y prejuicios contra los inmigrantes. Barbaridades. Sanz Montes hace honor a dos rasgos del estilo eclesiástico: la hipocresía y la cobardía. Es muy de la Iglesia hacer una cosa fingiendo otra, encubrir sus miserias terrenales ofreciendo vida eterna. Y también es muy eclesial el frotamiento de manos, los circunloquios empalagosos para fingir que no se está diciendo lo que se está diciendo. El activismo ultra de Montes le añade a ese estilo un cinismo poco habitual en la Iglesia. El cinismo es la ostentación desvergonzada de la quiebra de normas ajenas, un hermano menor de la provocación. Montes hace flotar el cinismo en la hipocresía como el aceite en el agua, quiere más molestar que convencer, es más intenso su odio al pensamiento ajeno que su apego al propio. Junta lo peor de la Iglesia con lo único de los fachas.