La Iglesia y sus ideologías y que predique el nuncio

julio 6, 2019

Renzo Fratini y Felipe VI, 2015 / Imagen Nunciatura Apostólica en España

Enrique del Teso, La Voz de Asturias, 6 de julio de 2019

Hace catorce años yo tenía una situación familiar normal y corriente. Como no soy Sergio Ramos, basta con lo básico: estaba casado, tenía una hija y un hijo. En ese momento el gobierno de Zapatero elabora una ley que permite que se casen personas del mismo sexo. Y entonces ocurrió con mi normalísima familia lo que tenía que ocurrir. Absolutamente nada. Habían tronado púlpitos eclesiales y atahonas conservadoras con que las familias como la mía estaban en peligro, clamaron en manifestaciones y anunciaron oscuridades. Como era de temer, lo ocurrido hace catorce años mejoró la vida de algunos y no perjudicó a nadie, salvo a los metomentodo episcopales y su fijación por la entrepierna de los demás. Vistos de cerca, los homosexuales parecen tan normales que lo sucedido hace catorce años, no solo fue inofensivo, sino justo, la reparación de una desigualdad necia. El problema del prejuicio, y su hermano mayor el odio, es que anida en esa zona nuestra que está fuera del razonamiento y a la que no llega el lenguaje. No les fue fácil decir cuál era el problema de aquella ley. Repetían lo de hombre y mujer, hombre y mujer, como un castañeteo mecánico de juguete averiado, balbuceaban peras y manzanas en frases que no sabían acabar y la única frase que podían pronunciar con sujeto y predicado era aquella de que no lo llamen matrimonio. Todo aquel rugido era por un problema léxico, qué gracia. Pero les pasa con más cosas. Con la igualdad de hombre y mujer, sin ir más lejos. La jerarquía eclesiástica da lenguaje, soporte dogmático y horma emocional a un principio conservador según el cual hombres y mujeres tienen distintos cometidos familiares y sociales, el hombre tiene una jerarquía y una responsabilidad superior y la relación entre los dos sexos es una versión de la que se da entre los adultos y los menores. Y de nuevo es difícil expresar este prejuicio cuando se habla de brecha salarial, de agresiones sexuales o de violencia de género. Tanto, que los metomentodo episcopales hablan muy poco de este tipo de cosas, con lo dados que son a hurgar desde los púlpitos en las vidas ajenas.

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Pactos con mil ausentes al fondo y una Manada en el redil

junio 22, 2019

La violencia de género incomoda a la derecha y a la Iglesia, porque los materiales que quedan sobre la mesa cuando se pasa esa violencia por la trituradora apelan enseguida a una sociedad desigual entre hombres y mujeres.

Foto Fernando Sánchez, El Diario.es / Manifestación feminista frente al Tribunal Supremo, 11 de junio de 2019

Enrique del Teso, La Voz de Asturias, 22 de junio de 2019

Los números redondos tienen algo de remanso. Si las cosas que se suceden son algo que fluye, cuando se acumulan hasta juntar un número redondo parece que ese flujo se detiene en remolinos perezosos e invita a la recapitulación y la búsqueda de sentido. Se llegó a mil mujeres asesinadas desde 2003. Un número redondo, que se refuerza con unos pactos políticos en los que se discute si eso es una tragedia, un fastidio o solo cosas que pasan; y con un Supremo que tuvo que decidir si en España es legal violar.

Decir que PP y C’s están pactando con la extrema derecha a veces resulta demasiado abstracto. Concretemos. Están pactando negar que ese número redondo de mujeres muertas constituya un fenómeno del que haya que ocuparse. Pactan dejar de poner medios y esfuerzos para combatir la violencia machista. Por supuesto, nadie va a negar que esas mujeres murieron asesinadas. Lo que pactan es negar que esas muertes tengan algo de particular y que haya un patrón violento específico, negocian el abracadabra que hace desaparecer la violencia machista diluyéndola en hechos inespecíficos (la maldad, la locura, el crimen). Y le añaden algunas mezquindades para simular razonamiento.

Insisten en la obviedad de que es igual el asesinato de una mujer que el de un hombre, como si hubiera alguna ley que diga otra cosa. La violencia machista es muy distinta del terrorismo, en génesis y procedimientos. Pero, como son dos formas de violencia sistémica, el recuerdo del terrorismo ayuda a reconocer lo evidente. Un crimen siempre fue un crimen, lo cometiera ETA o un delincuente común. Cuando las leyes tipificaron cierta violencia como violencia terrorista, no agraviaron a unas víctimas respecto a otras. Simplemente, establecieron que se trataba de una violencia con un patrón diferente que no se podía enfrentar con los recursos normales. Si se hubiera negado la existencia del terrorismo y se hubiera pretendido enfrentar el problema con la vigilancia policial normal, ETA se hubiera hecho con el territorio en unos meses. Que una mujer mate a un hombre es delincuencia común a la que se hace frente con los recursos y procedimientos normales. Que se asesine a una mujer por su condición de mujer (por razones sexuales, de posesión, de dominio o similares), en la familia o fuera de ella, es la reproducción de un patrón muy complejo de violencia que necesita de una acción policial, legal, judicial y educativa específica. Tan crimen es uno como otro, pero uno es sistémico y necesita procedimientos y recursos especiales para ser enfrentado. Esto lo entiende hasta Toni Cantó. Lee el resto de esta entrada »