8M: Día de obviedades y tópicos, como a mi me gusta (En serio) · Enrique del Teso

En todas las batallas hay una retaguardia que hay que cuidar, un Muro del Norte que hay que defender de los salvajes y los muerto. Porque hay batalla en la retaguardia. Salvajes y muertos acechan y atacan nuestros avances en la convivencia. Sanz Montes… El obispo Munilla… El arzobispo Braulio Rodríguez… Vox…

8M en Llangreu / Foto David Aguilar Sánchez
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Enrique del Teso, Nortes, 9 de marzo de 2024

«¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!». Es la emblemática frase de Beale en Network, un mundo implacable. Beale era un presentador televisivo que anuncia que se suicidará en el próximo programa. No lo hace, pero grita desencajado su frase y pide a la audiencia que la grite por las ventanas, porque estaba convencido de que así estaba la población: más que harta. Y la gente gritó su hartazgo por las ventanas con aquella frase desgarrada. Hacia el final de la película, en un programa de entretenimiento, el presentador sale con su sonrisa y pregunta al público: «¿cómo estáis?» Y todos a coro: «¡estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!». Risas, aplausos y música.

Así son las cosas, no hay protesta ni desagarro que no se pueda envasar, envolver y vender. No es cosa de ficción. En el 92 viví las elecciones que ganó Clinton Bush. Había un tercer candidato en discordia, el multimillonario Ross Perot. La deuda que habían dejado Reagan y Bush era astronómica y Perot, en uno de los debates, plantea el anatema de subir la gasolina con impuestos. Ante los esparavanes de Bush y Clinton, Perot dijo, logrando la risa del auditorio: «si tienen una idea mejor y justa para reducir la deuda, ¡soy todo oídos!». Al día siguiente, en los aledaños de los chiringuitos electorales de Perot se vendían grandes orejas de plástico con una camiseta que decía: «Si tienen una idea mejor, somos todo oídos». El mercado es la monda.

El feminismo es un movimiento subversivo. Es subversivo porque es un movimiento progresista exitoso, internacional y que está marcando con contundencia las agendas políticas (solo el ecologismo y la ultraderecha parecen conseguir algo parecido). Es subversivo porque remueve los nutrientes sociales de una discriminación que afecta a la mitad de la población (ojo con meterlo en el saco de la lucha de minorías; las mujeres son más bajitas, pero no son menos numerosas). Es subversivo porque afecta a la estructura económica; recuerden que no hubo paro hasta que la mitad de la población se empeñó en que tenía también derecho a trabajar. Y es subversivo porque afecta a muchas conductas cotidianas, mayores y menores; esas virutas de machismos menores diarios son como patadas en la espinilla para la mitad de la población. Pero, como la frase rota de Beale o las orejas de Perot, todo ese paquete subversivo se puede envasar y consumir. El 8 M podría ser su gran envoltorio, el día en que podemos comprar dulces con el símbolo de la mujer, ver tonos morados en las tiendas e ir a una manifestación que será referida con titulares de prensa besucones. Podría parecer que el 8 M el león feminista se hace gatito cariñoso.

En todas las batallas hay una retaguardia que hay que cuidar, un Muro del Norte que hay que defender de los salvajes y los muertos

Las apariencias engañan. En todas las batallas hay una retaguardia que hay que cuidar, un Muro del Norte que hay que defender de los salvajes y los muertos. En los avances sociales esa retaguardia se protege con fechas emblemáticas en las que se recoge y se recuerda lo conseguido, lo que ya no es reivindicación sino sentido común, lo que dejó de ser vanguardia porque se hizo máximo común divisor y puro tópico.

Simplificando, se puede considerar feminista quien tiene tres convencimientos y una conducta razonablemente coherente con ellos: 1. las mujeres han de ser iguales a los hombres en derechos y roles laborales, familiares y sociales; 2. eso no ocurre, media población tiene los mismos problemas que la otra media y además problemas añadidos por ser mujer; y 3. lo que queda para la igualdad efectiva ha de ser una prioridad de las políticas públicas. Quien piense que hombres y mujeres deben tener derechos o papeles diferentes en este mundo; que más o menos ya somos iguales, ¿qué más quieren?; o que no es un asunto prioritario y hay que concentrarse en cosas más importantes; quien tenga alguno o todos estos convencimientos es machista, en grados más graves o veniales.

El 8 M dulzón que se reflejará en los informativos y en los escaparates de las confiterías no celebra una batalla concluida y ganada. Es un recuerdo y una advertencia. Se recuerda lo que se logró luchando. Y se advierte de lo que se perderá sin lucha. Como en cualquier otra confrontación, lo que con lucha se gana sin lucha se pierde. El 8M simboliza la retaguardia, el Castillo Negro del Muro que defiende los reinos de las amenazas de salvajes y ejércitos de muertos.

8M en Llangreu
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Porque hay batalla en la retaguardia.

Salvajes y muertos acechan y atacan nuestros avances en la convivencia. Sanz Montes parece un muerto viviente cuando se llena la boca de palabras chiclosas que quieren parecer medidas y cautas, pero que solo mastican su furia contra la igualdad. Esa verborrea de que «el feminismo es el mismo error abusivo y extremo que el machismo, pero gestionado por otro protagonista empoderado», si la sacudimos un poco para que desplumarla de sílabas vanas, se queda en una psicofonía de difunto, en una resistencia medieval a los tiempos. El obispo Munilla se desgañita relacionando los crímenes machistas con lo que él llama liberación sexual. «Después del orgasmo, ¿qué?», se pregunta atribulado. No se imagina la cantidad de respuestas convincentes que hay para esa pregunta que le persigue. El arzobispo Braulio Rodríguez había mostrado su convencimiento de que esa violencia machista se origina por el empeño de ellas en divorciarse. Parece tan muerto que apetece ponerle una flor. Pero los muertos tienen financiación generosa. La Iglesia, con sus dineros y privilegios, es como un iceberg que deja ver la parte que cualquier sociedad saludable debe respetar, pero que guarda y ampara en sus tripas sumergidas conexiones con un inframundo fundamentalista, que viene haciendo de conductor ideológico y principal nutriente de las ultraderechas que llegaron al poder.

Los muertos atacan la retaguardia. Y los salvajes. Vox hace bandera de su machismo grosero y explícito. Es la parte preferida de su guerra cultural. Cuando se retiraron los crucifijos de las aulas, no era rara una resistencia que se expresaba con una pregunta: ¿qué te molesta? El crucifijo en espacios públicos era una referencia de normalidad, con respecto a la cual ser ateo era «respetable», pero disidente, raro. De eso va la guerra cultural, de simbolizar lo normal, lo que somos, en contraste con lo raro, lo extraño a nosotros. La batalla por los toros no es una batalla por el espectáculo y el arte. Los toros son como el crucifijo en las aulas, una señal que simboliza como normal cierta ideología. Las instituciones relacionadas con la igualdad y las normas y recuerdos asociados con los derechos conquistados por las mujeres son, por eso mismo, la marca del infierno, el símbolo que hace normal lo que a la ultraderecha y sus amos les asfixia: convivencia, igualdad y democracia, todo eso que ellos abrevian en la muy correcta expresión de «dictadura progre». Es correcta porque, efectivamente, desde su fanatismo se vive la democracia como una dictadura.

Por eso es bueno un día de tópicos y obviedades como el 8 M. En la vida personal hay que tener dos talentos: el talento para la excepción y el talento para la rutina. Todos debemos saber cambiar el paso, hacer algo que no sea lo de siempre, así sea ir a bailar, a pescar o cenar pizza viendo películas de terror los viernes. Y se debe cuidar la rutina, el tacto del tiempo. Hay cosas que solo se pueden tener por efecto de la rutina, como ser cultos o estar en forma. El 8 M recuerda la vanguardia que dejó de serlo y se fue haciendo rutina. No es conformismo. Los picos más lúcidos de las vanguardias no son la experiencia cotidiana. Hay que celebrar de vez cuando que esos picos luminosos se hayan hecho realidad acostumbrada y celebrarlo como parte de la lucha. Porque esa normalidad, la retaguardia de la justicia social, está siendo acechada por salvajes y muertos. Enric Juliana piensa que la actual propaganda que nos induce a sentirnos en guerra inminente con Rusia es en parte propaganda electoral contra la ultraderecha, muchas veces conectada y financiada con Rusia. Tan cerca acechan los muertos y los salvajes, que hasta se juega con la guerra para pararlos. Que sientan el 8 M como lo que es para ellos: una dictadura, un escozor diario.

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