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Marcelo Noboa Fiallo, La Nueva España (Cartas de los lectores), 9 de septiembre de 2024
En el año 2001, un acontecimiento de barbarie histórica dejó estupefacto al mundo entero: la destrucción de los dos colosos de Buda en la provincia de Bamiyán (Afganistán) por la milicia ultraortodoxa islámica afgana. Los colosos permanecían ahí desde el siglo III (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco).
La destrucción de monumentos y edificios de gran valor histórico y artístico ha sido y es una de las consecuencias inevitables (¿?) de las guerras, pero si el fundamentalismo religioso/ideológico está presente en las mismas, la barbarie adquiere otra dimensión, porque se trataría de borrar de la faz de la tierra la herencia cultural de los pueblos, bajo la premisa de acabar con la idolatría. Es lo que han hecho, a lo largo de la historia, las religiones monoteístas para imponer su ideología (lo llaman fe).
En los últimos años, Siria, Irak, Afganistán, Mali han sido las más perjudicadas por el terror yihadista, especialmente las ciudades históricas de Palmira y Hatra. La condena de Occidente y de la Comunidad Internacional siempre ha sido unánime. No obstante, la mayor destrucción cultural, científica y artística sufrida por el hombre no se ha producido en los últimos tiempos por parte del terror yihadista. Hay que remontarse a los orígenes del cristianismo y, en especial a los siglos III, IV y V d. C. para conocer la magnitud histórica de la destrucción ejercida por unos fanáticos contra la cultura, la ciencia y el arte griego y romano.
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Posted by asturiaslaica 

















