El legado de Noelia | Silvia Cosio

abril 3, 2026

El 18 de marzo del año 2021 se aprobó en España la ley que regula la eutanasia. Ese día los poderes públicos soltaron todas las amarras que les ataban aún a la teología y la superstición religiosas y nos devolvieron el derecho a decidir sobre nuestra muerte, es decir, sobre nuestras vidas

Concentración de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) en la Puerta del Sol, a 25 de junio de 2021, en Madrid, (España) para celebrara la entrada en vigor de la ley de la eutanasia | Cézaro De Luca / Europa Press
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Silvia Cosio, Público, 3 de abril de 2026

El día que murió mi abuelo Benigno yo tenía que preparar un examen de Historia. Mi hermana y yo sabíamos que nuestro abuelo estaba muy mal porque mis padres nos habían mandado a casa de mis tíos para poder estar todo el tiempo posible con él en el hospital, pero ninguna de las dos habíamos siquiera imaginado la posibilidad de que mi abuelo fuera a morirse. Hasta que llegamos de clase y mi tía nos contó con toda la delicadeza posible que mi abuelo había fallecido. Y para su sorpresa mi hermana y yo nos tomamos la noticia con calma y serenidad, y al rato las dos estábamos absortas en hacer los deberes y, en mi caso, preparar aquel examen de Historia que quería bordar.

Hasta que llegó la noche y a mi hermana y a mí se nos desbordó el dolor y, sobre todo, nos golpeó la certeza, aterradora, desgarradora, de saber que nunca más íbamos a volver a ver a mi abuelo Benigno. Porque Benigno ya no era. Y se desató el llanto y nos inundó una pena inconsolable pero también una desesperación animal de querer volver a verle, volver a oírle reír, escuchar su voz y sentir sus abrazos una última vez. Una desesperación irracional que coqueteaba también con la fantasía y el pensamiento mágico del «y si»: Y si no está muerto, y si en realidad se han confundido, y si y si…

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¿Qué haría Jesús en mi lugar? · Silvia Cosio

octubre 8, 2025

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Norteamericanos rezando en memoria del comentarista conservador asesinado Charlie Kirk | Callaghan O’Hare / Reuters
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Silvia Cosio, Público, 8 de octubre de 2025

Antes de que se me cascara la tele, mi placer culpable era hacer maratones de Mujeres asesinas, una serie de true crime que en su inglés original se titula Snapped –que yo hubiera traducido como Hasta las narices-, y que en su versión en castellano se optó por un título que iba directo al spoiler. Y digo que era un placer culpable porque la serie era -y sigue siendo- un despropósito amarillista y morboso que recurría a reconstrucciones cutres y que exageraba y distorsionaba el papel de las mujeres en estas lides de asesinar, cuando en realidad el noventa por cierto de los asesinatos son cometidos por hombres. Pero nadie se puede resistir a una femme fatale, aunque esta sea una señora de mediana edad del Medio Oeste que hace la compra en Wallmart con mallas negras y camiseta XL.

Así que es entendible que cayera rendida a sus pies, aunque lo que más me atraía era el hecho de que desde el principio me pareció un ensayo sociológico valiosísimo con el que poder trazar con precisión casi milimétrica la involución de una parte de la sociedad norteamericana en su lento pero imparable camino hacia los brazos del trumpismo y el movimiento-secta MAGA.

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El Valle sí se toca · Silvia Cosio

abril 11, 2025

El testimonio en piedra del sadismo y la crueldad del régimen franquista lo es también de la desvergonzada impunidad de la que siguen gozando sus herederos y apologetas, y de la cobardía de la clase política

Valle de Cuelgamuros. / Jorge Díaz Bes
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Silvia Cosio, CTXT, 11 de abril de 2025

Cerca de mi casa hay una pequeña placa de bronce en el suelo, justo al lado del semáforo que consigue cada día que mi hija y yo perdamos la paciencia a pesar de que nos protege de los coches que se dirigen hacia o desde la autopista saltándose todos los límites de velocidad y respeto. No hay día que no pase junto a esa plaquita: al ir al súper, de camino a mis clases de yoga, paseando con Perro Bonito o cuando me equivoco de ruta al bajar al centro y en vez de coger la calle correcta me tiro diez minutos caminando por donde no es. La mayoría de las veces no me fijo en la placa expresamente, pero siempre tengo cuidado de no pisarla, y no soy la única, pues he observado que muchas personas también evitan instintivamente pasar por encima de ella, como si una mano invisible los apartara para que no la manchen ni la estropeen.

En esa pequeña y dorada placa que ya forma parte del paisaje de mi barrio y de mi cotidianeidad está grabado el nombre de José Antonio Pérez Álvarez, nacido en 1910 en una casita humilde que una vez se alzó justo donde ahora hay una acera grande y un semáforo que tarda demasiado en ponerse en verde, un republicano que se tuvo que exiliar a Francia en 1941 y que acabó, un año después, en el campo de concentración de Gusen I, uno de los tres campos de la muerte que dependían del famoso Campo de Concentración de Mauthausen, donde fue asesinado al poco tiempo de llegar, un injusto destino que compartió con otros cinco mil republicanos españoles.

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Desde hace un par de años la Semana Santa en esta ciudad [Gijón] no es más que una de las muchas batallas en las guerras culturales que la reacción nos está colando de matute · Silvia Cosio

marzo 27, 2024

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Martes Santo en Gijón, 2024. Procesión del Silencio / Fuente foto
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Silvia Cosio, Mi Gijón, 27 de marzo de 2024

La memoria es una cosa asombrosa y extraña. No tengo ningún recuerdo del Mundial de fútbol del 82 más allá de una hucha de Naranjito que estuvo mucho tiempo cogiendo polvo en mi habitación y que me temo jamás se llegó a llenar porque siempre encontraba una excusa para agarrar una moneda, sin embargo nunca olvidaré la primera vez que vi El Imperio Contraataca. Y es que soy capaz de recrear todavía el torbellino de emociones que me provocó, la pena al ver a Han Solo congelado en carbonita, la sorpresa ante la revelación de Darth Vader, la rabia cuando Luke pierde una mano y la desolación ante ese final a medio camino entre la derrota y la esperanza.

Supongo además que muchas de esas emociones las he ido reconstruyendo a lo largo de mi vida, se han ido alimentando y sustituyendo por las que sentí las decenas de veces que he revisitado la película, hablado o reflexionado sobre ella. Nuestra memoria está construida siempre sobre vagos recuerdos y miles de palabras en torno a ellos, somos y recordamos lo que contamos, lo que nos contamos, lo que nos cuentan.

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