Viñeta de Goval para el programa __________________________
Fuente: Domingos Laicos-Paradigma Radio, 7 de diciembre de 2025
Este domingo, Ana Baragaña y José Antonio Naz nos hablaron de la barbarie del genocidio del pueblo Palestino a manos del Estado de Israel, con el apoyo de EE.UU. y de la U.E. Del papel de la religión en el genocidio y la necesidad del laicismo para garantizar la convivencia.
Y lo hicieron de la mano de Pedro López López, compañero de Europa Laica y coordinador del grupo de intelectuales que, bajo el nombre de «Pensamiento Laico», escriben sobre laicidad en distintos medios de prensa de nuestro país. Pedro es Doctor en Psicología, Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, experto en Derechos Humanos y especialista en Derecho Penal Internacional. Se ha jubilado como profesor de la Complutense, donde ha impartido materias del ámbito de los Derechos Humanos, sociología, ética y deontología de la Información. Ha formado parte de la Junta Directiva de la Asociación Pro-derechos Humanos de España y ha sido miembro del equipo jurídico de Amnistía Internacional.
Si la comunidad internacional no es capaz de obligar a Netanyahu a convivir con la idea de los dos Estados, el conflicto solo puede desembocar en una nueva tragedia para la población palestina
Desplazados palestinos viajaban el día 11 en camiones cargados con sus pertenencias cerca de Wadi Gaza, en el centro de la Franja | Jehad Alshrafi (AP) __________________
José Antonio Martín Pallín, El País, 21 de octubre de 2025
El 14 de mayo de 1948, el último de los soldados británicos abandonó Palestina y los judíos, liderados por David Ben-Gurion, declararon en Tel Aviv la creación del Estado de Israel, de acuerdo con el plan previsto por las Naciones Unidas. Atrás quedaba una larga historia de pertenencia al Imperio Otomano para dar paso a un conflicto permanente con los Estados árabes vecinos y los habitantes árabes de la tierra que se conocía como Palestina desde la época del Imperio Romano.
Como puede leerse en alguno de los comentarios a la obra clave del sionismo —El Estado judío, de Theodor Herzl—, el anhelo del pueblo judío de alcanzar nuevamente “su independencia y soberanía en la Patria de sus antepasados” no cesó en ningún momento desde que abandonó su solar milenario. Si el resto de la comunidad internacional no es capaz de exigir al Estado de Israel el abandono de sus ideas supremacistas, obligándole a convivir con la idea de los dos Estados, el conflicto solo puede desembocar en el exterminio y deportación de la población árabe.
«La España republicana lucha sola, pero lucha por todos nosotros.» Ernest Hemingway, 1937
La asociación Europa Laica se pronuncia enérgicamente contra el genocidio en Palestina, denunciando las violaciones del derecho internacional, el uso de la violencia contra una población civil desarmada y la instrumentalización de las religiones para justificar la injusticia. laicismo.org
La Federación Nacional del Libre Pensamiento, por su parte, afirma su solidaridad con el pueblo palestino, condena las decisiones de las autoridades francesas de denegarle el asilo y recuerda que el respeto de la dignidad humana y la igualdad ante la ley no admite excepciones. fnlp.fr
Ya sea una declaración española o una intervención francesa, el impulso es el mismo: rechazar la complicidad, ampliar la conciencia, continuar la lucha por un mundo laico, justo y solidario.
La creación del Estado de Israel no fue el resultado de acontecimientos políticos directos, sino de un cúmulo histórico de discursos orientalistas que hunden sus raíces en el siglo XVII con la elaboración de una imagen occidental sobre el oriente en general y el mundo árabe y musulmán en particular. Una imagen y un concepto que niegan el raciocinio y la lógica a estos pueblos atribuyéndosela en cambio al mundo occidental. Tal percepción negativa será la base de los estudios orientalistas hasta hace no mucho tiempo, representada con precisión por Jack Goody en su libro Oriente en Occidente, y denunciada magistralmente por Edward Said en su obra Orientalismo.
Los palestinos, por tanto, forman parte de una alteridad ajena al occidental. Con ello, según el relato occidentalista, Palestina representa el vacío en su sentido más amplio. Su patria es una tierra vacía habitada por algunos beduinos nómadas que apenas tienen vínculos con el lugar donde viven. Sufren un atraso civilizatorio profundo y tienen una vida primitiva. Esta visión la reproduce Netanyahu en su libro Un lugar bajo el sol.
Si el patriotismo es el refugio de los canallas (Samuel Johnson), el lema del pueblo elegido añade un plus genocida derivado en muchos casos de frases literales sacadas de textos bíblicos
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Pedro López López, Nueva Tribuna, 25 de septiembre de 2025
En estos tiempos del genocidio más obsceno de la historia, en el sentido de que lo estamos contemplando casi en directo, algo inédito, oímos de vez en cuando el discurso justificativo del derecho a la defensa, reforzado en torno al concepto de “pueblo elegido”. Este pertenece a ese grupo de expresiones y palabras que han justificado históricamente el atropello, saqueo y sometimiento de pueblos, en medio de asesinatos, torturas, humillaciones, violaciones, etc., ocurridos en nombre de la civilización, el progreso o la religión, y aquí tiene un papel fundamental la expresión “pueblo elegido”, dando carta blanca a abominables abusos que llegan hasta el genocidio.
¿Qué significa ser un pueblo o una nación elegidos?, ¿que dios elige a un pueblo sobre los demás y que este se cree con derecho a someterlos, perpetrando abusos y carnicerías horrendos? ¿Cómo puede ser un dios tan cruel, y encima querido por sus partidarios?
Palestinos transportan a heridos y fallecidos tras un ataque aéreo israelí contra varias viviendas en Khan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, el 1 de mayo de 2025 / Anas-Mohammed/Shutterstock _________________
En los orígenes del sionismo no había profecías, ni revelaciones, ni promesas divinas: había necesidad. Era una idea moderna, racional, profundamente secular. Una respuesta ilustrada al antisemitismo europeo.
Sin embargo, hoy Israel navega en una tensión evidente: su proyecto nacional ha sido reabsorbido, en parte, por una narrativa teológico-política que convierte lo territorial en sagrado, lo jurídico en providencial y lo militar en redentor.
Israel fue concebido como refugio, no como profecía. Sin embargo, parte de su aparato político se ha alineado con una lógica bélica brutal que convierte la historia en destino sagrado.
Entender esta transformación es clave para repensar no solo el futuro de la región, sino los riesgos de toda forma de nacionalismo que recurra a lo eterno para justificar lo inmediato.
Como todo sistema político y social basado en una única idea, en este caso un culto monoteísta, el cristianismo llevaba desde su nacimiento la semilla de la intolerancia
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, durante una misa / Jorge Peteiro / Europa Press _________________
Santi Fernández Patón, El Diario, 22 de agosto de 2025
En sus Crónicas del alba, Ramón J. Sender recuerda las celebraciones con las que en el internado católico de su infancia se conmemoraba el inicio de la cristiandad. La historiografía tradicional lo sitúa a principios del siglo IV, con el famoso Edicto de Milán. El emperador Constantino establecía el fin de las persecuciones religiosas, la libertad de culto y, por tanto, la plena tolerancia con los cristianos. A partir de ese momento la cristiandad comenzó a reescribir su propia historia.
Inventó un pasado de crudelísima represión, en la que los creyentes habrían sido perseguidos en todos los confines por despiadados gobernadores al servicio de Roma. Hoy ese relato está ampliamente desmentido, por exagerado. Los martirologios se asumen como meras ficciones y, de hecho, ni siquiera se admite que los mártires de los primeros tiempos alcanzaran los diez casos. Las persecuciones, mucho menores que las que sufrieron otras comunidades, en buena medida estaban causadas por la obsesión de los fieles en alcanzar el martirio, vía igualitaria por la que se les prometía el acceso al cielo, a una vida mejor.
Hoy es un absurdo, un contrasentido lógico, político y especialmente ético, considerar a Israel un estado judío, democrático, igualitario y no étnico
El Códice Sassoon(siglo IX o principios del X), la Biblia hebrea más antigua / EFE ______________________
Manuel García Fonseca, El Comercio, 25 de julio de 2025
Valgan unas cita bíblicas, en contraposición a hechos del genocidio palestino. Del Evangelio, sobre el asesinato de los niños: «Quien haga mal a uno de estos niños más le valdría que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al fondo del mar» (Mateo 18,6-7). De los profetas: «Aunque multipliquéis vuestras plegarias , no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre; lavaos , limpiaos, buscad la justicia, defended al oprimido» (Isaías año 750 antes de Cristo).
Hechos del genocidio palestino: ¿Cómo poner nombre al asesinato de miles de niños que inician o simplemente se asoman a la vida? Todos los días decenas de palestinos son muertos de hambre, a tiros, o por las bombas mientras acuden a los lugares asignados por el ejército para la distribución de alimentos; estos días niños y mujeres son asesinados a tiros al recoger bolsas de agua. Cerca de 20.000 son los niños asesinados y muchos más los heridos, lisiados o mutilados.
“No se debe tener piedad con los niños de Gaza, hay medidas (matar niños) que no queda otra que usarlas, así lo quiso dios. Si el creador nos bendice diciendo que hay que borrar la semilla de Amalek, hay que aniquilar desde el bebé al niño. Es una guerra total.”
Estas palabras repugnantes no las pronunció un iluminado solitario ni un loco sin púlpito. Las pronunció Meir Eliyahu, rabino sionista de gran proyección mediática en Israel, asesor ideológico de sectores ultrarreligiosos y cercano al partido Otzma Yehudit. No es marginal: su discurso circula en programas de televisión, en academias religiosas, en yeshivas castrenses y en las redes de los rabinos que asesoran al Tzahal, el Ejército israelí. Y no es nuevo.
El pretexto es de manual: el mandato bíblico de exterminar a Amalek. Una doctrina reinterpretada que, en boca de Eliyahu y de otros como él, justifica el asesinato masivo de la población palestina. El rabino lo dijo sin pestañear: no hay civiles en Gaza. Todo ser vivo, incluso los animales, debe ser aniquilado en una guerra total.
«Esta sed de sangre está vinculada a un pasaje bíblico, el relatado en Josué, 6:21 sobre la conquista de Jericó: «Luego consagraron al exterminio todo lo que había en ella, pasando al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y ancianos, vacas, ovejas y asnos»
Niñas palestinas se agolpan frente a un comedor social para recibir raciones limitadas ante la escasez de alimentos, en Jan Yunis, al sur de la Franja de Gaza, el 30 de mayo de 2025 / Haitham Imad / EFE _______________
Una reciente encuesta, encargada por la Universidad Estatal de Pensilvania y dirigida por Tamir Sorek para la empresa de sondeos israelí Geocartography Knowledge Group, ha dejado algunos datos inquietantes. El más impactante es el que habla de casi una mitad de judíos israelíes (concretamente el 47%) que está a favor de exterminar a todas las personas palestinas de Gaza. Esta sed de sangre está vinculada a un pasaje bíblico, el relatado en Josué, 6:21 sobre la conquista de Jericó: «Luego consagraron al exterminio todo lo que había en ella, pasando al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y ancianos, vacas, ovejas y asnos». A juicio de una minoría significativa de israelíes, las Fuerzas Armadas de Israel deberían actuar de igual forma en Gaza, «matando a todos sus habitantes», según rezaba explícitamente una de las preguntas de la encuesta.
Según explicaba el diario Haaretz, la colección de preguntas fue cuidadosamente escogida para «provocar» a los 1.005 participantes. Son cuestiones que no suelen plantearse con esa franqueza en un sondeo sobre el conflicto palestino-israelí. Los resultados, quizás por eso, también son enormemente rotundos. Por ejemplo, el 82% de los israelíes está a favor de expulsar por la fuerza a los palestinos y palestinas de Gaza. Y el 56%, a favor de echar a todos los palestinos-israelíes, es decir, a los ciudadanos árabes con pasaporte israelí que viven legalmente en el país.