Hasta que la muerte nos separe… Y así es desgraciadamente para muchas mujeres, que el único elemento que las separa de sus maltratadores es la muerte, pero por asesinato…
Y es que el matrimonio, es para toda la vida, un sacramento indisoluble según la Iglesia católica, una institución patriarcal y con un currículum que tiene muchos «debes» a lo largo de la historia. Sorprende que el Ayuntamiento la legitime como «agente de protección».
Sra. Chueca, me encantaría que Zaragoza fuese noticia por ser pionera en poner en marcha proyectos educativos innovadores, planes de empleo efectivo, ayudas a la investigación (y no a academias de toreros), programas para la erradicación de la mendicidad y la indigencia (pero no con multas de 3000, sino con soluciones habitacionales y medidas de inserción), proyectos culturales de los de verdad (más allá de flores, luces y petardos con polvos de colores), pero no…
Hay pasos históricos a los que, en el momento que suceden, no les damos la importancia que merecen. A veces es porque no «caben» en los medios; otras, porque entre el mucho ruido pasan desapercibidos; y también podría ser que el pasmo nos dejara mudas, mudos. Sin embargo, creo que el paso dado por el Ayuntamiento de Zaragoza en colaboración con el Arzobispado respecto a las víctimas de violencias machistas sencillamente pasa como si nada porque forma parte de algo que hemos asumido: la derecha y la ultraderecha gobernarán nuestras vidas, y por tanto las violencias que recibimos. Esto, en el caso de las mujeres resulta devastador.
Esta semana hemos sabido que el Ayuntamiento de Zaragoza -PP bailando con Vox- habilitará las parroquias de la ciudad como lugar de atención a las víctimas de violencia de género. Sí, las iglesias católicas, las mismas que consideran que el matrimonio es un «vínculo indisoluble», lo cual, parece evidente, resulta incompatible con un enfoque de protección integral de las víctimas. Además, como ha protestado el sindicato aragonés OSTA en relación con el Derecho civil español, «el sistema jurídico vigente excluye cualquier forma de mediación en contextos de violencia de género, al reconocer una situación de desigualdad estructural».
Ayuntamiento y Arzobispado ponen en marcha una red de “espacios seguros” en iglesias de la ciudad para mujeres víctimas de violencia machista. La iniciativa desata críticas feministas y de la oposición, que denuncian un retroceso reaccionario y el desmantelamiento de recursos públicos especializados.
La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, y el arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, en la iglesia Nuestra Señora de Montserrat | Foto: Daniel Marcos / AZ ____________________
Dora Díaz | Iker González Izaguirre, AraInfo, 14 de mayo de 2026
Zaragoza vuelve a situarse en el centro de la polémica por las políticas municipales contra la violencia machista. Después de convertirse en 2023 en la primera gran ciudad en retirar los Puntos Violeta por exigencia de Vox —rebautizados posteriormente por el gobierno de Natalia Chueca como “espacios seguros unisex”—, el Ayuntamiento da ahora un paso más en su giro reaccionario: trasladar parte de la atención y acompañamiento a víctimas de violencia machista a parroquias católicas de la ciudad.
El acuerdo suscrito entre el Ayuntamiento y el Arzobispado de Zaragoza ha sido anunciado este martes por la propia alcaldesa, en una comparecencia ante los medios junto a representantes de la Iglesia católica. “Una parroquia es, para muchas personas, un hogar donde alguien te recibe, te escucha, te pregunta cómo estás y se preocupa por ti”, ha manifestado Chueca. En la nota oficial, el consistorio presenta la iniciativa como una red de “espacios seguros” impulsada junto a entidades religiosas.
La Iglesia, el Estado y la Justicia protegieron a los autores de violaciones, asesinatos e infanticidios. La investigadora María Regla Prieto recupera la memoria de sus víctimas.
Ilustración crítica con los curas y la Iglesia publicada en el semanario El Motín _______________________
«Si la miraba un cura, estaba condenada». Sobre todo si la mujer era joven, soltera, pobre y analfabeta. Aunque, en realidad, «daba igual la edad y el estado de la víctima», pues «no se salvaron tampoco ni casadas ni viudas, ni las maestras del lugar, ni mucho menos las criadas de los curas«.
María Regla Prieto lleva tres décadas investigando la violencia ejercida por los sacerdotes. En sus trabajos deja claro que a lo largo de la historia ha habido infinidad de «curas buenos, frailes sabios y ministros eclesiásticos responsables». Sin embargo, no comprende que la Iglesia amparase a las «ovejas negras» ni que pidiese perdón por sus delitos.
Después de publicar cinco libros sobre el tema, ahora se centra en la violencia contra la mujer, víctima de la «incontinencia sexual» de un cura que la violaba. Rechazada por la sociedad, «era frecuentemente asesinada»; el mismo destino corría el bebé si se quedaba embarazada y no había abortado. Además, sería cómplice de infanticidio.
De pequeños nos entretenían con dibujos de cosas que, al juntarlas, formaban una distinta que no tenía nada que ver con los dibujos de partida. En política lo vemos a diario. Cada uno coge trozos de la actualidad y compone y recompone con ellos el relato que le da la gana. Ayuso cogió el poco ruido con el que nos fuimos deslizando hacia este 8M y lo juntó con Errejón, la acusación a Monedero y otras hojarascas, para componer el dibujo de una izquierda desenmascarada, que se calla avergonzada por no tener nada que decir. Y, apoyándose sobre las hojas de ese rábano, se anima con lo de cuándo se hace el día del hombre, que también mueren en las guerras, si de víctimas va la cosa. Y cuando tiene razón tiene razón.
No la tiene en que la izquierda se calla porque está para callarse. Si hay caso Errejón, es por las políticas de la izquierda en las que fueron permeando las luchas feministas, con la feroz oposición de las derechas. Y si Errejón sintió insostenible su situación, es porque militaba en un partido de izquierdas. En los primeros dos mil, todavía uno podía cometer abusos sexuales sin dejar de pavonearse por la vida pública, como bien sabe Nevenka. Y ahora en un partido de ultraderecha todavía se puede llegar a cargos públicos con abusos a cuestas y pactar gobiernos con el PP. Es la izquierda la que hizo inadmisible el abuso y es la izquierda quien no lo digiere en su interior, siempre al calor de la caldera feminista. La izquierda está para hablar, y fuerte, el 8M.
Asturias Laica apoya las movilizaciones que se convocan el 25N Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En Asturias, bajo el lema «Que la vergüenza cambie de bando», tendrá lugar, convocada por Asturies feminista 8M, una manifestación en Oviedo -19:30 h. desde RENFE-, pero también concentraciones ante los ayuntamientos, entre ellos la de Gijón a las 19:00h. en la Plaza Mayor.
Imagen de las hermanas Mirabal, cuyo asesinato un 25 de noviembre de 1960 por orden del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo es el origen de 25N / Fuente imagen ____________________
Luis Fernández, Asturias Laica, 25 de noviembre de 2024
Corresponde un año más recordar que hoy nos unimos de nuevo en la dedicación de un día al año para recordar la imprescindible lucha contra la violencia que se dirige hacia las mujeres solo por el hecho de serlo.
En una de esas casualidades macabras despertamos esta mañana con una noticia cruenta: En Orihuela un ¿joven? de 17 años es detenido acusado de matar a una menor de 15 años. Parece ser que este sujeto reaccionó así porque “su pareja” había decidido “romper su relación con él”. Como en el tango “la maté porque era mía”.
Si es posible superar el impacto de la noticia se puede ver lo brutal de su mensaje: la violencia machista es un producto cultural, cuidado y estimulado por la cultura dominante. La nuestra.
Es cierto que son necesarias muchas medidas previsoras, protectoras y paliativas. Es verdad que debemos exigir, en un día como hoy, su desarrollo.
El Consejo de Mujeres de Gijón se sumó ayer a la convocatoria promovida por asociaciones de mujeres en Valencia y organizó una vigilia laica en la plaza Mayor para denunciar «la gravedad de los últimos asesinatos machistas contra machistas y criaturas» que se han producido en lo que va de verano, concretamente en julio, y que han disparado los casos en lo que va de año.
Durante la vigilia, que tuvo lugar de diez a once de la noche, el Consejo de Mujeres leyó el manifiesto elaborado por el movimiento feminista de Valencia y también un comunicado propio en el que repudiaron la crueldad de los asesinatos acontecidos este último mes. «En verano aumentan los momentos de convivencia y los maltratadores tienen más difícil gestionar las relaciones, por lo que auguramos un verano dramático», señaló Ana Isabel García, del Consejo de Mujeres.
Una investigación del Emakunde con entrevistas a mujeres víctimas de violencia de género de entre 65 y 95 años concluye que una de cada cuatro mujeres mayores en Euskadi ha sido víctima de violencia machista
Miren Elgarresta, directora de Emakunde, Instituto Vasco de la Mujer junto a los autores de la investigación Iratxe Herrero y Carlos Díaz de Argandoña / IREKIA _____________
La religión, en concreto la católica, es uno de los factores de riesgo de maltrato en mujeres mayores en Euskadi. La socialización de las mujeres que hoy en día tienen más de 65 años, se basaba en dos instituciones sociales estrechamente unidas en el contexto sociopolítico: la escuela y, de manera más intensa, la religión, en concreto, la católica, cuyos ritos formaban parte de las costumbres sociales, llegando al punto de convertirse en un elemento de control social del comportamiento público y privado. “Cuando yo era joven, el matrimonio era para toda la vida y todos los hijos que te diera Dios. Fui a contarle al cura de mi pueblo que mi marido me pegaba y me dijo que igual que Cristo llevó su cruz con dignidad que, si era yo buena cristiana, hiciera yo lo mismo con mi matrimonio”.
Este es uno de los testimonios de 13 mujeres vascas de entre 65 y 95 años que reconocen ser víctimas de violencia de género. Todas ellas tienen historias de violencia de larga duración, con una media de 46 años, en un intervalo que comprende desde los 35 a los 53 años. Una de ellas aún sigue casada y está viviendo con su agresor, mientras que el resto ha logrado finalizar la relación de maltrato, cinco de ellas tras una separación o divorcio y las siete restantes por el fallecimiento de su pareja. Dos de ellas han sido víctimas de violencia de género ejercida por dos parejas diferentes a lo largo de su vida.
Grupo de Feminismo y Laicismo de Europa Laica 25 de noviembre de 2022 _________
COMUNICADO
El grupo de feminismo y laicismo de Europa Laica se suma a la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebra el 25 de noviembre en recuerdo del asesinato de las hermanas Mirabal por el dictador Trujillo en 1960 en la República Dominicana.
La violencia contra las mujeres tiene múltiples manifestaciones: la imposición de los estereotipos machistas; la violencia psicológica y física, el abuso y el acoso sexual, el secuestro, la violación, la explotación sexual de niñas y mujeres —la trata, la prostitución, la pornografía—, la explotación reproductiva, la violencia vicaria, la tortura y finalmente el asesinato… y toda forma de exclusión o limitación contra la mujer por razón de su sexo que impide el reconocimiento y el ejercicio legítimo de los derechos incluso cuando están formalmente recogidos en la legislación de muchos países.
La violencia machista es estructural y hunde sus raíces en el patriarcado, adquiriendo nuevas formas en estos tiempos regresivos mientras las formas antiguas siguen perviviendo. Todas las religiones han jugado y juegan un papel esencial en el reforzamiento de los estereotipos machistas, en su pervivencia y en el enaltecimiento de la violencia ejercida contra las mujeres y niñas. Desde el «Cásate y sé sumisa» hasta las instrucciones para «golpear a tu mujer sin dejar marcas», desde el acoso para impedir ejercer el derecho al aborto, hasta la imposición de la reclusión, del velo como estandarte del honor del esposo y la familia, las religiones elevan la misoginia a mandato moral.
El caso de las hermanas de origen pakistaní vecinas de Terrassa demuestra que la violencia machista es un fenómeno universal que se justifica a sí mismo de muy distintas formas según la procedencia, la religión o la cultura
Las dos hermanas de Terrassa asesinadas en Pakistán, en una imagen distribuida por la policía del Punjab / EFE
Le añadimos una “s” al feminismo y parece que con esto ya hemos resuelto la diversidad de violencias que sufrimos las mujeres. Pero no. La realidad no cambia sola por el simple hecho de que cambie el lenguaje. Si así fuera, bastaría con nombrar lo bueno y no mencionar nunca lo malo. Hay machirulos hablándote en asturiano para ser más inclusives y departamentos de feminismo-s que no atienden al sufrimiento de las racializadas interseccionadas en vías de descolonizarse.
El caso de las hermanas de origen pakistaní vecinas de Terrassa demuestra que la violencia machista es un fenómeno universal que se justifica a sí mismo de muy distintas formas según la procedencia, la religión o la cultura. Pero ni mal de muchas es consuelo de todas ni basta con resumir que “todo es patriarcado”. Hay que abordar cada machismo en su justa medida, en este caso empezando por la aleya 34 de la sura 4 del Corán(1)del mismo modo que se critica la costilla de Adán.