El arzobispo de Oviedo miente al decir que la cruz del Valle de los Caídos “no responde a ninguna sigla política, ni es tutora de ideología alguna”. Y no porque lo diga yo, sino porque lo dijo un señor llamado Francisco Franco
Basílica del Valle de Cuelgamuros (antes Valle de los Caídos) / Mariscal/EFE _____________________
Mikel Urretabizkaia, El Diario, 10 de abril de 2025
Recientemente, en la tercera de ABC, el actual arzobispo de Oviedo, el franciscano Jesús Sanz Montes, reivindicaba la cristiandad del Valle de los Caídos y explicaba que “esa inmensa Cruz, la más alta que hay en el mundo con más de 152 metros, no es enseña de bandería, no responde a ninguna sigla política, ni es tutora de ideología alguna”.[1]
A veces al leer cosas similares, uno se ve obligado a hacer una profunda reflexión sobre la verdad, la posverdad, y la simple y llana mentira.
Porque lo del arzobispo de Oviedo en ese artículo se trata, simplemente, de una mentira.
Y no porque lo diga yo, sino porque lo dijo un señor llamado Francisco Franco, y lo hizo, como muchas cosas que él hacía, mediante decreto, el del 1 de abril de 1940 [2].
Muy lejos de las peticiones de la reverenda Marian Budde, al frente de la Diócesis Episcopal de Washington, que implora piedad para las víctimas de la política de Trump; o de las palabras de Mark Seitz, obispo católico de El Paso (Texas), que clama contra las consecuencias en la vida de los más desfavorecidos de la guerra trumpiana contra la inmigración y contra los pobres, el arzobispo de Oviedo saluda las políticas del mandatario norteamericano «por poner a la cultura woke en su sitio».
Sanz Montes, que no tiene en sus discursos un gramo de compasión, ni siquiera de condescendiente lástima, utiliza también la piedra woke filosofal, como el resto de líderes nacional-populistas. Basta con tildar cualquier cosa que desagrade de woke para descalificarla, como hacen Trump y Milei con soltura. Su caricatura es burda, total, y multiusos: ¿preocupación por el medio ambiente (como la del Papa en «Laudato si – Sobre el cuidado de la casa común», por cierto) ¡Woke! ¿Inquietud por la integración social de las minorías?
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibe las felicitaciones de su familia tras jurar su cargo, el pasado 20 de enero en el Capitolio de Washington / Pool (Getty Images) _______________________
A fines de marzo, durante el Congreso de Familias y Docentes Católicos de Asturias, Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, dijo acerca de Donald Trump: “Bienvenida su aportación para poner la cultura woke en su sitio”. Hay otras aristas de ese presidente que le presentan “más dificultades”, pero no aclaró cuáles.
¿Será la deportación de cientos de venezolanos a la megacárcel de Bukele; la reinstauración de la política Quédate en México? Habló de un “asalto planificado a la familia”, y abundó: “La cultura cristiana ha pasado a ser clandestina (…) Se difunde la imagen obsoleta de una Iglesia a la que se señala como intrusa en el santuario de la modernidad”.
«Bienvenido Trump para poner la cultura woke en su sitio», dijo el arzobispo Montes, en calidad de católico y arzobispo. A mí me parece un escarnio a los sentimientos religiosos. «Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón / y no pido perdón. / Grande España, a Dios le doy gracias por nacer aquí», cantaba transida de fe Marta Sánchez. A mí me parece una injuria a la bandera y los símbolos nacionales. Es cuestión de sensibilidades.
Trump es la brutalidad, la violencia y la injusticia. Se rodeó de ricos, quitó protección a los débiles, amenazó con su fuerza militar y mostró que los fuertes no tienen amigos, sino criados. Y también mostró con jactancia fotografías de la infamia de los presos enviados a El Salvador, cuyo delito en EEUU fue … ¿cómo lo diría Marta Sánchez? …, «no haber nacido aquí». Para respaldar lo repugnante, se finge que no se respalda la parte infame, sino esta otra parte en la que el infame sí tiene razón.
«Me da la impresión de que después de ser criticado en ausencia, Adrián Barbón y las autoridades asturianas no volverán a caer en la trampa del arzobispo»
Vicente G. Bernaldo de Quirós / Fuente foto ___________________
Da lo mismo que en la celebración religiosa del día de Covadonga esté o no el presidente del Principado, que el arzobispo de Oviedo marcará territorio ideológico y le acusará de no comulgar con sus ideas extravagantes y cercanas a la derecha del nacionalcatolicismo. El caso es tener a alguien al que reñir y a monseñor Sanz Montes se le dan muy bien las filípicas, que disfraza de argumentos teológicos y morales.
En esta ocasión, Adrián Barbón renunció a estar presente en los actos religiosos del día de Asturias, cansado ya de que el jefe de la Iglesia en la región le amoneste por las políticas que lleva a cabo y también, posiblemente, porque le dijeron que su sitio no era ese y que en un Estado aconfesional el presidente del Principado, por muy creyente que sea, no tiene que acudir a un sitio preferencial porque la religión es un acto privado.
Cartes de Cuturrasu, blog de Miguel Ángel Fernández, 17 de septiembre de 2024
No podía faltar. Fiesta del día 8 de septiembre, periodistas, cámaras, el señor arzobispo no quiere dejar pasar una nueva ocasión de que se hable de él. Claro que hay otros que le dan oportunidades indebidamente; me explico: desde el inicio del periodo autonómico mezclaron sin venir a cuento la festividad religiosa y la política.
¿Quieren los cristianos ir a rezar a una muñeca en Covadonga? Háganlo. Ahora bien, ¿qué se puede celebrar políticamente en ese día? Como mucho un mito guerrero sobre una batalla que no existió. Puestos a buscar singularidades asturianas igual se podría hablar de mayo 1808, cuando la Junta General del Principado en alarde de soberanía declaró la guerra a Francia, o bien octubre 1934, en que el proletariado asturiano se levantó en armas contra el fascismo. Estos sí son hechos históricamente documentados.
Aprovechando la actual mezcolanza, lanza Jesús Sanz, convenientemente disfrazado con sayas, báculo y mitra, sus arengas de extrema derecha, ante la cara impasible del presidente del Principado, socialista de carné y católico de comunión. Todos los años excepto éste, en que se impuso la razón constitucional; la Iglesia para creyentes, los políticos con la ciudadanía.
Sanz Montes / Religión Digital ___________________
Enrique del Teso, Nortes, 14 de septiembre de 2024
Al arzobispo señor Sanz Montes le pasa con las ideologías lo que nos pasa a todos con el olor de las casas. Todas las tienen un olor peculiar menos la propia. Al señor Montes todo le parece ideología menos sus soflamas. Es ideología, dice, que las mujeres quieran vivir como la otra mitad de la población. No es ideología, dice, sino moralidad fundamentada en la fe, mezclar en la misma frase inmigrantes con terrorismo, drogas, armamento y tráfico de blancas (en mayo de este año). Y no tiene siglas, dice, la etiqueta buenismo para referirse a la actitud de encarar la inmigración sin mentiras ni prejuicios racistas.
Decir que algo es ideológico es decir que es interesado y que no es un hecho verdadero, sino un punto de vista discutible.
Decir que una democracia es aconfesional o laica (me aburren los matices) es una redundancia. Si es democracia, es laica. Es reconocer la obviedad de que las leyes las hace el parlamento elegido y no tienen que acomodarse a preceptos religiosos dictados por obispos a los que no elige nadie. Si llamamos ideología laicista a este rasgo de las democracias, pues eso de que la Constitución esté por encima de la Biblia y el Gobierno por encima los obispos es solo un punto de vista interesado. Además, una vez que nos inventamos una ideología laicista, ya podemos llamarla radical y así será laicismo radical todo lo que a los obispos no les guste. Parece lógica la exigencia de igualdad de las mujeres. La manera de oponerse a semejante obviedad es, de nuevo, llamarla ideología, en este caso de género.
La Cadena SER en Asturias dedicó ayer, tras la misa oficiada en Covadonga con motivo de la fiesta de la «Santina» y a la que por primera vez no asistió ni el gobierno de Asturias ni la delegada del Gobierno, Adriana Lastra, breves espacios de reflexión sobre la presencia de autoridades en ceremonias religiosas y al caso concreto de Covadonga.
Por la mañana, en el Hoy por Hoy en ser Gijón, Paloma Llanos entrevistaba a Luis Fernández, presidente de Asturias Laica, acerca de la «constitucionalidad» de la presencia institucional de autoridades en actos confesionales. Por la tarde, el tema se trasladó al programa de Nacho Poncela, La Ventana de Asturias, en el que, haciéndose eco de la entrevista de la mañana, charlaba con Enrique González lo que dio entrada, también, a comentar las palabras de Sanz Montes.
Hoy por Hoy Gijón, con Paloma Llanos (fragmento) Entrevista a Luis Fernández
Juan Cofiño, preresidente de la Junta General del Principado de Asturias, tampoco acudirá a Covadonga el 8 de septiembre en el Día de Asturias a la misa en el Real Sito. Cofiño, exvicepresidente del Gobierno, ha trasladado su negativa en una carta abierta al arzobispo de Oviedo en la que recalca su «protesta en nombre de todos quienes se han visto señalados peyorativamente por sus intervenciones pretéritas en el Dia de Asturias». La baja de Cofiño se produce un día después de que Adrián Barbón, presidente del Principado, comunicase su decisión de no ir a Covadonga, rompiendo así una tradición de más de 40 años, a raíz del enfrentamiento con Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, que acostumbra a hacer discursos con contenidos políticos que irritan a la izquierda.
Juan Cofiño comunicó al arzobispo su ausencia el próximo 8 de septiembre en Covadonga a través de una carta, también remitida a los medios de comunicación. En ella declina la invitación del Arzobispado a participar en los actos religiosos afirmando que «nada me desagrada más que las polémicas estériles» y mostrando su «enorme preocupación por la polarización extrema que se está adueñando del discurso público…y no seré yo quien contribuya a avivar la hoguera.». «No obstante, me veo obligado a argumentar mi ausencia en Covadonga en esta ocasión, dada la notoriedad que ha adquirido la hipotética presencia o, en su caso, ausencia, de los representantes públicos en los actos religiosos». Por todo ello, prosigue, «me veo obligado a argumentar mi ausencia en Covadonga».
Barbón anuncia que no acudirá a la misa el 8 de septiembre tras las sucesivas diatribas de Sanz Montes y el presidente del PP, Álvaro Queipo, remarca que sí acudirá
Un grupo de monjas del Santuario del Real Sitio de Covadonga / Alberto Morante ________________
El Día de Asturias[1]se celebra el 8 de septiembre, efeméride que antes de la democracia estaba dedicada a la Virgen de Covadonga, como un gesto de reconciliación del primer ‘presidente’ de la Asturias contemporánea, Rafael Fernández, último miembro del Consejo Soberano de Asturias y León, regresado del exilio, que ejerció como autoridad preautonómica en la Transición hasta los primeros comicios verdaderamente democráticos. Fue una decisión fruto de su tiempo en el que las generaciones que habían vivido y protagonizado la Guerra Civil quería dejar atrás a toda costa (a veces a costa de la memoria) el conflicto para iniciar una nueva etapa.
Y fue así durante mucho tiempo, con una amplia mayoría de presidentes socialistas -Asturias sólo ha tenido dos dirigentes que no militaran en el PSOE, Sergio Marqués y, brevemente Francisco Álvarez-Cascos– uno a uno todos ellos acudieron a la misa de la basílica en Covadonga, en paz y concordia hasta que algo cambió. Y no fue ningún presidente del Principado. Lo que cambió fue el arzobispo.