La persecución de la blasfemia tiene, en el mundo en que vivimos, un uso político. Por un lado, se pretende justificar un supuesto anti imperialismo en un fanatismo religioso y por otro se pretende también justificar un control imperial en una falsa superioridad cristiano occidental contra el atraso de otras “civilizaciones” y sus religiones.

Antonio Gómez Movellán, Nueva Revolución, 19 de agosto de 2022
Fanático deriva de la palabra latina fanum que significa “templo”; los fanáticos eran los adeptos al templo; los pro-fanos serían los que están delante o fuera del templo, los no consagrados. En general todas las religiones clericales son fanáticas y las que se pretenden más universales más fanáticas son.
A raíz de la fatwa contra Salman Rusdhie, en 1989, la mayoría de los líderes religiosos del mundo justificaron, de una u otra forma, el fanatismo y apoyaron que se reforzaran los delitos de blasfemia o de ofensa a los sentimientos religiosos ante las manifestaciones críticas a la religión o su simbolismo.
El Vaticano hizo declaraciones públicas calificando como blasfemo el libro “Los Versos satánicos” y justificando la reacción airada de millones de musulmanes:
”El mismo apego a nuestra propia fe nos induce a deplorar lo que es irreverente y blasfemo en el contenido del libro de Salman Rusdhie”, se escribió, en 1989, en el Observatorio Romano.
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Posted by asturiaslaica 

























