El modelo de feminidad implantado por la dictadura y el nacionalcatolicismo

​«¡Gobernantes! Haced catolicismo a velas desplegadas si queréis hacer la patria grande… Ni una ley, ni una cátedra, ni una institución, ni un periódico fuera o contra Dios y su Iglesia en España», cardenal Gomá(1)

Un grupo de mujeres de la Sección Femenina, durante la inauguración del pantano de San Bartolomé, en 1942 / MIGUEL CORTES / EFE

Cándido Marquesán Millán, Nueva Tribuna, 12 de junio de 2022

La proclamación de la República abrió un periodo de reformas políticas, jurídicas y sociales encaminadas a corregir las desigualdades existentes entre las diferentes capas sociales del país. Para ello era necesaria una amplia reforma en todos los ámbitos estamentales del Estado.

Fueron años de la II República de grandes conquistas para las mujeres: derecho a voto, derecho a la educación, aprobación del matrimonio civil y el divorcio, despenalización del aborto, más presencia en el mundo laboral y más participación en las actividades ciudadanas; lo cual, conllevaba escapar de las tradiciones y de la opresión de la Iglesia Católica. Logros que les pasarían factura en el mismo momento en que se inició la represión, pues ni la Iglesia ni la derecha tradicional perdonarían este atisbo de libertad, iniciando de inmediato una implacable persecución del colectivo de las mujeres.

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(1) [José Andrés Gallego y Antón M. PAZOS (eds.), “Pastoral del cardenal Gomá”, en Archivo Gomá: febrero de 1937, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2002, p. 103. / Fuente ]

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Y se puso en marcha una dictadura brutal con el apoyo incondicional de la iglesia católica

Dictadura franquista y nacionalcatolicismo. El haber apoyado la Iglesia a los golpistas, estos la recompensaron con todo tipo de privilegios. Podemos observarlo en todo un aparato legislativo llevado a cabo desde el poder político de la dictadura. Pongo 2 ejemplos.

La Ley de 2 de febrero de 1939 deroga la de Confesiones y Congregaciones Religiosas, norma cuyo preámbulo es una completa síntesis de la ideología nacionalcatólica propugnada e implantada por los sublevados: “Ante todo partía aquella Ley –la derogada- de una base absolutamente falsa: la coexistencia en España de pluralidad de confesiones religiosas, cuando es notorio que en nuestra Patria no hay más que una, que los siglos remarcaron con singular relieve, que es la Religión Católica, inspiradora de su genio y tradición”. Disposición que determinaba que “las órdenes religiosas recobran la situación jurídica que tenían en España con anterioridad a la Constitución de nueve de diciembre de mil novecientos treinta y uno”.

Ya implantada la Dictadura, la Ley de 9 de noviembre de 1939 deroga la de 6 de abril de 1934 y restablece el Presupuesto del Clero con un preámbulo digno de mención: “El Estado Español, consciente de que su unidad y grandeza se asientan en los sillares de la Fe Católica, inspiradora suprema de sus imperiales empresas y deseoso de mostrar una vez más y de una manera práctica su filial adhesión a la Iglesia”, decide restablecer dicho Presupuesto “al abnegado clero español, cooperador eficacísimo de nuestra victoriosa Cruzada”, reconocimiento formal y expreso del apoyo prestado por la jerarquía católica que, naturalmente, alcanzó al conjunto de la política represiva de todo tipo: física, económica, educativa, cultural, moral, etc.

Con la dictadura franquista, perfectamente impregnada de la ideología del nacional-catolicismo, se instauró un régimen que apostó, doctrinaria y legislativamente, por un modelo de feminidad profundamente restrictivo, misógino, patriarcal y antiemancipatorio. Este ideal, que tampoco era nuevo, se caracterizaba por representar a la mujer, con variantes y matices, como «ángel del hogar», subalternizándola como objeto antes que como sujeto histórico y reduciéndola a la función de esposa y madre. Y también desconfiando plenamente sobre ella, como fuente de pecado.  

Mujeres recogen agua en una fuente hacia 1950 / (foto: La Opinión de Málaga)

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Inmaculada Blasco Herranz, Profesora Titular de Historia Contemporánea de la Universidad de La Laguna ha llevado a cabo numerosos y encomiables trabajos sobre la situación de la mujer en tiempos de la dictadura.

Me fijaré en dos de sus artículos. El primero ya de 1997, Moda e Imágenes Femeninas durante el Primer Franquismo: entre la Moralidad Católica y las Nuevas Identidades de MujerA pesar de haber observado y vivido por mi edad esa auténtica persecución de la dictadura franquista en connivencia con la iglesia católica hacia el colectivo de las mujeres, la lectura del artículo citado realmente sobrecoge. Los españoles/as del 2022 deberían leerlo y reflexionar sobre la crueldad de la dictadura, a la cual una fuerza política con 52 diputados en el Parlamento no solo no condena. sino que la enaltece.

«La pérdida de la virginidad en una fase prematrimonial estuvo entre los comportamientos más férreamente censurados tanto por la moral del nacionalcatolicismo como por la moral popular, si bien esta transgresión era percibida de forma muy distinta en función del sexo del contraventor«

No en vano, el líder de ese partido no tiene ningún reparo en afirmar “el Gobierno de Pedro Sánchez es “el peor en 80 años”. Y que según las encuestas va a más. Algo muy grave está pasando en esta España nuestra. A los jóvenes acérrimos forofos de VOX les dedicó las siguientes líneas.

Según el artículo Inmaculada Blasco. “El cuerpo femenino tuvo una importancia simbólica especial para los grupos de poder que apoyaron la contrarrevolución durante la guerra civil, y que colaboraron en la construcción del Nuevo Estado. La fisicalidad de las mujeres, asociada al pecado y a la lascivia, debía ser vigilada rigurosa y constantemente…A lo largo de los años 40, la Iglesia católica dictó normas que regulaban la forma de vestir de las mujeres, con la pretensión de controlar no sólo los comportamientos públicos femeninos, sino también las percepciones de sí mismas y el arreglo y autoconocimiento de sus cuerpos. El discurso que promulgaba la Iglesia católica sobre las mujeres estaba relacionado con lo que consideraba como un grave deterioro de las costumbres y valores tradicionales que la mujer debía encamar, y que la corta experiencia republicana y la guerra habían contribuido a acelerar favoreciendo un clima de libertades y movilización socio-política. O sea, que la II República provocó un grave deterioro de las costumbres. Había que utilizar métodos contundentes para regenerar España.

 En la Circular núm. 13, «Sobre la modestia cristiana», en Boletín Eclesiástico Oficial del Arzobispado de Zaragoza. 12-6-1940, p.182. Archivo Diocesano de Zaragoza aparece el siguiente texto:

Después de la guerra pasada, en la cual Dios Nuestro Señor nos ha castigado tan duramente por nuestros pecados e infidelidades, existentes todavía las llagas abiertas y las pérdidas de tantos parientes, deudos y amigos, parecía que habían de moverse las mujeres cristianas a la penitencia y enmienda de las costumbres pasadas y a la práctica de la santa austeridad y modestia. Por desgracia no es así; la inmoralidad crece desmesuradamente y es necesario que nos apresuremos a evitar tantos males y a recordar las reglas dictadas por la Iglesia«.

Es para leerlo con detenimiento. Vamos a ver. Es de auténtica locura. Solo pueden salir estas palabras de mentes enfermas. La guerra civil es un castigo divino por nuestros pecados; y permaneciendo tantas llagas abiertas, lo lógico, lo esperable sería que las mujeres cristianas se inclinaran a la penitencia y enmienda. Pero lo lamentable según el texto es que la inmoralidad de las mujeres sigue presente.

Como nos dice Inmaculada el modelo de mujer republicano, como ya hemos comentado antes, era censurado por la iglesia porque suponía un cambio en el equilibrio preexistente del sistema de géneros hacia una cada vez mayor autonomía de las mujeres. El arquetipo femenino que mejor representaba esta tendencia emancipadora, que la República española defendió era el de la «nueva mujer» que surge y se extiende rápidamente en Europa y en EEUU a partir de la Primera Guerra Mundial.

Seguir leyendo: «La estética vinculada a este modelo de mujer se define por una manera concreta de vestir, maquillarse, y comportarse en público«

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