La CEE cambia su ‘estrategia’ ante la pederastia: de la «causa general contra la Iglesia» al «esto es lo que estamos haciendo»

El Episcopado ultima su respuesta a la petición del PSOE de participar en la comisión antiabusos con una profunda división entre los que apuestan por colaborar plenamente con la investigación, y los que prefieren continuar actuando caso a caso, diócesis a diócesis, sin hacer una auditoría global. Los obispos confían en Josetxo Vera la ‘portavocía’ episcopal antiabusos.

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Jesús Bastante, Religión Digital, 11 de febrero de 2022

Los obispos cambian de ‘estrategia’. O, al menos, entran en la famosa tesis del ‘relato’ en lo tocante al escándalo de abusos en el seno de la Iglesia. A la espera de que se defina cuál será el modelo de comisión antipederastia por la que se decidirá el Congreso (la Iglesia continúa negando haber sido informada, o haber recibido la petición, de PSOE o Gobierno, para participar en la misma), o los resultados de los informes solicitados por la Fiscalía (no habrá más de medio centenar de casos abiertos en toda España), la Iglesia española parece virar de la tesis de la «causa general» contra la institución, para pasar a una explicación de lo que la Iglesia «está haciendo» por frenar esta plaga.

Aprovechando que los obispos están de ejercicios (nada es casualidad en este movimiento), el director de la Oficina de Información de la CEE, Josetxo Vera, se presenta como una suerte de ‘portavoz’ de la Iglesia frente a este tema. Una opción (la de una portavocía específica para este tema) que se ha planteado con fuerza en las últimas semanas, junto a un ‘informe privado’ que se podría estar gestando en la Secretaría General, no sin dificultades.

No ha sido la primera vez: hace unas semanas, tras la reunión Sánchez-Omella a cuenta de las inmatriculaciones (un tema que ha pasado al olvido tras el tsunami de los abusos), Vera ya protagonizó un vídeo explicativo en el que, en un tono didáctico («para un niño de tres años» comenta, no sin sarcasmo, un obispo), enmendaba la plana al Ejecutivo y a los medios a cuenta de los bienes que no podían ser devueltos, y los que sí.

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«Con dolor y con sorpresa»

La reflexión de Vera, a diferencia de la tesis imperante hasta la fecha en el seno de la CEE (persecución contra la Iglesia, los casos son mínimos, se olvidan los abusos en la familia, los colegios, los centros deportivos, un paso más en la estrategia del laicismo rampante…), admite que la Iglesia está viviendo «con dolor y con sorpresa» la aparición de estos casos  contra menores «que habían confiado a su protección y a su formación”.

Para el director de comunicación de la CEE, se trata de “algo grave y terrible” que la Iglesia debe afrontar y conocer la verdad, independientemente del número de casos: “Son tristes, dolorosos, producen una gran vergüenza y afectan al corazón mismo de la vida de la Iglesia”. Un cambio de tono, y de discurso, evidente.

«Deseo de conocer la verdad»

“Al mismo tiempo del dolor y la vergüenza, suscita en toda la Iglesia un deseo de conocer la verdad, de cuántos casos, en qué circunstancias se han dado, de por qué se ha tratado mal a esas personas. Un deseo de conocer también para que no vuelva a pasar. Un deseo de formarnos para prevenir esta situación. crear espacios seguros donde los abusos no tengan lugar”, subraya el responsable eclesiástico. Una tesis que choca con la actuación, en la práctica, del Episcopado, que se ha negado sistemáticamente, a una investigación global de la pederastia en el ámbito católico.

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El director de la oficina de información de la CEE, José Gabriel Vera, relata el camino de investigación que ha realizado la Iglesia en España sobre este asunto.

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Oficinas antiabusos

Vera intenta reivindicar, con todo, el papel de la Iglesia española en los últimos años, con la apertura de oficinas antiabusos en todas las diócesis para «poner en el cauce oportuno sus demandas, reivindicaciones y la sanación de su vida».

Estas oficinas no son el cauce jurídico, que están vinculados, apunta Vera, a la prescripción del delito o la muerte del acusado. “Las oficinas están abiertas a todas las víctimas sea cual sea la situación del delito que se cometió sobre ellos. Aunque el delito haya prescrito o el abusador haya fallecido, en estas oficinas se busca el camino que pueda servir para acompañar a la víctima en el proceso que sea necesario”, subraya. Porque, y con esto culmina, «todos los cristianos estamos implicados en esta misión».

Dejar de ir a rebufo

El cambio de estrategia se produce en un momento de profunda división entre el episcopado. Como adelantó en exclusiva RD, ya en noviembre un sector minoritario de los obispos planteó un «estudio interno» que permitiera conocer la realidad histórica de los abusos, entrando en los archivos eclesiásticos. Ahora, esa propuesta, que cada vez asumen más obispos, seguramente llega tarde: ya son otras instancias, públicas, las que reclaman esa investigación. Y la Iglesia va a rebufo.

¿Qué hacer a partir de ahora? El Episcopado ultima su respuesta a la petición del PSOE de participar en la comisión antiabusos con una profunda división entre los que apuestan por colaborar plenamente con la investigación, y los que prefieren continuar actuando caso a caso, diócesis a diócesis, quedándose sola en el ámbito de la Iglesia europea.

Un encuentro global con víctimas de abusos, entre las posibilidades abiertas y que serán debatidas en el Comité Ejecutivo de la próxima semana, del que seguramente salga una primera respuesta a las peticiones del Gobierno, aunque será la Plenaria la que pueda dar un mandato conjunto. Sin desdeñar la posibilidad de que varios obispos se nieguen a cualquier tipo de participación, alegando que son soberanos en sus diócesis y que la Conferencia Episcopal sólo es un órgano de coordinación.

Búsqueda de la memoria, en los archivos y en las víctimas

Con todo, tanto obispos como Gobierno tienen claras dos cosas: una, va a haber una investigación sobre los abusos en la Iglesia española; dos, ésta no será más que un ‘brindis al sol’ si la Iglesia no asume su responsabilidad, y abre los archivos eclesiásticos (inviolables, según los Acuerdos Iglesia-Estado) y, sobre todo, si no se hace un ejercicio de búsqueda de la memoria, y se recogen testimonios de víctimas que jamás aparecerán en los archivos.

Porque, como asumió hace meses monseñor Argüello, que los archivos estén vacíos no significa que no haya casos, sino que no se consignaban. Y el temor de las víctimas de abusos es, en cierto modo, similar al de los familiares de asesinados durante la Guerra Civil y la dictadura y enterrados en fosas comunes: que el tiempo les acabe condenando al olvido de la Historia. 

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