‘Indignas hijas de su patria’: cárceles franquistas para ‘chicas malas’  

agosto 28, 2024

El Patronato de Protección a la Mujer, a pesar de ser totalmente desconocido para la mayoría de la población, fue la institución franquista más longeva de nuestra historia: no se cerró hasta 1985. En sus centros fueron encerradas a la fuerza miles de mujeres jóvenes que no cumplían con la norma social impuesta por la dictadura. Raquel Moraleja entrevista a las periodistas Marta García Carbonell y María Palau Galdón, autoras de ‘Indignas hijas de su patria’.

Uno de los centros de internamiento para mujeres de la dictadura franquista / Imagen del Archivo Histórico de la Junta de Andalucía
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Raquel Moraleja, El Asombrario (Público), 28 de agosto de 2024

Pregúntale a tu madre o a tu abuela, quizás a una tía cercana. “¿Tú habías oído hablar del Patronato de Protección a la Mujer?”. Casi con toda seguridad, te dirán que no. Pero prueba mejor con esta fórmula: “¿A ti también te decían eso de que si te portabas mal te llevarían donde las monjas?”. Te aseguro que la respuesta va a dar un giro. Un sí rotundo. Porque las generaciones de mujeres que nos precedieron crecieron con esa amenaza velada: si eran malas chicas, si desobedecían las normas de sus padres, las normas de la sociedad (franquista), existía toda una red de internados a nivel nacional, gestionados por órdenes religiosas, en los que podían acabar encerradas contra su voluntad. Para reconducirlas al buen camino.

Estos “internados” de monjas no eran otra cosa que los centros de internamiento –también maternidades, como la de Peñagrande en Madrid, o casas-taller– regentados por el Patronato de Protección a la Mujer. Esta institución –cuyos orígenes se remontan al Real Patronato para la Represión de la Trata de Blancas creado en 1902 para combatir la prostitución– pertenecía al Ministerio del Interior, y su presidenta, al igual que modelo de mujer ideal a imitar, era Carmen Polo, la esposa del dictador Francisco Franco.

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La historia no las puede olvidar · Óscar Benegas

agosto 5, 2024

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Óscar Benegas, InfoLibre, 5 de agosto de 2024

Carmen Barrero, Martina Barroso, Blanca Brisac, Pilar Bueno, Julia Conesa, Adelina García, Elena Gil, Virtudes González, Ana López, Joaquina López, Dionisia Manzanero, Victoria Muñoz y Luisa Rodríguez. Recordamos a las Trece Rosas, vilmente asesinadas tal día como hoy hace ochenta y cinco años por los franquistas. Tenían entre 18 y 29 años. ¿Su delito? Algunas pocas pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU); otras, ni eso. Simplemente eran unas vitales activistas de izquierdas que, una vez acabada la guerra, resultaban incómodas para el régimen, y por eso la madrugada del 5 de agosto de 1939 fueron fusiladas en la tapia del cementerio de La Almudena, a 500 m de la prisión de Las Ventas, acusadas falsamente por un tribunal militar de haber participado en el atentado contra un comandante de la Guardia Civil y de adhesión a la rebelión.

Quien quiera saber más sobre la captura, el encarcelamiento y la ejecución de estas inocentes chavalas, le recomiendo la lectura del libro del periodista Carlos López Fonseca, Trece rosas rojas (2004), en el cual se basa la película Las 13 rosas (2007), dirigida por el cineasta Emilio Martínez Lázaro, que obtuvo cuatro premios Goya y fue la preseleccionada por la Academia del Cine Español como posible candidata a los premios Oscar de aquel año, a pesar de que finalmente nos representó El orfanato de Juan Antonio Bayona. Tanto el ensayo como el largometraje son de lo más interesante y tienen un extraordinario valor historiográfico.

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Ni dios ni las cien pesetas · Montse Fajardo

julio 28, 2024

Era la época del destape pero del Patronato nadie destapó nada. En las cloacas del infierno siguieron supurando las vejaciones a las que fueron sometidas las cientos de miles de niñas desamparadas

Fotomontaje a partir del cartel de una charla de Montse Fajardo en el Museo de Valga / Fuente
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Montse Fajardo, Nueva Revolución, 28 de julio de 2024

Puede que sea la institución más represiva y más desconocida del franquismo. Puede que sus víctimas sean, de entre toda la inocencia, las más inocentes. Niñas desvalidas –no descarriadas, desvalidas-, como aquellas que Almudena Grandes contaba en “Las tres bodas de Manolita” la primera vez que supimos de la existencia del Patronato, y la primera, también, en la que ignoramos hasta que punto se asemejaba al infierno. Luego llegaron conferencias, emotivos artículos de Andrea Momoitio o la tesis de Carmen Guillén. Documentales. Incluso investigamos durante meses la implantación de la institución en Galicia. Pero nada nos había preparado para el impacto que supuso escuchar a Consuelo García del Cid y a Loli Gómez Benito contando su historia y, con ella, la marca que el paso por aquellas instituciones religiosas les dejó para siempre. A ellas y a miles -cientos de miles, matiza Consuelo- de niñas. Algunas sobrevivieron, otras no. La Iglesia puso a disposición del organismo franquista toda una red de cárceles y una legión de carceleras para homogeneizar la personalidad femenina, con religiosas de distintas congregaciones ocupándose de torturar a las que salían de su molde, muchas veces por el hueco que provoca la pobreza, o a las que habían sido arrancadas de la inocencia por los abusos de los hombres de sus propias familias.

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Montse Fajardo: «La Iglesia tiene un papel fundamental en la represión contra la mujer en todas las épocas de la historia»

julio 16, 2024

Montse Fajardo es escritora y periodista, especializada en Memoria Histórica y Feminismo, autora de libros como «Matriarcas» (2012), «Una cesta de manzanas» (2015), «Invisibles» (2017), «O escalón de Ulises» (2018), “La vida incierta” (2020) y “Rotas. Las mujeres que el franquismo escondió en Compostela”, que obtuvo el premio SELIC en 2023. Sobre este último Ángelo Nero habla con la autora 

Montse Fajardo
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Ángelo Nero, Nueva Revolución, 16 de julio de 2024

«La historia de las mujeres siempre ha estado oculta», dices al principio del libro. ¿Quizás porque la historia siempre ha sido escrita por hombres? ¿Es hora de recuperar la memoria de las mujeres, de las invisibles, de las rotas, de las caídas?

Creo que es el momento y la urgencia. Porque, como dices, hasta hace poco eran básicamente ellos los que se encargaban de contar y lo hacían con una visión absolutamente patriarcal donde lo que hacían las mujeres nunca parecía importante, con el hándicap añadido de que tardaban mucho más en incorporarse colectivamente a la enseñanza y espacios culturales y por tanto tenían más dificultades para sobresalir en determinadas áreas. Sin embargo, cuando buscas, siempre encuentras. No hay más que ver que los nombres destacados que empezaron a surgir en Galicia cuando se puso el foco en el estudio de las mujeres pioneras: tuvimos almirantes, aviadoras, científicas y, sobre todo, muchas mujeres corrientes que fueron indispensables para termar do país no peor dos tempos (en gallego en el original)[1]

La represión del franquismo en Galicia ha sido documentada durante las últimas décadas, pero la represión contra las mujeres tardó más en desarrollarse. ¿También la memoria de las víctimas tuvo una visión patriarcal? ¿Por qué tardamos tanto en recuperar las historias de Urania Mella, de Capirota, de Anunciación Casado, de María Vázquez y de tantas otras?

Creo que la reivindicación de las mujeres víctimas del franquismo estuvo muy influenciada por los tipos de represión que sufrieron. En términos de recuperación de la memoria había mucho por hacer y la mayoría de los estudios se centraron en los castigos más obvios que se consideraban más graves, como el asesinato o el encarcelamiento. Y allí la mayoría son hombres. Es cierto que también hubo mujeres asesinadas o encarceladas como las que nombras, y puede ser que, como dices, esa visión patriarcal hizo que no fueran tan conocidas como otros hombres mártires, pero para mí lo más grave es que había tipologías de represión que afectaban principalmente a las mujeres, que ni siquiera eran consideradas como tales. Por ejemplo, durante mucho tiempo no se tuvo en cuenta el sufrimiento de las viudas, los huérfanos o de todas las niñas que quedaron sin posibilidad de educación debido al aniquilamiento del proyecto educativo republicano. Ni siquiera se habló mucho de quienes sufrieron abusos machistas, porque las violaciones, los cortes de pelo al rape, las humillaciones, no quedaron registros documentales, como sí quedaron los castigos que más les afectaban a ellos. Y para empeorar las cosas, la memoria oral se consideraba una herramienta inválida para recuperar la historia. Para mí eso es un grave error. Hay que tratarlo con prudencia, pero eso también ocurre con muchos documentos que, al fin y al cabo, fueron redactados por el bando vencedor.

Durante más de una década has estado desenterrando recuerdos, siempre enfatizando el género y la clase. “Una canasta de manzanas”, para muchos de nosotros, abrió una nueva grieta en el corazón, que nos llevó a escuchar de otra manera a aquellos que habían sido silenciados. ¿La memoria tiene que doler, tiene que ventilarse, como una herida, para que sane, para que pueda sanar?

Desde mi experiencia creo que las familias necesitan hablar de lo sucedido, es bueno para ellos, porque el silencio se esconde y aunque parezca mentira, el trauma se transmite de una generación a otra. Incluso como sociedad necesitamos conocer nuestro pasado para comprender nuestro presente y construir una sociedad más igualitaria, como soñaba la generación represaliada. Siempre se dice que hay que saber lo que pasó para no repetirlo y estoy de acuerdo. Creo que si la memoria estuviera más presente en las políticas públicas y en las aulas, la extrema derecha no tendría posibilidades en las urnas.

En muchas de las historias que usted ha contado a lo largo de los años, hubo mujeres que se volvieron locas porque habían matado a sus maridos o hijos, o porque fueron rapadas, violadas, golpeadas, durante la barbarie franquista. ¿Fueron sus voces las que lo llevaron hasta las puertas del psiquiátrico de Conxo?

Sí. Ese tema me ha perseguido desde el principio. La primera historia de represión que rescaté fue la de Carmen Meaños Abuín, que se quedó sola de niña porque después de que mataron a su padre, su madre se volvió loca y terminó muriendo en Conxo. A partir de ahí comencé a encontrar muchos casos de viudas, huérfanas, hermanas que por la represión sufrida en la familia terminaron teniendo problemas de salud mental. Entonces, cuando supe que se podían consultar los archivos en Compostela, me puse a buscar a Manuela, la madre de Carme, y en esa búsqueda encontré muchas otras historias que también merecían el olvido. De ahí viene «Rotas».

Además de muchas mujeres que se volvieron locas por la represión, también encontraste, buceando en los archivos de Conxo, mujeres «rebeldes» que fueron ingresadas por sus familiares, porque querían estudiar, o llevar una vida que no era la adecuada. marcada por las normas de la época. ¿Diría usted que, de alguna manera, y sin importar si pertenecían a una familia franquista o republicana, todas las mujeres perdieron la guerra, en el sentido de que Franco las convirtió, de hecho, en ciudadanas de segunda clase?

Totalmente. Es algo que siempre dice el historiador Pepe Álvarez Castro y con lo que estoy absolutamente de acuerdo. Todas las mujeres, incluso las que apoyaban a Franco, fueron víctimas de una dictadura que anuló todos los avances legislativos que la República había comenzado a aprobar y las asfixió en un modelo nacional católico que sólo veía a las mujeres como madres y esposas. Y para las que se apartaron de ahí las consecuencias fueron tremendas. En los hombres se perseguían los delitos, incluidos los de carácter ideológico, pero en ellas, además, se castigaba toda acción que la Iglesia consideraba pecado: no sólo se juzgaba la actividad política o sindical, sino también la moral. Y eso fue tremendo no sólo para esa generación sino también para las que vinimos después y, en mayor o menor medida, nos educaron con las consignas de la Sección Femenina y el catolicismo.

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Luego también estaba el sesgo de clase, ya que las mujeres que provenían de una familia humilde no tenían el mismo trato que las que provenían de una familia adinerada, incluso las mujeres pobres eran tatuadas con un número, como en los campos nazis, cuando ingresaban a Conxo. ¿Cuáles fueron las diferencias de trato entre las internas de distintos orígenes sociales?

En esta investigación me quedó claro que había una condición que agravaba aún más las terribles consecuencias para una mujer que terminaba en Conxo, y era ser pobre. Como dices, quienes tenían una familia que podía y quería pagar su estancia conservaban ciertos privilegios: no sólo tenían mejores habitaciones y mejor comida, sino que eran tratadas por su nombre de pila, mientras que las financiadas por la Diputación Provincial, que era el organismo que corría con los gastos de las pacientes indigentes, eran nombrados con un apodo, que generalmente hacía referencia a un defecto físico. Eso no sólo era vejatorio sino que también les dificultaba reintegrarse en la sociedad en el futuro porque incluso ellas olvidaban quiénes eran. Por eso, para mantenerlos identificadas, solían tatuarse el número de expediente en su piel.

Además de quitarles el nombre y ponerles apodos despectivos, a las mujeres que entraron a Conxo las despojaron de sus efectos personales, las rapaban, perdían su identidad, muchas de ellas eran vistas solo una vez al año por un médico; en esas condiciones, las posibilidades de curar, si tenían alguna enfermedad mental, no eran muchas, ¿no?

No. En la mayoría de los casos, la esperanza de vida de una interna de Conxo era baja. Sobre todo, en el caso de las becadas de las Diputaciones Provinciales. Apenas se bañaban quincenalmente, la comida escaseaba y los ratones deambulaban propagando enfermedades. Además, los expedientes demuestran que la falta de medios provocó que tuvieran menos de una consulta psiquiátrica al año, lo que, unido a las malas condiciones en las que vivían, hizo que algunas ni siquiera llegaran a la segunda. Era difícil hacer un diagnóstico certero con aquellos mimbres, por lo que en la mayoría de los expedientes aparecía una palabra «esquizofrenia» que amparaba el internamiento y que, en muchos casos, acababa convirtiéndose en una sentencia de muerte.

En el libro hablas de las pésimas condiciones del hospital psiquiátrico de Compostela, de la falta de higiene, que provocó varias epidemias, de la escasa y mala alimentación, del frío, de los malos tratos, pero detrás de esto había un negocio, Conxo. dio dinero. ¿Quién se llena el bolsillo con la desgracia de estas mujeres?

Ese fue el gran problema. Que cada paciente, sobre todo si la familia pagaba su estancia, significaba ganancias para llenar los bolsillos de la Iglesia y de los inversores privados, y por supuesto eso podía influir en que fueran más laxos con los ingresos. Como explica el psiquiatra Emilio González en su libro «Psiquiatría en Galicia», Conxo daba tantos beneficios que cuando la Iglesia quiso hacer la primera ampliación, quien tenía que dejar el dinero decía que no quería intereses, que quería participar en el negocio. Y, por supuesto, cuanto menos se gastaba en el mantenimiento de cada paciente, más beneficios iban a parar a sus bolsillos. De hecho, según González, muchos de los prósperos negocios que se abrieron en Compostela en aquella época se construyeron a costa del hambre de las personas que se encontraban en el asilo.

Hospital Psiquiátrico de Conxo, en Santiago/ Miguel Muñiz – ABC
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También hay que hablar de la dirección del centro, de los psiquiatras de un país donde Vallejo-Nájera, el «Mengel español», fue el primer profesor de psiquiatría en la Universidad española, y donde diagnosticaba a pacientes histéricas, o escribía diagnósticos. así, » por haber llevado una vida libertina en la que, según parece, fumaba y bebía alcohol, se había vuelto loco «. Parece que no hubo mucho rigor médico en los diagnósticos y tratamientos de los pacientes de Conxo, ¿verdad?

Fue aún peor. A menudo ni siquiera existía ese tratamiento. Frases como esa, que constan en los expedientes de las internas, fueron las que alegaban las familias cuando ingresaban a una mujer. Cuando llegaban a dejar a la paciente, por la razón que fuera, les decían que llenaran un formulario donde explicaban el comportamiento que les había llevado a pensar que ella merecía estar allí, y es deprimente leer cómo piden que trate a una chica por el mero hecho de negarse a asumir ese papel de madre y esposa y querer, por ejemplo, ser maestra. Hay varios de esos. Y también hay mujeres encerradas por lo que hoy se trataría, por ejemplo, como depresión posparto. Lo peor es que, como decíamos, una vez dentro las visitas al psiquiatra para los que no tenían dinero se reducían a menos de una por año, por lo que allí se agravaba cualquier cosa que les pasara y, dependiendo del nivel económico de la presa, o pasaban años en esas condiciones, o apenas sobrevivían unos meses. Las que regresan a sus vidas son una minoría.

Si es espeluznante el abandono en el que estaban las pacientes del psiquiátrico, aún más lo eran las terapias, como la inmovilización, los shocks eléctricos y hasta la lobotomía, por lo que leemos en tu libro en Conxo hubo una larga galería de horrores, que incluso llegó hasta el muerte de ualgunas de las internas, ¿no fue así?

No soy psiquiatra y no me atrevería a valorar cuáles serían los tratamientos psiquiátricos ideales en aquel momento: soy consciente de que ha pasado casi un siglo y la medicina ha avanzado, pero en Rotas sí recojo la valoración que hicieron personas que trabajaban allí y, sobre todo, recojo el terror que métodos como las descargas eléctricas provocaban en algunos pacientes. Y para mí lo más terrible fue saber que algunos de esos tratamientos ni siquiera los recetaban los psiquiatras, sino los guardias cuando querían mantenerlas tranquilas. Además, como dices, los archivos también reflejan cómo algunas murieron después de ser sometidas a impalurdización, es decir, después de ser infectados con malaria para subirles la fiebre y tenerla más controlada. Es terrible pensar cuántas vidas se arruinaron al otro lado de los muros de Conxo. Sobre todo desde el absoluto convencimiento de que muchas de aquellas chicas ni siquiera necesitaban admisión.

El reportaje fotográfico de la catalana Anna Turbau, de 1977, fue testigo del pésimo estado en el que se encontraban las internas de Conxo, en un contexto de cambio político como el que se estaba produciendo en el estado español en ese momento. ¿Los psiquiatras, los reformatorios y las cárceles todavía tuvieron que esperar unos años más para que llegara la democracia?

Si me dejáis, aprovecho para agradecer de todo corazón a Anna Turbau sus maravillosas fotografías para «Rotas». Tenía esa mirada hacia las mujeres que le faltaba a la historia. No sólo en el caso de quienes sufrieron, como las internas de Conxo, sino también en el de las mujeres en lucha, por ejemplo las participantes en el conflicto vial. Su trabajo es fundamental para recuperar la memoria, y eso era lo que le faltaba a la Transición, desde mi punto de vista: Memoria con las víctimas y en concreto una mirada al sufrimiento y la lucha de las mujeres. Hay un ejemplo que lo demuestra. Cuando se aprueba la ley de amnistía, esa gran losa que sustentaba la impunidad, cientos de presas juzgadas por delitos relacionados con la moral siguen en prisión: aborto, prostitución, adulterio… Los señores de la Transición no los consideraron crímenes políticos como si no tenían que ver con la ideología de la dictadura el hecho de que las mujeres pudieran ir a prisión por ser adúlteras y los hombres no, por poner sólo un ejemplo. En el caso de reformatorios e instituciones mentales, mi preocupación es saber si realmente ha sido posible acabar en algún momento con el sufrimiento que hay en ellos.

Fotografía de Anna Turbau. Psiquiátrico de Conxo 1977 / Fuente
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La represión sexual también estaba a la orden del día en aquella España blanca y negra, y además de los hospitales psiquiátricos, había toda una red represiva en la que también estaba el Patronato de Protección a la Mujer, y en esa red hay un cómplice necesario, que es la iglesia. ¿La Iglesia católica actuó como policía moral en esa ecuación entre pecado y delito de la que hablabas, y tenía capacidad de decisión para encerrarte si eras una descarriada ?

La Iglesia ha jugado un papel clave en la represión de las mujeres en todos los períodos de la historia. Colectivamente, al marcar la única moral que se consideraba aceptable, y también individualmente, a través de su participación en cárceles de mujeres o en instituciones como el Patronato donde, efectivamente, una chica podía pasar años en una institución religiosa sin intervención judicial, sólo por la decisión arbitraria de una Junta compuesta por próceres franquistas y beatas.

En 2023 recibiste el Premio Selic de creación literaria en formato ensayo por este trabajo de investigación que ahora se incluye en el libro «Rotas», y en 2024 ganaste el premio Xohana Torres del Ayuntamiento de Santiago de Compostela por el trabajo «Caídas. Aproximación al Patronato de Protección de la Mujer en Galicia». ¿Es importante que, además de este reconocimiento en el mundo de la edición y el periodismo, se valore este tipo de trabajos que nos ayudan a crear una Memoria colectiva?

La investigación siempre necesita recursos, ya sean científicos o históricos. Hacer ensayos como este requiere meses de trabajo y en el país no existe una política pública de memoria seria, que permita dedicar tiempo a la investigación y la difusión de nuestra historia reciente. Son pocas las administraciones que toman nota y en la mayoría de los casos quieren resultados inmediatos que no les permiten profundizar en los temas. El movimiento memorialista trabajó incansablemente para tapar esos vacíos, pero creo que la reivindicación de los valores democráticos no debe ser una cuestión de voluntariado. La administración debería dedicar más recursos a salvar nuestra historia reciente, aunque sólo sea porque es una herramienta muy poderosa contra el discurso de odio de la extrema derecha. Me parece muy perverso y muy peligroso el giro que se le está dando al relato, la demonización de la política, el desarme del colectivo y la propagación entre la juventud de que ser rebelde ahora es ser fascista. Como hablábamos antes, creo que si la población, y particularmente la juventud, conociera mejor no sólo las consecuencias de la dictadura sino el modelo de sociedad que la generación represaliada quería implementar, el discurso de la derecha no se callaría.

En 2024, ganaste el premio Xohana Torres del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, por la obra «Caídas. Aproximación al Patronato para la Protección de la Mujer en Galicia”, ¿Cuándo podremos tener en nuestras manos este nuevo libro tuyo?

El premio incluye la edición por la Universidad de Santiago. Ahora estamos pasando por el proceso de corrección y diseño, así que espero que sea pronto.

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[1] La entrevista en Nueva Revolución está publicada en gallego.


“Te machacaban con la idea de ser un ‘ángel del hogar’. Tenías que ser buena esposa y, si no, ya sabes dónde te mandaban”

julio 3, 2024

La iniciativa ‘Herstóricas’ ha puesto en marcha un proyecto que recoge y geolocaliza los espacios vinculados a la represión del franquismo y la lucha por la democracia protagonizados por mujeres.
Charlando con Sara López Jiménez, una de sus creadoras, sobre lo que sufrieron las españolas que simpatizaron con el bando republicano

Una de las imágenes rescatadas por Arcángel Bedmar: agosto de 1936, un grupo de mujeres de Montilla (Córdoba) tras ser rapadas por haber estado relacionadas con el bando republicano / Cortesía de Arcángel Bedmar
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Silvia Laboreo, El País, 3 de junio de 2024

En 1939, en una cárcel franquista de Madrid, una mujer sube a la terraza del edificio y alza a su hija en brazos. Al otro lado de los muros de la prisión se encuentra su marido, que finge leer el periódico mientras aguanta sentado a pleno sol tan solo para poder verlas unos minutos. Son la histórica militante del Partido Comunista de España (PCE) Julia Manzanal y Hernán Pérez, su compañero. La tarde del 20 de julio de 1936, en Ferrol, un grupo de veinte mujeres vestidas con uniforme de enfermera asaltan el buque militar Almirante Cervera para robar armamento y ayudar así a la resistencia en la ciudad. El 1 de agosto de 1974, a las tres de la tarde, unas vecinas del municipio sevillano de Carmona cortan la carretera N-IV al grito de “queremos agua”. Están hartas, llevan horas esperando la llegada del camión cisterna. A ellas les siguieron centenares de mujeres y otros tantos cortes en varios puntos con intersecciones de carreteras, lo que provocó grandes retenciones.

Estas son solo algunas de las historias de resistencia que recoge AmigaDateCuenta.org, un proyecto de recopilación, investigación y geolocalización de los espacios vinculados a la memoria democrática de las mujeres en España. Detrás se encuentra Herstóricas, que, en palabras de una de sus fundadoras, la historiadora Sara López Jiménez, es una alternativa cultural y educativa que pretende visibilizar la aportación histórica de las mujeres desde perspectivas feministas.

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«Podíamos hacer hasta 150 cruces en el suelo con la lengua»: la tortura silenciada durante el franquismo de las monjas a miles de mujeres en el Patronato

junio 2, 2024

Consuelo García del Cid y Mariaje López, víctimas del Patronato del régimen Franquista, han explicado en ‘La Ventana’ el maltrato que sufrieron por parte de las religiosas

Un grupo de reclusas en el taller de costura de la cárcel de mujeres de Ventas, en Madrid (1944) / Foto: EFE
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Fuente: Sara Pérez, Cadena SER, 2 de junio de 2024

La época franquista en nuestro país trajo mucho ambiente de censuras, limitaciones y sobre todo, muchas injusticias por parte de todo el régimen. Y una de estas injusticias, fue el Patronato de Protección a la Mujer, creado en 1941 supuestamente como centro de reeducación para las mujeres rebeldes dirigidos por ordenes religiosas. Aunque, en la práctica, esto no era nada más que cárceles donde se encerraban a estas menores para maltratarlas física y psicológicamente, solo por no cumplir con el pensamiento del régimen. Este patronato, marcó la vida de miles de mujeres como las de Consuelo García del Cid y Mariaje López, que han explicado en ‘La Ventana’ su espeluznante experiencia.

A esta escalofriante realidad ha querido dar voz el periodista Jon Sistiaga en la nueva entrega de ‘Otro enfoque’: ‘Descarriadas’(1)estrenado este pasado miércoles en la cuatro.

Consuelo García: una de las víctimas del Patronato

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Bailes, sexo y pudrideros morales: cuando las misiones católicas evitaban que los españoles pecasen

mayo 8, 2024

La Iglesia envió misioneros a pueblos y aldeas para reprimir sexualmente a los jóvenes durante el franquismo.

Francisco Franco en una imagen de archivo
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Henrique Mariño, Público, 6 de mayo de 2024

Una, grande y pacata. Había que recristianizar a los españoles descarriados y, para ello, la Iglesia católica decidió enviar a misioneros a todos los rincones del país. La guerra civil había terminado y se imponía moralizar la vida social, que pasaba por el baile y el cine, aunque también se persiguió a los amancebados y, en general, a todo lo que oliese a laicismo.

«El objetivo principal de las misiones interiores era fomentar la recepción de los sacramentos», explica Francisco Bernal García. Las dianas eran bebés sin bautizar, niños que no habían hecho la comunión, adultos que llevaban tiempo sin comulgar —y debían pasar antes por el confesionario— y, claro, parejas que vivían juntas sin haber contraído matrimonio.

Así, en 1959 un misionero visitó un pueblo de la cuenca minera leonesa y, durante siete días, en el rosario de la aurora hizo desfilar a los parroquianos ante la casa de un gallego que compartía lecho con una mujer sin haber pasado antes por el altar. Aunque al principio no estaban por la labor, aceptaron casarse.

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El día que acabó el mayor engaño a las mujeres en el franquismo · Ana Bernal Triviño

enero 31, 2024

#TalDíaComoHoy
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Archivo RTVE
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Ana Bernal Triviño, Público, 31 de enero de 2024

Un día como hoy, 31 de enero, de hace 40 años, fue el último programa del consultorio radiofónico de Elena Francis. Repito, era 1984. Es decir, Franco ya estaba muerto, ya estábamos en democracia, Felipe González llevaba dos años de gobierno… pero aún coleteaba el programa de radio que más había adoctrinado de forma sutil y directa a las mujeres de este país. 

Para quien aún no lo sepa, el consultorio de Elena Francis era un programa de radio que se convirtió en un fenómeno sociológico durante la oscura etapa del franquismo. Se inició en 1947 como un programa impulsado por el contenido publicitario de una empresa cosmética. Y entre recomendación y recomendación de productos, las oyentes dejaron poco a poco de plantear dudas estéticas para escribir cuestiones cada vez más personales. El fenómeno de este consultorio sentimental creció y creció porque Francis tenía respuestas para todo.

En aquella España de falta de oportunidades para las mujeres, de ausencia de estudios, de cumplir normas para ser aceptadas, de mujeres llenas de dudas y temerosas de no cumplir lo que se pedía de ellas… Elena Francis era un faro, un pozo de sabiduría, una guía y la confidente a la que comentar por carta las dudas que no se atrevían contar a nadie más. En aquella España que no debía olvidar las instrucciones de la Sección Femenina franquista y de la Iglesia sobre la obediencia al marido y la importancia de los hijos, Elena Francis fue la forma perfecta de llegar a las mujeres por todos los rincones de España para recordarles qué tenían que hacer. Ella era la evasión y la solución.

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«Seguimos siendo santas o putas», la huella indeleble del ‘Patronato de protección a la mujer’ franquista

enero 19, 2024

Las periodistas Marta García Carbonell y María Palau Galdón publican ‘Indignas hijas de su patria’, un libro sobre esta longeva institución represiva de la dictadura, que funcionó hasta 1985

Taller del Patronato de protección a la mujer  / Archivo histórico de la Junta de Andalucía
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David Gallardo, Infolibre, 19 de enero de 2024

«Si no te portas bien te mandamos con las monjas«. Es esta una advertencia normalizada durante el franquismo que verbalizaba en forma de amenaza una realidad silenciada. Porque no, no era una frase hecha. Era un aviso alto y claro para todas las chicas jóvenes: si no se adaptaban al modelo de mujer establecido como canónico por el régimen, acabarían en conventos de las Oblatas, las Adoratrices o cualquier otra orden religiosa femenina. Y ellas se encargarían de ponerte rapidito en el buen camino.

Lo harían en alguno de los muchos centros del Patronato de protección a la mujer, una institución pública creada inicialmente a principios de siglo para atajar la prostitución, pero que tras la Guerra Civil se convirtió en toda una red de reformatorios, un entramado carcelario patriarcal, para salvaguardar la decencia moral de la mujer. Un artefacto represivo del régimen, en definitiva, que se mantuvo operativo desde 1941 hasta 1985. Nada menos. 

«La Transición no llegó al mismo tiempo para todos. Mientras la gente estaba en ese momento de cambio, todavía había mujeres encerradas en reformatorios y conventos por sus comportamientos, por sus conductas, por algo que se entendía que era un pecado», destaca a infoLibre María Palau Galdón, coautora junto a Marta García Carbonell de Indignas hijas de su patria (Institució Alfons el Magnànim), un libro fruto de fruto de una beca de la Unió de Periodistes Valencians y la Diputación de Valencia que, desde una investigación centrada en aquella comunidad, retrata todo lo que a nivel estatal perpetró el brazo ejecutor de la violencia de género del franquismo.

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Así ocultó el franquismo las vejaciones a las mujeres en el reformatorio de Peñagrande

noviembre 6, 2023

Un informe interno del Ministerio de Justicia en 1968 que constataba los castigos que recibían las jóvenes en ese centro del Patronato de Protección a la Mujer, en Madrid, fue escondido durante décadas y acabó ya en la democracia en los sótanos del Ministerio de Empleo. Un reportaje de 1977 (dos años después de la muerte del Dictador), publicado en El País y firmado por Ángeles García, da buena cuenta de cómo las condiciones para las mujeres no habían cambiado en la «Maternidad» de Pañagrande.

Placa en memoria y homenaje a todas las mujeres que estuvieron internadas en la antigua Maternidad de Peñagrande, colocada en 2018  en el parque situado frente al actual IES Isaac Newton, edificio que albergó, entre 1955 y 1983, la Maternidad de Peñagrande / Fuente foto
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Ana María Pascual, Público, 6 de noviembre de 2023

Una de las primera cosas que hizo el régimen franquista fue oficializar la represión hacia las mujeres, creando en 1941 el Patronato de Protección de la Mujer, ideado por la esposa de Franco, Carmen Polo, que fue presidenta de honor de la institución, inspirada por el nacionalcatolicismo.

Con aquel organismo, que dependía orgánicamente del Ministerio de Justicia y que tuvo delegaciones en todas las provincias, se pretendía reeducar a las jóvenes descarriadas de la rígida moral católica. Las congregaciones religiosas estuvieron al frente de los centros del patronato, donde miles de niñas, adolescentes y mujeres adultas fueron internadas, entre 1941 y 1985(1), enviadas por sus padres y hermanos normalmente, o conducidas allí por la Policía, por el simple hecho de mostrar un comportamiento poco recatado. El destino de las jóvenes embarazadas solteras fue, en su mayoría, los centros de reeducación del patronato.

Uno de aquellos centros fue el de Nuestra Señora de la Almudena, más conocido como Peñagrande por el barrio madrileño donde se ubicaba. Abierto en 1955, fue uno de los reformatorios femeninos más grandes de toda España, especializado en jóvenes embarazadas y madres solteras. También se le conoció como la maternidad de Peñagrande, porque había un paritorio donde daban a luz las internas y que estuvo atendido, entre otros, por el ginecólogo Eduardo Vela, vinculado, como se ha demostrado, con las adopciones irregulares durante la dictadura.

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