El Patronato de Protección a la Mujer, a pesar de ser totalmente desconocido para la mayoría de la población, fue la institución franquista más longeva de nuestra historia: no se cerró hasta 1985. En sus centros fueron encerradas a la fuerza miles de mujeres jóvenes que no cumplían con la norma social impuesta por la dictadura. Raquel Moraleja entrevista a las periodistas Marta García Carbonell y María Palau Galdón, autoras de ‘Indignas hijas de su patria’.

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Raquel Moraleja, El Asombrario (Público), 28 de agosto de 2024
Pregúntale a tu madre o a tu abuela, quizás a una tía cercana. “¿Tú habías oído hablar del Patronato de Protección a la Mujer?”. Casi con toda seguridad, te dirán que no. Pero prueba mejor con esta fórmula: “¿A ti también te decían eso de que si te portabas mal te llevarían donde las monjas?”. Te aseguro que la respuesta va a dar un giro. Un sí rotundo. Porque las generaciones de mujeres que nos precedieron crecieron con esa amenaza velada: si eran malas chicas, si desobedecían las normas de sus padres, las normas de la sociedad (franquista), existía toda una red de internados a nivel nacional, gestionados por órdenes religiosas, en los que podían acabar encerradas contra su voluntad. Para reconducirlas al buen camino.
Estos “internados” de monjas no eran otra cosa que los centros de internamiento –también maternidades, como la de Peñagrande en Madrid, o casas-taller– regentados por el Patronato de Protección a la Mujer. Esta institución –cuyos orígenes se remontan al Real Patronato para la Represión de la Trata de Blancas creado en 1902 para combatir la prostitución– pertenecía al Ministerio del Interior, y su presidenta, al igual que modelo de mujer ideal a imitar, era Carmen Polo, la esposa del dictador Francisco Franco.
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Posted by asturiaslaica 

















