En la década de los 60, mujeres españolas muy jóvenes, solteras, marcharon a Australia para trabajar en el servicio doméstico. Se le denominó «Plan Marta», y se trataba de un acuerdo entre el Gobierno australiano y la dictadura franquista española, amparado como no, por la Iglesia Católica.
A las jóvenes les ofrecieron una vida mejor, con un buen sueldo y perspectivas de progreso, pero ignoraban que la verdadera intención era «casarlas» con sus compatriotas que habían migrado a Oceanía años antes.
«Las Martas» viajaron con billete de ida y al llegar allí se encontraron sin posibilidad de aperturas excepto ir a misa y unas pocas horas de ocio dominicales en algún local social.
Sus labores se organizaban dentro del «Manual de la servidora doméstica», donde se especificaba las órdenes de trabajo, el trato a sus mandatarios y sus estrictas obligaciones.
La migración en aquel momento era vital para Australia, grandes extensiones por explotar y zonas despobladas; el ascenso de la natalidad suponía una esperanza para el lugar y gran crecimiento demográfico.
Entre los presos del campo de concentración de San Marcos se repartía un librillo de adoctrinamiento con el manual de ‘buenas prácticas’ | El libro contenía ‘consejos’ de obligado cumplimiento | «La masturbación es el suicidio lento y progresivo del individuo que la practica; poco a poco va abriendo su tumba y la de sus descendientes», se puede leer
San Marcos, orgullo hotelero de la ciudad de León, suma a lo largo de su historia episodios que han esculpido su estructura actual. Este establecimiento estuvo íntimamente ligado a la Orden de Santiago, de la que fue su sede en 1152, luego iglesia y hospital.
Sus paredes encerraron entre 1639 y 1643 a Francisco de Quevedo, víctima de la enemistad del conde-duque de Olivares, y su ubicación le convirtió en un punto de obligado encuentro en el orden religioso, social y militar.
La cara más triste de San Marcos
Uno de sus episodios más tristes de su historia se encuentran en la Guerra Civil española siendo uno de los establecimientos represivos más severos y saturados de la España franquista, con una población reclusa de 6.700 hombres.
San Marcos fue el símbolo de la represión en León y por sus celdas pasaron no pocos presos que acabaron perdiendo la vida en su interior o bien siendo ‘paseados’.
Yolanda Díaz, ha anunciado que este jueves se ha retirado las Medallas al Mérito en el Trabajo al exdictador Francisco Franco y otras figuras de la “represión” de la dictadura, como el general Juan Yagüe y el cardenal Enrique Pla.
Fuente: Elena Magariños,Vida Nueva, 29 de octubre de 2022
Visiblemente emocionada, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, anunció ayer que el Ministerio de Trabajo ha retirado la medalla al mérito del trabajo a Francisco Franco y a otros nueve destacados cargos del régimen franquista, en virtud de la entrada en vigor de la Ley de Memoria Democracia. Entre estas figuras, que se irán ampliando, tal como ha señalado Díaz, se incluye el cardenal Enrique Plá y Deniel, quien, al igual que otras personalidades del régimen franquista, “tienen las manos manchadas de sangre”.
Así, en declaraciones recogidas por Europa Press, la vicepresidenta ha señalado que esos reconocimientos a dirigentes franquistas, recopilados en el denominado ‘Libro de Oro’, suponen una “infamia” y que es necesario restablecer la “dignidad”, “la justicia” y “reparación” acorde con el mandato democrático. “No puede haber zonas de sombra en esta materia”, ha aseverado.
“No volvemos al pasado, miramos al futuro y asumimos un mandato ético y legal que es ineludible y que niega la amnesia (respecto a los dirigentes de la dictadura de Francisco Franco)”, ha añadido la ministra de Trabajo.
«¿En qué se parece el fútbol a Dios? —se preguntaba Eduardo Galeano— En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales». Los romanos hablaban de pan y circo; los marxistas del opio del pueblo, y los fanáticos idolatran a sus estrellas como auténticos santos o deidades. He aquí algunos ejemplos.
‘Seminario de Madrid’ (1960), de Ramon Masat
David Bizarro, Agente provocador, 27 de septiembre de 2022Franquismo
La famosa fotografía de Ramón Masats que encabeza este artículo fue tomada en el Seminario Conciliar de Madrid. El que chuta abandonó sus estudios; el otro, que recibió el gol, aún es sacerdote y sigue pensando que sin sotana habría parado el balón. Corría el año 1959 y el Real Madrid de Di Stéfano y Puskás se enfrentaba al Barcelona FC de Kubala en el primer partido televisado. Unos meses antes se había inaugurado el repetidor de La Muela, que permitía por primera vez enviar la señal a las dos ciudades. Ganaron los merengues con un gol de Herrera en el minuto 78, pero el Barça acabó arrebatándole esa Liga, con cuatro puntos de ventaja. Y la Copa, tras eliminarlos en semifinales. Por su parte, el Madrid ganó su cuarta Copa de Europa consecutiva. «Así también se hace patria, que decía el Caudillo». En cuanto a la fotografía de Masats, conocida comoSeminaristas jugando al fútbol, sigue expuesta en el Moma de Nueva York.
Expuesto el marco, centrémonos en la foto. La apropiación dictatorial de los éxitos de la selección y de los clubes españoles en competiciones internacionales, el uso coordinado de todos los medios de comunicación para transmitir a través del balompié una narrativa franquista de la nación española y el empeño por proyectar en el extranjero la imagen de una España unida, ordenada y feliz bajo la batuta del dictador, fueron las principales vías de instrumentalización por parte del régimen. Pero aquí lo importante es la sotana.
La Iglesia fue una pieza fundamental en toda la arquitectura represiva y de control social del franquismo. El sistema de reducción de los penados al trabajo semiesclavo no podía ser la excepción.
Presos republicanos, durante la construcción del Canal del Guadalquivir. / ARCHIVO RHHSA (CGT. A) – Fuente
Las prisiones de la dictadura de Francisco Franco fueron escenario de padecimientos físicos y morales infligidos a conciencia sobre centenares de miles de presas y presos. Los sufrimientos impartidos iban desde el hacinamiento, el hambre y los castigos arbitrarios hasta la presión insoportable de un adoctrinamiento político y religioso continuo y obsesivo. A lo cual se sumaba una tortura psíquica específica para los millares de condenados a muerte, mantenidos durante meses a la espera de una conmutación por pena de prisión o la consumación del asesinato judicial.
En particular en aquellos años en que, terminada la contienda no la sustituyó la paz sino “la victoria”, el empeño de la dictadura por someter de mil formas a los vencidos alcanzó hasta al propósito de privarlos de todas las condiciones para llevar una vida relativamente “normal”. Y el intento de disolver sus personalidades, hasta convertirlos en seres sumisos y “arrepentidos”, rotos los vínculos con las acciones del pasado y con las creencias profesadas antes de ser encarcelados.
La dictadura quiso –y en muchos casos consiguió– “nacionalizar” los ritos festivos en ciudades y pueblos para legitimar su poder durante la posguerra, pero tropezó con celebraciones “subversivas” como el Carnaval de Cádiz o el Corpus de Granada
Franco y miembros del Gobierno en Sevilla para presenciar la procesión de Semana Santa de 1940 / Miguel Cortés /EFE
José María Sandía, El Diario, 28 de agosto de 2022
Sevilla. Semana Santa de 1939. José Millán Astray, célebre fundador de la Legión española, participa en los primeros desfiles tras la Guerra Civil, que acaba de zanjarse el 1 de abril. En concreto, preside la procesión del Cristo de la Buena Muerte. El silencio en las calles es una de sus marcas de identidad, pero Astray se propone “rebautizarla” incorporando las marchas de la banda de legionarios. A cada nota musical, un puñado de silbidos. Pese a la flamante victoria del ejército sublevado, los sevillanos no negocian ni sus tradiciones, ni la libertad de expresión: el malestar es evidente en las calles. El militar, indignado, abandona Sevilla y se lleva a sus músicos a la vecina Málaga. Nunca volvería.
Aquel lejano fiasco es solo un ejemplo de la táctica de la dictadura franquista de controlar, “nacionalizar” y rebautizar las fiestas populares desde el primer día de la posguerra. También, de la importancia de estos ritos como identidad del pueblo ¿Con qué objetivo? “El régimen no solo se consolidó a partir de elementos negativos como el miedo o la represión, sino también apropiándose de algo tan positivo como la afirmación de las identidades locales a través de sus fiestas”. La respuesta corresponde al profesor extremeño César Rina, quien junto a su colega granadino Claudio Hernández Burgos, acaba de publicar el libro El franquismo se fue de fiesta (Universidad de Valencia).
La doctora en Filología Inglesa, Pilar Iglesias Aparicio, analiza las similitudes entre Lavanderías de la Magdalena de Irlanda y del Patronato de Protección de la Mujer con un objetivo claro: promover en España un proceso de reparación similar al que se ha dado en Irlanda.
Pilar Iglesias Aparicio (Madrid, 1949) es una militante feminista convencida y vehemente. Sabe tanto de las Lavanderías de la Magdalena de Irlanda y del Patronato de Protección a la Mujer del régimen franquista que casi no le hace falta escuchar ninguna pregunta para ofrecer todas las respuestas. Su libro,Políticas de represión y punición de las mujeres: Las Lavanderías de la Magdalena de Irlanda y el Patronato de Protección a la Mujer de España, surge de una convicción. En España es urgente poner en marcha todos los mecanismos políticos que se precisen para que las mujeres víctimas del Patronato tengan la posibilidad de ser reconocidas y sanadas.
El esquema es el de siempre: Memoria, justicia y reparación.
Iglesias pretende sentar las bases necesarias para llevar a cabo en el Estado español un proceso de incidencia política que permita reparar a las mujeres que pasaron por los centros del Patronato de Protección a la Mujer, una institución franquista que estuvo en funcionamiento entre 1941 y 1983. En esa búsqueda, analiza en detalle el proceso que se ha llevado a cabo en Irlanda para reparar a las miles de mujeres víctimas de las Lavanderías de la Magdalena.
Los símbolos siguen una trayectoria histórica antes de convertirse en signos de representación de una sociedad, un grupo, o en este caso un estado. El signo puede funcionar como mecanismo de inclusión social, -que no expulsa a nadie de su función identificadora- o actuar como elemento de exclusión social. Este último es el caso de la actual bandera del estado, frecuentemente protestada y rechazada por una parte muy importante de la sociedad española. La bandera vigente representa el poder de una dinastía gobernante, pero no simboliza a la nación en su condición de sujeto fundante de un estado democrático. Hoy toca hablar de esta fractura simbólica entre jefatura del estado y nación y para hacerlo nos remontamos al origen histórico de la bandera del estado español.
Esta bandera- antigua enseña de la flota de guerra del rey- tiene una trayectoria de uso anterior a la etapa histórica que hoy la convierte en bandera de la nación. Para enlazar con su contemporáneo origen vexilológico tenemos que ir hasta el primer verano de la Guerra Civil española. El 15 de agosto de 1936, en el verano más sangriento de la Guerra Civil, el culto de la Virgen de la Asunción y la enseña rojigualda impuesta por los fascistas como bandera nacional, sellaron una relación de mutua potenciación propagandística.
Desde 1932 los medios de comunicación afines a la Iglesia venían desarrollando una intensa campaña antimasónica con el objetivo de desprestigiar a la república, presentándola como un régimen manipulado por las logias…
[Dada la abundancia de notas, estas se han incorporado a una nueva página que podría mantenerse abierta durante la lectura por si se considerara interesante su revisión]
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La teoría complotista
Desde 1932 los medios de comunicación afines a la Iglesia venían desarrollando una intensa campaña antimasónica con el objetivo de desprestigiar a la república, presentándola como un régimen manipulado por las logias. Las decisiones del parlamento, según repetía insistentemente la prensa de derechas, obedecían a los dictados de la masonería internacional. La idea principal que articulaba la construcción de este discurso procedía del libro “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Los llamados Sabios de Sión, habían organizado una conspiración judía apoyada por la masonería para destruir el cristianismo e imponer una dictadura mundial. El supuesto “documento” de los Protocolos era, en realidad, una burda manipulación panfletaria creada por los servicios secretos zaristas, en la época del Affaire Dreyfuss (1900-1901)(1) que se extendió por toda Europa tras el triunfo de la Revolución Soviética.
La teoría complotista, inicialmente gozó de un escaso predicamento, pero esta circunstancia desaparece cuando el jesuita Juan Tusquets se convierte en su principal propagandista en España.(2) Su idea de que la Segunda República era un instrumento anti-español en manos del contubernio judeo-masónico-bolchevique fue difundida a través de los artículos que el presbítero escribió en El Correo Catalán(3) y, sobre todo, como consecuencia de una serie muy exitosa de 14 libros; Las Sectas(4) bajo su dirección. La obra del jesuita, fruto de su proteica pluma, llegó a tener, pese al carácter burdo de sus planteamientos, un gran predicamento entre la derecha. Franco, acérrimo lector de sus textos, devoraba sus diatribas antimasónicas con gran entusiasmo.(5) El conocimiento de Los Protocolos adquirió un gran nivel de divulgación con el gran éxito alcanzado por sus “Orígenes de la revolución española”.(6)La obra, en la que acusaba a la Segunda República de ser “hija de la masonería”, fue un éxito de ventas para la época. Tusquets se refería en su texto a Los Protocolos como una evidencia “documental” demostrativa de que los judíos estaban resueltos a destruir la civilización cristiana. Los masones y los socialistas, serian unos instrumentos en sus manos, encargados de hacer el trabajo sucio por medio de la revolución, las catástrofes económicas, la propaganda impía y pornográfica y un ilimitado liberalismo.
Santiago, el santo evangelizador de España, representaba desde la Edad Media la idea de la cruzada contra los enemigos de la Fe. Durante la guerra los servicios de propaganda franquista con el apoyo de la jerarquía eclesiástica reactivan la antigua funcionalidad cruzadista del culto.
Alegoría de Franco y la Cruzada (1948 – 1949) / Arturo Reque Meruvia «Kemer» – Fuente
Cualquier medievalista sabe que en la catedral de Santiago no está enterrado el apóstol. Es un mito inventado por los monarcas asturianos para estimular el ánimo cruzadista en la Reconquista. No puede seguir siendo fiesta en un estado democrático y aconfesional.
El origen islamofóbico de la celebración hace que la fiesta únicamente guste a la ultraderecha xenófoba española. Pero a Vox esta celebración le agrada por otra razón más: durante la guerra civil la festividad del Apóstol Santiago se convirtió en la fiesta propagandística más útil para que el nacional catolicismo presentase el levantamiento contra la republica como una Guerra Santa.
Las ofrendas al Apóstol realizadas por Franco y generales del ejército se refieren a Santiago como santo guerrero bajo cuyo auspicio y protección se coloca la Cruzada contra los “sin Dios” La Festividad de Santiago fue un conductor de sacralidad utilizado durante la guerra civil y la dictadura por Franco para legitimarse como el gran intérprete de la voluntad de Dios. Son numerosas las imágenes propagandísticas de culto a la personalidad de Franco en las que el dictador se representa como el caudillo guerrero legatario en la Tierra de la espada de Santiago.