La España más tradicional · Ximo Estal

agosto 5, 2025

Las fiestas deben evolucionar: del folclore conservador a celebraciones inclusivas, culturales y verdaderamente populares

Fragmento cartel de las «fiestas patronales» de Ceuta 2023
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Ximo Estal Lizondo, Nueva Tribuna, 5 de agosto de 2025

Con la llegada del verano, la mayoría de los pueblos de España, durante los meses de julio y agosto, celebran sus fiestas mayores. Fiestas cargadas de tradición y costumbres que muchas veces rayan el esperpento, actitudes circenses e incluso recuerdan la España de Berlanga y una España en blanco y negro.

Por lo pronto, continúan llamándose, en muchos pueblos y en pleno siglo XXI, fiestas patronales en vez de fiestas populares, como debería ser en este siglo. Es más, continúa programándose, en más de un 70%, actividades taurinas, procesiones, misas y actos que dejan de lado a más de un 60 % de la población que tiene otras creencias o que le gustaría que las fiestas fueran más populares y menos tradicionales.

Porque es tradicional continuar manteniéndose actividades, incluso las paganas, presididas por el cura, el alcalde, el médico, la Guardia Civil y, sobre todo, con la imagen del patrono o patrona presente.

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«La omnipresencia de las cruces»: cómo el franquismo fagocitó la religiosidad popular

junio 1, 2025

‘El cielo está con nosotros’, de César Rina, documenta el proceso de «fascistización» de la Semana Santa. El franquismo buscaba «convencer de su legitimidad usando los elementos de la religiosidad popular».

La tumba de Queipo de Llano en la Basílica de la Macarena, antes de su exhumación / Europa Press
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Raúl Bocanegra, Público, 1 de junio de 2025

«Los ritos religiosos se confundieron con actos fascistas, desfiles militares, juras de bandera y cruces en recuerdo de los caídos. La omnipresencia de las cruces transformó los espacios públicos y privados, vinculando la pasión y muerte de Cristo con el sufrimiento y entrega de los caídos por la salvación nacional». 

La anterior es una de las reflexiones, que rezuma alguna ironía —»salvación nacional»— recogidas en el trabajo El cielo está con nosotros, del historiador César Rina, que recibió el premio Arturo Barea, y que acaba de reeditar la editorial Marcial Pons. La investigación documenta el proceso de fagocitación —que él denomina fascistización— de la Semana Santa y otros festejos por las autoridades, que buscaban, según afirma en una conversación telefónica con Público, «convencer a la gente de su legitimidad utilizando los elementos de la religiosidad popular«.

    «Los ritos religiosos se confundieron con actos fascistas, desfiles militares, juras de bandera y cruces en recuerdo de los caídos. La omnipresencia de las cruces transformó los espacios públicos y privados, vinculando la pasión y muerte de Cristo con el sufrimiento y entrega de los caídos por la salvación nacional». 

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    Miedo, represión y… fiesta: las celebraciones que el franquismo no pudo apropiarse

    agosto 28, 2022

    La dictadura quiso –y en muchos casos consiguió– “nacionalizar” los ritos festivos en ciudades y pueblos para legitimar su poder durante la posguerra, pero tropezó con celebraciones “subversivas” como el Carnaval de Cádiz o el Corpus de Granada

    Franco y miembros del Gobierno en Sevilla para presenciar la procesión de Semana Santa de 1940 /  Miguel Cortés /EFE

    José María Sandía, El Diario, 28 de agosto de 2022

    Sevilla. Semana Santa de 1939. José Millán Astray, célebre fundador de la Legión española, participa en los primeros desfiles tras la Guerra Civil, que acaba de zanjarse el 1 de abril. En concreto, preside la procesión del Cristo de la Buena Muerte. El silencio en las calles es una de sus marcas de identidad, pero Astray se propone “rebautizarla” incorporando las marchas de la banda de legionarios. A cada nota musical, un puñado de silbidos. Pese a la flamante victoria del ejército sublevado, los sevillanos no negocian ni sus tradiciones, ni la libertad de expresión: el malestar es evidente en las calles. El militar, indignado, abandona Sevilla y se lleva a sus músicos a la vecina Málaga. Nunca volvería.

    Aquel lejano fiasco es solo un ejemplo de la táctica de la dictadura franquista de controlar, “nacionalizar” y rebautizar las fiestas populares desde el primer día de la posguerra. También, de la importancia de estos ritos como identidad del pueblo ¿Con qué objetivo? “El régimen no solo se consolidó a partir de elementos negativos como el miedo o la represión, sino también apropiándose de algo tan positivo como la afirmación de las identidades locales a través de sus fiestas”. La respuesta corresponde al profesor extremeño César Rina, quien junto a su colega granadino Claudio Hernández Burgos, acaba de publicar el libro El franquismo se fue de fiesta (Universidad de Valencia).

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