Violencia legítima y apropiación de bebés en el Estado español

agosto 16, 2022

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Matías Viotti Barbalato, Público, 16 de agosto de 2022

Uno de los crímenes contra la humanidad que dejó el franquismo fue la apropiación de bebés en clínicas, hospitales y maternidades de todo el estado español entre los años cuarenta y finales de los años noventa. Esta práctica fue una de las estrategias de dominación a las que recurrió la dictadura para su perpetuación legitimada por la ideología de la derecha católica donde toda persona ajena al nacionalcatolicismo era sospechosa de amenazar a la patria y al gran Proyecto Nacional del Movimiento.

Bajo la moral católica, en nombre de una Cruzada Cristiana, diferentes congregaciones religiosas administraron junto con diferentes profesionales de la salud y de otros ámbitos institucionales la «asistencia social» favorecida por unas políticas públicas dirigidas a fortalecer el sector privado (Moreno y Sarasa, 1992). Esta «normalidad» en nombre de la Cruzada se mantuvo vigente en los diferentes contextos políticos del franquismo como el falangista, el denominado «desarrollista» y el tardofranquismo así como también en la denominada Transición.

Teniendo esto en cuenta, nos parece útil el planteamiento de Giorgio Agamben con relación a los campos de exterminio, donde antes que preguntarse «hipócritamente» cómo fue posible cometer delitos tan aberrantes, sería más honesto y sobre todo más útil indagar atentamente acerca de los procedimientos jurídicos y dispositivos políticos que lo hicieron posible. Aunque es el Estado quien debería ofrecer una respuesta, para el caso de los bebés apropiados y apropiadas, podemos encontrar algunas de ellas en los elementos de legitimación del régimen que han analizado algunos autores, y que se establecieron como una «verdad absoluta» a lo largo de la España parlamentaria. Entre otros:

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Un cura del Opus, condenado por abusos por el Vaticano, ‘compra’ el silencio de su víctima

agosto 16, 2022

Manuel Cociña, sacerdote que convivió con el fundador de la institución, Escrivá de Balaguer, exigió en un documento notarial firmado en 2021 que la víctima renunciara “a cuantas acciones pudieran corresponderle” contra el cura, el Opus Dei o la Iglesia y le prohibía pronunciarse sobre el acuerdo.

Manuel Cociña Abella

Jesús Bastante, Religión Digital, 16 de agosto de 2022

Manuel Cociña –uno de los sacerdotes más relevantes del Opus Dei que llegó a convivir con su fundador José María Escrivá de Balaguer, y primer cura de la Obra condenado por abusos– pagó a su víctima una «ayuda económica» a cambio de que renunciara a cualquier proceso penal contra él, a comentar el caso e incluso admitiera que “esos comportamientos en ningún caso fueron abuso sexual”, según un documento notarial firmado en abril de 2021 al que ha accedido RD.

«Manuel-José Cociña Abella deberá comprometerse en (…) abonar a D. M. G. F. en concepto de ayuda económica la cantidad de 17.000 euros, dentro del plazo de quince días desde la firma de este acuerdo, y que obtendría de donaciones particulares”, reza el texto. La víctima ya recibió el dinero, según han confirmado a RD fuentes cercanas.

El concepto del abono es “ayuda económica” por unos “comportamientos inadecuados”, según puede leerse. Ni en su día el Opus Dei, ni ahora el documento notarial, hablan de abusos. Es más, la víctima tiene que firmar que “esos comportamientos [ocurridos en un colegio mayor de Sevilla en 2002] en ningún caso fueron abuso sexual”.

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La misa del Día Grande en Gijón, una «tradición ancestral» según Fidel Gil, se celebró sin miembros del equipo de gobierno

agosto 16, 2022

Palabras de agradecimiento del párroco a los miembros del Ayuntamiento presentes y «reprimenda» a los ausentes

Miembros del Ayuntamiento asistentes: Por la izquierda, Ángela Pumariega, Eladio de la Concha, Laura Hurlé, Jesús Martínez Salvador, Montserrat López Moro, Alberto López-Asenjo y Ángeles Fernández-Ahúja, ayer, en la iglesia de los Carmelitas. | Ángel González – LNE

Eugenia García, El Comercio / Foto La Nueva España, 16 de agosto de 2022

La iglesia de Nuestra Señora de Begoña, de los padres carmelitas, volvió ayer a reunir a decenas de personas deseosas de honrar a la patrona de la ciudad, aunque con menor afluencia que otros años. Y, como ocurriera desde 2019, ningún miembro del equipo de gobierno ocupaba los bancos reservados a las autoridades. La corporación municipal quedó representada por Jesús Martínez Salvador y Montserrat López Moro (Foro); Ángela Pumariega y Ángeles Fernández-Ahuja (PP); Eladio de la Concha y Laura Hurlé (Vox) y el concejal no adscrito, Alberto López-Asenjo, situados en la primera fila.

A los miembros del Ayuntamiento presentes «y a los que no han podido venir por motivos de salud» -Mara Simal, de Ciudadanos- dedicó el párroco Fidel Gil unas palabras de agradecimiento. «Iluminados por su fe, animados por su compromiso cristiano y motivados por el amor y la devoción a la Virgen de Begoña, han venido a honrar a la patrona». Pero el mensaje iba más bien destinado a los ausentes, porque quiso el párroco remarcar que aquellos que sí estaban en la misa del Día Grande «siguen tradiciones ancestrales que, lejos de agitar y conflictuar la convivencia ciudadana, la pacifican y fortalecen, porque el evangelio que asumimos como creyentes se vuelve compromiso de justicia, paz y fraternidad para con nuestra ciudad». Una por la que velan el Cuerpo Nacional de Policía, la Guardia Civil y la Comandancia de Marina, también representadas en la eucaristía.

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