La presión de la iglesia católica en la sociedad española actual, por Alicia Alcalde

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La iglesia católica en España

¿Y qué ocurre concretamente en España?

Nacional-catolicismo

En España, ni las cuestiones religiosas, ni las que tienen que ver con la sexualidad o el Feminismo se pueden entender sin tener en cuenta las cuatro décadas de Nacional- Catolicismo.

La dictadura franquista utilizó como instrumentos a la Sección Femenina y a la Iglesia Católica para establecer su modelo de feminidad.

Modelo de feminidad que es copia exacta del de la Iglesia por el que las mujeres no son consideradas iguales a los hombres, ni deben aspirar a conseguir sus mismos derechos, ya que tanto la naturaleza como la divinidad les ha asignado un papel diferente de sumisión, servicio y obediencia.

El ejemplo a seguir para todas las mujeres es la Virgen María, sumisa, obediente, anulada, que se ofrece como gestante altruista. Su «hágase en mí Tu voluntad” es la expresión máxima de sometimiento y desigualdad.

Estos principios donde convergen el Franquismo y la Iglesia Católica se articularon en leyes y normas sociales de obligado cumplimiento.

El único matrimonio valido era el católico que además era por supuesto, indisoluble.

Franco reestableció el Código Civil de 1889, en el que la mujer era discriminada de manera legal.

Las mujeres estaban sometidas en todo a la autoridad del marido, no podían disponer de sus bienes, abrir una cuenta en un banco o viajar sin su permiso.

Frente a la violencia de los varones su única arma era la resignación cristiana y el espíritu de sacrificio.

El adulterio era un delito por el que se condenaba a las mujeres casadas, nada decía de los varones casados, ya que la pena impuesta era en función del agravio que padecía el honor del varón.

Hasta 1963 el marido que asesinaba a su mujer o a su hija menor de 23 años, por causas «de honor” era condenado a pena de destierro que no siempre se llevaba a cabo y en caso de que le causara lesiones pero no la muerte era absuelto.

Por supuesto era delito el aborto o las prácticas sexuales fuera del matrimonio.

La legislación franquista favorecía que las mujeres no realizaran trabajos remunerados. Al casarse debían abandonar su trabajo si su marido tenía unos ingresos suficientes. Solo era aceptable que trabajaran «ayudando” a sus maridos en las tareas del campo, o si eran solteras, y a lo sumo como maestras o enfermeras, profesiones que parece ser no afectaban a su «feminidad” ya que se consideraban una prolongación de su función esencial de ayudar a los demás. La mujer era considerada un ser de naturaleza débil a la que se le prohibían determinados trabajos, por su penosidad o por sus altas competencias intelectuales. Se trataba de que pudieran dedicarse a su misión esencial: parir una abundante prole, cuidar de su hogar y de su esposo.

La enseñanza, tras el breve intervalo de la II República, retornó a las manos de la Iglesia Católica, con hegemonía absoluta. Estaba segregada por sexos y diferenciada para niños y niñas, tal como marcaban las directrices de la Iglesia.

El régimen franquista tenía muy claro que las mujeres que tuvieran una educación firmemente sexista desde su más tierna infancia estarían más conformes con su posición en la edad adulta.

Se intentaba que las mujeres fueran partícipes de su propia represión. Eran las encargadas de mantener entre ellas que esta moral católica no fuera cuestionada y para ello contaban con el apoyo de diferentes organizaciones religiosas, como la Confederación de mujeres católicas o las Hijas de la Inmaculada Concepción, entre otras.

En la represión contra la mujer la Iglesia católica siempre fue una pieza fundamental para que el estado franquista pudiera llevarla a cabo.

A destacar la creación de El Patronato de Protección a la Mujer, que encerró en reformatorios a miles de jóvenes españolas por el delito de ser madres solteras, activistas políticas o simplemente no adecuarse a las normas franquistas y no cumplir con el modelo impuesto. Su objetivo era «reeducar” a las chicas consideradas rebeldes y descarriadas. Las monjas aplicaron métodos carcelarios y castigos que atentaban contra los derechos humanos. Podían retenerlas hasta los 25 años si consideraban que no se habían «rehabilitado” adecuadamente. Siguió en funcionamiento hasta los años 80 y está implicado en casos de robos de niños nunca esclarecidos ni puestos en manos de la Justicia.

En los años 70 el incipiente movimiento feminista se va a revelar como una forma de dar respuesta a las necesidades de una igualdad y libertad que se negaba a todos los españoles, pero de una manera especial a las mujeres por el hecho de serlo. Las reivindicaciones feministas van a requerir que las propias mujeres se organicen, en algunos casos dentro y otras veces ajenas a los partidos que luchaban contra el Franquismo y que en muchos casos o no eran conscientes o no le daban importancia a la discriminación estructural que sufrían sus compañeras por el hecho de ser mujeres ni percibían el machismo imperante en sus propias agrupaciones.

A principios de los 70 seguía sin ser posible el divorcio y el adulterio continuaba siendo delito. Tampoco las mujeres podían comprar un piso y necesitaban el permiso del padre o del marido para cualquier gestión administrativa. Los anticonceptivos estaban prohibidos y abortar podía llevarte a la tumba o a la cárcel. Gays y lesbianas podían ser encarcelados por aplicación de la Ley de vagos y maleantes.

Transición

Tras la muerte del Dictador y la aprobación de la Constitución del 78 la legislación española comienza a reflejar los avances en convivencia y tolerancia de la sociedad así como el desapego creciente a la doctrina y a los dogmas de la Iglesia.

El identificarse como persona católica comenzó a tener más que ver con una identidad cultural que con una creencia religiosa. Y comenzó a extenderse la opinión de que la política no debía estar influida por lo que opinara la jerarquía católica.

Sin embargo la Transición no trajo consigo la separación de la Iglesia y el Estado, sino que han seguido estrechamente relacionados gracias a los Acuerdos concordatarios del 76 y 79 y de varios artículos de la Constitución que sirven a la Iglesia para dar un baño de legalidad a todos los privilegios de los que goza en la actualidad en España y que no tienen nada que envidiar a los que disfrutaba en el Franquismo, desde la financiación de la que gozan, hasta los conciertos educativos con sus centros de enseñanza privados.

Actualmente, en España, incluso los que se declaran católicos ignoran la doctrina de la Iglesia en muchos aspectos de su día a día. Sin embargo, aunque la ignoremos, la Iglesia no nos ignora y hace todo lo posible para que esa doctrina sea la que rija nuestras vidas, entorpeciendo y denunciando toda norma legal que pueda ser contraria a sus retrógrados principios

Campañas de los Obispos en contra de distintas leyes

  • Matrimonio igualitario
  • Leyes de Educación: Asignatura de Educación para la ciudadanía
  • Ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo
  • La perspectiva feminista en la legislación: Ideología de género

La CEE en su cerrada oposición a que las uniones homosexuales tuvieran la consideración de matrimonio se encontró como aliados a líderes de las religiones judía, ortodoxa y evangélica, y la colaboración de asociaciones del lobby ultracatólico Foro español de la Familia o HazteOir. El matrimonio homosexual iba a suponer la destrucción del mundo y de la familia y era lo peor que le había ocurrido a la I.C. en 2000 años.

Se emprendieron feroces campañas en contra las diversas legislaciones en materia de educación. Se han opuesto especialmente a que se incluya entre sus fines el reconocimiento de la diversidad afectivo-sexual y a la materia obligatoria de Educación para la ciudadanía y los DDHH. Los temas de esta asignatura que más desataron la furia de los Obispos fueron la lucha contra la homofobia y a favor de la igualdad entre hombres y mujeres y el respeto a la diversidad sexual y a los diferentes modelos de familias.

Otra Ley que recibió toda la artillería episcopal fue la que en 2010 amplió los supuestos de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo. La CEE clamó que esta ley era expresión de la por ellos denominada «ideología de género” y que atentaba contra la dignidad de las personas . Acusaron a la Unesco de estar tras este tipo de legislaciones y de auspiciar una conspiración para que en los próximos 20 años la mitad de la población fuera homosexual. Denunciaron que los católicos eran víctimas de una persecución política por oponerse a los designios de la ideología de género. Y acusaron a quienes defendieran las políticas igualitarias de ser contrarios a la libertad religiosa.

La CEE siguiendo las directrices del Vaticano ha elaborado toda una serie de documentos atacando al Feminismo y a los derechos sexuales. Textos publicitados en los medios y las redes coincidiendo con celebraciones relevantes en temas de igualdad.

La Conferencia Episcopal Española empezó a advertir en 2001 a los católicos españoles contra el alineamiento de una parte de la sociedad española con una línea política que procede de «foros internacionales” y que pretende introducir «toda una serie de nuevos derechos que, en el fondo, no son más que la pretensión de una libertad sexual sin límites”, incluyendo el derecho a la anticoncepción, a la salud reproductiva, al libre diseño de la sexualidad, a la elección del modelo de familia, a la institucionalización de las uniones homosexuales, etc.” Los textos de la CEE venían a añadirse a la prolífica literatura confesional que difunde una interpretación católica de los derechos humanos, beligerante contra el feminismo, en los que lo católico se identifica con lo humano, lo natural y lo divino al mismo tiempo. Los antagonistas son presentados como mentirosos, confusos e interesados y agentes conspiratorios, se invocan amenazas apocalípticas fruto de la alianza entre demógrafos, ecologistas, feministas y movimiento LGBT y se provee de justificación para la homofobia, la misoginia la reivindicación de acciones discriminatorias reinterpretadas como un nuevo martirismo

En 2012 lanzó un documento utilizado por otras CE y que es la base de su estrategia al respecto. En él acusan, a la que ellos denominan ideología de género (término que utilizan para evitar hablar de perspectiva feminista o feminismo y que es una especie de cajón de sastre donde meten al feminismo y los derechos de las mujeres junto con la teoría queer, ciborg, etc.) de ser la causante de abortos, divorcios, esterilizaciones, retraso en la maternidad y el matrimonio, adicciones a la pornografía y a las drogas y a la violencia machista que para ellos no es tal sino domestica o intrafamiliar. Y hacen un llamamiento a una nueva evangelización de España. Evangelización en la que deben implicarse los profesores de los centros católicos y también todos los profesores católicos de los centros públicos así como todos los padres.

Es cierto que hasta no hace mucho todos estos esfuerzos de la CEE, salvo lo que se refiere al tema educativo, que no es poco, habían tenido poco éxito. Ni siquiera los gobiernos del PP modificaron la posibilidad legal del matrimonio homosexual y la ley del aborto sufrió una modificación menor que la deseada por los obispos.

Sin embargo, ahora nos encontramos en un momento en el que las fuerzas de la ultraderecha, defensoras de la Patria y la Cruz, en sintonía y sincronización perfecta con la I.C., están ocupando cargos públicos, favoreciendo gobiernos e imponiendo leyes en contra de los derechos de las mujeres y del respeto a la diversidad sexual y ganando en desvergüenza para exponer su profunda misoginia y homofobia

Así ahora tras décadas de avances en materia de defensa de los derechos de las mujeres se extienden por España, pero también por el resto de Europa y por América oleadas de protestas contra los derechos sexuales y la libertad personal. Pensemos por un momento en la legislación que va a penalizar el aborto en buena parte de los estados de EEUU.

Se trata de un fenómeno transnacional bien organizado por partidos y lobbies conservadores con la retórica apocalíptica de la Iglesia Católica y compartiendo con ella su enfermiza obsesión contra todo avance legislativo en materia de Igualdad sexual.

En España ha sido necesario aprobar una ley que penalice el acoso que se estaba llevando a cabo por el movimiento ultracatólico frente a las clínicas donde se practican abortos legales, con lo que supone de grave atentado a la libertad de las mujeres y de los trabajadores de la salud. Por otra parte el hecho de que la casi totalidad de los abortos practicados en España se realicen en la sanidad privada, es también indicativo de la influencia nefasta de la ideología vaticana en la aplicación de leyes aprobadas democráticamente que únicamente buscan proteger los derechos de las mujeres.

También continuamos comprobando como, incluso los gobiernos españoles que se pueden considerar más progresistas, se rinden de hinojos ante la supuesta superioridad moral del líder del catolicismo a quien acuden para que les ilumine. Sin atreverse, ni después de casi 50 años, a tocar ni uno sólo de sus privilegios franquistas.

A comienzos del siglo XXI la igualdad entre hombres y mujeres es un derecho humano reconocido y piedra angular de toda sociedad democrática que aspire a la justicia social, pero no sucede así en las religiones, a las que sin embargo se les concede autoridad moral y no solo para sus adeptos sino para toda la sociedad.

El Lobby Europeo de Mujeres (LEM) ha manifestado su preocupación porque la religión está teniendo, afirman, un gran impacto en las políticas europeas y nacionales, socavando la igualdad entre mujeres y hombres y restringiendo el acceso y el disfrute por parte de las mujeres de derechos humanos básicos.

Añadir que todas las religiones tienen la tentación a considerarse a sí mismas en posesión de la verdad, una verdad de un nivel superior y que por tanto debe regir en toda la sociedad civil. Cuando las sociedades se sienten inseguras, como puede ser el caso ahora, el retorno de lo religioso y fundamentalista es lo que se puede temer.

La Iglesia Católica, como todas las religiones, es muy consciente de que el feminismo es una amenaza a sus intereses y al mantenimiento de su poder. Conseguir un Estado Laico libre de injerencias religiosas de toda índole nos permite continuar avanzando hacia una igualdad real y efectiva, eliminando el enorme escollo, aunque no sea el único, que suponen las religiones en la defensa de los derechos de las mujeres.

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