Memoria histórica de las mujeres, las grandes olvidadas de la Iglesia

julio 26, 2021

Con motivo de la fiesta de María Magdalena el pasado 22 de julio, Tamayo publicaba en Religión Digital un texto para «hacer memoria de nuestras antepasadas, las grandes olvidadas de la historia«.

Mariya Magdalena. Frederick Sandys (fragmento)

Juan José Tamayo, Religión Digital, 26 de julio de 2021

Son las religiones –o mejor, sus jerarquías- las que imponen a las mujeres una moral de esclavas y subalternas, resumida en estos siete verbos: obedecer, someterse, aguantar, soportar, sacrificarse por, cuidar de, perdonar

En la fiesta de María Magdalena, apóstola de los apóstoles y una de las pioneras en la lucha por la libertad y la liberación de las mujeres, quiero hacer memoria de nuestras antepasadas, las grandes olvidadas de la historia. Y lo hago empezando por una crítica de la razón moderna e  ilustrada que afirmó la universalidad de los derechos humanos y de la razón y, en un acto de incoherencia, se los negó a las mujeres, víctimas de una racionalidad selectiva de carácter patriarcal. Un ejemplo, entre muchos, de dicha incoherencia lo encontramos en Kant quien se olvida de su consigna de pensador ilustrado “atrévete a pensar” cuando afirma con total contundencia que “una mujer letrada […] tendrá además que tener barba”, es decir, tendría que ser hombre.  

Con la historia en la mano, hemos de reconocer que entre las víctimas de las masacres humanas, las más numerosas, agredidas y olvidadas, las que han sufrido todo tipo de discriminaciones y la negación de su dignidad, de sus derechos y de su libertad, aquellas a las que se les ha negado hacer sus proyectos autónomos de vida, a quienes se les han destruido sus esperanzas, a quienes se les ha prohibido hasta soñar, han sido y siguen siendo las mujeres.

Ellas son las principales víctimas del sexismo en alianza múltiple y complicidad permanente con el capitalismo en sus diferentes modalidades -hoy  el neoliberalismo-, el etnocentrismo, el clasismo, el colonialismo, el imperialismo, la depredación de la naturaleza, el racismo patriarcal, los fundamentalismos de todo tipo, las religiones, etc.

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Palabras como sapos

julio 26, 2021
Giralda de Sevilla / A.A.

Rafael Sanmartín, El Correo de Andalucía, 26 de julio de 2021

Que las hay que tragar. En un idioma tan sencillito como el nuestro, hay que ver los palabros tan raros que perviven. Por ejemplo: “inmatricular”. Sería lo contrario de matricular… pues, no. Es quedarse con el cante. Vaya cante, el gregoriano (y eso que el de El Palmar se llamaba Clemente). Clemente hay que ser, para tragarlo. Inmatricular es inscribir algo a nombre propio, pero para ello es necesario contar con algún dato en el Catastro, que pueda justificar la inmatriculación. Por ejemplo, una cesión “in perpetuum”. Un regalo, por ejemplo. ¿Figuraban en el Catastro los miles de catedrales, iglesias, mezquitas, sinagogas, palacios, casas, calles y plazas, que la Iglesia Católica ha inscrito a su nombre en los últimos años? ¿Seguro? Un seguro va a hacer falta para defenderse de tanto expolio. Por ahí habrá que empezar.

La Iglesia tiene lugares de culto y administrativos o viviendas, algunos construidos exprofeso, pero la mayoría cedidos tras la conquista, como pago a sus servicios. Habría que ver, uno a uno, la legitimidad de esas apropiaciones, tal vez “debidas”, o no. Habrá que verlo. Pero hay otros detalles, también dignos de verse. La Giralda no forma parte del conjunto de la Catedral, es un edificio exterior, independiente, comunicado por un pasillo de construcción reciente. Ni el Patio de los Naranjos, siempre considerado patrimonio de la ciudad, una plaza pública dónde paseaban los mayores y jugaban los niños, convertida en privada y objeto mercantil, que el turismo es un tesoro y la gente de la ciudad importan menos que el beneficio.

Miles de edificios cedidos para el culto, exentos de impuestos y mantenidos por el común, cristianos y ateos por igual, porque eran responsabilidad del Estado.

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