La palabra madrastra

julio 17, 2021

Las familias se reconvirtieron. Sacudidas del yugo religioso, tantas están hechas de retazos: los tuyos, los míos y los nuestros

Martín Caparrós, El País, 17 de julio de 2021

Madrastra acecha: ¿Quién se atreve a pronunciar esa palabra? ¿Qué dice quien la dice, qué se le escapa cuando habla? La Academia irreal, como siempre, orienta y desorienta. La palabra madrastra le merece dos definiciones: la primera hay que pensarla un rato —”Mujer del padre de una persona nacida de una unión anterior de este”—, pero la segunda es contundente: “Madre que trata mal a sus hijos”.

No hay duda, no hay salida: ser madrastra es toda una desgracia. Quien dice madrastra dice Cenicienta, una empleada doméstica de los tiempos en que las domésticas no eran empleadas, sino empleadas por sus dueños. Quien lo dice dice crueldad, explotación, dice maltrato, desamor. Y sin embargo no hay otras palabras para decir un hecho cada vez más notorio: que las familias ya no son lo que eran.

Durante siglos, la potencia de la ideología cristiana obligó a casi todos a formar relaciones constreñidas: un hombre y una mujer se ligaban —se “casaban”— para reproducirse y se reproducían y vivían juntos hasta que se morían; sus hijos vivían con ellos hasta que se ligaban a su vez y se reproducían y se morían, y así de seguido y amén y adiós muy buenas. (Los cristianos, por cierto, eran ambiguos: obligaban a todos a hacer lo que sus propios mandos debían evitar. Era una forma de decir a los suyos que la suya era una opción menor, la que quedaba para los más débiles: otro modo de llamarlos inferiores).

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