Coronavirus: Los dineros del capellán y los rastreadores voluntarios

agosto 13, 2020
Ilustración: Verónica Montón Alegre

Ilustración: Verónica Montón Alegre

Enrique Ortega, Foro Ágora Salud, Público, 13 de agosto de 2020

Estamos inmersos en una nueva eclosión del coronavirus, con brotes que se producen por doquier y con un número de positivos equiparables a los del mes de abril. El mayor porcentaje de nuevos casos se está dando en Aragón, Cataluña, Madrid y Navarra. Son, probablemente, frutos de la estupidez humana y de estrafalarias teorías negacionistas que acaban produciendo un daño irreparable en vidas, y también acrecentando el daño económico y social. Ocurre también que, en algunas de las comunidades autónomas, como Madrid y Cataluña, a fecha de hoy no se ha contratado el personal de rastreo necesario para abortar los rebrotes realizando un seguimiento de los contactos de cada persona diagnosticada.

En este contexto, la presidenta de la comunidad de Madrid se ha aprestado a contratar un total 73 capellanes, uno por cada 100 camas hospitalarias, en una operación que costará anualmente un millón de euros, “para garantizar el derecho a la asistencia religiosa”. Se refiere a la religión católica, desde luego, y así se especifica: “reconocer, proteger y posibilitar el ejercicio garantizado constitucional, legal y convencionalmente, del derecho a la asistencia religiosa de los enfermos católicos y sus familiares o allegados en los centros hospitalarios adscritos al Servicio Madrileño de Salud”. Y al resto de la ciudadanía de Madrid que profese otras religiones, que la zurzan; no cabe ni el reconocimiento, ni la protección, ni posibilitar el ejercicio garantizado constitucionalmente en estos casos, a no ser que la ingeniosa presidenta nos sorprendiera ofertando igualmente, rabinos, imanes, pastoras o sacerdotes budistas, etc. ¿Y qué pasa con los agnósticos?

No es que estemos abogando porque todas las confesiones y sectas deban disfrutar de las prebendas que se ha otorgado a la católica, más bien parece justo que sean las propias organizaciones las que sufraguen, formen, aconsejen y conforten espiritualmente a quien lo demande, pero con sus propios medios.

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La letra pequeña de las 35.000 inmatriculaciones de la Iglesia

agosto 13, 2020

Para revertir los registros especiales de bienes católicos el Gobierno busca irregularidades en cada acta efectuada desde 1998

Vista aérea de la Catedral de Sevilla. /Efe

Vista aérea de la Catedral de Sevilla. /Efe

Doménico Chiappe, El Norte de Castilla, 13 de agosto de 2020

La certificación que acreditaba la titularidad de la «finca de Sevilla Nº 52.307» fue otorgada como un acto sin mayor trascendencia a un nuevo propietario. Era una de las inmatriculaciones de la Iglesia católica, conforme una ley de 1946 que les concedía privilegios para obtener la titularidad de fincas. Este terreno, que aparecía en los catastros como «Plaza de la Virgen de los Reyes, 6», era, nada más y nada menos, que la catedral de Sevilla, y el acto de registro incluía la «parroquia del sagrario de la Catedral y las dependencias anexas», según el documento expedido en el Registro de la Propiedad 8 de Sevilla. En sus 22.914 metros cuadrados se incluía la Giralda y el Patio de los Naranjos. La escritura del templo del siglo XV, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se hizo en 2010 en una notaría sevillana.

Actos parecidos han sucedido unas 35.000 veces desde 1998, cuando una reforma de esta ley hipotecaria de posguerra permitió que la iglesia inscribiera también los lugares de culto. Se derogó en 2015, pero la propiedad se dejó intacta. Ahora el nuevo Gobierno se prepara para revertir las inmatriculaciones que «hieren el principio de legalidad y el principio de igualdad», según señaló Pedro Sánchez, durante el debate parlamentario de su investidura.

«Se trata, en la mayoría de los casos, de centros de culto edificados hace muchos siglos, pero que hasta finales de los años 90 no pudieron ser inscritos en el registro», se defiende la Conferencia Episcopal, que asegura no contar con un «registro de bienes inmuebles» de su propiedad. «Las inmatriculaciones se han podido realizar a nombre de la iglesia diocesana, las parroquias o las congregaciones religiosas», explican. «En España hay más de 23.000 parroquias, además de varios miles de ermitas y otros lugares de culto». Los datos sólo han podido ser reunidos por el Colegio de Registradores, que ya los entregó al Gobierno, aunque el ministerio que dirigió Dolores Delgado ha sido renuente a divulgarlo por estar en «fase de elaboración». Lee el resto de esta entrada »


La batalla entre secularización y democracia en Turquía

agosto 13, 2020

La reciente reconversión en mezquita de la iglesia de Santa Sofía, mal recibida en Occidente, representa un pequeño pero simbólico paso adelante en el proceso de islamización de Turquía. Otros países de Oriente Próximo también se juegan su futuro en una viva colisión entre los valores islámicos y seculares.

Santa Sofía en Estambul. / EFE

Santa Sofía en Estambul. / EFE

Eugenio García Tascón, Público, 13 de agosto de 2020

Las llamadas primaveras árabes de 2011 trajeron un repunte islamista de distintas categorías que fue aplastado sin contemplaciones en países como Egipto o Siria, o que está siendo aplastado en Libia estos días, sin tener en cuenta que algo parecido sucede en países que no participaron en las llamadas primaveras árabes, como Arabia Saudí, Bahrein o los Emiratos Árabes Unidos.

Tras la debacle general del islamismo de las primaveras, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan se ha erigido como el último baluarte de la religión musulmana. Erdogan cuenta con el apoyo de Qatar, y los dos países se esfuerzan por salvar los muebles en Libia y plantan cara a los regímenes que aplastan al islam, lo que ha dado pie a una lucha abierta que en ocasiones trasciende a las meras declaraciones públicas.

En este contexto, Erdogan reconvirtió en mezquita la iglesia de Santa Sofía, que fue museo desde 1934, una decisión a la que se ha respondido con disgusto desde la comunidad occidental, sin tener en cuenta, como ha recordado cierta prensa turca, que más de 300 mezquitas otomanas fueron convertidas en iglesias en su momento sin provocar ninguna condena occidental.

La conversión de santuarios de una religión a otra viene de antiguo. En los albores del islam, los musulmanes convirtieron la que hoy se conoce como mezquita omeya de Damasco, que hasta entonces había sido una iglesia. Un camino inverso siguió la mezquita de Córdoba, y la lista sería muy larga de enumerar en las dos direcciones.

En el caso de Santa Sofía es difícil decir qué es lo que ha movido al presidente turco a dar ese paso, quizás puedan encontrarse varios motivos. Uno podría ser la voluntad de Erdogan de sacudir a sus propios votantes, otro podría ser dar muestras de poderío ante sus rivales, incluso en Europa, y otro podría ser una muestra de fervor religioso, o simplemente el deseo de corregir lo que hace muchos años hizo el secularismo de Mustafa Kemal Ataturk. Lee el resto de esta entrada »