El Sindic de Greuges estudia de oficio las inmatriculaciones de la Iglesia catalana

agosto 21, 2020

De los 3.722 bienes inmatriculados por la iglesia católica dados a conocer en Cataluña sólo sólo la mitad son lugares de culto, según la Generalitat

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Plano general de la ermita de Sant Pere de Vallhonesta, en Sant Vicenç de Castellet, construida en una finca, propiedad de la familia de Joan Casadona desde el s. XI, inmatriculada por la iglesia / Foto: ACN / Fuente imagen

Sindic, / Religión Digital, 21 de agosto de 2020

El Síndic de Greuges, Rafel Ribó, ha abierto una actuación de oficio, que da continuidad a las actuaciones iniciadas previamente a partir de quejas de la ciudadanía, para hacer el seguimiento de las actuaciones llevadas a cabo por el Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña en relación con las inscripciones de la Iglesia realizadas con el procedimiento extraordinario de inmatriculación registral.

En el marco de la legislación vigente hasta hace pocos años, la Iglesia católica inscribió a su favor en el Registro de la Propiedad fincas, terrenos y edificaciones, mediante un procedimiento extraordinario y excepcional de inmatriculación registral, que permitía inscribir la propiedad de inmuebles con una certificación de titularidad emitida por cargo o autoridad de la propia Iglesia.

El Departamento de Justicia hizo públicos el pasado mes de julio datos sobre las inmatriculaciones a favor de la Iglesia católica hechas con este procedimiento excepcional en Cataluña. Más allá de los datos publicados, el Síndic ha vuelto a solicitar recientemente al Departamento información específicamente sobre el estudio de inmatriculaciones que debe elaborar en cumplimiento de la Resolución del Parlamento de Cataluña 491/XII, de 4 de julio de 2019, y sobre otras actuaciones que haya llevado a cabo en relación con esta cuestión. Lee el resto de esta entrada »


Adiós a la cristiandad

agosto 21, 2020

Es hora de reubicar la religión en el espacio público: derogar los Acuerdos con la santa Sede, devolver los bienes inmatriculados por la jerarquía católica y eliminar la enseñanza de la religión confesional en la escuela

Interior de la catedral de la Almudena durante una misa retransmitida por Internet en marzo / DAVID EXPÓSITO

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Juan José Tamayo, El País, 21 de agosto de 2020

En julio de 1980 se aprobó la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (LOLR), que hoy resulta a todas luces anacrónica en una sociedad secularizada, con un amplio pluriverso de religiones y espiritualidades y en un clima generalizado y creciente de increencia en sus diferentes manifestaciones: ateísmo, agnosticismo e indiferencia religiosa. En enero de 1979 se habían firmado los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede —Concordato encubierto—, que mantenían buena parte de los privilegios educativos, económicos, fiscales, culturales, sociales e incluso militares concedidos a la Iglesia católica en el Concordato franquista y nacionalcatólico de 1953, sin contrapartida alguna de la Iglesia católica. No pocos juristas consideran dichos acuerdos anticonstitucionales.

Cuatro décadas después, la religión, y más concretamente la Iglesia católica, no ha encontrado su lugar en la sociedad española ni su encaje en la estructura del Estado. La razón de tal situación hay que buscarla, en mi opinión, en el propio texto constitucional, que incurre en una crasa contradicción en el mismo artículo, el 16. Por una parte, reconoce el derecho a la libertad religiosa a nivel individual y comunitario y la no confesionalidad del Estado: “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Por otra, no respeta los principios de laicidad, neutralidad del Estado y de igualdad de todas las religiones ante la ley al colocar a la Iglesia católica en una situación de precedencia: “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones religiosas”.

Desde el comienzo de la Transición viene salvándose una lucha por la hegemonía en la esfera pública entre el poder político, que con frecuencia ha dado muestras de debilidad y sumisión ante la jerarquía católica, y esta, que ha aprovechado la debilidad de los sucesivos Gobiernos de la democracia —fueran de izquierda, de derecha o de centro— para obtener más privilegios sin contrapartida alguna y una relevancia política que no le corresponde en un Estado democrático. Más aún, se ha querido erigir en cuarto poder, y en algunos casos lo ha ejercido de hecho, e incluso en el primer poder, sobre todo en los terrenos moral, legislativo y judicial.

El último ejemplo de la pugna por la hegemonía en el espacio público por parte de la jerarquía católica ha sido el de los dos funerales por las víctimas de la covid-19. El Gobierno español anunció la celebración de un funeral de Estado y le puso fecha. La Conferencia Episcopal Española, conocedora de dicha iniciativa, se adelantó a la fecha propuesta por el Gobierno y celebró un funeral católico en la Catedral de la Almudena por todas las víctimas, que contó con la oposición expresa de algunos familiares, que pidieron expresamente no ser incluidos en el mismo y el desacuerdo de algunos colectivos dentro de la propia Iglesia católica, que vieron en el acto un desafío el Gobierno.

Los obispos quisieron convertir el acto religioso en funeral de Estado con la invitación al Rey, Felipe VI, que asistió en calidad de Jefe del Estado, y al Gobierno español, que estuvo representado por la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. Así fue entendido por los sectores conservadores y por una parte de la oposición política, y esa fue la imagen que quedó en el imaginario social. La lucha católica por la hegemonía y la confesionalización del dolor en una situación dramática como la que estamos viviendo no puede ser el camino para apoyar a las víctimas y consolar a sus familiares. La respuesta está en el acompañamiento personal y comunitario en el dolor, la compasión con las personas que sufren, la puesta en marcha de proyectos de solidaridad con quienes están soportando de manera más acusada las consecuencias de la covid-19 para ayudarles a salir de la situación de precariedad en que los ha puesto la pandemia, así como la puesta a disposición de las personas enfermas y sus familiares de todos los recursos institucionales y personales sanitarios de la Iglesia católica.

Cuarenta años después de la LOLR es hora de decir adiós definitivamente a la Cristiandad, de la que todavía quedan importantes restos en la práctica política, y reubicar la religión en el espacio público. Ello implica reformar los artículos 16.3 y 27.3 de la Constitución, que mantienen una confesionalidad católica encubierta, del Estado; derogar los Acuerdos con la Santa Sede, contrarios a la laicidad, a la igualdad de las religiones ante la ley y a la neutralidad del Estado en materia religiosa; derogar la LOLR y elaborar de una ley de Libertad de Conciencia; devolver sin dilación los bienes inmatriculados por la jerarquía católica y ponerlos al servicio de la ciudadanía; eliminar la enseñanza de la religión confesional en la escuela e introducir la enseñanza de la historia de las religiones; la renuncia de la Iglesia católica a las distintas formas de financiación estatal.

¿Significa esto recluir a las religiones en los lugares de culto y en la esfera privada? No. Ellas tienen una dimensión crítico-pública irrenunciable que deben ejercer al servicio de los sectores más vulnerables de la sociedad, pero no como cogobernantes y colegisladoras.

 

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Hermano Islam (Editorial Trotta).

 


Reflexiones en torno al discurso dogmático: Las religiones monoteístas

agosto 21, 2020

Muro de los Lamentos (Jerusalén)

Muro de los Lamentos (Jerusalén)

21 de agosto de 2020

Javier Jiménez Perelló iniciaba el pasado 18 de agosto unas reflexiones en torno a los discursos dogmáticos vinculados a las diferentes formas de ficción que el hombre ha desarrollado a lo largo de la Historia, publicadas por partes en Nueva Tribuna: En los textos que siguen pretendemos analizar algunos de los discursos que más han influido en sus formas de vida, como los relacionados con la religión, el nacionalismo o los sistemas de poder político. Permeados entre sí, los discursos religiosos, y de algún modo, los nacionales, han surgido como dogma, y muchas de las narrativas vinculadas al poder se han vuelto dogmáticas, en especial, las relacionadas con sociedades autoritarias. Las corrientes librepensadoras y las sociedades democráticas libres pretenden ser ajenas a la ficción dogmática, pero tampoco están libres de ella, como asimismo las ideologías políticas.

En la entrada recogeremos sus reflexiones en torno a las religiones monoteístas

Primera parte: El Judaísmo

…Desde sus orígenes, el ser humano ha aprendido a sobrevivir no sólo luchando contra los elementos naturales, descubriendo el fuego para calentarse o creando herramientas para cazar, sino también dominando la técnica de la ficción (1) para tratar de explicarse fenómenos incomprensibles. Los cromañones, y antes los neandertales, fueron capaces de crear en sus cuevas obras de arte, muy elaboradas en muchos casos, que acaso les ayudarían a soportar los rigores de la vida y soñar, tal vez, con un futuro ideal. Cuando el sapiens sapiens adquirió la habilidad del lenguaje articulado, comenzó a elaborar sus propias narrativas, producto de sus actividades y de su imaginación, transmitidas oralmente entre comunidades y generaciones; ficciones que más tarde quedaron fijadas mediante la escritura y han surcado la historia de la humanidad hasta nuestros días. Fantasías, en definitiva, que han confeccionado mitos, dioses o utopías y han sido y siguen siendo en la actualidad ensoñaciones del hombre para tratar de explicar la realidad, conjurar los males de la existencia o soñar la inmortalidad. Lee el resto de esta entrada »