El Tribunal de Cuentas marca al Gobierno el camino a seguir para cambiar la fiscalidad de la Iglesia católica

agosto 1, 2020

Tras el Canje de Notas de 2006 (el que subió el porcentaje del IRPF del 0,52 al 0,7), la Iglesia se comprometió a elaborar una Memoria Justificativa sobre el destino de esos fondos. 14 años después, el Tribunal de Cuentas constata que lo que se hace llegar al Gobierno no es más que una “memoria de acividades”, en la que la Iglesia explica su labor en sociedad, pero no cuenta a qué se destina, euro a euro, el dinero de la Renta. Y, lo que resulta más grave, deja al Estado sin capacidad de controlar el destino de ese dinero.

Interior de una iglesia, en una imagen de archivo.

Interior de una iglesia, en una imagen de archivo / Fuente

Jesús Bastante, Religión Digital, 1 de agosto de 2020

Los obispos se las prometen muy felices. Han entendido que el informe del Tribunal de Cuentas consagra que llevan 40 años actuando conforme a la ley, y que sus memorias de actividades no han tenido ninguna queja por parte del Gobierno. Dicen bien. Pero hay más, mucho más.

Lo que no dicen -y nos consta que lo saben, de primera mano, porque tontos no son- es que el citado informe -que fiscaliza la acción del Gobierno, y no la de la Iglesia católica- es un arma de doble filo, que la vicepresidenta Calvo está dispuesta a utilizar cuando, a partir de septiembre, se aborde el debate sobre la nueva fiscalidad de la Iglesia católica y se abra el ‘melón’ de las inmatriculaciones.

Y es que el Tribunal de Cuentas -es cierto que no con la contundencia del primer borrador, convenientemente filtrado desde Moncloa a los medios para caldear el ambiente- viene a explicar al Gobierno qué tiene que hacer para revertir la actual situación de privilegio fiscal de la Iglesia española. Y lo hace muy claramente, admitiendo que, hoy por hoy, el Estado no tiene conocimiento real de dónde va el dinero procedente del IRPF.

El Canje de Notas de 2006 y la “memoria justificativa”

Tras el Canje de Notas de 2006 (el que subió el porcentaje del IRPF del 0,52 al 0,7), la Iglesia se comprometió a elaborar una Memoria Justificativa sobre el destino de esos fondos. 14 años después, el Tribunal de Cuentas constata que lo que se hace llegar al Gobierno no es más que una “memoria de acividades”, en la que la Iglesia explica su labor en sociedad, pero no cuenta a qué se destina, euro a euro, el dinero de la Renta. Y, lo que resulta más grave, deja al Estado sin capacidad de controlar el destino de ese dinero. Lee el resto de esta entrada »


El veraneo, el régimen y la moral cristiana

agosto 1, 2020

Con lo que no contaban los obispos era con la llegada del turismo en la España Católica de los años 50 y la revolución que supuso la aparición del bikini

Posguerra trajes de baño

Por María Torres, Nueva Revolución, 1 de agosto de 2020

En 1958 la Comisión Episcopal de Ortodoxia y Moralidad del Episcopado Español, editó las Normas de decencia cristiana, un librito de 85 páginas cuyo precio de venta al público era de 5 pesetas. La vida religiosa, el hogar, los esposos, el noviazgo, educación de la castidad, vestido y ornato del cuerpo, diversiones, el veraneo, la mujer en la vida pública y profesional, son algunos de los capítulos que conforman este texto.

Quiero detenerme en el capítulo XIII dedicado a el veraneo. La Iglesia debía velar por la moral -especialmente la de las mujeres- y poner coto a la invasión paganizante y desnudista de extranjeros que vilipendiaban el honor de España y el sentimiento católico de la patria.

«Se ha dicho que el veraneo es el invierno de las almas. Es tiempo, ciertamente en que el mundo, el demonio y la carne hacen mayor estrago en las almas. (…) El veraneo, fuera de los lugares habituales de residencia, no será peligroso si pensamos que Dios está en todas partes, que nos ve, y que sus mandamientos obligan siempre y en todo lugar.»

Para el Episcopado «especial peligro ofrecen para la moralidad los baños públicos en playas, piscinas y orillas de río», por lo que no paró de instar a las autoridades gubernativas para que dictaran instrucciones que debían ser cumplidas con sumisión y animaba a los ciudadanos a denunciar todos los actos públicos ofensivos de la moral. Debían evitarse los baños mixtos «que entrañan casi siempre ocasión próxima de pecado y de escándalo, por muchas precauciones que se tomen, y más, si cabe, en las piscinas, donde lo reducido del espacio y la aglomeración de personas hacen más próximo el peligro. Ni se atenúa porque las piscinas sean propiedad particular y aun familiares.» Solo estaban permitidas las piscinas mixtas infantiles «siempre que sean sólo para niños que no han llegado al uso de razón.» Los baños de sol no debían ser pretexto «para abusar del desnudo» y había que tener especial cuidado con las excursiones campestres en estanques o ríos «pues a los inconvenientes del baño público en general hay que añadir los que provienen de la frivolidad, ligereza y excesiva libertad de un día de excursión.»

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