Las monjas del Patronato de Protección a la Mujer que siguen recibiendo dinero público | Podcast

marzo 26, 2026

La superviviente Consuelo García del Cid y la investigadora Pilar Iglesias Aparicio nos explican qué fue el Patronato de Protección a la Mujer y que hacen en la actualidad las congregaciones religiosas que lo gestionaron, en este episodio de Asalto.

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Sara Plaza Casares, Yago Álvarez Barba, El Salto, 26 de marzo de 2026

El 26 de febrero de 2026 la superviviente del Patronato de Protección a la Mujer, Consuelo García del Cid, enunció el discurso más contundente sobre memoria histórica escuchado en la Comisión de Igualdad del Congreso. Respondía a una diputada de Vox que ponía en cuestión el sufrimiento de las mujeres que estuvieron encerradas en esta institución franquista que murió en 1985, muy avanzada la democracia. “Nos debéis diez años de democracia”, suele expresar Consuelo, a la que luego escucharemos en este programa.

El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución que tenía centros de torturas para mujeres por todo el Estado donde, además de someter a las internas a trabajos forzados, se cometieron crímenes de lesa humanidad como el robo de bebés.

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La sotana mercantil de las monjas censoras

julio 6, 2025

El pasado 9 de junio, en la sede de la Fundación Pablo VI, religiosas de las Adoratrices, las Oblatas y de las Terciarias Capuchinas de Nazaret pidieron perdón por su implicación en el Patronato de Protección a la Mujer, una institución represora y censora contra las mujeres disidentes del franquismo. Sin embargo, estas órdenes siguen recibiendo dinero público para tratar a jóvenes vulnerables. EL TEMPS radiografía los negocios con las administraciones de estas entidades católicas.

Fotomontaje de Toni Payà
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Moisés Pérez, El Temps, 6 de julio de 2025

Sólo tenía ocho años, pero su lengua durante muchos días terminaba áspera como un papel de lija. Las cruces dibujadas en el suelo con su saliva habían sido un viaje al infierno dentro de unas  cuatro paredes rodeadas de crucifijos y rosarios . Las manos aún olían por los inodoros limpiados sin guantes y las noches estaban gobernadas por el temor a soltar una gota de pis. El miedo al castigo, a restregarte ortigas por tu vulva, se entremezclaba con una barriga hambrienta, cansada de una dieta cocinada por la representación de Satanás.

Las muñecas estaban cansadas de coser y la boca ansiaba quitarse aquel esparadrapo simbólico, aquella prohibición de habla con el resto de internas. Las directrices marcadas por las adoradoras del santísimo no admitían ninguna interpretación: callar, rezar y trabajar como si se trataran de esclavas era la rutina inalterable de las niñas y chavalas internadas en los centros del Patronato de Protección a la Mujer, una institución represora engordada durante el franquismo (véase el artículo «L’ull franquista contra les dones dissidents» en el nº 2060 de esta revista) y superviviente durante los primeros años de la reanudación democrática.

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