La ciudadanía de este país hace tiempo que inició un proceso de normalización de determinadas propuestas y decisiones políticas que tan solo hace una década hubieran sido inaceptables y que hoy en día se perciben como hechos consumados y, por tanto, como una realidad inevitable. El electorado de derechas ya no se asusta cuando el PP pacta con VOX allá donde puede hacerlo para gobernar. Lo da por hecho, como lógico y natural (y no solo el electorado de derechas). Cuando escuchan a sus dirigentes políticos pactar la “prioridad nacional” (criterio para discriminar a las personas según su origen), los votantes de la ultraderecha aplauden y los de la derecha menos ultra asienten.
El resto de la sociedad se ha acostumbrado, y lo que hace unos años hubiera motivado la ocupación de las calles con la indignación contra esta propuesta xenófoba, hoy no produce más que un rechazo verbal acompañado de una gran dosis de resignación. Como sociedad, se está normalizando la idea de que entre personas que conviven, el ser español (español normativo, claro) se convierta en el criterio definitivo para beneficiarse de las medidas de protección que puede ofrecer este Estado. La derecha política está haciendo su propio camino y lo hace con éxito.
Sobre las subvenciones que la Conselleria de Educación y cultura (y más cosas) y la Diputación de Valencia han concedido a la Iglesia Católica.
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Eugenio Piñero Almendros, Nueva Tribuna, 22 de diciembre de 2025
Aún no se han apagado en mi cabeza los rescoldos de la indignación provocada por los más de 429 millones de euros de dinero público que recibieron los obispos por la declaración de la renta de 2024, cuando me salta en el móvil una noticia sobre las subvenciones que la Conselleria de Educación y cultura (y más cosas) y la Diputación de Valencia han concedido a la Iglesia Católica.
En una de las noticias del menú informativo que me ofrece diariamente el buscador que tengo instalado, leo que la Diputación valenciana ha concedido, entre 2024 y 2025 más de 1,2 millones de euros para reparaciones varias de edificios parroquiales propiedad de la Iglesia. Y que la Conselleria de Educación, cultura… ha adjudicado 1,8 millones para lo mismo, en el mismo periodo de tiempo. En total, 3 millones de euros para adecentar edificios eclesiásticos. Desde sustituciones de cubiertas hasta la reparación de fachadas, pasando por la restauración de la pintura o la recolocación de azulejos. Dinero de todos y de todas para la Iglesia, en un momento en el que los obispos declaran que las diócesis españolas tuvieron el año pasado un superávit de más de 133 millones de euros.
Rueda de prensa presentación Memoria 2024 _| Conferencia Episcopal Española _________________________
Eugenio Piñero, El Diario, 21 de diciembre de 2025
Los obispos católicos presentaron hace unos días su Memoria anual, en la que se felicitan porque han recibido de la Hacienda pública más de 429 millones de euros por la X de la Iglesia de la declaración de la renta de 2024. Se ha batido el récord. Los obispos, como es lógico, están muy contentos y agradecen a los españoles el gesto de haber marcado dicha casilla para que la Iglesia pueda seguir “con su labor”. Pero a quienes deberían realmente agradecerles su buena disposición es a todos los miembros del gobierno que, por acción y/o por omisión, están permitiendo que la Iglesia católica reciba dinero de todas y de todos los ciudadanos aún en contra de la voluntad de la mayoría de españoles, que no marcamos la X de la Iglesia. Y no somos pocos.
El 69,92% de los contribuyentes no hemos marcado su casilla, y cada vez somos más los que nos negamos a ello. Y, sin embargo, el dinero que han recibido los obispos también ha salido de nuestros bolsillos. ¿Cómo es posible? Sencillo. Da igual si eres ateo/a, musulmán, agnóstica, judía, jainista o simplemente es que pasas de financiar a una organización religiosa que se posiciona contra el derecho al aborto o al matrimonio igualitario y que su ideología y su estructura orgánica son profundamente machistas.
Europa Laica presentó en rueda de prensa en Alicante un Informe Crítico sobre la memoria anual de actividades presentada por la Conferencia Episcopal Española (2023)
Asunción Villaverde, Llum Quiñonero y Eugenio Piñero / Foto Observatorio del Laicismo ______________________
Fuente Europa Laica, 29 de marzo de 2025
El pasado 21 de marzo Europa Laica presentó en rueda de prensa en Alicante un Informe Crítico sobre la memoria anual de actividades presentada por la Conferencia Episcopal Española (2023)[1], preparado por nuestro compañero Eugenio Piñero Almendros
En él se detalla que desde 2007 la jerarquía católica recibió alrededor de 4.500 millones de euros solo por la «X de la Iglesia» en la declaración de renta, cantidad detraída del erario. En 2023 ha recibido 382,4 millones por este concepto.
El 80% de la cantidad que recibe la jerarquía eclesiástica por la «X de la Iglesia» lo destina al pago de salarios, seguridad social de sacerdotes y obispos, y a gastos de la organización.
La Iglesia católica utiliza publicidad engañosa para intentar aumentar su recaudación. Gasta 5,3 millones de euros del dinero de la asignación tributaria en campañas publicitarias para hacer creer que el destino del dinero recaudado será la labor social de la Iglesia. Los contribuyentes deben saber que en su Memoria no consta ni un solo euro destinado a este cometido.
La Conferencia episcopal española presentó ante la prensa el pasado viernes 21 su campaña publicitaria destinada a conseguir una mayor recaudación a través de su X en la declaración de la renta… Un relato tan conmovedor como falsa la idea en que se sustenta
La Conferencia episcopal española presentó ante la prensa el pasado viernes 21 su campaña publicitaria destinada a conseguir una mayor recaudación a través de su X en la declaración de la renta. El mismo día, casi a la misma hora, Europa Laica presentaba en Alicante, en el marco de su Jornada Laicista, el Informe crítico sobre la Memoria 2023 que presentó la Iglesia al estar obligada a rendir cuentas sobre en qué se gasta el dinero público que recibe. La Iglesia vuelve a recurrir en su publicidad al autobús viajero que lleva a sus pasajeros a que comprueben por sí mismos la labor social que desempeña la Iglesia, labor que justificaría que los contribuyentes marcaran la X de la Iglesia. En la presentación se aseguró que la práctica totalidad de los viajeros acabaron convencidos de la necesidad de marcar la casilla en favor de la Iglesia. Un relato tan conmovedor como falsa la idea en la que se sustenta.
La Iglesia disfruta del privilegio de disponer de una casilla propia en la declaración de renta. Al marcarla el contribuyente está desviando dinero que no es suyo sino de Hacienda (y Hacienda somos todas y todos) a las manos de esta corporación privada que se denomina Iglesia católica, concretamente a la jerarquía episcopal de esta organización.
Los obispos de la Iglesia Católica organizaron una eucaristía en Madrid que fue, en palabras de la Conferencia episcopal: “lo más radical que puede ofrecer la Iglesia, que es la esperanza en Jesucristo resucitado”.
Foto Miguel Ángel Polo-EFE _____________________
Eugenio Piñero, Nueva Tribuna, 7 de diciembre de 2024
La DANA del 29 de octubre ha dejado en muchas poblaciones valencianas (y en otros lugares) un reguero de muertes y de pérdidas materiales de proporciones catastróficas. La gestión del antes, del durante y del después del desbordamiento de los barrancos ha obligado a todos los actores sociales a posicionarse, a actuar tal y como piensan (y como son). Los responsables políticos, las organizaciones sociales y el conjunto de la ciudadanía se han mostrado al desnudo ante la sociedad.
Lamentablemente ha tenido que ser una tragedia de esta magnitud la que nos haya mostrado, con absoluta evidencia, la indiscutible ineptitud de Mazón y su equipo de gobierno. Esta ha sido la primera enseñanza que hemos aprendido. Y, por supuesto, que “dignidad” no rima con Mazón, aunque sí “dimisión”. Pero sin la primera rima, la segunda no puede tener efecto.
«Si la financiación singular de Cataluña es un proyecto, la de la Iglesia católica es una realidad consolidada al menos desde 1979. Frente al futurible catalán muchos se rasgan las vestiduras, pero ningún partido político alza la voz contra el privilegio de los obispos, a quienes financiamos todos y todas, independientemente de nuestras creencias religiosas»
Misa Crismal, en la Catedral de Segovia / KAMARERO-Fuente __________________
Eugenio Piñero, El Diario, 19 de septiembre de 2024
En las últimas semanas, la esfera política española gira bastante exaltada alrededor de la financiación singular de Cataluña. Se critica de modo puntual desde los propios partidos del gobierno de coalición, y se critica de manera general desde la derecha y la ultraderecha. En todos los casos, los motivos en los que sustentan sus críticas son los mismos: se trata de un privilegio de unos españoles sobre otros, es insolidaria, atenta contra los principios básicos del estado de derecho y es inconstitucional.
Quienes defienden o critican el modelo de financiación singular para Cataluña utilizan, de momento, argumentos especulativos. Realmente nadie ha aclarado cómo se llevará a cabo esa propuesta ni las consecuencias que puede tener para la hacienda catalana y española. Políticos y periodistas no pueden más que especular a partir de la escasa información disponible. El remate sobre esta cuestión lo ponen las interpretaciones contradictorias que hacen los propios firmantes del acuerdo. La crítica más contundente que se puede hacer en este momento es la falta de transparencia.
A dos semanas de concluir la campaña de la renta 2024, la Iglesia Católica apura las últimas oportunidades a su alcance para tratar de influir en los contribuyentes, con el objetivo de recaudar más a través de la famosa X de la Iglesia en la declaración de renta.
La Iglesia invierte alrededor de 5 millones de euros anuales en publicidad cuyo objetivo es absolutamente recaudatorio. En 2022 ingresó 360 millones de euros con la X de la Iglesia: un dinero que, gracias a esas equis, se desvió a las manos privadas de la jerarquía eclesial en vez de aumentar los fondos públicos para educación, sanidad, servicios sociales y otros servicios públicos.
Para esta campaña impositiva, la Iglesia ha producido un audiovisual publicitario para animar a marcar la X de la Iglesia con la intención de generar en el espectador la falsa impresión de objetividad y veracidad de su mensaje, presentándolo con formato de documental. En este audiovisual se nos cuenta que un grupo de personas, que dicen no haber marcado hasta ahora la X de la Iglesia, viajan cada día, durante una semana, en un autobús fletado por la Iglesia para conocer los diferentes proyectos sociales que supuestamente se financian con el dinero recaudado por la X de la Iglesia. Los supuestos ciudadanos y ciudadanas reales del autobús acaban impresionados por la labor social de la Iglesia y convencidos de que este año marcarán la X en su favor.
La Iglesia católica de este país goza de un privilegio indiscutible. Nadie como ella acapara tantas miradas complacientes del conjunto de la sociedad en general y de los medios de comunicación en particular. La Iglesia ha conseguido presentarse a sí misma ante los ojos de la ciudadanía como la depositaria última (y por ello imprescindible) de los valores más nobles del ser humano. Claro que no ha convencido a todo el mundo, pero sí a una importante masa social y mediática. La Iglesia ha sabido embadurnarse a sí misma de un buenismo especial y consustancial a su propia esencia, a base de construir el relato de que está siempre del lado de los pobres y de los que sufren, que practica la caridad como fin último de su actividad en este mundo, o que su misión pone principalmente el foco en el mundo espiritual y no en el material.
Añadido a esto está la imagen personal que se esfuerzan en proyectar los religiosos y religiosas que aparecen en televisión, siempre con la sonrisa luminosa de quien parece haber sido tocado/a por el don divino de la felicidad eterna y en cuyo interior no puede caber maldad alguna. Esta es la imagen que venden y esto es lo que le han comprado sin muchas objeciones la mayoría de los tertulianos expertos en todo, que pululan por los programas matutinos y vespertinos de la parrilla televisiva; y que propagan esta imagen adulterada de la Iglesia católica.
La Conferencia Episcopal Española (CEE) presentó en diciembre de 2023 la Memoria Anual de Actividades referida a su ejercicio contable 2022. La Iglesia Católica (IC) está obligada a presentar una Memoria anual que justifique las cantidades recibidas del Estado español en concepto de Asignación Tributaria, en relación a las X marcadas en favor de la IC en la Declaración de Renta o IRPF.
La Asignación Tributaria es un sistema de financiación pública de la Iglesia Católica a través de la Declaración anual de Renta. El contribuyente puede marcar la “X” a favor de la IC en su Declaración, lo que supone que el 0,7% de su cuota íntegra se le abonará directamente a la IC. De este modo, ese 0,7% en lugar de ir a las arcas públicas se desvía a esta corporación privada. El contribuyente que marca la casilla no paga más de su bolsillo (como ya se encarga de recordar la campaña publicitaria que año tras año diseña la IC para recaudar el máximo posible) pero la “hucha común” recibe menos. El resultado práctico es que los católicos y los no católicos, marquen o no la “X”, están financiando a la IC a costa de las “X” que detraen recursos del “fondo común”. La suma de todas estas “quitas” del erario público, se entrega a la IC.
En 2022 la IC recibió 320,8 millones de euros gracias a la Asignación Tributaria, cantidad que es la que debe justificar en esta Memoria. Esta cantidad corresponde a lo que el Estado le adelanta a IC a cuenta de las “X” que se marcaran en la Campaña de la Renta de ese año, más la liquidación de las “X” correspondientes a la Campaña de la Renta del año anterior.