¡Santiago, y cierra España! ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

“Como decía el ya desaparecido profesor de filosofía Antonio Aromayona, luchador incansable por la consecución de la laicidad: “Voy a contar ahora un buen chiste: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal” (Constitución Española, art. 16.3). ¿A que es muy gracioso, aunque tenga tan poca gracia?”

Los Reyes presiden la ofrenda al apóstol Santiago, 2021

Cándido Marquesán Millán, Nueva Tribuna, 31 de julio de 2021

El título me lo ha sugerido la lectura del libro espléndido de Santiago Alba Rico, España, a través del cual he conocido el fragmento de “El Quijote” y también la alusión al libro del padre Pascasio de Seguín, “Galicia, reino de Cristo” de 1750. 

El artículo está dividido en los siguientes apartados:

1.-El fragmento de “El Quijote” del capítulo LVIII de la segunda parte.
2.-Explicación del origen histórico del “Voto” a Santiago, con su desaparición. Hago especial hincapié en el trabajo parlamentario de las Cortes de Cádiz de 1812.
3.-Exposición del origen de la Ofrenda a Santiago, diferente al Voto, que en algunos momentos tiende a confundirse, y su evolución histórica. Tras su desaparición fue restaurada por el régimen franquista. 
4.-El acto-ofrenda de Felipe VI en Santiago, como ejemplo de incumplimiento de nuestra Constitución, que establece un Estado aconfesional

Apartado 1: “El Quijote”

Una breve reflexión sobre el incumplimiento constitucional de artículo 16.3, que establece: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

“Yo así lo creo -respondió Sancho- y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España!». ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

—Simplicísimo eres, Sancho -respondió don Quijote-, y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan”. 

Este episodio ha sido interpretado de diferentes maneras. Yo personalmente entiendo que la pregunta de Sancho muestra claramente una duda sobre la presencia en España y lógicamente su participación en la lucha contra los moros del Apóstol Santiago. La respuesta de D. Quijote es rápida, queriendo zanjar la cuestión, pero se nota su enfado e irritación por la pregunta maliciosa de Sancho.

El padre Pascasio de Seguín en su libro “Galicia, reino de Cristo” de 1750, hace un recuento batalla a batalla de los moros muertos a manos del Apóstol Santiago: Covadonga 197.000; Santa Cristina 50.000; Clavijo 70.000; Simancas 80.000; Ourique (Portugal) 300.000; Navas de Tolosa 200.000; Salado 200.000; en el Santiago de Bermudo III 90.000; Total: 1.187.000. Es una cifra baja, ya que un siglo antes, en 1626, según el gran Quevedo, Santiago Apóstol había intervenido en 4.700 batallas. Matando a 11.050.000 moros. Llama la atención el redondeo de las cifras.

Apartado 2: El Voto a Santiago

En este contexto tan belicoso contra los moros podemos entender el Voto a Santiago. Se conoce así al tributo que durante parte de la Edad Media y hasta principios del siglo XIX debieron pagar a la Iglesia compostelana diversos territorios peninsulares. Se consideraba una compensación por los servicios prestados por el Apóstol durante la Reconquista. La mítica batalla de Clavijo, la Rioja, en la que Santiago se apareció a lomos de su caballo blanco en medio de la contienda para acudir en ayuda de las huestes cristianas y favorecer su victoria sobre los sarracenos es el motivo esgrimido para el posible origen del Voto. Era un censo anual sobre el producto de la tierra, y obligaba además a reservar para Santiago una porción del botín de guerra. El Voto fue extendido por los Reyes Católicos al Reino de Granada tras su liberación. Las Cortes de Cádiz abolieron el voto en 1812, junto con los privilegios del Antiguo Régimen. Merece la pena mostrar el debate en las Cortes de Cádiz sobre el tema del Voto a Santiago, para lo que me basaré en el artículo La abolición del voto de Santiago en las Cortes de Cádiz de José María García León de la Universidad de Cádiz.

Llegamos así a las Cortes de Cádiz, cuya amplia obra legislativa supuso todo un cambio revolucionario casi de las mismas características que el que tuvo lugar en Francia en 1789, aunque de forma no traumática, habida cuenta del contexto del momento, plena Guerra de la Independencia. El planteamiento del Voto en dichas cortes se basó en el deseo de encontrar una motivación legal para su abolición, pues, siendo su renta de tipo eclesiástico, en realidad era un tributo laico de difícil ajuste a los cánones legales al uso. En la sesión del 25 de febrero de 1812, el diputado por Galicia, José Alonso y López Nobal, consigue que se admita a discusión y pase a la comisión de Justicia una petición suya que, si bien no nombra implícitamente al Voto de Santiago, lo cierto es que denunciaba la carga que suponía este tributo sobre la extenuada existencia del pueblo, sobre las contribuciones del pueblo gallego, sobre los recaudos de la renta de millones con que tanto se sacrifica a la paciente y sobrecargada Galicia. La intervención de Alonso y López Nobal motivó que el día 1 de marzo se presentara una proposición firmada por 36 diputados en la que se pedía que las Cortes, en uso de su suprema autoridad, decretara la abolición de la carga conocida con el nombre de Voto de Santiago, en atención a los graves perjuicios que de su cobranza se siguen a los pueblos, y haberse declarado falso e ilegítimo el privilegio en que se funda por sentencia dada en Consejo pleno el año de 1628. 

Fue en las sesiones correspondientes a los días 12, 13 y 14 de octubre de 1812 cuando los debates adquirieron mayor relieve, destacando las intervenciones de los diputados más significativos de ambos bandos ideológicos. Así, por el partido liberal, Joaquín Lorenzo Villanueva, clérigo que nos dejó una visión de primera mano de esta época en su Viaje a las Cortes, apuesta por la abolición del Voto, aludiendo a su falsedad en términos contundentes, debiendo quedar confundido y sepultado para siempre este pergamino apócrifo en su origen, ridículo en su relación, falso en su data y pernicioso en sus efectos. También, Villanueva, aparte de señalar ausencias muy significativas en la votación de algunos destacados diputados antirreformistas, como el Obispo de Calahorra, Creus, Dou, Pascual… apunta un matiz esencialmente económico en la abolición del Voto, que consideraba lesivo para la agricultura nacional. Por su parte, el conde de Toreno denunciaba la incongruencia del Voto, apelando a la igualdad en el cobro de tributos decretada por las Cortes, por lo que su aplicación posible sería tremendamente irregular, habida cuenta de que se debería aplicar entonces al resto de la Península e, incluso, a los territorios de Ultramar. También Ruiz de Padrón, sacerdote liberal y diputado por Canarias, contrario a la Inquisición y que sería represaliado en 1814 con la reacción absolutista, hizo alarde de una gran erudición al analizar la historia del Voto, apostando por su abolición por apócrifo y por estar fuera de lugar y tiempo. En parecidos términos también se expresó Fernández Golfín, Antonio Capmany y José Mª Calatrava.

Por su parte, por el bando realista, servil, también las intervenciones de sus diputados no estuvieron exentas de alusiones a la historia y de curiosos argumentos legales. Así, Simón Lópezdiputado por Murcia y sacerdote integrista, acérrimo defensor de los intereses de la Iglesia, prevenía al Congreso para que se abstuviera de tratar sobre una cuestión que, a su entender, por alto que sea el dominio de V.M. no se extiende a las cosas espirituales, ni a las que les son anejas, aludiendo a la antigüedad del Voto y a sus continuos avales por parte de reyes y pontífices, por lo que para declararse libres los hombres de la obligación del Voto, debe intervenir la autoridad de la Iglesia, en primer lugar, el Papa, los Obispos en su caso, y en el presente, la Iglesia de Santiago, como que se trata de sus derechos o pertenencias. Otro diputado ultrarrealista, Blas Ostolazaque había sido confesor de Fernando VII en su destierro de Valencay, trató de justificar históricamente el privilegio descartando cualquier falsedad, a la vez que calificaba de irreligiosa su posible abolición porque ello ataca indirectamente a la piadosa creencia en que estamos los verdaderos españoles de que Santiago asistió a la batalla de Clavijo, que dio motivo a este Voto. También juzgó esta medida como antipolítica, porque aparte de no ser útil, dividiría los ánimos y disminuiría nuestra fuerza moral, que consiste en la unidad de sentimientos y en la conformidad de nuestros esfuerzos contra el enemigo común. Por último, el diputado valenciano, Joaquín Borrull, que no encontraba fundamento alguno para que el Voto fuera debatido en las Cortes, concluyendo que no hallaba arbitrio alguno para probar la proposición que se discute. Y soy de dictamen que en cumplimiento de lo dispuesto en la Constitución y en las leyes del Reino, se envíe este asunto al tribunal que corresponda. 

En una posición intermedia se situó el diputado reformador Gutiérrez de la Huerta, diputado por Burgos, quien en su intervención distinguía dos aspectos básicos en el debate y que recomendaba una solución de compromiso que pudiera adoptarse para conciliar ambos intereses, los de la iglesia y los de sus demandantes, aunque finalmente se decantó por su abolición. Más pintoresca, como casi todas las suyas, resultó la intervención de Vicente Terrero, el cura de Algeciras, muy conservador en materia religiosa y muy liberal en política, que sin embargo se manifestó ardorosamente contra el Voto: Esta es una tradición estimada, piadosa, con lo que se han violado las tradiciones divinas. Este es un Voto que, en vez de honrar al Señor, ha dado causa para que echen muchísimos votos los infelices del campo…por tanto, voto contra el Voto. Finalmente, cerraría el debate Agustín de Argüelles, considerado el paradigma del liberalismo del momento, quien, en la sesión del 14 de octubre, apostó porque dicho contencioso se resolviera de acuerdo con el derecho privado, considerando que el trabajo recaía sobre los labradores y el enorme peso de semejantes contribuciones, no comprendiendo cómo todavía había gente que quería defender el Voto. Calificó al Voto de tributo ilegítimo en su origen, injusto, ruinoso e intolerable en su exacción y remitiéndose a los argumentos del pasado, acusó a Ambrosio de Morales que, después de haberlo impugnado, lo defendiera porque a su tío lo habían nombrado para la silla de Santiago y a Masdeu, que habiendo hecho los mismo, no dudó luego contradecirse abiertamente. 

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